Martín Vargas baila otra vez en La Habana

Después de la muerte de Martín Vargas, Marieta Romero continúa su legado en el Ballet Español de Valencia.
Por Rodolfo Romero Reyes
El azar, una fiesta suspendida y un ómnibus ausente hicieron posible que en la noche de este viernes me encontrara con una amiga periodista. Lo que prometía ser una noche entre amigos se convirtió en un espectáculo cultural en el Gran Teatro de La Habana, con el Ballet Español de Cuba y la presencia de la bailarina, maestra y coreógrafa española Marieta Romero.
Acompañé a Yanet mientras reportaba para Cubavisión Internacional. La primera entrevistada fue Leslie Ung. Entre el ajetreo de los camerinos y los retoques del maquillaje, la joven nos contó sus impresiones de la experiencia: trabajar con una bailarina como Marieta, en un espectáculo que rescata muchas coreografías ideadas por el reconocido maestro valenciano ya fallecido Martín Vargas, les permitía a los jóvenes cubanos aprender nuevos movimientos y enriquecer su caudal artístico.
"De todos los momentos prefiero la danza estilizada que inicia el espectáculo y los "Caracoles" y las "bulerías" del final porque le dan mucha vida y riqueza a la coreografía", nos contó Leslie al tiempo que salía escaleras abajo y a todo taconear, rumbo al escenario, 10 minutos antes de comenzar la función.
Marieta Romero, discípula y fiel seguidora del estilo inconfundible del fundador del Ballet Español de Valencia, Martín Vargas -quien décadas atrás se había presentado en el otrora teatro Blanquita, hoy Karlx Marx- manifestó estar muy contenta durante las semanas que antecedieron a la puesta en escena. "Los bailarines cubanos son muy completos y cuando bailan parecen gitanos auténticos encima de un escenario", afirmó.
La danza estilizada, el folklore y el flamenco se unieron en un espectáculo matizado por la buena técnica, la armonía y la belleza de sus interpretaciones que motivaron repetidos aplausos en el público asistente.
Durante 24 años el Ballet Español de Cuba, bajo la tutela del maestro y primer bailarín Eduardo Veitía, se ha ido consolidando como una importante escuela que abarca todos los estilos de la danza española, desde la danza hasta el flamenco más genuino.
Momentos antes de desprenderme de mi labor periodística y sentarme en una de las butacas a contemplar el espectáculo, observé nuevamente a Leslie, que enfrente de un espejo, recreaba algunos movimientos y repicaba sus castañuelas. Me guardé el piropo que merecía el momento y lo devolví al finalizar la obra en un fuerte aplauso. Durante la puesta en escena, la belleza que había retratado frente al espejo se me perdía en Graciela, Daniel, Yasnay, Samanta y otros tantos jóvenes cubanos que a cada movimiento me hacían recordar "el alma trémula y sola" que en el Gran Teatro de La Habana renacía entre palmadas y castañuelas.
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