Imprimir
Inicio » Noticias  »

El mapa de la Luna de 1829

En este artículo: Astrología, Geografía, Luna
| 1

Poco o nada ha cambiado la Luna desde hace 181 años, excepto que ahora está un poquito más alejada, pero ya en aquel entonces se interesaban muy mucho por su superficie. En este mapa de 1829, titulado “Karte des Vollmondes” (“Mapa de la Luna Llena”), podemos ver a detalle la geografía de nuestro satélite con los nombres de los cráteres y valles que existen en su superficie.

Mapa de la Luna

(Publicado en Blog Goefry)

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Dardo Ribas dijo:

    INTERESANTE DOCUMENTO

    Cuesta creer cómo lograron en esa época trazar un mapa tan aproximado.

    Los telescopios con que contaban deberían ser similares a los que hoy día tiene un aficionado. Es más, los de cualquier juguetería aquí en Buenos Aires, superan ampliamente la capacidad de observación de los que dispondría cualquier astrónomo en 1829.

    Uno piensa en Galileo, en esas clásicas pinturas que lo muestran observando por el telescopio que construyó allí por el 1600 y cuesta entender de qué manera llegó a las conclusiones que expuso.

    Ni qué hablar de quienes siglos antes habían formulado aportes extraordinarios para el conocimiento del universo.

    Se dice que Galileo no inventó el aparato… lo que hizo fue patentar uno de su fabricación. Seguramente latía en él un pequeño emprendimiento capitaloide y de ahí su decisión de legalizar la propiedad para que otro no le gane de mano, Jajajaja.

    Aparentemente, fue en Holanda donde a alguien se le ocurrió diseñar el primer instrumento de óptica. Hablan de un tal Hans Lippershey.

    El alemán Kepler, según remite la historia, realizó un importante aporte al incorporar dos lentes convexas (semejante al exterior de una circunsferencia); hay que imaginar lo que habrá costado la fabricación artesanal, me refiero a pulir los cristales para que la visión sea óptima, cristalina y ni que hablar de las conocidas aberraciones (distorsiones) producidas en la sección esférica del cristal.

    Se deduce, de manera elemental, que todo siguió un permanente desarrollo en técnicas y diseños, mecanismos y la concurrencia año a año de innovaciones hasta nuestros días. Qué diría Galileo y otros de esa época si hubieran conocido las potencialidades del Hubble y de la astronomía moderna.

    Hay un interesante resumen en el siguiente link:

    http://www.saber.golwen.com.ar/htelescopio.htm

    Un poco pesado por el aburrido formato gráfico que le dieron, pero los datos constituyen la parte importante de nuestra curiosidad. Van a encontrar detalles que sirven al conocimiento general.

    Yo tengo un telescopio de aficionado con bastante aumento e, incluso, ópticas intercambiables. ¿La procedencia?… ¡y, sí!… ¡China!… lo compré por muy poco dinero y lo monté sobre un trípode fotográfico de que disponía, alto y con fuerte construcción que inmoviliza al aparato en su afuste.

    Ahora, hay un problema que uno no conoce cuando es un advenedizo y radica en que las observaciones hay que hacerlas lejos de cualquier luminosidad producida en la ciudad.

    Por otra parte, estos telescopios de aficionados primarios -hay otros muy sofisticados pero son muy caros, inaccesibles-, son casi un juguete.

    Lo único que se puede ver bien es la Luna y hay que tener muñeca y un cabezal que desplace con mucha suavidad al aparato. Diría que lo principal es un buen trípode, bien alto, de varias secciones, pesado y de cabezal fluido (están montados con aceites internos que no permiten vibración alguna). Las roscas para fijar son de medida universal como las máquinas fotográficas o de video.

    Por eso, resulta asombrosa la actividad de los astrónomos por el año 1600, por ejemplo. No contaban con nada en cuestiones de logística, entendido esto por medios idóneos con qué hacer las observaciones. Eso sí, todos eran matemáticos que es la base fundamental para poder entender el cosmos.

    Pensar que la Iglesia lo quiso eliminar. A Galileo, me refiero. El florentino era astrónomo, matemático, físico y hasta filósofo… ¡un genio!… pudo zafar porque fue astuto.

    En cambio, el pobre Giordano Bruno, que además de astrónomo, físico y filósofo era poeta, no tuvo suerte. Le “traicionó” su temperamento e hidalguía y la profunda fe en la ciencia.

    Siempre me impresionó la frase que se le acredita ante los inquisidores…

    “Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla.”

    Le dieron un crucifijo antes de quemarlo vivo y él, valiente hasta lo increíble, se negó. Toda mi vida tuve una admiración absoluta a este hombre.

    Todavía, que yo sepa, la Iglesia no ha pedido perdón por semejante y oprobioso crimen.

    Paciencia, anda ocupada en reivindicar “disidentes” y, como siempre, rodeados de riqueza y prebendas de todo tipo.

    Bueh… las digresiones me hicieron olvidar de la Luna.

    Buen fin de semana, amigos cubanos.

    A ver si Fidel después de leer “Cubadebate” no se aparece de sorpresa en algún observatorio de La Habana. A curioso y erudito no le gana nadie.

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también