Así funciona el ecosistema digital de Flavio Bolsonaro

Flávio Bolsonaro terminó la primera vuelta presidencial del 4 de octubre con 47,08% de los votos válidos, frente a 45,11% de Luiz Inácio Lula da Silva, con 99,79% de las urnas escrutadas en el reporte de cierre. La diferencia fue de apenas 1,97 puntos y el balotaje quedó fijado para el 25 de octubre.
Pero la fotografía electoral cuenta solo una parte de la historia: la campaña digital de Flávio no se explica únicamente por lo que publica el candidato, sino por la capacidad de sus mensajes para circular a través de una red mucho más amplia.

La estrecha diferencia electoral abre una segunda vuelta en la que la disputa por la atención digital será decisiva para la agenda pública, aunque las métricas de redes no equivalen por sí mismas a intención de voto.
Un candidato diseñado para circular
El primer rasgo tiene que ver con la forma. Flávio no se presenta como un senador que comunica desde un despacho, sino como alguien que habla el idioma de las redes: videos cortos, tono informal, música, chistes y escenas de la vida diaria. Es la manera en que se comunican los creadores de contenido, no los políticos tradicionales, y es justamente lo que los algoritmos premian con más alcance.
Una muestra de 89 publicaciones de agosto permite ver cómo funciona. En su cuenta se alternan, casi como en un programa de televisión, cuatro tipos de contenido:
- Críticas al Gobierno, que marcan el conflicto y sostienen la identidad opositora.
- Escenas cotidianas, que muestran al candidato como una persona común.
- Humor y música, que hacen que el contenido se comparta por diversión y no solo por adhesión política.
- Colaboraciones con otros perfiles, que llevan sus mensajes a públicos que no lo siguen.
El ejemplo más claro es un video grabado junto al influenciador y político bolsonarista Lucas Pavanato. Tiene el formato de un sketch de humor, pero el montaje está armado para insinuar que Lula es un delincuente. Alcanzó un millón de "me gusta". Esa pieza reúne en un solo producto tres de los cuatro elementos: humor, colaboración y ataque.
La misma lógica explica el "Funk do 01" y los bailes de precampaña. Según la propia cobertura de la prensa brasileña, el objetivo era doble: suavizar la imagen de un dirigente percibido como serio y ultraconservador, y acercarse a los votantes más jóvenes, el segmento donde Lula tiene mayor desaprobación. Analistas brasileños han señalado que este recurso al cuerpo, la emoción y el espectáculo no es improvisado: repite una fórmula que ya ensayaron Donald Trump y Javier Milei.
1. Acercar: el entretenimiento baja la guardia del público y hace que el candidato parezca alguien cercano.
2. Atacar: sobre esa cercanía se monta el mensaje contra el adversario, que llega envuelto en humor y no parece propaganda.
3. Multiplicar: el contenido liviano se comparte más, y con él viaja el ataque.
Por eso cercanía y ataque no son dos estrategias distintas, sino una sola: la simpatía le da al ataque un público dispuesto a escucharlo, y el ataque le da a la simpatía un sentido político.
Ahora bien, hay que leer estos números con cuidado. Un "me gusta" no es un voto. Una reacción puede expresar apoyo, pero también rechazo, burla o simple curiosidad: los bailes de Flávio, por ejemplo, recibieron tantas críticas y burlas que la campaña terminó abandonando el jingle, y aun así le dieron enorme visibilidad. Por eso, lo más importante no es cuántas personas reaccionan a un contenido, sino quién la hace circular, por qué canales y con qué organización detrás. Esa es la pregunta que abre la siguiente parte del análisis.
La cuenta de Flávio es apenas la punta de la red
El dato más llamativo aparece en septiembre. Una acción admitida por el Tribunal Superior Electoral examinó el uso de publicaciones en colaboración, las llamadas "collabs", que permiten que un mismo contenido aparezca de forma simultánea en varios perfiles. El levantamiento presentado al tribunal contabilizó 1.826 colaboraciones y 492 perfiles hasta el 17 de septiembre. En conjunto, esas cuentas sumaban 147,3 millones de seguidores, aunque con audiencias superpuestas: no se trata de 147,3 millones de personas únicas.

La magnitud de las "collabs" muestra por qué el análisis no puede limitarse a la cuenta oficial del candidato.
La denuncia sostiene que ese mecanismo pudo ampliar propaganda favorable a Flávio sin suficiente transparencia. El tribunal ordenó preservar registros e identificar titulares, administradores y conexiones entre cuentas. La campaña respondió que las colaboraciones eran voluntarias y orgánicas, negó la existencia de una red de desinformación y sostuvo que publicar en coautoría no era ilícito.
Pero el punto comunicacional permanece: una campaña puede multiplicar su presencia sin necesidad de que cada mensaje nazca en la cuenta del candidato. La unidad de análisis cambia. Ya no basta preguntar "¿qué publicó Flávio?", sino "¿quién lo republicó, con qué frecuencia y bajo qué relación con la campaña?". Ese desplazamiento —del mensaje a la red de distribución— es uno de los rasgos centrales de la política digital contemporánea.
Más fuerza por publicación, pero no toda la conversación
Las métricas disponibles permiten ver una segunda capa. En una medición difundida a comienzos de octubre, las visualizaciones medias de Flávio en video corto fueron 4,7 veces las de Lula. Sus "me gusta" medios por publicación rondaron los 150.000, frente a unos 50.000 de Lula; y los comentarios medios, alrededor de 10.000 frente a 4.300. En rendimiento por pieza, la ventaja de Flávio era clara dentro de esa muestra.

Índice relativo construido a partir de las métricas publicadas. Lula = 100 en cada indicador.
Sin embargo, cuando se observan las interacciones totales en Instagram, la fotografía cambia: 31,9 millones para Flávio y 40,3 millones para Lula, según los datos de Fanpage Karma. Es decir, una campaña puede rendir mejor por publicación y, al mismo tiempo, acumular menos interacción total. Publicar más, trabajar con universos distintos de cuentas o medir períodos diferentes puede alterar el balance.

La comparación recuerda que promedios por publicación y sumas acumuladas responden preguntas diferentes.
Esta aparente contradicción es, en realidad, una advertencia metodológica: decir que alguien "domina las redes" sin precisar plataforma, período, muestra e indicador puede ser más propaganda que análisis. Y en una elección tan cerrada, esa simplificación también se convierte en arma política.
El antecedente que no puede borrarse: redes inauténticas
La campaña de 2026 no puede equipararse automáticamente con operaciones anteriores, pero el bolsonarismo llega a esta elección con antecedentes documentados. En 2020, Facebook retiró en Brasil 33 cuentas, 14 páginas, un grupo y 37 cuentas de Instagram por comportamiento inauténtico coordinado. La compañía vinculó aquella operación con personas asociadas al Partido Social Liberal y con empleados de los despachos de Jair, Eduardo y Flávio Bolsonaro, además de otros políticos.

La operación retirada en 2020 es un antecedente documentado.
Un año después, una investigación de la Policía Federal citada por el DFRLab conectó al asesor de Flávio Fernando Nascimento Pessoa con al menos dos recursos inauténticos de aquella red. El informe policial contempló dos posibilidades: que el asesor operara directamente las cuentas o que sus administradores hubieran utilizado su conexión.
La infraestructura empleaba perfiles falsos o duplicados y páginas que se presentaban como medios independientes para promover a Jair Bolsonaro y atacar adversarios.
La propaganda ya puede inventar al elector
El salto tecnológico aparece con la inteligencia artificial. Una investigación de Aos Fatos identificó 50 videos que simulaban entrevistas callejeras con electores generados artificialmente. En conjunto sumaban 7,4 millones de visualizaciones. Algunos caricaturizaban a votantes del PT mediante estereotipos de pobreza y dependencia de ayudas.

El dato central no es solo que el personaje sea artificial, sino que el contenido se presenta como si fuera testimonio espontáneo de una persona real.
No se encontró un vínculo aparente entre esas cuentas y las campañas oficiales. Esa ausencia de atribución es importante: detectar propaganda sintética favorable a un candidato no permite afirmar que el candidato la encargó. Pero el episodio muestra hasta qué punto la campaña electoral ya no compite únicamente por interpretar la realidad; también compite por fabricar escenas que parecen realidad.
Una red con memoria y conexiones internacionales
El ecosistema bolsonarista tiene además una historia de circulación entre plataformas y conexiones políticas que trascienden Brasil. Los antecedentes incluyen el uso intensivo de grupos de mensajería en 2018, investigaciones sobre envíos masivos, redes que atacaban a medios y adversarios, y la evolución del llamado "Gabinete do Ódio" durante el gobierno de Jair Bolsonaro.
En el plano internacional, cabe recordar el respaldo público de Steve Bannon a Jair Bolsonaro en 2018 y la incorporación de Eduardo Bolsonaro a The Movement como representante para Sudamérica en 2019. También constan contactos públicos de Fernando Cerimedo con Eduardo Bolsonaro y un testimonio sobre una posible disposición a ayudar a Flávio. Ese entramado regional —operadores, medios afines y cuentas de alto alcance que cruzan fronteras— reapareció de manera visible el propio día de la votación.
La bandera que Lula no tiró: anatomía de una mentira en día de elecciones
Mientras los brasileños votaban, comenzó a circular un video recortado de la transmisión televisiva en el que Lula y Geraldo Alckmin posan con la bandera nacional tras votar en São Bernardo do Campo. El montaje pretendía mostrar que el presidente arrugaba la bandera y la arrojaba al suelo. No ocurrió.
Como documentaron Agência Lupa y Aos Fatos, ambos cerraron la bandera después de la foto y Lula se la entregó al fotógrafo Ricardo Stuckert antes de salir saludando a la prensa y a los funcionarios electorales en las mesas.


El desmentido llegó rápido, pero la mentira llegó antes y más lejos. El investigador español Julián Macías Tovar, especialista en análisis de redes y desinformación, documentó el operativo en X:
"Hubo más de 92K publicaciones difundiendo la mentira de que Lula lanzó la bandera de Brasil al suelo. Hay más que muestras de automatización y replicación de las mismas frases y mismos vídeos. […] Millones de bots replicaron publicaciones de cientos de cuentas bolsonaristas e internacionales con la mentira de que Lula lanzó la bandera de Brasil al suelo mientras brasileños votaban. Esto debería ser delito."
— Julián Macías Tovar, en X
Los datos de monitoreo que compartió muestran la forma del fenómeno: 92,6 mil menciones en el período, un crecimiento de 948% respecto del período anterior y una curva casi plana durante buena parte del día que se dispara de golpe hasta rozar las 20.000 menciones por hora en el pico. No es la forma de una conversación que crece de a poco; es la forma de una ola disparada.

Tendencia de menciones sobre el falso episodio de la bandera: 92,6 mil menciones y un salto de 948%. Fuente: Julián Macías Tovar.
Es decir, a la imagen manipulada se le sumó un testimonio inventado, sin nombre ni fuente, que convertía la mentira en noticia de "última hora". Esa sola publicación superó los 2,3 millones de visualizaciones, 15.000 reposteos y 50.000 "me gusta", y la herramienta de monitoreo registró 16 duplicados de ella.

La publicación de Primeiro Front: 2,3 millones de visualizaciones y una cita sin fuente atribuida al equipo de Lula.
A partir de allí, el patrón que describe Macías Tovar se vuelve evidente: cientos de cuentas reproducen exactamente el mismo texto, con los mismos emojis, las mismas comillas y el mismo video, en algunos casos con la marca de agua de la cuenta original.
Junto a ellas aparecen otras de gran alcance que empujaron la misma versión con sus propias palabras, con cientos de miles de visualizaciones cada una. La copia literal masiva no es la huella de miles de personas indignadas que reaccionan cada una a su manera: es la huella de la replicación coordinada.






Mismo texto, mismo video, distintas cuentas. En la última captura, el perfil de una de ellas: más de 120.000 publicaciones acumuladas. Capturas: Julián Macías Tovar.
La operación tuvo además una capa internacional en español. La Derecha Diario —portal de la ultraderecha regional que, según Revista Fórum, Fernando Cerimedo compartía con el periodista español Javier Negre y que este pasó a controlar tras la detención de aquel— presentó a Lula como "dictador" que "odia a su país".
El propio Negre difundió la misma mentira acompañada de insultos, con 60.000 visualizaciones. El hilo que en la sección anterior aparecía como antecedente se vuelve aquí práctica concreta: las mismas redes de operadores regionales que orbitan alrededor de la familia Bolsonaro empujaron la desinformación el día de la votación.


La versión en español: La Derecha Diario y Javier Negre amplifican la misma mentira. Capturas: Julián Macías Tovar.
Macías Tovar concluyó que se trataba de conductas que deberían ser denunciadas y publicó la lista de personas y medios que, a su juicio, deberían responder por ello. Más allá del plano judicial, el episodio condensa en pocas horas todo lo que este análisis describe: un contenido manipulado, un testimonio fabricado, una cuenta de alto alcance que lo lanza, una red que lo replica en masa y un circuito internacional que lo traduce.
La paradoja de la noche electoral
La primera vuelta dejó otra lección útil. Flávio terminó primero en votos, pero Lula cerró la jornada como primera tendencia mundial en X. La elección brasileña ocupó nueve de los quince primeros lugares globales y, en varios países de la región, Lula apareció por encima de Flávio en las tendencias.
El dato rompe una equivalencia muy extendida: ser más visible en una red no significa necesariamente obtener más votos, del mismo modo que ganar una elección no significa controlar toda la conversación digital.
Las búsquedas también comenzaron a desplazarse de inmediato hacia el balotaje: crecieron las consultas sobre la fecha de la segunda vuelta, el plan de gobierno de Flávio y los apoyos de fuerzas que quedaron fuera de la disputa. La conversación digital pasó, en pocas horas, de contar votos a negociar el sentido político de la segunda vuelta.
Conclusiones: la pregunta ya no es quién publica, sino quién multiplica
1. La unidad de análisis es la red, no el candidato. La campaña de Flávio Bolsonaro no puede leerse a partir de su cuenta oficial. Las 1.826 colaboraciones con 492 perfiles, la circulación entre plataformas y la participación de cuentas sin vínculo formal con la campaña muestran que el mensaje se multiplica en una arquitectura distribuida. Esa arquitectura tiene una ventaja estratégica decisiva: diluye la responsabilidad. Cuando un contenido nace en muchos lugares a la vez, resulta difícil establecer quién lo originó, quién lo pagó y quién debe responder por él.
2. Cercanía, ataque y desinformación forman un mismo dispositivo. El candidato que baila, canta y se muestra cotidiano convive con el contenido que insinúa que Lula es un delincuente y con la red que, el día de la votación, lo presenta como alguien que desprecia la bandera. No son registros contradictorios sino complementarios: la cercanía construye la confianza que luego vuelve verosímil el ataque. El episodio de la bandera lo demuestra con precisión. Apeló a un símbolo patrio, buscó activar la indignación y circuló en el momento exacto en que la ciudadanía estaba votando.
3. La automatización y la fabricación ya son parte del paisaje electoral. Electores sintéticos creados con inteligencia artificial, testimonios atribuidos a fuentes inexistentes, cientos de cuentas que copian el mismo texto al pie de la letra: la frontera entre opinión pública y opinión simulada se vuelve cada vez más difícil de ver a simple vista. Lo que está en juego no es solo la veracidad de un dato puntual, sino la posibilidad misma de que la ciudadanía sepa cuánta gente piensa realmente lo que parece pensar.
4. Los antecedentes no prueban continuidad, pero sí trazan un patrón. La red retirada por Facebook en 2020, el vínculo de un asesor de Flávio con aquella infraestructura, el "Gabinete do Ódio", la articulación con Bannon y The Movement, y la cercanía con operadores como Cerimedo y medios como La Derecha Diario dibujan un ecosistema con memoria, actores recurrentes y alcance transnacional. Cada nueva campaña no empieza de cero: hereda contactos, técnicas y audiencias.
5. Las métricas de redes no son votos, y los votos no son la conversación. Flávio rinde más por publicación; Lula acumula más interacción total y cerró la noche como tendencia mundial. Flávio ganó la primera vuelta por menos de dos puntos. Ninguno de estos datos, por sí solo, explica el resultado. Por eso conviene desconfiar de cualquier relato que proclame que alguien "domina las redes": esa frase, repetida sin datos, es ella misma una pieza de campaña.
6. La segunda vuelta se juega también en la velocidad de la verdad. El falso episodio de la bandera fue desmentido el mismo día por Agência Lupa y Aos Fatos, documentado por investigadores independientes como Julián Macías Tovar y registrado en imágenes por la prensa. El Tribunal Superior Electoral, a su vez, ya ordenó preservar registros e identificar a los responsables de la red de collabs. Existen las herramientas para detectar, documentar y responder. El desafío de las próximas tres semanas es que esas respuestas circulen con la misma fuerza que las mentiras: que la verificación llegue a las mismas personas, por los mismos canales y a tiempo.
Nota metodológica
Este análisis combina el seguimiento de fuentes públicas sobre la campaña presidencial brasileña de 2026: resultados del escrutinio del Tribunal Superior Electoral; documentación y cobertura periodística de la acción judicial sobre las publicaciones en colaboración; mediciones públicas de rendimiento en Instagram y TikTok (incluidos datos de Fanpage Karma); el informe de Facebook de 2020 sobre comportamiento inauténtico coordinado y la investigación del DFRLab; la investigación de Aos Fatos sobre electores generados con inteligencia artificial; y los desmentidos de Agência Lupa y Aos Fatos.
El estudio del estilo comunicacional de Flávio Bolsonaro se basa en una muestra de 89 publicaciones de agosto. Los datos sobre la difusión del falso episodio de la bandera provienen del monitoreo publicado por Julián Macías Tovar en X el 4 y 5 de octubre, incluidas las capturas de pantalla que se reproducen. Las métricas de plataformas (visualizaciones, interacciones, seguidores) miden circulación y atención, no intención de voto; las sumas de seguidores incluyen audiencias superpuestas. Los antecedentes históricos se presentan como contexto y no como prueba de continuidad operativa con la campaña de 2026.
- Así funciona el ecosistema digital de Flavio Bolsonaro
- Washington habla de Cuba, ¿qué piensa la sociedad estadounidense?
- Cerimedo por Cerimedo: Cuba, Marco Rubio y un discurso que cruza fronteras
- Cerimedo y la red que conecta MAGA, Madrid, Miami y la guerra contra Cuba
- Brad Parscale, la pieza que faltaba
- ir aObservatorio de Medios de Cubadebate »
- Medicina Natural y Tradicional: Sobre el uso de plantas medicinales en los niños
- Guardia cubano que sobrevivió al ataque de Trump en Caracas: “Nuestros compañeros son una gloria para toda Cuba”
- Barbados: Memoria que arde y resiste (+Video)
- Así funciona el ecosistema digital de Flavio Bolsonaro
- ¿Qué cambia con las importaciones comerciales por vía no comercial en Cuba?: Aranceles y formas de pago
- ir aEspeciales »
- Así funciona el ecosistema digital de Flavio Bolsonaro
- Washington habla de Cuba, ¿qué piensa la sociedad estadounidense?
- Medios vetados por Trump no pudieron cubrir cena de Estado en honor a Xi Jinping pese a orden judicial
- LA HAINE: Tumbada por la ofensiva de Trump contra servidores de medios anticapitalistas
- Medios de EE.UU. demandan al Gobierno por vetar acceso a la Casa Blanca y cadenas de TV boicotean cobertura conjunta
- ir aMedios »


Vi hace unos años una telenovela brasileña cuyo titulo era "VALE TODO", también hay una frase que dice: "EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS", realmente para el PT no es hora de lamentarse por la forma en que lo hizo Bolsonaro pues oficialmente ganó con 2 puntos de diferencia, es tomar medidas para tratar de recuperarse de cara a la 2da vuelta, aunque yo creo que el mal ya está hecho y sembrado en la mente de los brasileños
Da igual. Flavio será presidente y Lula pierde el apoyo popular.
La. Presión ejercida por Trump. Dio sus resultados. Lula. Dejará de. Ser presidente. En unos 20. Días. Esto ya está sentenciado
No es hora de lamentarse ni de buscar justificaciones. Lula desde de la Presidencia pudo haber hecho esto y mas. Ahora con mucha creatividad y haciendo cosas diferentes a lo mejor logra remontar en la segunda vuelta. Falta le hace a la América Latina.
Todo parece indicar que se repetirá la historia de Colombia, Ecuador, Chile y otros tantos países de nuestra America donde la derecha sigue ganando terreno, para la 2da vuelta Bolsonaro cuenta con el apoyo de otros partidos de la derecha que tuvieron puntuaciones importantes, a Lula solo le queda apelar al convencimiento de los que no votaron en primera vuelta, si no logra convencer que una gran mayoría de estos que se abtuvieron voten por el, todo estará perdido, normalmente ganar y crecer en número de gobernadores es una señal muy clara de como se compotaran las presidenciales y en ello es incuestionable el crecimiento del Partido Liberal sobre el Partido de los Trabajadores, aun si ganara Lula la tendría muy dificil en la Asamblea Nacional donde el PL tiene una gran cantidad de diputados. Creo que caera otro gobierno de izquierda en la America.
Bueno, como todo respeto, el gobierno de Lula jamás fue de izquierda. Quizás de centro izquierda. Gobernó en coalición.
Exactamente, sus gobiernos el PT nunca ha tenido mayoría ni en la cámara ni en el senado, entonces sí, su gobierno es más bien de centro izquierdo, moderado, conservador.