¿Quién mató a Fernando Collazo?

Fernando Collazo. Foto: Archivo.
Como “un mozo inteligente y bien plantado” lo retrata Alejo Carpentier en una crónica que publicó en la revista Carteles. Interpretaba la música, dice el autor de Los pasos perdidos, como debía interpretarse, con “su voz potente y bien timbrada que no se perdía en alardes de virtuosísimo estéril”. Era un hombre elegante y con una suerte loca con las mujeres, el primer cantante de música popular, se afirma, que llegó a rodar automóvil propio en La Habana. Viajó mucho, se presentó con éxito en París, México y Nueva York, cantó para el rey de Suecia y en la noche habanera su nombre brillaba al lado de los de Esther Borja, Rita Montaner, Bola de Nieve, Ernesto Lecuona… La vida parecía sonreírle a Fernando Collazo hasta que el 16 de octubre de 1939 un pistoletazo puso fin a su existencia.
¿Suicidio o asesinato? Su muerte repentina, cuando el artista se hallaba en la cúspide de su carrera, dio pie a especulaciones que llegan hasta hoy. Dos muchachas se envenenaron al hacerse pública la noticia de su deceso.
De donde nace un río
La localidad habanera de San Antonio de los Baños no ha sido cuna solo de esos grandes humoristas que son Eduardo Abela y René de la Nuez, sino que aporta a la música popular cubana los nombres de Silvio Rodríguez y el bolerista René Álvarez. Allí nació también, en 1909, Fernando Collazo. Fue tabaquero. Precisamente como “un tabaquero de ciertas posibilidades económicas” lo recordaba Antonio Arcaño, el Monarca, en una entrevista de 1986. Pero Collazo llevaba la música en la sangre, y ya en 1930 fundó su septeto Cuba. Tenía 21 años de edad entonces.
Era la época del danzonete, suma del son y el danzón, y de la orquesta tipo charanga. Una etapa en que la radio servía a de poderoso medio de difusión publicitaria. Collazo, por supuesto, no permaneció ajeno a ese medio, y según Oscar Luis López, durante los diez años que duró el furor del danzonete, la radio lo contó entre sus mejores intérpretes, al lado de Paulina Álvarez, Abelardo Barroso y Vicentico Valdés. Su espacio en la COCO fue de los más escuchados del momento.
Cantó Collazo con las orquestas de Armando Valdespí y Antonio María Romeu hasta que a instancias de este fundó, con Belisario López, la orquesta El Progreso Cubano. Creó después la orquesta Habana, que adoptó el nombre de Gris y más tarde el de Las Maravillas del Siglo, que luego sería conocida como la orquesta de Arcaño y sus Maravillas.
Un oscuro y penoso incidente a asocia a esa agrupación bailable. Allí sufrió Collazo el golpe de mano que le propinó Arcaño, su administrador. Muchos años después el Monarca explicó lo ocurrido. Dijo que siempre que tocaban en casas particulares, alguna de las mujeres de Collazo se colaba en el lugar, lo que disgustaba a las familias que auspiciaban la presentación. “Se formó una atmosfera desagradable alrededor de la orquesta, que la perjudicaba, y los músicos me propusieron para director. Yo no quería porque ser amigo de Collazo, pero Virgilio Diago… me insistió. Le hice caso y la denominé Primera Maravilla del Siglo, pero vino una bronca legal, porque Collazo me reclamó, y la llamé Las Maravillas de Arcaño…”
Maracas y bongó
Maracas y bongó, corto musical dirigido por Max Tosquella, recoge la actuación de Fernando Collazo. Se filmó en 1932 y es el primer cortometraje sonoro realizado en la Isla.
Carpentier escuchó al cantante en La Cabaña Cubana, de París, “implantar los prestigios y misterios de la música tropical”, y fue para él una verdadera revelación. “Hace tiempo que yo lamentaba la ausencia de un cantante inteligente de nuestros cantos y sones, particularmente de aquellos compuestos sobre poemas de Nicolás Guillén”. Collazo, proseguía el novelista de El siglo de las luces, “sabía ponerse al servicio de la más auténtica tradición criolla. Conocía todos sus secretos rítmicos, sus inflexiones, sus libertades. Con ella, las menores intenciones del texto cobraban extraordinario relieve… volvía a crear el poema, comunicándole una vitalidad increíble”.
Su capacidad de comunicación la ilustra Carpentier con esta anécdota: “Vi a Fernando Collazo arrancar aclamaciones de entusiasmo a un público francés contándole cierta historia de ‘majá enroscao’, de la que nada podía entender quien no fuera cubano, Pero era tal la expresión que el cantante sabía poner en su relato, que se hacía innecesario comprender el sentido de las palabras. Es un verdadero artista”.
Ese artista asumió en 1934 la presidencia de la Sociedad de Autores Musicales, unió a los compositores del patio y trabajó por la reivindicación de sus derechos autorales y patrimoniales violados una y otra vez por casas disqueras norteamericanas.
¿Lo mató la mafia musical? Algunos apuestan todavía por esa posibilidad, y hay quien afirma que el cantante fue víctima de un marido celoso. Alguien con mucho dinero y largas influencias políticas a quien Collazo le había arañado la pintura. Otros, en tanto, hablan de un suicidio que atribuyen a las razones más diversas.
Lo cierto es que en la tarde del 16 de octubre de 1939, luego de escucharse un disparo, Collazo fue encontrado en medio de un charco de sangre, en una habitación de la casa que ocupaba en la calle Figuras número 20, en La Habana. Murió poco después mientras se le brindaba asistencia en la Segunda Casa de Socorros. De inmediato, la Policía detuvo, sujetos a investigación, a la compañera sentimental del cantante, Mirta Isabel Parrrondo y a un hermano y a una amiga de ella que se encontraban en el lugar al ocurrir el suceso. Al día siguiente, el Diario de la Marina encabezaba así su información: “Fernando Collazo, el cantante cuya muerte ofrece dudas…”
Detenidos
Mirta Isabel quería abandonar a Collazo y el cantante insistía en retenerla a su lado. Ese parece haber sido el móvil del suicidio. En la madrugada del domingo anterior, el artista había sido detenido por la Policía en momentos en que sostenía un violento altercado con Manuel Villegas, vecino de Alambique número 159, luego de que sorprendiera a su mujer, en Prado y Genios, en el auto del sujeto. Collazo exigió una explicación; se negó Villegas a dársela, y, en medio de agresiones verbales, sacó un revólver y encañonó al artista. En eso llegó la Policía y los condujo a la Tercera Estación, donde ambos rivales se lanzaron amenazas de muerte. Quedaron al fin en libertad, mediante la prestación de sendas fianzas de 25 pesos.
Ya en la calle, Collazo fue en busca de Mirta Isabel, que se encontraba, en la vivienda de su padre, en Figuras número 263, y logró convencerla de que regresara al hogar. El padre de la muchacha insistió en acompañarlos y se mantuvo en la casa del cantante hasta las seis de la mañana, cuando fue relevado por su hijo Emilio. Temían que Collazo atentara contra la vida de Mirta Isabel.
En el momento en que se escuchó el disparo, Mirta Isabel, Emilio y la amiga que llegó a visitarlos, se disponían a salir de la casa; estaban ya en la puerta. Minutos después, Emilio penetró en la habitación de su cuñado, presumiblemente cerrada, en compañía del vigilante 1921, Adriano Valdés, de la Quinta Estación. Así lo declararon al comandante Serra, inspector del Distrito. Como el recuento de los hechos no pareció claro al oficial, dispuso la detención de los tres y puso el asunto en manos del doctor Zunzunegui, Juez de Instrucción de la Sección Tercera, que se personó en el lugar de los hechos a fin de realizar una inspección ocular minuciosa y solicitó los servicios del Gabinete Nacional de Identificación que precisaría si se trataba de un crimen o de un suicidio. Las investigaciones evidenciaron lo segundo y los detenidos quedaron en libertad. La Asociación de Autores Musicales reclamó el cadáver de Fernando Collazo para tenderlo en sus salones.
Pasaron los años. Pasaron 87 años. Nadie recuerda ya a esa gloria de la música cubana.


Es verdad que es poco conocido fuera de los ámbitos de estudio, éste trabajo es una contribución a su conocimiento y memoria, gracias profesor Ciro.
Excelente publicación, llena de detalles como nos tiene acostumbrados Ciro Bianchi. Gracias una vez mas por dar a conocer esta historia. Es una pena que nadie mencione a este artista.
Me encantan los articulos de Ciro Bianchi. son amenos y precisos y hasta nos recuerdan las calles de la Habana en este. Lo admiro.