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Armando Carnot Veulens, el médico de los pobres: A un siglo de gratitud

Por: Dr. C. Armando Santana Montes de Oca
Publicado en: Espacios de ciudad
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Retrato restaurado de Armando Carnot Veulens. Foto: José Luis Pérez Laza.

Cuando el 20 de septiembre de 1926 falleció en Matanzas el doctor Armando Carnot Veulens, la ciudad entera se vistió de luto; no era para menos. Quien había ejercido la medicina como un apostolado, quien había curado sin mirar carteras y extendido la mano sin esperar recompensa, dejaba un vacío que ni el tiempo ha logrado borrar. Su legado ha pasado a formar parte del imaginario de los matanceros. Casi un siglo después, su memoria sigue viva, entre la leyenda y las invocaciones a su espíritu, donde se entremezclan oraciones y esperanza. En su panteón del cementerio San Carlos Borromeo nunca faltan flores, lágrimas y vasos de agua; pues es sitio de peregrinación para muchas personas que buscan tranquilidad espiritual y curación para los enfermos. Nacido el 13 de enero de 1884, fue un ilustre matancero, médico, político y precursor del espiritismo científico en Cuba. Sobre todo, un hombre bondadoso y altruista, profundamente comprometido con los más humildes. El pueblo, que sabe agradecer a quienes lo aman, le regaló en vida el hermoso apelativo con el que pasaría a la historia: “el médico de los pobres”.

Un hombre de principios, sin miedo frente al poder

En 1926, la rectitud de su actuar y el cariño de los matanceros colocaron al exalcalde, Carnot, en el punto de mira del presidente de la República, general Gerardo Machado, quien intentó disuadirlo. Su popularidad en Matanzas, que era arrolladora, lo convirtió en una figura incómoda. Según el Diario de la Marina, en el mes de septiembre acudió al menos en dos ocasiones (7 y 13) a la sede del ejecutivo para entrevistarse con el gobernante. En la última, un grupo de numeroso de liberales de la ciudad de Matanzas expresaron al presidente, Carnot

“...cuenta con gran parte de los votos de los vecinos de Matanzas y con la simpatía unánime de los liberales de allí, por lo cual el día de los comicios se dividirá la votación de tal manera que, en el caso de no triunfar el Dr. Carnot, como se espera, la victoria sería sin duda de los conservadores.” (Diario de la Marina, 1926, p. 1)

- Suelto a favor de la candidatura de Armando Carnot Veulens, 1926. Foto: archivo de Leonel Pérez Orozco.

Sin un acuerdo efectivo, Carnot decidió acudir a los comicios como candidato independiente a la alcaldía; según el Diario de la Marina, más de tres mil matanceros respaldaban su nombre. Esto no debió resultar del agrado de muchos, se amenazaba con romper los esquemas del poder establecido. Un político del temperamento de Machado; no debió quedarse a la espera de lo impredecible. Cien años después es difícil afirmar de modo categórico y veraz lo que en realidad pasó, pero todo nos remite al aforismo de que en política lo más importante es lo que no se ve. Las versiones más incisivas, como la de Tápanez Galván (2010), afirman que: “... lo envenenó en el mismo palacio presidencial durante un almuerzo, pues quiso convencerlo de que no aspirara a la alcaldía de Matanzas, y en cambio le ofrecía otra posición, la de Ministro de Salubridad, pero el doctor no aceptó.”(p. 3)

Este es un asunto inconcluso que merece ser investigado, porque nunca se ha intentado probar o refutar; pero la sospecha ha quedado flotando en la historia, como una sombra que aún hoy interroga.

Lo cierto es que apenas días después, el 19 de septiembre, el mismo periódico informaba que Carnot padecía “...una infección intestinal que ha tenido entre otras complicaciones, una al riñón que alarmó bastante a sus familiares...” (Diario de la Marina,1926, p. 24). Se aseveraba que “Todos los médicos de Matanzas han desfilado por esa casa (...) Se disputan sus amigos el honor de velarlo. (...) admiradores del caballero y del político que no lo abandonan un instante.”(Diario de la Marina,1926, p. 24). En cualquier otro caso lo anterior pudiera parecer una exageración; pero en el de Carnot, Manolo Jarquín, redactor de la sección Matanceras, no hacía más que reflejar la realidad, pues aquel contaba con la estima y consideración de la inmensa mayoría de la sociedad.

Matanzas, una ciudad llena de dolor, se paralizó

A las 11:15 de la noche, del 20 de septiembre, la septicemia puso fin a la vida de Carnot, tenía apenas 42 años. La noticia corrió como pólvora, y rápidamente cientos de personas se congregaron en torno a la casa marcada con el número 86, en la calle Milanés, entre Manzaneda y Zaragoza. “Y de todos los barrios de la ciudad comenzaron a llegar amigos agradecidos, gentes a quienes (...) había salvado o la vida o alguna situación crítica.(Diario de la Marina, 1926, s/p.). Allí estuvieron todos. El diario, describió la escena con una crudeza conmovedora:

“Pudiera compararse el duelo experimentado por las clases populares con una calamidad general que hubiera llenado de luto y dolor todos los hogares; con tal sentimiento ha sido llorado, en todas partes, el filantrópico médico desaparecido”. (Diario de la Marina, 1926, s/p.)

Los periódicos se llenaron de notas necrológicas que se hacían eco de la noticia y de los ofrecimientos de condolencias.

“Matanzas está de duelo. La morada (...) es visitada por todo cuanto vale y significa en esta sociedad, que le distinguía por sus muchos méritos personales y políticos”. (Diario de la Marina, 1926, s/p.)

El 21 de septiembre, el sepelio fue una manifestación espontánea de gratitud colectiva. El duelo fue el signo de toda una ciudad, pues de algún modo ningún matancero quedó inerme ante la desventura de Carnot. La ciudadanía enlutada abarrotaba su casa para entregar coronas y hacer guardias de honor. Las instituciones también mostraron su luto; las oficinas municipales izaron su bandera a media asta y cerraron, y la policía llevó crespón durante tres días. A las cuatro de la tarde partió el cortejo por las calles inundadas de personas y de flores. Lo presidían el vicepresidente de la República, el gobernador provincial y otras importantes personalidades.

“El cadáver fue conducido a pie desde la casa mortuoria hacia el cementerio –(adviértase que el trayecto fue de alrededor de cuatro kilómetros)– ... Después siguió el acompañamiento, que ocupaba unas tres o cuatro cuadras, perteneciente a todas las clases sociales. (...) las ofrendas florales fueron conducidas en siete carros, siendo necesario llevar muchísimas en brazos del público.” (Diario de la Marina, 1926, s/p.)

Lo anterior es solo un botón de muestra de la apoteosis indescriptible que significó el último adiós al médico matancero. Durante varios días, los periódicos más importantes del país, trataron de recoger lo ocurrido; todos coincidían que nunca se había visto algo igual en Matanzas. Imposible es resumir en este material, lo reflejado en la prensa de la época. En la actualidad, historiadores matanceros afirman que esta ha sido una de las más memorables muestras de respeto en la historia de la ciudad.

Tanta gratitud se trataba de revelarse del siguiente modo:

“Y era que Carnot era excepcional. Generoso, desprendido, magnánimo, caritativo como nadie. Ejercía la profesión como un apostolado. De ella hubiera podido sacar miles de miles de pesos, hacía un culto, una religión a favor de los pobres.” (Diario de la Marina, 1926, p. 22)

Construcción conmemorativa costeada por el pueblo a Armando Carnot Veulens. Actualmente se encuentre en el patio del Museo Provincial “Palacio de Junco”. Foto: Armando Santana Montes de Oca.

La herencia de un hombre bueno

Rápidamente se hizo notar que un profesional de su reputado prestigio, que pudo haber acumulado y legado una inmensa riqueza a sus más allegados familiares: “No deja fortuna como todos saben (...) Días antes de morir, conociendo su próximo fin, decía en el lecho a su esposa: 'Qué herencia te dejo, Felicia: cinco hijos y la miseria'.” (Diario de la Marina, 1926, p. 22)

Se consagró a la causa de los humildes, prefirió vivir con lo justo y dar el resto a los infelices que no tenían más que su propia existencia. Esa coherencia entre el decir y el hacer, conmovió a toda una sociedad. De inmediato, surgieron diversas iniciativas, la gratitud hacia Carnot, fue tomando distintos cauces. No pocos en Matanzas y fuera de ella donaron dinero con la sencilla pretensión de ayudar.

Destaca la creación de un comité Pro-Carnot, que se constituyó oficialmente el dos de octubre, siendo elegido presidente Juan Gronlier, gobernador provincial de Matanzas. Diversas fueron las intenciones y gestiones del comité para “...recaudar fondos para esos huérfanos del filántropo a quien llora siempre Matanzas, inconsolable.” (Diario de la Marina, 1926, S/p). La idea era simple y hermosa: retribuir en dinero a su familia lo que él había entregado en salud y decoro a todo un pueblo.

Extremadamente singular fue la propuesta de la celebración de “el día Carnot”, durante el cual toda la sociedad matancera expresaría su contribución, y por ello se afirmaba que se aceptaría cualquier “...tributo, sea cual fuere, desde un níquel hasta la más elevada suma; se le extenderá un recibo (...) teniendo dicho recibo el retrato del doctor Carnot. (...) quedarán como el último recuerdo del médico caído, del ídolo que se fue.” (Diario de la Marina, 1926, p. 37)

Un legado que trasciende el tiempo

Hoy, a casi un siglo de su partida física, este hombre sigue siendo una referencia moral en Matanzas; el pueblo matancero ha mantenido viva y constante su memoria. Existe veneración, pues vivió con coherencia. En tiempos difíciles, su ejemplo nos recuerda que un servicio desinteresado de ejercer la medicina y la política es posible.

Por eso, este 2026, la sociedad matancera y sus instituciones deben conmemorar dicho centenario, no como un acto nostálgico, sino como un ejercicio de inspiración. Retomar “el día Carnot” con distintas acciones, en especial de servicio a los más necesitados, permitiría honrar la grandeza de un hombre que lo entregó todo: el doctor Armando Carnot Veulens, “el médico de los pobres”.

Bibliografía

Diario de la Marina. (3 de octubre de 1926). Comité Pro-Carnot. p. 24.

Diario de la Marina. (26 de septiembre de 1926). El día Carnot. El 21 de octubre. p. 37.

Diario de la Marina. (25 de septiembre de 1926). Por los hijos de Carnot. Surge la iniciativa. p. 22.

Diario de la Marina. (24 de septiembre de 1926). El sepelio de Carnot. Se quedaron sin flores los jardines. p. 23.

Diario de la Marina. (23 de septiembre de 1926). Armando Carnot, cayó el ídolo. s/p.

Diario de la Marina. (22 de septiembre de 1926). Matanzas está de duelo por la muerte del doctor Armando Carnot, al que se le dio cristiana sepultura. s/p.

Diario de la Marina. (21 de septiembre de 1926). Armando Carnot falleció ayer en Matanzas. s/p.

Diario de la Marina. (19 de septiembre de 1926). El Dr. Carnot continúa de cuidado. p. 24.

Diario de la Marina. (14 de septiembre de 1926). Campaña liberal en pro de Carnot. p. 1.

Diario de la Marina. (8 de septiembre de 1926). El exalcalde de Matanzas. p. 22.

Tápanez Galván, W. (2010). Breve reseña del Dr. Armando Carnot Veulens: el "Médico de los Pobres". Revista Médica Electrónica, 32(5), 1-6.

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Dr. C. Armando Santana Montes de Oca

Doctor en Ciencias. Especialista de la Oficina del Conservador de Matanzas.

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