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Cuba bajo etiquetas: Cómo Washington sataniza a un país

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Hay palabras que no describen: condenan. En política exterior, Estados Unidos ha perfeccionado un repertorio de etiquetas peyorativas capaces de convertir un conflicto complejo en una sentencia breve, fácil de repetir y difícil de discutir. “Estado patrocinador del terrorismo”, “estado fallido”, “régimen”, “narco-estado”, "síndrome de La Habana" se pronuncian como si fueran diagnósticos objetivos, pero operan —en la práctica— como herramientas de poder.

Leídas desde la teoría del encuadre (framing), estas fórmulas funcionan como marcos interpretativos que seleccionan y jerarquizan rasgos del país etiquetado para definir el problema, atribuir causas, emitir un juicio moral y sugerir remedios, según la definición clásica de Robert Entman (1993).

A la vez, desde la teoría de la seguritización (Security) en Relaciones Internacionales, las etiquetas pueden funcionar como actos de habla que convierten una disputa política en “amenaza existencial”, justificando medidas excepcionales y desplazando la discusión hacia la lógica de emergencia (Buzan, Wæver y de Wilde, 1998). En su dimensión sociológica, conectan además con la teoría del etiquetado (Becker, 1963) y con la noción de estigma (Goffman, 1963): marcas que degradan la legitimidad, condicionan el trato institucional y restringen el acceso a recursos.

En suma, la evidencia teórica es consistente. Estas etiquetas no solo ordenan titulares, fijan consensos y legitiman sanciones, sino que preparan el terreno para la agresión, incluida la militar. En la conversación pública sobre Cuba, estas fórmulas no aparecen solo en discursos oficiales. Circulan en medios, redes y búsquedas masivas, y eso permite observar su recorrido.

En este análisis llamaremos “propaganda de etiquetas” al uso sistemático de rótulos geopolíticos que empaquetan una valoración política y moral en una fórmula corta. Su función no es la precisión conceptual, sino el enmarcado: al etiquetar una realidad orientan la interpretación y, de paso, sugieren una respuesta.

Estados Unidos y la política de nombrar para actuar

En los años noventa, ya sin la URSS como gran antagonista, Washington necesitaba un nuevo mapa moral para ordenar su política exterior. La administración Clinton encontró en la etiqueta “rogue states” —“estados canallas”— una herramienta extraordinariamente eficaz. Utilizaron un rótulo breve que permitía agrupar países distintos bajo un mismo marco de amenaza, sostener sanciones y justificar la lógica de la contención sin entrar en matices incómodos.

El problema es que esa misma eficacia tuvo un costo. Una vez fijado un país como “canalla”, cualquier gesto de diplomacia pasa a leerse como concesión o debilidad. No es casual que, con el tiempo, el propio Departamento de Estado intentara rebajar el voltaje del término y anunciara que dejaba de usar “rogue state” para sustituirlo por “states of concern” (“países de especial preocupación”), asumiendo que el rótulo se había convertido en un obstáculo político y diplomático.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush llevó esa propaganda de etiquetas a un registro todavía más moralizante. Con el “axis of evil” (“eje del mal”) en 2002, la Casa Blanca no solo señalaba a los adversarios: los colocaba en un relato de guerra total, donde “el mal” sustituía al análisis y la excepción se volvía norma.

La etiqueta simplificaba el mundo para gobernarlo —y para movilizar apoyos internos—, pero encarecía la política exterior: endurecía posiciones, estrechaba salidas diplomáticas y trasladaba el conflicto a un terreno emocional que polariza tanto fuera como dentro de los países etiquetados. El costo, por tanto, no fue solo retórico, significó la pérdida de grados de libertad para la negociación y mayor fricción con terceros que podían compartir objetivos parciales, pero no el marco moral absoluto.

Desde entonces, el patrón se repite con regularidad. La etiqueta aparece en boca de un alto funcionario, en un documento oficial o en una tribuna política de gran visibilidad; luego se reproduce en cadena —vocerías, think tanks, editoriales, agencias, redes— hasta normalizarse. Y ahí ocurre lo decisivo, que la etiqueta empieza a administrar el conflicto.

La secuencia típica es conocida: se nombra; se amplifica; se codifica (listas, sanciones, restricciones); se externaliza el costo (bancos, navieras y empresas se apartan por miedo a riesgos); y, finalmente, se cierra el círculo, cuando el daño resultante se usa como “prueba” del rótulo (“si colapsa, es fallido”; “si nadie comercia, es terrorista”; “si hay escasez, es incapaz”).

El efecto político es doble: dentro de Estados Unidos fabrica consenso; fuera, presiona a terceros y produce aislamiento, incluso sin necesidad de bloqueos explícitos.

Cuba, laboratorio de la propaganda de las etiquetas

Cuba ocupa un lugar singular porque confluyen etiquetas de distinto tipo: algunas son “marca” mediática, otras son categoría administrativa y otras son el insulto político normalizado. En conjunto, la propaganda de etiquetas forma un ecosistema de estigmatización capaz de operar a varias velocidades.

Para observar cómo este ecosistema se despliega en el espacio público digital, combinamos dos herramientas complementarias: Google Trends, que permite reconstruir el interés histórico y geográfico por términos como “Havana syndrome”, “estado fallido” o “estado patrocinador del terrorismo”; y EmbedSocial, utilizada para rastrear la circulación concreta de estas etiquetas en la conversación asociada a #Cuba en X, desde enero de 2022 hasta febrero de 2026, identificando picos de atención, momentos de amplificación y patrones de propagación.

Este enfoque no “prueba” causalidad por sí mismo, pero sí permite medir cómo la propaganda de etiquetas impulsada desde Washington se traduce en conversación real, con qué ritmos se activan ante eventos políticos y cómo se estabilizan —o se disputan— como marcos interpretativos.

1)Havana Syndrome: cuando el nombre ya señala al culpable

El llamado “Havana syndrome” ("síndrome de La Habana") es un ejemplo casi didáctico de cómo el rótulo contiene su propio veredicto: “Havana” incrusta el señalamiento en el nombre. La campaña alrededor del término se refiere al conjunto de denuncias, informes oficiales, filtraciones a prensa e investigaciones mediáticas —iniciadas entre 2016 y 2017— sobre supuestos “ataques invisibles” sufridos por personal estadounidense, primero en La Habana y luego en otros países.

Aunque las evaluaciones internas del propio aparato de inteligencia de EE. UU. han sido contradictorias y, en gran parte, han descartado una causa externa coordinada, el término quedó fijado como marca narrativa.

Asocia automáticamente el fenómeno con Cuba, instala la idea de un entorno hostil y funciona como dispositivo de sospecha persistente. Más que un diagnóstico médico cerrado, ha operado como relato de seguridad útil para deteriorar la imagen internacional de la Isla, justificar tensiones diplomáticas y alimentar la percepción de amenaza, incluso sin evidencias concluyentes y verificables de una campaña de ataques coordinados.

Refiere las búsquedas históricas del concepto"havana syndrome", en inglés y español, en el período enero de 2017- febrero de 2026. Fuente: Google Trends

Los datos de Google Trends muestran picos y un interés internacional que se concentra en ciertos países y regiones; y, en consultas relacionadas, aparecen formulaciones que empujan la interpretación hacia claves geopolíticas (“…Russia”, “news”).

Nótese cómo las consultas relacionadas apuntan a Rusia, Fuente: Google Trends

En otras palabras: incluso antes de que haya certezas, la etiqueta ayuda a instalar un mapa de sospechas. Para Cuba, la consecuencia fue inmediata: el país quedó asociado en la imaginación global a un “síndrome” que opera como relato de amenaza. El rótulo crea clima. Y el clima, en política exterior, suele convertirse en decisiones.

En X, el comportamiento de la etiqueta es intermitente. Se observan picos claros (enero de 2023, marzo de 2024, julio de 2024) que coinciden con publicaciones y “revelaciones” mediáticas; entre picos, la conversación cae casi a mínimos. No es una narrativa estructural, sino una campaña episódica que se reactiva cuando conviene reforzar la idea de Cuba como espacio hostil o peligroso para personal estadounidense.

Fuente: EmbedSocial

2) Estado Patrocinador del Terrorismo: la etiqueta que se vuelve estructura de castigo

Aquí no hablamos solo de propaganda. La designación como “Estado patrocinador del terrorismo” tiene efectos legales y financieros: sanciones, restricciones, alertas regulatorias y un “factor miedo” que empuja a bancos y empresas internacionales a apartarse por autoprotección. Es especialmente eficaz, porque traduce una disputa política en un gesto administrativo (“está en la lista”) y, al mismo tiempo, impone una penalización sistémica que atraviesa el comercio internacional: pagos, seguros, logística, créditos, reputación.

En la práctica, esta etiqueta crea un problema adicional: el sobrecumplimiento. Muchas entidades prefieren no tocar nada que huela a riesgo, incluso cuando existen excepciones. El resultado no es solo presión sobre el Estado; es presión sobre la vida cotidiana.

Fuente: EmbedSocial

En X se observa un patrón claro: baja frecuencia cotidiana, pero picos extremadamente altos. Hay crecimiento gradual durante 2023, escalada fuerte en 2024 y un pico máximo a inicios de 2025, seguido de caída brusca y repuntes posteriores. Es el comportamiento típico de una etiqueta administrativa: no vive en el flujo diario; entra como “shock informativo” asociado a anuncios, decisiones de alto nivel y movimientos regulatorios. Funciona como arma de impacto concentrado.

3) Estado fallido: convierte el daño en diagnóstico

El gráfico de Google Trends sobre “Estado fallido / failed state” aporta un dato revelador: Cuba aparece como una de las regiones con mayor interés por esa búsqueda en el período observado.

Eso sugiere algo más profundo que la propaganda externa: la etiqueta está siendo consumida, disputada y discutida en la propia esfera informativa cubana y su entorno.

Refiere las búsquedas históricas del concepto"Failed State", en inglés y español, en el período enero de 2017- febrero de 2026. Fuente: Google Trends

“Estado fallido” es una categoría que, para operar, no necesita demostrar demasiado. Basta con asociar crisis, escasez o conflictividad a la idea de que “el Estado ya no funciona”.

La propaganda de etiquetas obtiene aquí una ventaja estratégica: permite presentar cualquier presión externa como respuesta inevitable a un “colapso” supuestamente interno y natural, no inducido ni condicionado. En ese punto, la etiqueta se vuelve circular, como una puerta giratoria: el deterioro material alimenta la narrativa y la narrativa legitima medidas que agravan el deterioro.

Fuente: EmbedSocial

En X, “Estado fallido” presenta un comportamiento episódico pero cada vez más intenso, con explosiones notables a mediados de 2024, en 2025 y un máximo histórico en enero de 2026.

Es la etiqueta que traduce presión económica en diagnóstico político: convierte escasez y crisis en “fracaso interno”. Su crecimiento hacia 2026 indica un desplazamiento del discurso: del castigo (“terrorismo”) a la certificación de derrumbe (“fallido”), típico de fases avanzadas de guerra informativa.

4)“Régimen”: el lenguaje de fondo que normaliza la deslegitimación

“Régimen” es la etiqueta base, la que no necesita expediente. Su función es despojar al gobierno de Cuba —y, por extensión, a sus instituciones— de legitimidad política. No es un término técnico: es una palabra cargada, diseñada para que el lector complete el resto con su imaginario.

A diferencia de “terrorismo”, no requiere actos concretos ni pruebas. Es una predisposición discursiva; cualquier política cubana se interpreta dentro de un marco ya decidido. En esa gramática, la pregunta no es qué medidas son justas o eficaces, sino cuándo caerá “el régimen”.

Fuente: EmbedSocial

En X es, con diferencia, la más voluminosa y estable en el tiempo. No funciona como “evento”, sino como ruido de fondo permanente del discurso anticubano.

Desde 2022 mantiene una base alta, con incrementos sostenidos durante 2024–2025. A finales de 2025 e inicios de 2026 se produce un salto abrupto que alcanza su máximo histórico, coincidiendo con el endurecimiento del discurso de Washington y la reactivación de marcos de colapso.

“Régimen” opera como infraestructura narrativa: es el suelo semántico sobre el que se montan las demás etiquetas.

Conclusiones: Una guerra a varias velocidades

La lectura conjunta de estos datos sugiere que no estamos ante palabras sueltos, sino ante un sistema coordinado de marcos ideológicos, cada uno con una función política específica: “régimen” como deslegitimación permanente; “Estado patrocinador del terrorismo” como castigo legal-financiero; “estado fallido” como diagnóstico de colapso; y “Síndrome de La Habana” como activación episódica de amenaza. No compiten: se complementan, se turnan y se refuerzan.

En ese sistema, el lenguaje no acompaña a la política, sino que la prepara. Nombrar es una forma de actuar, porque el etiqueta ordena titulares, fija consensos y estrecha los márgenes de lo discutible. Cuando esta pasa de comillas a titular sin comillas, ya ganó: la sanción deja de parecer agresión; se presenta como respuesta “lógica” ante un país previamente reducido a una palabra.

Desmontar la propaganda de las etiquetas exige disputar la narrativa. Implica identificar quién la emite, con qué evidencia, qué medidas habilita y qué costos impone sobre la vida cotidiana. También exige un periodismo que no repita rótulos como diagnósticos, sino que los trate como lo que son: instrumentos de estigmatización y coerción.

Cuando el lenguaje se usa para castigar, el primer acto de soberanía informativa es simple: volver a nombrar la realidad con hechos verificables.

Se han publicado 14 comentarios



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  • Preocupado Colorado dijo:

    Lo del síndrome de la Habana, ok absurdo
    Lo de Patrocinador del terrorismo, ok absurdo
    Ahora bien, lo de régimen, todos somos diversos tipos de regímenes socioeconómicos. Si la palabra es despectiva, empleémosla pasa el régimen imperial.
    Lo de Estado fallido, buscado por nuestra propia población, si fuese fallido no harían falta tantos bloqueos,pero como nos fallan muchas medidas y cosas, como falla la atención al público o elector, el transporte, el agua, la luz, la higiene, etc. está categoría está claro que tiene visos de realidad.
    Cuba no es un Estado Fallido pero tiene fallas muy serias, muchas provocadas por el bloqueo, otras no.
    Las personas sienten que las cosas fallan, en la odos los ámbitos, que los discursos no se corresponden a veces con la realidad, y encuentran en esa etiqueta un término de interés. Es lógico que la busquen. Cuba no está en el caos que "ellos" pretenden, sueñan y quieren convertir en realidad pero tiene rasgos de ese caos, tiene grietas en todos los sectores. Que no colapsan pero sí manifiestan serios problemas. Veamos la recogida de basura o el acceso a los bienes y alimentos de primera necesidad con el salario mínimo, por poner algunos ejemplos. No se puede "normalizar" que las pensiones y salarios no alcancen, que no haya agua ni electricidad ni transporte ni medicinas ni...ni....
    Existen además cuestiones del consenso social que deben ser revisadas urgentemente, como se está viendo en diversos ámbitos.

    Entonces, existe el fallo frágil, el fallo dúctil, el fallo por esbeltez, por desagregación de los áridos... Cuba no es un estado fallido, no ha fluido el caos completamente, pero tiene rasgos de estos fallos, como si fuese una estructura. Hay que reforzarla, repararla... Para no tener que refundirla de nuevo.

    • Eduardo González Sarría dijo:

      Buen tema que toca usted. En mis tiempos angolanos cada vez que al gobierno cubano le endilgaban el "régimen" era una forma de igualarnos con el Apartheid que no era gobierno por no haber sido elegido por la mayoría pues la raza negra no tenía derecho al voto. Para Reagan los problemas en Sudáfrica eran "mayormente tribales y no raciales" ¿qué les parece?. La forma de reescribir la Historia es amplia y no pocas veces muy sutil pero cuando recuerdo los dos bombazos en el DC-8 que achicharraron a setenta y tres almas abordo antes de impactar en el océano y nos bautizan como país que patrocina el terrorismo, sucede que los autores murieron de viejos protegidos por el gobierno gringo y nunca fueron llevados a una corte. Claro, sabían demasiado El C-4 empleado fue suministrado por la CIA, SÍ, POR LA CIA. .

  • Agrajag dijo:

    Ya en los años 70 se igualaba a nuestro país y proceso socialista con los de la famosa novela "1984" de George Orwell, en los 90 estábamos "tarjeteados" en varias enciclopedias como ejemplo de países con tiranía como forma de gobierno. Y mucho antes éramos, y toda Latinoamérica, países de "negros incivilizados revoltosos". Solo para que los más jóvenes no piensen que el etiquetado es cosa nueva, es "pasado en copa nueva", como diría Silvio Rodríguez.

  • Arturo Rey dijo:

    Desmontar la propaganda de las etiquetas contra Cuba exige disputar la narrativa. Implica identificar quién la emite, con qué evidencia, qué medidas habilita y qué costos impone sobre la vida cotidiana. Pero sobre todo impone y exige un periodismo militante (PCC) o de barrio que genere y replique información esclarecedora. La etiquetas operan en contra cuando no la vemos como el campo de juego del aniversario, el teatro de operaciones de la batalla mediática que hay que librar. A veces no es generar nuevas etiquetas es aprovechar las que posiciona el enemigo para visualizar el impacto de sus agresiones contra el pueblo de Cuba.
    La etiqueta no importa si el contenido de la información generada es positiva. La etiqueta pierde valor si tiene delante un "NO ES" o se desmiente en el contenido. La etiqueta posiciona información y no la verdad, no hay nada que legitime más un relato que el silencio.
    Tenemos miedo mostrar la realidad de Cuba, señalar al culpable y demostrarlo.

    #regimentotalitariodeEEUU
    #narcoimperioNorteamericano
    #ciberratas
    #cibermercenarios
    #regimenImperialistadeEEUU
    #estadogenocida
    #genocidiocontraCuba
    #nazimercenariodeLaFlorida
    #narcoexiliocubanodelaFlorida
    #narcoexiliodeMiami
    #elEmbargoEsgenocidio
    #genocidiocontraCuba
    #dictaduraEstadounidense
    #DictaduraImperialista
    #miamidictaduramediatica
    #miamidictadores
    #batistianodescendientes
    #mafiaAnticubana
    #estadofallido
    #dictaduraenUSA

  • Roberto Fonseca Martínez dijo:

    El Observatorio de Medios de Cubadebate acierta al tratar las “etiquetas” no como simple retórica, sino como infraestructura política. En la política hacia Cuba, la operación no es solo “sancionar”, sino construir un sentido común donde sancionar parezca inevitable, moralmente justificado y hasta “humanitario”. Realmente pienso que estos análisis deberían replicarse en otros medios o convertirlos en programas de televisión. Nadie está haciendo estas investigaciones, que son muy potentes para desarmar la guerra de información de Estados Unidos.

  • Elio dijo:

    Estos trabajos del Observatorio son sencillamente brillantes.
    Estamos sometidos a una guerra minuciosamente elaborada. Y tenemos q estar conscientes.
    Si se pudiera llevar a spots de TV sería bueno

  • libra dijo:

    Si la evaluación de la gestión de un gobierno consiste en valorar el nivel de satisfacción de las necesidades de la población en todos los aspectos (salud, alimentación, educación, vivienda, transporte, acceso a la energía, recreación, poder adquisitivo), la fortaleza de la economía y la moneda nacional, el acceso a créditos internacionales y su liquidación en los tiempos establecidos, el balance favorable de importaciones y exportaciones, entonces hace unos cuantos años que nuestro país no puede ser catalogado como un estado funcional. Independientemente del bloqueo, en los últimos años se han cometido una gran cantidad de errores estratégicos y políticas fallidas que han llevado a nuestra economía al estado crítico que presenta en la actualidad. Todo lo logrado en los primeros 50 años de Revolución se ha ido perdiendo, y cada vez a un ritmo más acelerado.

    • Alguien ahí dijo:

      @libra mejor dicho imposible

    • Ateo dijo:

      "Independientemente del bloqueo"!!!???....no señor,,,el bloqueo o guerra económica (prefiero llamarlo así) lo es casi todo ...si no existiera esta guerra el cubano solo hablaría de pelota...

      • Ostia Tio dijo:

        El bloqueo es una consecuencia del camino político elegido.

    • Preocupado Colorado dijo:

      Por eso digo que lo de "fallido" tiene su punto.
      Las cosas anunciadas muchas veces salen mal.
      Y aún cuando ya se habla de errores, no queda claro qué de lo hecho fue un error y qué un acierto. Entonces puede volver a repetirse una y otra vez.
      No hay que esperar 200 años para evaluar las cosas, normalmente de cuatro a cinco años bastan.

  • Carlos Rodríguez dijo:

    Con un poco de esfuerzo se puede construir todo un diccionario. La gente que emigra "escapa", la prensa oficial es "oficialista", el Presidente es un "Dictador",el Gobierno es"régimen", la colaboración medica es "trata de personas", etc.

  • Reinier dijo:

    Cada vez que leo estos análisis veo que ellos tienen Tanques pensantes y nosotros las minas antitanques. Repliquemos didácticamente toda esa información!

  • Godo de Medeiros dijo:

    Excelente esfuerzo intelectual para desentrañar la mala voluntad que se ensaña contra Cuba desde los medios de comunicación hegemónicos y ahora en las redes sociales. No está demás recordar que este tipo de materiales contribuyen eficazmente a desmantelar la propaganda infame que, no obstante contar con suficientes recursos económicos de la industria del odio que florece en Miami, será derrotada. Si se hace un estudio como este, pero al revés, se notará que somos muchísimo más las personas que no creemos en la desinformación y antes bien estamos hartos de la misma. Los propios fabricantes de las campañas de "desprestigio" (entre comillas, porque el prestigio de Cuba es de estatura universal) saben que los recursos que tienen no son eternos y más temprano que tarde serán aborrecidos incluso por los mercibers (mercenarios cibernéticos) que ahora les hacen el trabajo miserable de escribir tonterías en las redes sociales, en donde, por cierto, es fácil darse cuenta que la mayoría de "usuarios" que replican los mensajes preconcebidos son falsos o simples cuentas de las llamadas granjas de bots. Y para no cansar con más palabras, dejo constancia de mi admiración por el pueblo revolucionario de Cuba que lleva 67 años de lucha y resistencia constante contra un bloqueo económico, comercial y financiero que afecta su desarrollo y progreso material a la vez que combate con la desinformación y la propaganda en condiciones totalmente desfavorables y aún así no la doblegan ni la doblegarán. ¡Honor y gloria! #100AñosConFidel

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Observatorio de Medios de Cubadebate

Observatorio de Medios de Cubadebate

Equipo multidisciplinario que investiga cómo se construye el relato sobre Cuba en las plataformas digitales

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