Imagen 98 rumbo al Centenario

Foto: Archivo.
Tras concluir la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno efectuada en La Habana, el Presidente de la República de Venezuela inició visita oficial a Cuba entre los días 17 y 19 de noviembre de 1999.
Como parte del programa de actividades se planificó un encuentro de béisbol entre dos equipos integrados por veteranos de Cuba y Venezuela.
Pasadas las 7 de la noche del 18 de noviembre llegaron Fidel y Chávez juntos al estadio Latinoamericano. Fidel vestido con gorra y abrigo del equipo Cuba y su usual pantalón verde olivo, el jefe tenía la misión de dirigir la selección cubana. Por su parte el Comandante Hugo Chávez traía puesto el uniforme venezolano y actuaría como lanzador en el histórico encuentro.
Al bajar del carro Fidel le dijo a Chávez: “Hasta aquí llega mi caballerosidad, de aquí en adelante defiéndete como puedas”. Además lo exhortó: “Mira Chávez, te recomiendo que hagan carreras en los primeros innings”. Las palabras de Fidel le sonaron algo extraño al visitante.
A las 7:45 pm una gran ovación de 45 000 personas recibió al líder venezolano quien le dio la vuelta corriendo al estadio. Poco después otra cerrada ovación recibió a Fidel.
El juego comenzó y salieron al terreno veteranos de la talla de Antonio Muñoz, Pedro José Rodríguez, Victor Mesa, Alfredo Street, Rolando Macías, Rey Vicente Anglada, Braudilio Vinent, Agustín Marquetti, Lourdes Gourriel y Rodolfo Puentes.
En el primer innings los visitantes salieron delante, en la parte baja Cuba empató y en el segundo los venezolanos tomaron una peligrosa ventaja.
El líder de la Revolución Cubana quién nunca le gustó perder, apeló a un secreto que tenía bien guardado y el que sólo lo conocían menos de diez personas.
En un cuarto bien escondidos estaban Juan Padilla, Pedro Luis Lazo, Juan Manrique, José Ariel Contreras, Germán Mesa y Orestes Kindelan, todos campeones panamericanos en Winnipeg 99. Una maquillista del ICRT en total secreto, transformó sus rostros, les puso barbas, bigotes, patillas y les adicionaron grandes barrigas, eran todos unos "excelentes veteranos" e irreconocibles hasta para sus compañeros de equipo.
En el final del segundo innings Fidel como director técnico y por vía de la doctora del team Cuba, empezó a mandar a buscar sus refuerzos a los que nadie conocía. De ahí en adelante las aguas tomaron su nivel. Fidel totalmente sonriente disfrutó los fildeos, corridos de base y jugadas de sus “veteranos” los que dijo tomaban PPG. Por televisión los narradores cubanos desconocedores de la broma sólo los mencionaban como emergentes.
En una ocasión el jefe le pidió a Contreras que le tirara más flojo a Chávez pues estaba sobre las 90 millas. Aún así, el líder venezolano le conectó de hit. El secreto terminó cuando en una carrera para primera base Chávez reconoció a Orestes Kindelan.
Para los cubanos y en especial para Fidel el juego fue de total disfrute, cuestión que algunos integrantes de Venezuela no entendieron y hasta mal interpretaron la broma. Al final el Comandante siguió invicto y ganó 5 carreras por 4. Tras concluir el encuentro y explicar la broma, condecoró al Presidente venezolano con la Orden al Mérito Deportivo.
Así era Fidel, un hombre que no perdía ni en la pelota. El encuentro deportivo selló para siempre la amistad entre dos grandes de América.
Fidel es Fidel de la gorra a los spikes.
#100AñosConFidel
(Tomado de las redes del autor)
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Como disfrutó el Comandante ese juego, se le veía radiante y pícaro, lo vuelvo a ver como la primera vez.