Compras del sábado por la tarde

Calle San Rafael entre Galiano y Águila, década de 1960. Foto: Tomada de Habana Radio.
En La Habana de mi infancia no era lo mismo comprar en la calle Galiano que hacerlo en la Calzada de Monte. En las tiendas de Galiano compraban los de mayores posibilidades económicas, reales o supuestas, y las de Monte quedaban para los de menos recursos. En las primeras, la categoría de la zona estaba incluida en el precio del producto y hasta los dependientes de esos establecimientos comerciales eran distintos, con sus camisas de manga larga y la ineludible corbata, mientras que en Monte era común verlos hacer su trabajo en camisa de manga corta, aunque en una y otra calle las vendedoras vestían inevitablemente de blanco en verano, y de negro en invierno.
Hablo de dos zonas comerciales bien caracterizadas y no las únicas que tuvo La Habana de ayer, y que en buena medida siguen siendo las de hoy. En la de Galiano, tiendas como El Encanto, La Época, Fin de Siglo. La Casa Quintana, Flogar… En Monte, Los Precios Fijos, La Isla, La Nueva Isla… en las que mi familia tenía sendas libretas de crédito que le permitían comprar y pagar después.
Monte, por decirlo de alguna manera, era más popular, conservaba en 1958 el “sabroso criollismo” que le vio Jorge Mañach en 1926. Acentuaban ese rasgo los muchos kioscos que se emplazaban en las anchas aceras de frente a la Plaza de la Fraternidad, en los que podía adquirirse desde un pollito teñido de violeta que, por más que se cuidara, moría irremisiblemente a los dos días de adquirido, hasta un cohete para viajar a la luna… de juguete, por supuesto, o ese artículo que se pasó por alto en el momento oportuno y que acaba comprándose, de prisa y sin miramientos, en cualquier parte.
Tiendas, salvo excepciones, relativamente pequeñas, las de Monte, generalmente sin aire acondicionado, pero con unos ventiladores de pie, enormes, siempre de color oscuro, que se obstinaban en espantar el calor y hacer más agradable el ambiente.
Realizaciones
El sábado era día de tiendas. Aprovechaba la jornada la mujer trabajadora y también el ama de casa. No acudían a un solo establecimiento, sino que recorrían todo un rosario de ellos a fin de sopesar la oferta, comparar precios y decidirse por lo que estimaban mejor.
El sábado, de tanto público, en las tiendas de Monte no cabía un alfiler; tampoco en las de Galiano. Las clientas, sin formar cola ni preguntar quién era el último, se pegaban al mostrador y la empleada las atendía, sin que hubiera protesta, por el orden que establecía ella misma. No todas compraban. Estaba la que lo revolvía todo y se iba con las manos vacías para correr a la tienda de al lado con la esperanza de un mejor precio. Y la que se probaba la ropa más cara para decidirse al final por una blusita de “apéame una”.
Era una clientela marcadamente femenina la de las tiendas; el sábado o cualquier otro día de la semana. La madre, no sin esfuerzo, conseguía arrastrar al hijo, que no cesaba de refunfuñar hasta que le compraran lo que quería o, según las posibilidades, lo que se le pareciera. Raramente a la excursión se sumaba el esposo. Pero este, ya dentro del establecimiento, permanecía distante, ajeno a las vidrieras y a los mostradores, más interesado en atisbar, con mayor o menor discreción, a la esposa ajena que en seguir las peripecias de la propia.
Las tiendas abrían a las ocho de la mañana y cerraban a las doce para el almuerzo. Como no existían comedores obreros y los comedores llamados populares, en boga en la década de 1950, eran escasos, cada empleado comía donde podía o se iba a su casa a hacerlo. Reabrían a las dos de la tarde y cerraban a las seis.
La limpieza del local, incluso de los portales, se hacía fuera de ese horario a fin de no importunar al comprador.
La víspera del Día de Reyes, tiendas y quincallas permanecían abiertas hasta muy tarde para no perderse al cliente de última hora. Era un día fuerte en la recaudación, como lo eran, además, el Día de los Padres y el de las Madres; el Día del Médico y el de los Enamorados, celebraciones, algunas de ellas, como la de los Padres, instituidas en La Habana por los propios comerciantes, que sabían también rebajar los precios de sus mercaderías cuando las circunstancias lo aconsejaban.
A esas rebajas se les llamaba realizaciones y se acometían a plazo fijo en algunos establecimientos. Julio, por ejemplo, era el mes de realización en El Encanto, y La Época la hacía en agosto. Por eso se hablaba de “Don Julio” en El Encanto y se insistía en que el cliente podía hacer “su agosto” en La Época, mientras que J. Vallés, en la calle San Rafael, se ufanaba de ser “la que más barato vende”, y Galiano y San Miguel, gracias a La Ópera, se identificaba como “la esquina del ahorro”, simples eslogans de campañas que, si bien beneficiaban al cliente, permitían al tendero deshacerse de mucho que parecía no tener salida.
No faltaban los artículos que se expendían a 99 centavos o en cantidades no redondas. Un centavo era un centavo y el cliente esperaba su vuelto junto al mostrador con una feliz sensación de ahorro y la certeza de que el centavo es la base del capital, sin contar que precios como esos contribuían a una eficaz circulación de la moneda nacional.
Aunque las tiendas, a medida que avanzó el siglo XX, fueron haciéndose “por departamentos”, una manera de procurar que el cliente encontrara en ellas todo lo que buscaba, las había también especializadas.
Si se trataba de lozas y cristalería, lo mejor era El Palacio de Cristal, en Neptuno y Campanario; lámparas, las de Quesada, en Infanta y San Lázaro. Para muebles, Orbay y Cerrato, en Infanta y San Martín o en La Moda, en Neptuno. La Casa Quintana era ideal para artículos de regalo, y, para juguetes, Los Reyes Magos, en Galiano y San Miguel. Cuervo y Sobrino, en San Rafael y Águila eran “los joyeros de confianza”. Un hombre despertaba admiración si se vestía en Oscar, la sastrería de la calle San Rafael. En esa misma calle, la joyería de Gastón Bared fue, en su tipo, uno de los mejores establecimientos de la ciudad, y representaba los relojes Omega, Cartier y Breitting, en tanto que la joyería Riviera, en Galiano, tenía la representación de los relojes Rolex y Patek Phillippe; llevó más de 80 años representando las mismas marcas. La Casa Sánchez, en Reina frente a Galiano, distribuía en exclusiva los colchones Windsor. La Nueva Isla, en Monte y Suárez, remitía gratis a quien se lo solicitara el catálogo de novedades que preparaba dos veces al año.
Los comerciantes de una calle se agrupaban en uniones y esas uniones se agrupaban a su vez en el Conjunto de Calles y Asociaciones Comerciales. Existían la Unión de Comerciantes de Galiano y San Rafael, la de los de Belascoaín, la de los de Reina y Carlos III, la de los de 10 de Octubre y sus anexos… Estaba la que agrupaba a los de las calles Mercaderes, Inquisidor y San Ignacio y la de los de la Manzana de Gómez.
Contaban esas uniones con un presidente, un secretario y un asesor legal. Ninguna tenía oficinas, sino que radicaban en el comercio del que le tocaba presidirla. De sus reuniones salían las campañas publicitarias, se coordinaba el adorno de la calle en fechas determinadas y en buena medida se fijaban los precios.
Meca del comercio y la moda
Hasta 1915, Obispo y O’Reilly fue en La Habana la meca del comercio y la moda, como lo eran de las secretarias de despacho (ministerios) la banca y los bufetes de prestigio.
Todo cambia a partir de la fecha en que la esquina de Galiano y San Rafael empieza a ser lo que sería después: el sitio donde se medía el pulso de la ciudad.
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Ahora el sábado es el día del agro, y las ferias agropecuarias con sus superprecios. En la feria de calle Mayor en SMP no hay siquiera un código QR a la vista, la ofensiva de la bancarizacion esta quedando en el conveniente olvido, conveniente para los abusadores de los precios que pululan en todas partes. No hay a la vista solución posible para tanta desidia.
ahora llegas a esa zona y en los establecimientos no hay nada, los particulares tienen todo, cada uno mas caro que el anterior y cuando finalmente compras lo que buscabas te sientes mas estafado que complacido.
Uniforme? Que es eso?
Buen trato? Shuu... eso se come?
Gracias Ciro por tus apuntes de cada sabado.
Ciro cómo siempre nos despierta los recuerdos. Muchas gracias. Y hablando de recuerdos, en qué calle se encontraba El Corte inglés.
El Corte Inglés se fundó en Madrid y luego Barcelona y Portugal por un asturiano de Grado, que trabajó los primeros años en El Encanto y en 1929 abrió los Almacenes Ultra y con esas experiencias viajo a España a fundar El Corte y Galerías preciadas. Hoy además esa forma tiene una Agencia Turistica que promueve con muy buen tino viajes a La Habana y Varadero.
Puede pinchar se Internet para que vean la propaganda al respecto,
Para los que preguntan dónde estaba El Corte Inglés en La Habana, podemos informarles que en El Encanto. La sastrería de esa tienda giraba con el nombre de esa firma, así como Cristian Dior y sus perfumes tenían una representación exclusiva en esa Tienda
Es necesario aclarar que en la Sastreria de El Encanto había una representación de El Corte Inglés que giraba sus diseños con esa firma. En La Habana no tenía etablecimiento.
Gracias Ciro Bianchi Ross por esas clases magistrales en texto.
Excelente descripción, me trasladó a los años de mi infancia, Ud genial como siempre, gracias maestro Ciro, por esas estampas, muchas gracias
Buen artículo acerca de La Habana de su infancia, pudiera escribir uno acerca de La Habana de hoy?
Saludos
Uff, cuando termine de leer me quede sin aire pero feliz de conocer un poco mas de historia. Muy bonito todo. Gracias
Buen artículo Ciro, gracias por transportarme a una Habana que no conocí. Quisiera nos hablara de la casona que hoy ocupa la contraloría general de la república, cuídese mucho,
Tengo 63 años y aún recuerdo perfectamente aquellas andanzas a finales de los años 60 de mi madre por aquellas aceras , calles y tiendas de La Habana, ya no eran los años 50 pero aún ese esplendor de gran Urbe con su perfume natural que la caracterizaba y algo de comercio quedaba en pie para terminar complacida y sacar mi capricho infantil con algunas golosinas o helado en el Tensen de Galiano , de regreso a casa caminar entretenidamente de tienda en tiendas hasta llegar a Eguido y Corrales a esperar la Ruta 95 con los primeros Ómnibus Leyland recién llegados o si de capricho infantil nada impedía complacer ir montar la Lanchita de Regla para terminar con el esplendor de la bahía y la barriada del ultra marino pueblo de Regla, allí terminaba el normal tranquilo y satisfecho paseo en la ruta 29 hasta el Semáforo de Guanabacoa , nada del otro mundo, era algo normal y común un simple paseo de compras por las calles de la todavía entonces más bella ciudad capital de Latinoamérica.
Gracias Don Ciro..!!!
También me acuerdo de los comerciantes hebreos, libaneses, turcos y sirios... interesante su "hablar".
Y los Tent Cents?
A mí madre le gustaban los bocaditos de huevos con mayonesa y lechuga, y un vaso grande de Coca-Cola con hielo frappé. .
Los buenos muebles de mi casa los compró mi mamá a crédito en La Ideal, creo que en Reina..intereses muy buenos y largos plazos de pago.
En fin ...economía de mercado capitalista.
Mi comentario es sencillo,con una frase que solía decir mi abuela:
"AGUAS PASADAS,NO MUEVEN MOLINOS"
Me trasladó a mi infancia caminando con mi madre por Galiano y también por Monte.
Gracias por el recuerdo...
Tengo 64 años y recuerdo las salidas con mi madre tías y primos ir de compras a la Habana sin salir de la Habana.
Pena, rabia, odio todo lo que tenemos hoy.
Gracias Ciro.
Que sentimiento desagradable Fermin, pero estoy de acuerdo con usted, muchas veces odio lo que tenemos ahora, La Habana nunca será lo que fue, hasta creo que hay un complot de fuerzas oscuras para destruirla! La Habana necesita un habanero al frente, como Eusebio Leal, a La Habana hay que sentirla y llevarla en vena, cosa que lamentablemente los encargados de la ciudad no sienten. Disculpen el exabrupto, pero esta situación duele!
Hola,las compras del sábado.es triste ver como todo cambio para peor,Monte que era una de las calles llena de comercios,con dependientas amables,vestidas según la estación ,se ha convertido en una calle con aceras llenas de personal flotante,motorinas,músicas a altos volúmenes,basuras etc.nuestros parques han perdido su esencia,en mi época era el lugar para llevar a niños,ancianos ha gozar del fresco y el sano juego.hoy a pesar de contar con agros y establecimientos vacíos,esperando que llegue el famoso modulo,los llenamos de basuras y personal que en su afán de comprar lo necesario,pisan céspedes,rompen bancos y afean una ciudad que fue tan bella.
Añoranzas de La Habana, que recuerdos aquellos. Lo que queda ahora son sitios cerrados y malolientes en su mayoría. Me pregunto cuáles serán las añoranzas de nuestras futuras generaciones.
Excelente artículo. Tengo 60 años y como describe Tony61 (soy de Guanabacoa) ese era el itinerario despues de una salida de compras o paseo con los viejos. Que pena que todo involuciona (por razones objetivas o subjetivas) que va en decadencia. Se ha perdido la cultura del comercio, los dependientes, el buen trato. Todo se ha perdido aunque querramos no creerlo. Que agradable eran los sábados, día de paseo y esparcimiento. Recuero todavia cuando estaba frente a la terminal de ómnibus nacionales el parque de diversiones a la cual acudiamos mucho los del este de la capital. Y como eso todo. En la medida que pasa el tiempo, nos ponemos viejos y nos embarga la nostalgia de algo bonito que nos tocó vivir.
Es increíble, como todo se ha degradado, se perdió el sentido de pertenencia algo tan necesario para que un país avance
Bello artículo que me trasladó a mi infancia y juventud tengo 60 años pero muchos de los lugares que se describen perduraron algìún tiempo, recuerdo que cada tienda tenía sus nombres lumínicos, y la noche era bella, acompañada de la música de Nocturno, qué dulces recuerdos. Hoy todo está tan sucio y feo, rescatemos nuestra linda Habana, Gracias Bianchi.
Muy grato recordar momentos de mi infancia feliz.
Yo tuve uno de esos pollitos teñidos, pero no se murió, se convirtió en un tremendo gallo. En las zonas comerciales estaban los "ten cents", y que.hay.de las tiendas de artículos deportivos: Montero Sport, la Casa Vasallo, ...
Excelente crónica, como todo lo que escribe, a mis 62 es algo que aun recuerdo de mi adolescencia, es verdaderamente lamentable tanto Galiano como Reina, nada que ver con lo que antaño había, esa zona de La Habana, como otras tantas, son una ruina, yo nací con la revolución (1961) por tanto no la estoy comparando con la Habana de antes del 59, mis vivencias con conocimiento de causa, son de finales de la década del 60 a las del 70 y 80, seria interesante, como comento un lector, hacer una crónica de lo que
existía en esas zona y ahora no, yo realmente creo que el esplendor de antes es poco menos que improbable que se vuelva a recuperar, ojala para bien de la capital.
dificil
Gracias Ciro, fue el mundo de mi padre, en Belascoaín, y lo recuerdo con mucha nostalgia.
Mientras no tengamos habaneros que sientan y respiren la ciudad no podremos recuperarla. A la Habana hay que vivirla y sentirla; Por eso pedimos gloria eterna al desaparecido Eusebio Leal.
ALGUNA QUE OTRA OBSERVACIÓN.
POR LO QUE RECUERDO LOS PRECIOS FIJOS ESTABACEN REINA Y ÁGUILA, NO EN MONTE. MI MAMÁ COMPRÓ ALLÍ, YO ESTABA, UNA MÁQUINA DE COSER ELNA A PLAZOS, QUE ESTUVO PAGANDO HASTA DESPUÉS DE NACIONALIZADA LA TIENDA.
LO DE "APEAME UNO" ES UN TÉRMINO ACUÑADO EN LA PLAZA DEL MERCADO DE CUATRO CAMINOS, DÓNDE MI PADRE TENÍA NEGOCIOS. ALLÍ, EN LOS PORTALES, HABÍA KIOSKOS QUE VENDÍAN ROPA Y PARA AMPKIAR EL ESPACIO COLGABAN DE PERCHEROS E UNA COMGADERA EN ALTOS, HASTA TRAJES DE HOMBRE. RECUERDO QUE CUANDO ALGUIEN IBA A COMPRAR ALGUNA ROPA DE LA QUE ESTABA COLGADA ARRIBA DECIA, "APEAME UNO" Y ASÍ, PARA MOFARSE DE ALGUIEN QUE USABA UNO DE ESOS FLUSES O TERNOS, GENERALMENTE BARATOS Y DE DUDOSA CALIDAD, SE LE DECÍA, MIRA QUE ESE ES UN "APEAME UNO".
NACÍ Y ME CRIÉ EN MONTE Y FUI SIEMPRE CAMINANTE POR ESAS CALLES.
BIANCHI NO MENCIONÓ LA PRESENCIA DE DOS TENCENTS DE WOOLWORTHS, EL TENCENT DE MONTE Y EL DE GALIANO, CREO QUE LOS MÁS GRANDES QUE TENÍA ESA CADENA DE LOS DIEZ QUILOS EN CUBA, QUIZÁS MAYOR QUE EL DE OBISPO O EL DE 23 Y 10. OJALÁ QUE UN DÍA ESCRIBA SOBRE LAS CADENAS GRINGAS, SEARS TAMBIÉN.
DE TODAS FORMAS MUY BUENO.
SALUDOS
ASÍ LO RECUERDO.
DESPUÉS DE ESCRIBIR LEÍ COMENTARIOS, REALMENTE TRISTES, SOBRE EL DESTINO DE MONTE Y DE GALIANO.
SÓLO QUE LAS PERSONAS SON SESENTONES, VIERON LA ÚLTIMA ETAPA DE ESPLENDOR DE AMBAS ARTERIAS.
YO TENGO 79 AÑOS Y NACÍ EN MONTE Y RASTRO, A UNA CUADRA DE CUATRO CAMINOS.
VIVÍ EL ESPLENDOR DE ESAS CALLES. ME TOCÓ TRABAJAR EN DOS OLANES QUE SE HICIERON A FINALES DE 1968, MONTELIMBO Y BELIMBO, ACRÓNIMOS DE MONTE Y BELASCOAIN "LIMPIO Y BONITO". SE RECONSTRUYERON TIENDAS, SE HICIERON NUEVAS. NO RECUERDAN LA PELETERIA PRIMOR EN BELASCOAIN Y SAN RAFAEL?? CON SUS PAREDES DE MÁRMOL TOTALMENTE CLIMATIZADA.
DESPUÉS TODO CAMBIÓ. HOY MONTE PARECE UN ZOCO MARROQUÍ, MUCHOS COMERCIOS SE HAN CONVERTIDO EN VIVIENDAS A COMO DIO LUGAR, SIN ARMONIA ALGUNA. CREO QUE HA PERDIDO SU IMAGEN. GALIANO, EN CAMBIO, ES RECUPERABLE Y DEBIERA HACERSE CUANDO HAYA RECURSOS.
AHORA RECUERDO A MI CONTEMPORÁNEO DON EUSEBIO LEAL, SI NO SE AMA EL TERRUÑO TODO ESTÁ PERDIDO. OJALÁ QUE NO.
SALUDOS