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Fidel hace 60 Años: “Los hechos valen más que las palabras” (+ Fotos y Audio)

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Fidel Castro en el acto de graduación de trescientas maestras del Instituto Pedagógico Makarenko y en el fin de curso de 10 000 campesinas de la escuela Ana Betancourt, 6 de diciembre de 1963. Foto: Centro Fidel Castro Ruz / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

Desde el triunfo de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro estableció la educación como un derecho fundamental para todos los cubanos. Se implementaron políticas y programas destinados a garantizar el acceso a la educación, sin importar su origen social, género o ubicación geográfica.

El 6 de diciembre de 1963, Fidel Castro participó en el acto de graduación de 300 maestras del Instituto Pedagógico Makarenko y en el fin de curso de 10 000 campesinas de la escuela Ana Betancourt.

Durante el evento, que tuvo lugar en la Ciudad Deportiva, pronunció un discurso en el que abordó el progreso de la Revolución cubana en el ámbito de la educación y la formación de maestros, especialmente para las áreas rurales y montañosas donde era más difícil el acceso.

Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas comparte con los lectores fragmentos de aquella alocución:

La Revolución ha ido ganando en organización

En el acto de esta noche se concretan muchas cosas, se puede decir que un trabajo múltiple se viene a sumar hoy aquí. Se entendería mejor todavía si dijera que el acto de esta noche semeja, pues, la vertiente de un río, que se forma con muchos arroyos, ríos mayores, menores, hasta que todas las corrientes se juntan en una. Y aquí toda una serie de corrientes educacionales se juntan en una, y por eso prácticamente lo que tenemos esta noche es una inundación [RISAS]. Se puede decir que se ha desbordado ese río que representa este movimiento revolucionario en la educación. A su vez este río grande va a desembocar en el otro mayor, que es todo el enorme esfuerzo nacional de educación que se está haciendo.

Pero bien, puede decirse que uno de los más representativos de todos, es este, y una de las cosas en que mejor se puede apreciar el progreso de la Revolución: lo que la Revolución ha ido ganando en organización, en eficacia, lo que ha ido ganando en experiencia, lo que ha ido ganando en cuadros. Porque es verdaderamente increíble cómo se han ido multiplicando los cuadros que han ido integrando este movimiento educacional.

Fue necesario hacer un llamamiento a la juventud

(…) Al principio de la Revolución no había maestros para las montañas, era difícil, porque también la mayor parte de los maestros procedían de las ciudades. Claro está que en las montañas no había ni escuelas primarias –¿cómo iban a salir maestros de las montañas?–, y en el campo las escuelitas de primero y segundo grados, y se acabó.

Las escuelas normales estaban en las ciudades, y naturalmente todos los cuadros profesionales para la enseñanza que salían de las ciudades, era muy difícil que se adaptaran a la vida del campo. Y hay muchas historias sobre el trabajo, de cómo funcionaban las escuelas; algunas escuelas funcionaban muy bien, pero otras funcionaban mal. Había maestras muy cumplidoras en algunas escuelas del campo, pero había otras que iban el miércoles y regresaban el jueves, también. Y eso en el campo, no en las montañas.

Yo nací y viví en el campo, y fui a una de esas escuelitas al principio, y allí no era muy lejos, desde luego, el ferrocarril estaba a cuatro kilómetros, pero una escuela en La Plata, en Ocujal, en Palma Mocha, en Caguara, en Gaviro, en San Lorenzo, en Caracas y en todos estos sitios de la Sierra Maestra es una cosa muy difícil, porque allí se está a días de distancia de cualquier comunicación.

Entonces, fue necesario hacer un llamamiento a la juventud, de estudiantes de bachillerato, de la universidad o de las escuelas de comercio que quisieran incorporarse a la enseñanza. Y para probarlos organizamos la escuela en las Minas del Frío. Entonces, allí pasaban por una prueba de un curso de varios meses, incluso tres ascensos al Turquino. Porque a nosotros la Revolución, la guerra, la lucha en las montañas nos enseñó que las montañas eran una prueba muy dura y muy buena, y los que no tenían temple para las montañas terminaban siempre inventando algo para regresar al llano o para abandonar la lucha. Y algunos lo confesaban francamente: “No puedo resistir”.

Y, entonces, utilizamos la montaña y, sobre todo, un ambiente de montaña, que era la zona donde iban a trabajar.

Y así se organizaron tres cursos donde estudiaron miles de jóvenes y de donde salieron miles de maestros. Pero de entre los alumnos de aquellos cursos hicimos una selección y organizamos la escuela de instrucción revolucionaria Conrado Benítez: luego las instructoras Conrado Benítez son una selección de los maestros voluntarios, de los que pasaron el curso de las Minas del Frío y después estudiaron aquí, recibieron un curso especial en que se les capacitó para su trabajo como instructoras revolucionarias y, al mismo tiempo, como maestras, para trabajar en las escuelas nocturnas de domésticas.

En la juventud está la materia prima

(…) Y creo que los hechos valen más que las palabras; hay algunos incrédulos que hasta que no ven las cosas no las creen. Si por eso fuera, no habría ni revoluciones ni progresaría la humanidad. ¡La humanidad progresa por los que tienen fe, y por los que tienen confianza en el futuro y, sobre todo, por los que tienen confianza en la juventud, y por los que comprenden que en la juventud está la materia prima del gran futuro de la patria! [APLAUSOS] Y por eso a esta juventud hay que atenderla y hay que dedicarse a ella con esmero. Y esa juventud tiene que ser enteramente nueva en su concepción de la vida, en su actitud ante todas las cosas y, sobre todo, en su actitud ante el trabajo, ante sus deberes, porque en eso está la esperanza de la sociedad futura que queremos hacer.

La tarea de ustedes es una tarea extraordinariamente importante

(…) Por eso ya hoy nuestro pueblo, con optimismo y con seguridad, contempla el futuro. El futuro de un país unido, de un país fuerte, de un país trabajador, que marcha adelante sin temores, con confianza en sus fuerzas, en su energía, en su capacidad de vencer dificultades y obstáculos. Y por eso, es cada vez más claro y más prometedor el porvenir de nuestra patria.

¡Y ese porvenir es para ustedes! ¡Ustedes tienen que ser forjadores y, además, disfrutarán de ese porvenir! ¡Ustedes más que nadie, los jóvenes, en todas partes! Todos ustedes, en cualquier sitio donde se encuentren, mucho pueden hacer y mucho harán! ¡Cualquiera de ustedes, campesinas; cualquiera de ustedes, estudiantes de maestros; cualquiera de ustedes, instructoras; cualquiera de ustedes!

No me he olvidado de ninguna, porque ustedes son, en parte, profesoras; en parte, maestras; en parte, estudiantes.

Y así, en donde ustedes están trabajando, a donde ustedes regresen, tienen oportunidad de hacer mucho. Y entre otras cosas, de seguir superándose. Porque no quiere decir que las que regresen ya no tengan esperanza de recibir una beca, ¡no! Las que no hayan recibido todavía una beca, allí tienen la escuela, allí tienen al maestro de vanguardia. Y en aquella escuela, estudiando, pueden ustedes llegar a sexto grado también, y en aquella escuela, estudiando, pueden ganarse la oportunidad de una beca, para estudiar igual que estas 2 557 compañeras seleccionadas.

De manera que ni una sola de ustedes puede considerar que le falte la oportunidad. Todas ustedes tienen la oportunidad. Y estoy seguro de que muchas de ustedes seguirán estudiando y muchas de ustedes adquirirán la oportunidad de recibir también una beca para estudiar cualquiera de estas enseñanzas que hemos mencionado y otras.

Porque la Revolución significa eso: ¡la oportunidad para todos, el derecho de todos a poder estudiar, a poder superarse, a poder convertirse en un ciudadano útil a su país, a poder desarrollar plenamente su inteligencia! Ya no se perderá una sola inteligencia; en nuestros campos, en nuestras montañas, no se perderá una sola inteligencia.

¡Y grande ha de ser la patria del mañana cuando en ella laboren y en ella luchen y en ella se empleen todas las inteligencias de nuestro país!

Y esa es la misión de ustedes: la que han cumplido ahora, seleccionando a las campesinas que van a seguir estudiando; la que tendrán que cumplir cada vez más en todas partes.

Y sobre todo ustedes, los maestros, los futuros maestros, los alumnos del instituto pedagógico que comienzan ahora, la tarea de ustedes es una tarea extraordinariamente importante, extraordinariamente hermosa. Porque a esas montañas irán ustedes, en esas montañas darán clases, por esas montañas pasarán todos los graduados de nuestras escuelas de maestros. Y ustedes serán los que tendrán los primeros contactos con los niños, con las inteligencias de nuestro pueblo.

Y la tarea empieza allí, en la pequeña escuela de los campos; la tarea empieza allí, con el maestro de instrucción primaria, y terminará en las universidades, terminará en los centros de investigación científica.

Y trabajando así, haremos un porvenir grandioso, haremos una gran patria. En esa gran patria es en la que todos pensamos, cuando decimos:

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

[OVACION]

Versiones taquigráficas - Consejo de Estado

En audio, el discurso completo:

Escucha "Discurso de Fidel el 6 de diciembre de 1963 en el acto de graduación de trescientas maestras del Instituto Pedagógico “Makarenko”" en Spreaker.

Escucha "Discurso de Fidel el 6 de diciembre de 1963 en la graduación de trescientas maestras del Instituto Pedagógico “Makarenko”" en Spreaker.

Fidel Castro Ruz

Fidel Castro Ruz

Líder histórico de la Revolución Cubana. Nació en Birán el 13 de agosto de 1926 y murió en La Habana, el 25 de noviembre de 2016. Ha escrito numerosos artículos, reflexiones y libros sobre la situación mundial, la historia de Cuba y su actualidad.

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