Imprimir
Inicio »Especiales, Historia  »

El caso de la Estigmatizada

| 7

Irma Izquierdo, la Estigmatizada. Foto: Tomada del blog Cuba en la memoria.

Se le recuerda como una mujer bonita, alegre y locuaz. Delgada, con la cabellera negra suelta. Se arreglaba con cuidado y se pintaba las uñas. Prefería el refresco de piña y de cuando en cuando fumaba un cigarrillo. Comía con buen apetito. No ocultaba su júbilo al asegurar que había aumentado siete libras desde que se echó al camino y de seguir así, añadía, llegaría al Cobre con 130 libras, su peso soñado. No mostraba el carácter introvertido y transido de ascéticos afanes de los estigmatizados. Todo lo contrario. Despedía alegría. La satisfacía la atención que le dispensaba la prensa. “Mi misión necesita publicidad… así me lo ha pedido Dios. Si no, no tendría razón de ser”.

El espíritu místico, tradicional en este tipo de misiones, era extraño por completo a Irma Izquierdo y a su grupo. Oscar Pino Santos que, como reportero de la revista Carteles, la acompañó en varios tramos de la peregrinación, aseguraba que jamás la vio rezar ni entrar a un templo católico. La única oración que repetía, a veces, era una en la que se rogaba por la paz y el amor entre los hombres. “Por lo que vi escribía el periodista, Irma no se las da ni de asceta, ni de mística ni de curandera. Cuando se le acercaban señoras con niños enfermos, les recomendaba que los llevaran al médico. Las señoras asentían, pero como su interés era que Irma “los viera”, se iban muy decepcionadas.

Un día dijo que había fotografiado a Jesús en el Salto del Habananilla y mostró la foto, pero nadie pudo ver al sujeto fotografiado. Ella insistió: se cubría con una bata blanca, gastaba barbas y llevaba el cabello partido al medio. La visión se reiteró y Jesús volvió a aparecer en Taguasco, esta vez crucificado, sangrante. Irma se encogió sobre sí misma, crispada. El esposo corrió en su ayuda y volvió la calma, pero ella mostraba en los brazos marcas de latigazos. Dijo: “Yo no estoy loca. ¿Acaso lo parezco? Dios me ha ordenado cumplir una misión”.

Ríos de tinta

El cronista era entonces un niño, pero recuerda perfectamente a aquella mujer que presentaba sudores sanguinolentos y los estigmas que remedaban, en sus pies y sus manos, la marca de los clavos de Cristo en la cruz, y hematomas y verdugones en la espalda, como si hubiese sufrido fuertes latigazos; las cruces que se le formaban en los muslos, y el claro letrero, en la misma zona del cuerpo, de la inscripción INRI, que le fue puesta a Jesús de Nazaret durante la crucifixión y que significa “el rey de los judíos”.

Corría la Semana Santa de 1956 y aquella muchacha vecina de Güira de Melena, casada y de 19 años de edad, se convirtió en la protagonista del extraño suceso que hizo correr ríos de tinta en la prensa nacional y repercutió en la de muchas partes del mundo. Se le conoció como la Estigmatizada.

Estigma, precisa el diccionario de la Real Academia, son las llagas de Cristo que milagrosamente presenta una persona, en tanto que estigmatizar es imprimir a alguien de forma sobrenatural las llagas de Cristo.

Nació, se dice, en la localidad pinareña de Consolación, estudió en el colegio católico de El Sagrado Corazón y recibió una fuerte influencia religiosa. Desde niña aseguraba ver santos y, tras recuperarse de extraños ataques que sufría con frecuencia, confesaba que durante estos había sentido a su lado la presencia de Jesús. A petición del cura párroco de Güira, Irma había asumido en tres oportunidades en representaciones de aficionados el personaje de santa Verónica, aquella que enjuga el sudor y la sangre del rostro de Cristo en su camino al Calvario.

Aquellas visiones se exacerbaban ante el advenimiento de importantes celebraciones religiosas, y llegaron a su clímax en las vísperas de la Semana Santa de 1956. Se intensificó su vocación religiosa. Dejó de comer para alimentarse solo con sorbos de vino y trocitos de pan, y apareció en su frente el sudor sanguinolento lo que la medicina define como hematohidrosis para, en medio de grandes crisis místicas, dar paso a los estigmas en la piel.

Fue así que el nombre y el retrato de Irma Izquierdo pasaron a ocupar la primera plana de los periódicos y los titulares de los noticieros radiales y televisivos.

Con cruz y sin cruz

Ya con la opinión pública centrada en ella, Irma pidió que le construyeran una gran cruz lo más similar posible a aquella en que Jesús fue crucificado. Cuando estuvo lista, emprendió con ella los más de 900 kilómetros que la separaban de la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba.

Llevaba toda una comitiva, sin contar la escolta permanente de aforados que le situó el Estado Mayor del Ejército y los numerosos devotos y curiosos que por tramos se sumaban a la marcha o se agolpaban a la orilla de la carretera para verla pasar.

La acompañaban el esposo, siempre junto a ella, el cuñado, que conducía el automóvil un pisicorre azul de 1956 y cargaba las maletas de viaje de la peregrina e infinidad de objetos de cierta utilidad práctica, como un farol de luz brillante y una caja de refrescos, siempre fríos. En otro automóvil viajaban los suegros de Irma Izquierdo. Un periodista preguntó si el pisicorre era una donación oficial. Guardó Irma silencio durante unos minutos. “No, respondió al fin, es de la finca de mi familia”.

Por lo general, la Estigmatizada no caminaba más de cuatro horas diarias. Lo hacía casi siempre en la tarde-noche y a una velocidad tal que le permitía recorrer, decía la prensa, siete kilómetros en una hora, con sus sandalias sin tacones ni talón, y amarradas con cordones a los tobillos. Con velas y faroles encendidos, la manifestación era impresionante en la oscuridad. El tránsito se interrumpía con frecuencia; una larga fila de automóviles se inmovilizaba al borde del camino y se dejaba escuchar un sordo clamoreo de rumores, comentarios y gritos.

Irma no siempre llevaba la cruz consigo. Cuando daba por terminada la jornada, la dejaba en una casa de vivienda o en el cuartel de la Guardia Rural, donde la recogía cuando volvía a emprender la marcha. Cuando finalizaba la caminata, volvía al lugar donde se alojaba, pero no lo hacía a pie, sino en el pisicorre azul. Cuando decidía volver a caminar, tomaba el pisicorre y recogía la cruz en el sitio donde la había dejado.

Tengo órdenes de Dios de no adelantarme nunca a la cruz dijo a Pino Santos, que cubría el suceso para la revista Carteles. Cuando decido dejar de caminar la dejo en un lugar donde la inspiración me diga que hace falta. ¿Y sabes una cosa? Siempre ha venido a quedar en alguna casa pobre donde es necesaria la presencia de Cristo.

Usualmente, Irma no cargaba la cruz. La sacaba del lugar donde la había dejado y ya al borde de la carretera se la entregaba a alguien que, con la cruz a cuesta, echaba a andar detrás de la Estigmatizada. Al acercarse a algún pueblo, Irma sí tomaba la cruz y con ella atravesaba la localidad en medio del pasmo de la muchedumbre que salía a verla.

Un viaje largo, muy largo

A la luz de la medicina, Irma Izquierdo y sus estigmas no representaban nada extraordinario. Era un caso de histeria.

Escribía Pino Santos: “La circunstancia de que el Gobierno ha facilitado, por diversos medios, el desenvolvimiento de la joven en su viaje también ha contribuido a darle relevancia, a convertirlo en un punto focal de la atención pública en el interior, por donde, a su paso, deja de hablarse del tiempo muerto, las dificultades económicas, la política y hasta del calor, para centrar todos los comentarios en la posibilidad de los estigmas de Irma, y el peso de la cruz, que no pesa 25 libras, pero que muchos aseguran que llega a 60”.

Irma Izquierdo llegó finalmente al Cobre, meta de su peregrinación. Mucho antes, a su paso por Cabaiguán, declaró que su misión no terminaría en ese punto, ya que ella emprendería, y así se lo indicaba el Señor, “un viaje largo, muy largo, pues voy a Jerusalén”.

En verdad, se quedó en Miami.

Se han publicado 7 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Muy interesante, gracias profesor Ciro.

  • madamemerle dijo:

    Qué interesante. Leí algo de niña. Me ha dejado fría saber que se quedó en Miami. Muy buenas las crónicas

  • Uno de por ahí dijo:

    Así era su entonces compay...pero ahora no ha cambiado mucho el panorama.

  • Milagros dijo:

    Interesante historia, salud para usted

  • evl dijo:

    En la revista "El Militante Comunista" leí sobre ella , Ciro lo relata con más amplitud. Se sabe si aún vive?

  • Dino dijo:

    Muy interesante este artículo de Ciro sobre la Estigmatizada. Recuerdo haber visto hace años una recopilación de artículos escritos para la revista "Carteles" publicados en un libro titulado "los años 50" o algo así, donde aparecía íntegro el reportaje sobre este personaje, incluso como le discutía a Raúl Corrales -el fotógrafo que trabajaba junto a Pino Santos-lo de la imagen de Cristo que ella "retrató" en el Hanabanilla. De hecho, creo que ese trabajo era uno de los más interesantes y amenos de esa recopilación. Muy agadecido a Ciro Bianchi por este texto, que quizá pueda ampliar en una de sus crónicas de domingo en JR.

  • Ramón Fonseca Gomez dijo:

    Tenía yo 5 años cundo fui llevado por vecinos de El Horno cerc de Bayamo a verla pasar por la carretera central en un punto entre Cautillo y Santarita y llevaba la Cruz un hombre. Luego leí muchas veces lo publicado en Bohemia

Se han publicado 7 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

Vea también