Cómo murió Máximo Gómez
Pese a su alejamiento aparente de la vida púbica, Máximo Gómez sigue siendo un ídolo, y la plácida estancia en Santiago de Cuba le reafirma, como su acaso lo necesitara, que su arraigo y ascendencia están intactos y siguen siendo enormes. La gente le cierra el paso en la calle. Todos quieren verlo y saludarlo. Escuchar su palabra. Una noche se queja el General de un dolor en la mano derecha, que tantos han insistido en estrechar en las jornadas precedentes. Un dolor que se manifiesta justo en el sitio donde días antes se hizo una pequeña herida. El malestar tolerable y aparentemente pasajero, y sin importancia, se complica. Hay infección y sobreviene la fiebre, y se dispone de inmediato el regreso a La Habana. Dicen que es una septicemia. En verdad, el mayor general Máximo Gómez enfermó de popularidad.
En un tren especial sale hacia La Habana el ilustre paciente. Su médico de cabecera, que lo acompañó en el viaje de ida, recomienda que no se le lleve su casa de la calle Galiano, que el pueblo le regaló, y el Gobierno alquila para que viva o muera en ella, la residencia de Quinta y D, en El Vedado, donde hasta poco antes estuvo la legación alemana y donde años después se instalaría el colegio de las Dominicas Americanas.
Las relaciones entre el Generalísimo y Tomas Estrada Palma están totalmente deterioras por la pretensión del Presidente de reelegirse en el poder. Tratar de evitar su postulación es el principal propósito del viaje de Gómez, empeñado en impulsar la candidatura del general Emilio Núñez.
El General empeora por horas. Sube la fiebre, desvaría, los escalofríos son insoportables. Persiste la debilidad general y se detecta un acceso hepático a punto de supurar. El día 11 de junio de 1905, su estado era ya de gravedad extrema, y Gómez estaba consiente del final irremediable. El 12, por la noche, lo visita Emilio Núñez, uno de los pocos que tuvo acceso en todo momento a la alcoba del enfermo. “Se te va tu amigo”, dice Gómez. Núñez rompe a llorar y el General tiene ánimos aún para consolarlo.

Autor: LAZ.
El 17, por la mañana, el guerrero se despidió de su esposa y de sus hijos. A las cuatro llegan a visitarlo en ministro de Gobernación y el jefe de la Guardia Rural. No es una era visita de cortesía, sino una negociación. Se interesan por saber si la familia estima oportuna la visita del presidente Estrada Palma, aquel hombre a quien Gómez llamaba Tomasito y del que lo han separado arbitrariedades y ambiciones. A esa hora el General da una orden, la última de su vida. Antes de caer en un letargo del no saldría ya, dice a los que lo rodean: “Lo reclamo. Si estoy muerto, enterradme, caballeros”.
Faltan quince minutos para las seis de la tarde cuando arriba el Presidente a la casa de Quinta y D. El paciente había entrado ya en agonía. A las seis en punto el médico da la noticia, no por esperada menos dolorosa. Dice: “Señores, el General ha muerto”. El General en Jefe del Ejército Libertador, el Napoleón de la Guerrilla, como le llamaron los ingleses, el hombre que había desafiado a la muerte en unos 235 combates sin sufrir más que dos heridas, acababa de fallecer en su cama.
El cadáver fue medido y los escultores Fernando Adelantado y Miguel Meleros hicieron sendas mascarillas mortuorias. Se embalsamó el cuerpo y se colocó en la sala principal de la casa.
A las 11:30 de la noche, el Senado, en sesión extraordinaria, declaraba Luto Nacional los días 18, 19 y 20 de junio, y establecía que los institutos armados guardasen luto oficial durante nueve. Disponía que las honras fúnebres tuvieran carácter nacional y votaba un presupuesto de hasta 15 000 pesos para los gastos del sepelio. El cadáver sería velado en el Salón Rojo del Palacio Presidencial (antiguo de los Capitanes Generales) y se tributarían al difunto los honores correspondientes a un Presiente de la República. Poco después se reunía la Cámara de Representantes y aprobaba el proyecto del Senado que, sancionado por Estrada Palma, se convertía en ley y se publicaba de inmediato en una edición extraordinaria de la Gaceta oficial. Mientras, el Presidente daba a conocer una proclama al país:
“El mayor general Máximo Gómez, General en jefe del Ejército Libertador, ha muerto. No hay un solo corazón en Cuba que no se sienta herido por tan rudo golpe; la pérdida es irreparable. Toda la nación está de duelo, y estamos todos identificados con el mismo sentimiento de pesar profundo, el Gobierno no necesita estimularlo para que sea universal, de un extremo a otro de la Isla, el espontáneo testimonio, público y privado, de intenso dolor”.

Museo a Máximo Gómez en la Quinta de los Molinos. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.
Se difunde la noticia. Cuba entera está de luto y la Isla paralizada. Consternado el pueblo llora y se aglomera frente a la casa de Quinta y D. Cuatro de sus hijos varones cargan el féretro en hombros y lo sacan a la calle. Ya en el Salón Rojo las banderas de Cuba y Santo Domingo cubren el ataúd. Acude el Gobierno en pleno. Se hacen presentes los parlamentarios, altos oficiales de Ejército Libertador y los mandos superiores del Ejército de la República, las clases vivas… ¿Y el pueblo? Clemencia se percata de que el cadáver permanece aislado de los sectores humildes y exige su presencia. Pregunta airada: “¿Dónde está ese pueblo que liberó mi padre?” Es entonces que comienza el desfile de los desposeídos, interminable.
El erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña, testigo de los hechos, escribiría:
“Estaba prohibido hacer música y ni se oía vibrar un piano ni sonar una de los muchos fonógrafos de La Habana. Cada media hora, durante tres días, disparaba el cañón de la fortaleza de La Cabaña; y cada hora tañían las campanas de los templos. Cerrados los teatros, las oficinas, los establecimientos, ofrecían las calles, llenas de colgaduras negras y banderas enlutadas, un aspecto extraño con multitudes que discurrían convergiendo hacia el Palacio. La Isla quedó paralizada”.
A las tres de la tarde del martes 20 de junio, al toque de 21 cañonazos, sale el cortejo fúnebre desde el Palacio Presidencial con destino a la necrópolis de Colón. Es el sepelio más grande que se haya visto en Cuba hasta ese momento. Veinte carruajes y dos largas hileras de personas se requieren para trasladar las ofrendas florales. Hay alteraciones del orden en Galiano y San Rafael y en Reina y Belascoaín porque la multitud insiste en llevar el féretro en hombros y en esos lugares, y también en el cementerio, la fuerza pública trata a golpes de controlar la muchedumbre. Por suerte, los ánimos se calman cuando José Cruz y Juan Barrena, los cornetas de siempre del Generalísimo, tocan silencio y generala, toques que tantas veces acompañaron las acciones en la manigua insurrecta. Los generales mambises Bernabé Boza, Emilio Núñez, Pedro Díaz y Javier de la Vega sacan el ataúd del carruaje que lo condujo a la necrópolis y lo depositan en la fosa.
No hubo despedida de duelo.

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GRACIAS Ciro por este recordatorio de la muerte del General mambi que nos enseñó a combatir.El jefe natural de Antonio Maceo
cuyo hecho, mide el calibre del Generalísimo.Gloria eterna al General en Jefe del glorioso ejército mambi
Excelente trabajo cada día me maravillo con los trabajos del maestro Bianchi, mis felicitaciones
Buenos días.
Sin duda profesor, el Generalísimo, de los grandes de la historia de Cuba, América y el mundo del siglo XIX.
Todo tributo que se le haga es merecido y siempre estaremos en deuda con ese gran legado que nos dejó a esta y las próximas generaciones.
Sus artículos son esperados, gracias.
Gracias a Ciro Bianchi , por este gran trabajo, que permite a los jóvenes y no tan jóvenes conocer sobre la Historia de vida del Generalísimo Máximo Gomes, ese que tanto hizo por el pueblo de Cuba.
Excelente cronica....Gloria Eterna al Generalismo...Viva Cuba....
Excelente!, al terminar la lectura me pareció que había vivido en Santiago y en La Habana esos tristes días de junio de 1905.
Ya la había leído antes, magnífica fue internacionalista de su época
Un cubano de los más grandes de todos los tiempos, un cubano porque quien defiende y lucha por Cuba y desde Cuba es Cubano, además a el le debemos tantas cosas que no alcanzarian elogios y argumentos para honrrarlo. El primero en hacer una Carga al Machete, El General en Jefe del Ejercito Libertador, Gómez Máximo exponente junto con Maceo su Lugarteniente General de la lucha armada en Cuba. Honrar honra, Gracias Ciro
Gracias por este articulo. Es hora de que reforcemos la difusion de hechos como este de nuestra historia, el momento lo exige; el imperio tiene hoy otros medios y metodos para llevarnos a sus pies y en su enfrentamiento es imprescindible que las jovenes generaciones tengan en su memoria y su corazon a los grandes hombres que lo dieron todo por lo que hoy tenemos: libertad y dignidad.
Gloria eterna al General, yo quisiera saber si en la guerra del 95 al General Gomez que ya era una persona mayor para esa epoca le dejaban realizar acciones combativas, ese dato quisiera lo aclara un historiador , la duda viene porque los soldados Españoles imagino que serian jovenes en su mayoria y imagino que por una cuestion logica no se debia arriesgar a la maxima figura en cargo y en pensamiento estrategico a la muerte en un combate cuerpo a cuerpo a donde por logica cederia por fisico, me consta las hazañas del General en la Guerra de los 10 años , pero no tengo esta referencia, por favor si alguien pudiera aclarar .
Gracias Ciro por este hermoso artículo y gloria eterna a Máximo Gómez , un buen Dominicano que se ganó el corazón de los cubanos .
Ciro, bello articulo. Sin dudas de Gomez no se ha escrito mucho y es uno de los generales mas pródigos en conocimientos de tácticas militares eficases, además de su modestia y todos los atributos personales buenos q le caben a una persona.
Fuen tan grande que al morir, hasta quienes en el interior de su alma se alegraban de su muerte, se vieron obligados a manifestar dolor y profesarle honores.
El generalísimo,tiene a seguir cabalgando,su machete no descansará nunca,los cubanos necesitaremos siempre d su estirpe guerrillera para emboscar al adversario.Su humildad y su gallardía imponen el respeto para no ser olvidado nunca.Su arte militar deberá ser estudiado.Sin dudas un Quijote d América.Gracias al historiador Bianchi,por rendir tributo al general.
Siempre me ha llamado la atención la presencia, en nuestras largas luchas por la independencia, de extranjeros que pusieron su brazo y su vida a favor de Cuba: Hatuey (de la Española, Rep. Dominicana), Máximo Gómez (Rep. Dominicana), y Ernesto Guevara (Argentino). Allí estuvieron, entre los principales luchadores, entre los más aguerridos, entre los más queridos y respetados. Esa es una de las razones de nuestro internacionalismo. Buen artículo, y un orgullo enorme por nuestro Generalísimo.
Henry Reeve, de Estados Unidos.
Siempre he pensado q nuestra generación ha dejado a la figura del generalisimo a un segundo plano y no se le da todo el reconocimiento q el merecio y merece...
Solo puedo decir gracias...
Gracias, Ciro, por esa manera de narrar que nos lleva de la mano desde los últimos minutos de ese enorme hombre que fue Gómez hasta su tumba, parece un documental.
Excelente artículo, digno tributo al Generalísimo
Mi abuela nacida en 1883 en Matanzas en cuna muy humilde, me contaba de niña de Maximo Gómez, su figura se arraigó mucho en el pueblo. Gloria Eterna
Gracias por no pèrmitir que muera la historia.
Gloria eterna al generalisimo Maximo Gomes dominicano de nacimiento, cubano de corazon. Me gustaria saber donde puedo nencontrar su diario de campaña e invito a leer Cronicas de la guera.
Excelente,sigan así,me da un placer enorme leer la historia de mi país,este periodo colonial español es sin dudas el mas atractivo
A PESAR DE SER DOMINICANO,LUCHO POR LA LIBERTAD DE CUBA.EN LAS DOS GUERRAS.FUE UN GRAN ESTRATEGA ,ALCANZANDO EL GRADO DE MAYOR GENERAL Y JEFE DE LAS TROPAS MAMBISAS.FUE EL QUE REALIZO LA PRIMERA CARGA AL MACHETE EN CUBA.
Bello testimonio, gracias por darnos a conocer más de nuestra historia y nuestros héroes.