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Más que un premio, herramienta de trabajo y fuente de nuevas responsabilidades

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Agustín Lage recibe el título Doctor Honoris Causa. Foto: Tomada del Twitter del presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez Díaz.

-Compañera Rectora Dra. Miriam Nicado;

-Profesores y Alumnos de esta trinchera de soberanía y justicia social que es la Universidad de La Habana;

-Compañeros invitados:

Pudiera pensarse que a partir de un cierto momento en la vida ya no hay espacio para nuevos compromisos; pero hoy para mí se hace muy claro que eso no es así, pues este título Doctor Honoris Causa es fuente de compromisos superiores, que espero poder cumplir.

Lo recibo no como premio, sino como herramienta de trabajo, y como fuente de nuevas responsabilidades.

También es este un momento de inevitable reflexión, pero prefiero reflexionar no sobre lo que pudieran haber sido mis aportes científicos y docentes en cada etapa, sino al contrario, comentarles lo que cada etapa me aportó a mí, lo que me permitió aprender.

Esos aportes recibidos de muchos profesores y compañeros, son más numerosos y más importantes que los yo pueda haber hecho. Uno siempre está en deuda con esta sociedad socialista que nos ha dado tantas oportunidades y esa deuda incluye el deber de interpretar y trasmitir lo aprendido.

Toda trayectoria está marcada por transiciones, y puede ser útil a los más jóvenes describir lo aprendido en cada una de ellas. De eso quisiera hablarles hoy:

La etapa preuniversitaria y universitaria de mi generación, fue la de la fervorosa y fascinante década de los años 60: La creación del Partido Comunista, La Ofensiva Revolucionaria del ´68, la epopeya internacionalista del Che, la solidaridad con Vietnam, el despertar anticolonial de África, la universalización de la enseñanza universitaria en Cuba, los planes de becas constructores de igualdad social, las campañas de recogida de café, la zafra grande del año ´70.

Incluyo mi período como miembro del Comité Universitario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Nos aportó a los jóvenes de aquella época el compromiso con la construcción de una sociedad más justa que dejase en el pasado al mismo tiempo al subdesarrollo y al capitalismo. Nos aportó la comprensión de que cualquiera que fuese la obra profesional o científica que emprendiésemos, esta era sólo una parte de una obra revolucionaria mayor, que le daba sentido a cualquier esfuerzo. Definitivamente la vocación verdadera era la Revolución, y la ciencia era un instrumento para realizarla.

Por eso, y cuento aquí por primera vez esta anécdota, cuando en el IV Congreso del Partido de 1991 en el que se habló mucho sobre el Polo Científico, un presentador dijo algo así como: “y ahora van a hablar los científicos…”. Me atreví a rectificarle y decir: No….Ahora van a hablar los comunistas que trabajamos en el campo de la ciencia..”

Las primeras etapas de formación como científico, el postgrado en el CNIC (en aquella época parte de la Universidad) y luego en el Instituto Pasteur de París, además de las primeras experiencias de lo que es la vida diaria en un laboratorio de investigaciones experimentales, sembraron la confianza en el poder del pensamiento racional y del método científico para entender la realidad y transformarla.

lustraron los rasgos propios de las ciencias biológicas, que las distinguen de la física y la química, por su grado mayor de complejidad. Ilustraron que la ciencia no tiene caminos fáciles, y que no existen sustitutos para el compromiso de hacer “buena ciencia”. Lleva mucho tiempo de trabajo callado y anónimo, antes de poder decir “algo”.

Pero al mismo tiempo, los primeros resultados y las primeras publicaciones solidificaron la confianza de que los cubanos podemos, Cuba puede.

Los años en el Instituto Nacional de Oncología, demandaron aprender cómo conectar las ciencias básicas, primero con las ciencias clínicas y luego con la epidemiología y los programas de salud. Nos enseñaron que el método científico de pensamiento no es exclusivo de los laboratorios experimentales ni de las ciencias básicas. Es una manera de pensar y una conquista de la cultura.

La participación en la construcción del Programa Nacional de Cáncer nos permitió comprender que la Salud es una ciencia social, con componentes de biología y no al revés. Y que la longevidad humana saludable, que ya se expresa claramente en nuestra estructura demográfica, no es un producto colateral de la selección natural biológica, sino una conquista de la creación de conocimientos, cohesión social y valores. La experiencia reciente del enfrentamiento a la pandemia de coronavirus ilustra muy bien ese concepto.

El Dr. Agustín Lage participa también en la Conferencia Bio 2016. Foto: Cuenta en Twitter de José Ramón Cabañas, entonces Embajador de Cuba en EEUU.

Esta etapa del Instituto de Oncología coincidió con una enriquecedora experiencia de participación en el Comité Asesor de Investigaciones en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), espacio de interacción con profundos pensadores sobre la Salud Pública en nuestro continente, y de intensos debates sobre cómo poner la ciencia en función de las necesidades de las poblaciones humanas.

Ilustró la complejidad intrínseca de las intervenciones de salud y la necesidad de articular todos sus componentes, de manera transdisciplinaria, si se quiere tener impacto en los indicadores.

En un debate internacional una buena amiga de Cuba me dijo: “Mira, en este mundo de la Salud Pública hay muchos que escriben y no hacen nada de lo que escriben, pero ustedes los cubanos, hacen y no escriben lo que hacen. Elogio y crítica a la vez, que me enseñó la importancia de escribir las experiencias y de dar ahí “batallas de ideas”. Escribir es una responsabilidad ante los que vienen después. De esa comprensión salieron los primeros artículos que pudieran entenderse como de “ciencias sociales”.

Luego vino la etapa de la biotecnología, el contacto directo con el liderazgo, el magisterio y la audacia de Fidel Castro, la construcción física del Centro de Inmunología Molecular (también aprendí mucho de los constructores), y la creación de conexiones entre la ciencia y la producción, y entre estas y la economía. Esa etapa nos hizo entender el concepto de investigación “a ciclo completo”, es decir asumiendo las complejidades de llevar el resultado científico hasta la realización productiva y económica.

Al colectivo de biólogos y médicos del naciente CIM se sumaron físicos, matemáticos, ingenieros, abogados y economistas; y eso expandió notablemente nuestro campo visual, e ilustró el poder de las “ciencias de convergencia”, cuando campos del conocimiento hasta entonces separados, convergen para crear algo nuevo.

Así sucedió cuando la biotecnología moderna emergió de las interacciones entre la genética, la inmunología y la ingeniería de las fermentaciones. Así debe suceder en los próximos años, cuando continúe el acercamiento entre las ciencias biológicas y las ciencias de la información, la gestión de datos, la inteligencia artificial, las nanotecnologías, la robótica y otros componentes de la cuarta revolución industrial que se acerca a gran velocidad.

La tarea de dirigir el CIM nos acercó a las ciencias empresariales y a la gestión de proyectos; y al concepto mayor de “Economía del Conocimiento”, que después se vinculó al concepto de Empresa de Alta Tecnología, que hoy está en los Lineamientos del Programa Económico y Social de la Revolución.

Esta tarea nos aportó también una comprensión de la importancia y las complejidades de la inserción de la economía cubana en la economía mundial, a través de las palancas de la ciencia,  e incluyó el reto de las negociaciones internacionales que condujeron a exportaciones en decenas de países, a la valorización y  la negociación de activos intangibles y la creación de empresas en contextos tan disímiles como pueden ser Canadá, China, India, Argentina, Brasil, Singapur y Tailandia, por solo mencionar los más complejos. Cada una era como un curso de postgrado sobre contextos y culturas diferentes, el cual habría que aprobar o suspender.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, en su Comisión de Asuntos Económicos, que en 1993 era, como lo llamó Fidel “El Parlamento del Período Especial”, y las tareas de desarrollo local en el municipio de Yaguajay coincidieron en tiempo con la Biotecnología, y fueron una tremenda escuela de realidades sociales y de cubanía. Cuando uno está expuesto a espacios diversos (geográficos y culturales) de la realidad, es cuando puede ver mejor las esencias que los atraviesan a todos.

Coincidió esta etapa también con el difícil Período Especial, en que Cuba perdió el 35% del PIB, pero no perdió ni una décima porcentual de su voluntad de resistir y de su confianza en el futuro.

Cada sesión de la Asamblea era un diálogo con Fidel. El Che describió este proceso de interacción de Fidel con la gente, en su clásico ensayo sobre “El Socialismo y el Hombre en Cuba”.  Esa escuela nos permitió entender los roles de la ciencia en el proyecto social socialista cubano y aspirar a que el método científico de pensamiento se convirtiese en un componente de la cultura general del cubano y en un motor de nuestra economía. Nos permitió también apreciar de cerca el poder catalizador de la docencia universitaria en la sede municipal.

Compañeros:

Un reconocimiento como este frecuentemente incita a hablar sobre el pasado, pero les pido que me permitan utilizar esta ocasión para hablar también sobre el futuro.

Viendo todas esas etapas en retrospectiva, ellas se nos presentan como un gran período de aprendizaje, de enseñanzas que debemos a otros (algunos están aquí hoy) y que solamente tendrían sentido en función de las tareas que hay que emprender de ahora en adelante. Como dijo Shakespeare: “el pasado es un prólogo”.

Martí, que lo dijo todo, también desarrolló esta idea y expresó que: “La antigüedad es un monumento, no una regla: Estudia mal quien no estudia el porvenir”.

Y es que la ciencia tiene ahora responsabilidades nuevas. Y eso hay que entenderlo bien, porque son ciertamente nuevas. El espacio de la ciencia en las sociedades humanas está cambiando y los roles de la ciencia son hoy bien diferentes a los que eran incluso a mediados del siglo XX. Y eso es especialmente así para Cuba.

En un mundo globalizado y de rápidos cambios tecnológicos, el desarrollo económico depende cada vez más de la conexión de nuestra economía con la economía mundial, y eso no puede hacerse exportando productos primarios de bajo valor agregado, para importar manufacturas de alto valor agregado. Esa conexión hay que hacerla con productos y servicios de alto contenido de conocimientos, y ello demanda capacidades de asimilar creativamente conocimientos y tecnología nuevas, y demanda capacidades de crear conocimiento, es decir, de ciencia e innovación.

Se trata de insertarnos en los flujos globales, no solamente de productos, servicios y capital, sino en los flujos globales de conocimientos.

El aislamiento económico y tecnológico es un enorme riesgo para nuestro proyecto social. El enemigo lo sabe, y por eso mantiene el bloqueo. Pero nosotros lo sabemos también y contamos con la ciencia para reforzar nuestras conexiones con el mundo.

Es médico de profesión, especializado en Bioquímica, con estudios de Oncología en el Instituto Pasteur, de París. Desde su fundación en 1991, dirige el Centro de Inmunología Molecular, de La Habana. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

En un mundo de enormes y rápidos flujos de información, la soberanía nacional (que necesitamos para poder realizar nuestro proyecto de justicia social) depende de nuestra capacidad colectiva de pensar las realidades mundiales con cabeza propia, y depende otra vez de nuestra capacidad de crear conocimiento. Lo dijo Fidel, como tantas otras cosas, en 1991: “La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo. La independencia no es cuestión de símbolos. La independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”.

También el socialismo, sistema en que seguimos confiando como forma superior y sostenible de justicia social y convivencia humana, depende del desarrollo científico y técnico. La confianza en la posibilidad de un sistema social superior, y la confianza en la ciencia, nacieron juntas en la historia.

La ciencia, y el conocimiento en su sentido más amplio, son un producto social. Nadie puede poseer todas las piezas de conocimiento previo necesarias para descubrir o inventar algo. Y en la misma medida en que la vida económica dependa de la ciencia socialmente construida, se hará más insostenible la contradicción fundamental del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.

Una economía cubana basada en el conocimiento será no solamente más eficiente y más desarrollada, sino también más socialista.

Son las fuerzas productivas técnicamente avanzadas las que hacen inviable que sea el mercado la forma principal de las relaciones entre las personas. Hacer ciencia, en Cuba, es también defender el socialismo.

La sociedad socialista, justa, próspera y sostenible a la que aspiramos, requerirá cada vez más una cultura científica, y no se trata de una u otra institución científica, vinculada a la ciencia mundial, sino de la integración del pensamiento científico en la cultura general del cubano, en todas sus instituciones, en todas sus tareas sociales, en todos los espacios territoriales.

Cuando se siembra ciencia en una sociedad no se obtienen solamente nuevos conocimientos o tecnologías, se siembra también una cultura de racionalidad, pensamiento basado en datos, construcción de hipótesis verificables, objetividad, debate, crítica y verificación constante e independiente, todo lo cual es fuente de ética y valores, y levanta un muro de contención contra la superficialidad, la superstición y la pseudociencia. Todos debemos ser “hombres de pensamiento”.

Al intervenir en uno de los debates del Parlamento. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

La Constitución de la República, que discutió y aprobó la inmensa mayoría de los cubanos en el 2019, captura muy claramente la idea de las nuevas responsabilidades de la ciencia. Es un enfoque nuevo en nuestra historia constitucional. Las Constituciones anteriores no daban ese protagonismo a la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.

La Constitución de 1940 (que Raúl Roa, en esta misma Universidad, caracterizó como “un camino y no una meta”) apenas mencionaba en su Artículo 47 que “son libres la investigación científica, la expresión artística y la publicación de sus resultados”.

La Constitución socialista de 1979 ya implicaba explícitamente al Estado, al establecer en el Capítulo IV de Educación y Cultura (inciso f) que “La actividad creadora e investigativa en la ciencia es libre. El Estado estimula y viabiliza la investigación y prioriza la dirigida a resolver los problemas que atañen al interés de la sociedad y el beneficio del pueblo”.

Pero esta nueva Constitución del 2019 aborda el tema de la ciencia en su Título II de Fundamentos Económicos, y dice en su Artículo 21: “El Estado promueve el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación como elementos imprescindibles para el desarrollo económico y social. Igualmente implementa formas de organización, financiamiento y gestión de la actividad científica, propicia la introducción sistemática y acelerada de sus resultados en los procesos productivos y de servicios….”.

Es un concepto superior: sitúa la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en el centro de la estrategia económica, y la identifica como tarea del Estado socialista.

En uno de los debates que tuvimos sobre la Constitución con los trabajadores del Centro de Inmunología Molecular, una joven científica espontáneamente exclamó: “¿Cómo no la vamos a aprobar, si la hicimos nosotros mismos?”

Asumir las nuevas responsabilidades, porque nuevas son, de la ciencia en Cuba implica hacer crecer, en capital humano y en infraestructura, nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación y reforzar sus conexiones con la economía, con la educación, con la cultura, y con el mundo, y encontrar con creatividad nuevas formas de financiarlo.

Cuba no puede aspirar a una inserción en la economía mundial a través de la exportación de recursos naturales porque no los tenemos. Tampoco somos un país de grandes dimensiones, con una demanda interna grande que funcione como atractor de desarrollo industrial. Nuestra inserción soberana en la economía mundial tendrá que ocurrir por los caminos de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Lo harán los jóvenes cubanos, muchos de ellos salidos de esta misma Universidad. Y confiamos en que lo harán. A pesar de los emigrados geográficos y los emigrados mentales que aun andan por ahí, la masa grande y limpia de jóvenes científicos competentes, comprometidos con Cuba y motivados por su proyecto socialista, está presente, reclamando su puesto en la batalla. Y no son pocos.

En la trayectoria histórica de la Nación Cubana la ciencia nunca fue un lujo: Fue un combatiente. Eso nos dijo José Martí desde el siglo XIX y para el siglo XXI: “La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.

Hace unos meses, al intervenir en el 25 Aniversario del CIM, le hablé a los jóvenes sobre cinco verdades esenciales, y que creo pertinente repetir aquí hoy.

Son estas:

  • PODEMOS. La experiencia de estos años nos enseñó que podemos hacer cosas más grandes que las que nosotros mismos nos imaginamos. Nadie de nosotros en el CIM hubiese imaginado en aquel año 1994, en el fondo del período especial, cuando apenas habíamos producido los primeros miligramos de anticuerpos, en frascos de cultivo de algunos mililitros, y habíamos hecho ventas en el exterior por apenas $ 100 000 usd, que estaríamos hoy hablando de exportaciones acumuladas de más de 1000 millones, a decenas de países, de fábricas en varios países, de producciones de cientos de millones de bulbos, de más de 100 000 pacientes cubanos que han utilizado nuestros productos.

Esta idea pudiera generar satisfacción (y eso pudiera quizás sea justo), pero mejor es que nos estimule a hacernos la pregunta: ¿Qué más podemos hacer que ni siquiera nos imaginamos hoy? Las metas que los jóvenes se planteen a si mismos tienen que ser altas, muy altas, colosales, y no le tengamos miedo a eso.

  • Lograr grandes metas requiere CONSAGRACIÓN al trabajo y al estudio. Consagración real, de muchas horas, muchos días. La consagración no ha sido nunca una meta, ni una imposición administrativa: ha sido una expresión de ÉTICA, derivada de la capacidad de asumir deberes, y del ejemplo de los dirigentes. No se impone, pero cuando surge esa ética de manera espontánea, significa muchas cosas.  Hay que hacer de nuestras tareas, no un medio de vida, sino un sentido de la vida.
  • Hay que hacer CIENCIA REAL, competitiva, con resultados de originalidad mundial. No hay sustituto para eso. No existe aquí la “media-ciencia”, ni la originalidad “en nuestras condiciones”. Necesitamos una industria innovadora y competitiva a escala mundial, a donde hay que llegar con resultados de nivel mundial. Es difícil, pero se puede hacer.
  • Hacer buena ciencia es solamente LA MITAD DEL CAMINO. La otra mitad está en conectar la ciencia, con la producción, con el desarrollo del sistema de salud cubano, con las exportaciones, con la educación. Por eso, a pesar del origen científico-académico de muchos de nosotros, en el CIM no nos gusta mucho que nos llamen “un centro científico”. Somos una operación industrial de alta tecnología, basada en la ciencia. Eso es otra cosa.

Conectar la ciencia con la economía significa, ante todo, conectarla con la Empresa Estatal Socialista. Ella es la expresión concreta de la propiedad social sobre los medios de producción y de la distribución en función del trabajo. Es la que garantiza la justicia social.

Es por eso que hay para Cuba un nexo indisoluble entre desarrollo científico y desarrollo de la empresa estatal socialista.

Tendremos que encontrar la manera de implementar la gestión descentralizada y creadora que demandan las fuerzas productivas del siglo XXI, manteniéndonos al mismo tiempo firmes en la defensa de la propiedad social y de la distribución equitativa de los resultados del trabajo. Serán la Ciencia y la Cultura lo que nos permitirá lograr esto.

  • Y por último, para que después en la vida real lo pongamos de primero en la lista: SOMOS PARTE DE LA REVOLUCIÓN. Trabajamos para hacer emerger la maravilla de la creatividad científica, eso es cierto y es bueno, pero trabajamos también para hacerlo desde Cuba, para defender el derecho de Cuba soberana a insertarse en el mundo y en la economía tecnológica del futuro; y trabajamos también para hacerlo desde el socialismo, con laboratorios y fábricas que son, como dice la canción de Silvio, “edificios sin dueño”, o mejor, con 11 millones de dueños. Quien se olvide de eso no entenderá jamás como llegamos los cubanos hasta aquí, y menos entenderá lo que tenemos que hacer en los próximos años.

En lo que atañe a nosotros, los que ya acumulamos algunos kilómetros recorridos en ese camino, con la mochila cargada de experiencias creadoras que refuerzan las certezas y validan los propósitos, y también cargada de errores que nos hacen reflexionar y seguir aprendiendo, la palabra de orden es “HAY QUE CONTINUAR”, trasmitir lo aprendido, apoyar la labor de los jóvenes, y pedirles con humildad un puesto junto a ellos en la trinchera.

Como ven, este acto me ha hecho pensar un poco sobre lo hecho, pero pensar mucho sobre lo que hay que hacer de ahora en adelante.

 

Más allá de las fronteras de Cuba, nuestra herencia cultural enraizada en el individualismo occidental y surgida del Renacimiento y del “Siglo de las Luces”, contiene ciertamente un valioso humanismo del que somos herederos, pero también contiene en su extrapolación, la creencia de que el progreso es una suma de logros individuales, que merecen reconocimientos también individuales.

Pero eso es una extrapolación equivocada: el progreso humano, incluido el progreso científico, es una construcción social, una obra de muchos, aunque se exprese aparentemente en el trabajo de una persona.

En las historias y en las ideas que les he contado aquí, hay la labor y el pensamiento de cientos de compañeros. Algunos de ellos están aquí hoy, y sé que ellos se saben parte de todo esto.

Muy frecuentemente los cubanos, cuando tenemos una idea o un sentimiento, y no encontramos las palabras para expresarlos, acudimos de nuevo a José Martí para buscar esa expresión y siempre la encontramos.

Esta vez, encontré esta en una carta de Martí de 1877 en que agradecía una distinción y decía: “Si de algo serví antes de ahora, ya no me acuerdo; lo que quiero es servir más”.

Entonces, les agradezco ahora con palabras por este título, pero sé que el agradecimiento que vale es el que pueda expresarles con más trabajo a partir de mañana.

Compañera Rectora... deme tareas.

Muchas gracias.

Se han publicado 24 comentarios



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  • NLN dijo:

    Palabras precisas para el presente y el futuro. Declaración de principios integra de lo que queremos muchos para nuestra patria.

    • Elpidio Valdes dijo:

      ESTOS SON LOS INTELECTUALES QUE NECESITAMOS EN CUBS HOY, MANANA Y SIEMPRE Y NO LOS SIETE MESINOS QUE CON SUS LLANTOS Y BLANDENGUERIAS SE QUIEREN CONVERTIR EN EL OMBLIGO DEL PAIS CUANDO EN REALIDAD ESOS INTELECTUALOIDES ESTAN A LA ALTURA DE LOS ESFINTERES DE LOS GOBERNANTES NORTEAMERICANOS.

      ESTE EJEMPLO EN ESTE ARTICULO Y EN ESTAS PALABRAS SON LAS QUE TENEMOS QUE DISCUTIR, DIALOGAR, RESPETAR Y SOBRE TODO LLEVAR A LA MENTE, EL CORAZON Y EL ESPIRITU DE LOS VERDADEROS INTELECTUALES QUE DEDICAN SU TIEMPO Y VIDA A ELEVAR EL NIVEL DE VIDA DE LOS CUBANOS DE A PIE, SIN CONVERTIR EL ARTE DE CUALQUIER TIPO EN UNA FORMA DE BUSCARSE LA VIDA, RIQUEZAS Y LUJOS, SINO DEDICAR LA VIDA A MEJORAR LA CULTURA DEL PAIS Y SU FORTALECIMIENTO HISTORICO, CULTURAL, IDEOLOGICO E IRRADIANDO LUZ Y CREACION PARA LAS GENERACIONES ACTUALES Y FUTURAS.

  • Beatriz Marcheco Teruel dijo:

    Muchísimas Felicidades!!!!! Querido Agustín por tan merecido y honroso Premio
    Cuánta humildad y sabiduría en estas palabras. Traen a mi mente a Martí cuando citaba a Emerson..."La verdad es,–dice el norteamericano Emerson–que la verdadera novela del mundo está en la vida del hombre, y no hay fábula ni romance que recree más la imaginación que la historia de un hombre bravo que ha cumplido con su deber"
    Nos regocija la dicha de continuar aprendiendo de la obra que sigues y seguirás escribiendo.

  • Lilin dijo:

    Muy merecido reconocimiento, lo conocí en el Instituto Preuniversitario Especial "Raúl Cepero Bonilla" y siempre ha sido un ejemplo a seguir. Consecuente con sus ideas, eminente científico, que ha puesto lo mejor de sus conocimientos al servicio de su pueblo, con una gran modestia. Felicidades Agustín.

  • Mirella dijo:

    Felicidades Agustín, qué orgullo sentimos de haber compartido contigo en la etapa estudiantil y lo que nos aporto para continuar haciendo revolución.
    Tus reflexiones de gran valor para todos jóvenes y no tan jóvenes del área científica o de cualquier otra área de la sociedad.

  • Alejandro Carbonell dijo:

    Excelente reflexión para las jóvenes generaciones. Ejemplo de que sí se puede.

  • Vamos por mas dijo:

    FELICIDADES triplemente DOCTOR por el HONORIS CAUSA , por este ESCRITO de agradecimiento que lo veo como una tesis a su modestia y por contar con cientificos como USTED

  • desde aqui dijo:

    Ha sido la disertación científica , social y motivadora mas hermosa que he escuchado en toda mi vida .
    Muchas gracias profesor Dr. Lage Davila por sus enseñanzas .

  • Eusebio Hdez dijo:

    Estas son realmente palabras para estudiar e interpretar. Es una declaración de principios para los convulsos tiempos que vivimos hoy en Cuba.

  • Arturo Menéndez dijo:

    Todo un ejemplo de pensamiento científico, de un científico comprometido con su pueblo, ejemplo de entrega, humildad... Considero a esta pieza de obligado estudio por todos los que de una forma u otra trabajamos en la ciencia y la educación.

  • JosePedro dijo:

    Que regocijo se siente ante un pensamiento con una estructuración lógica apoyado por sentimientos patrióticos y la humildad martiana con el ímpetu Fidelista de Agustín Lage que nos hace hace reflexionar en lo puntual que somos los seres humanos en la obra social perecedera que llevamos a vía de hechos en la construcción de socialismo en Cuba.
    En los tiempos de confrontación actual que nos imponen los multiplicadores de la desigualdad, pobreza y muerte cuán necesario se impone meditar sobre este exorcismo que Agustín nos ofreció par evaluar individualmente con los pies en la tierra que fuimos, qué somos y cómo debemos actuar en bien de la familia, la comunidad, el país en un mundo interconectado donde estamos llamados a través del conocimiento, la ciencia y la innovación alcanzar la prosperidad sostenible para la sociedad que nos hemos propuesto.
    Felicitaciones profesor!

  • acdc dijo:

    Sencillamente extraordinario.
    Sin dudas un caudal de experiencia, conocimientos y una vida entregada por completo a la ciencia y a La Revolución.
    Merecidamente otorgado este título al doctor Agustín Lage.

  • Maricela Morales dijo:

    Felicidades Doctor, es usted un verdadero héroe de Bata Blanca, mucha salud y dicha es lo que le deseamos mi familia y yo

  • Govea dijo:

    Me ha estremecido los sentimiento de patriotismo y de revolucionario cubano, estas palabras de Dr. Lage. Necesitamos muchos como él, tenemos que ser como él. La patria lo agradecerá siempre...Felicidades... un reconocimiento super merecido.

  • Raysa Lucía Ricardo Guibert dijo:

    Emotivas palabras que motivan a hurgar en nuestro interior.
    También soy de los que "...acumulamos algunos kilómetros recorridos en ese camino, con la mochila cargada de experiencias creadoras que refuerzan las certezas y validan los propósitos, y también cargada de errores que nos hacen reflexionar y seguir aprendiendo, la palabra de orden es “HAY QUE CONTINUAR”, trasmitir lo aprendido, apoyar la labor de los jóvenes, y pedirles con humildad un puesto junto a ellos en la trinchera..."
    Muchas gracias, doctor Lage, por tan sabias enseñanzas. Muy merecido reconocimiento. ¡FELICIDADES!
    Gracias Cubadebate por la publicación. Es un excelente material de estudio, ojalá se divulgue como merece, cada una de sus ideas es una lección invaluable, muy necesaria en estos tiempos.

  • Miguel dijo:

    Doctor: Muchas felicidades, Es muy bueno que pida tareas, pues de seguro habra muchos y muchos dispuestos a seguir aprendiendo de usted y seguir su ejemplo.

  • Néstor del Prado Arza dijo:

    Estas palabras del cubano revolucionario y científico de la biología y de la sociedad, confirman su estirpe martiana y fidelista. El doctor Agustín Lage Dávila tiene una obra digna de admiración. Estas palabras deben tener más visibilidad; principalmente para los jóvenes y no solo para quienes trabajan en centros científicos.
    Como afirma Lage, el método científico no es solo para los científicos.

  • HRB dijo:

    Merecidísimo reconocimiento a un brillante científico!!! Gracias por el ejemplo!!!!

  • Ramón Ripoll dijo:

    Muy merecido el título entregado al Dr. Agustín Lage y muy importantes y profundas sus reflexiones acerca del desarrollo de la ciencia y el rol que debe jugar en el futuro de nuestra Patria. Reciba las felicitaciones del colectivo de la Embajada de Cuba en Alemania y parafraseando el final de su discurso podemos decirle: Compañero Lage.... denos tareas. Muchas gracias por la obra de su vida.

  • Cientifico cubano dijo:

    Excelentes las palabras de agradecimiento del Dr. Agustín Lage Davila. Para mi uno de los más brillantes científicos cubanos de la 2da mitad del siglo XX y lo que va del XXI y siendo absoluto el más grande comunicador de los que te enamora con los proyectos con solo escucharlo hablar.
    Una visión del futuro impresionante, ojalá se multipliquen las ganas de hacer del Dr. Lage en el sistema de ciencia y técnica de Cuba para que la economía avance lo que el pueblo necesita.

  • Manuel Diaz dijo:

    MERECIDISIMO AGUSTIN, FUISTE, ERES Y SEGUIRAS SIENDO EJEMPLO PARA NOSOTROS QUE FUIMOS ORGULLOSAMENTE TUS COMPAÑEROS EN LAS AULAS Y EL TRABAJO, LOS QUE VIENEN DETRAS COMO TU HIJO Y DE TODOS LOS QUE AHORA TE CONOCEN MAS..
    UN ABRAZO HERMANO ..
    MANOLO

  • Dra. María Matilde dijo:

    Brillante una vez más.

  • villaclareña dijo:

    Mi más sincera felicitación. "Honor a quien honor merece". Sano orgullo de que existan cubanos como tu, reforzado además por haber sido tu compañera de curso en Victoria de Girón.Adelante!!!!

  • Secretaria dijo:

    Sencillamente BRILLANTE!!!

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Agustín Lage Dávila

Agustín Lage Dávila

Destacado científico cubano. Fue durante 25 años Director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana. Es asesor del Presidente de BioCubaFarma. Ha recibido numerosas distinciones nacionales e internacionales. Fue Diputado a la Asamblea Nacional por varias legislaturas.

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