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¿Por qué Carlos Manuel de Céspedes es el Padre de la Patria?

Por: Alejandro Gavilanes
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Una ofrenda floral a nombre del Pueblo de Cuba fue depositada por soldados de la Unidad Militar 1953 en el Mausoleo donde reposan los restos de Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Miguel Rubiera/ ACN.

La progenitura de Céspedes, muchas veces vulgarizada por una tradición escolar que se ha dictado, radica, únicamente, en el sacrificio de su hijo Amado Oscar y en aquellas famosas frases de hombre público; o en la liberación de sus esclavos, constituyen el centro de estas líneas.

Esos argumentos, si bien devinieron los de mayor importancia para granjearle el merecido epíteto, distan mucho de explicar de forma cabal la significación del primer presidente de la República de Cuba en Armas para la historia nacional.

Y es que en la figura de Céspedes convergen no solo el hombre liberal, el abolicionista o el poeta, sino también encontramos al masón, a quien rinde tributo a la matrona de Cuba, al civilista, al estratega, al político. Facetas que lejos de dividir al ser, lo complementan, y que resultan parte esencial y enriquecedora del porqué es, y por derecho tiene que ser, el Padre de la Patria cubana.

Válido resulta comentar, para adentrarnos en la cuestión, que el alzamiento del 10 de Octubre no fue resultado del ímpetu irracional de un grupo de hombres comandados por Carlos Manuel de Céspedes. Este, heredero de una tradición independentista que se extiende desde las ideas precoces de Félix Varela, la poesía patriótica de José María Heredia, hasta las liturgias masónicas de Vicente Antonio de Castro, ante el temor del descubrimiento de la insurrección, no se detuvo a pensar cómo desenredar el nudo de los problemas de Cuba y, cual Alejandro Magno, lo cortó de un tajo.

En este sentido, el Dr. Cs. Rafael Acosta de Arriba ha llamado la atención a que nos referimos a un “rebelde en potencia que 17 años antes del 10 de Octubre de 1868 consideró y maduró permanentemente la idea de la ruptura con España a través de una rebelión” [1] (p. 24). Un hombre que, como muchos otros, no necesitaba la revolución, pero que se alzó por amor al decoro y la virtud.

De esclarecedores calificaríamos aquellos versos de su poema “Contestación”, publicado en un periódico habanero en fecha tan temprana como 1852: Somos los minadores que una brecha abren pausados en la noche oscura.

Por otra parte, la cuestión de la abolición de la esclavitud y el tratamiento del presidente al tema racial formó parte de su agenda y reflexiones. Con respecto a ello, baste decir que la liberación de sus propios esclavos y el acto romántico de llamarlos hermanos muestran a la historia la que devendría condición sine qua non de la independencia: la abolición de la esclavitud, porque Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista.

No puede verse en la liberación de sus esclavos un hecho meramente simbólico. La tradición oral dicta que, si bien Céspedes fue propietario esclavista, estos recibían tratamiento muy humano en todas las propiedades del bayamés. Además, su defensa de los esclavos mientras se desempeñaba como Síndico por Ayuntamiento de su ciudad natal, le mereció el epíteto de abogado de los negros.

Ahora bien, sin restarle la debida importancia, no se ha hecho el necesario énfasis sobre la tragicidad del acto del que nació, en definitiva, el Padre de la Patria. De aquel funesto acontecimiento quedan sus palabras de hombre público:

Todos son mis hijos, señor, y menguado sería ante mi corazón y mi conciencia si por salvar la vida de uno de ellos, comprometiera la de los restantes.

Portada de El camino de la desobediencia, por Evelio Traba. Ediciones Boloña.

Por su parte, la reivindicación del humano la encontramos en la intrépida novela de Evelio Traba, El camino de la desobediencia. En esta, se rasga el fino velo de lo conveniente para confrontar el sentir del “Presidente” y el sentir del hombre, del padre, del amigo; confrontación que a mi parecer alcanza la cúspide en las ideas que se exponen cuando Céspedes conoce de la muerte de su hijo Oscar, por lo que cito in extenso:

“(…) El Presidente debe convertir este siniestro en un episodio digno de la memoria (…). Sabes que toda proyección del hombre público es pura falacia, puro alarde ante la Historia. Tú ahora deseas no haber sido nunca el Presidente, sino un patriota de oscuros y medianos servicios (…) Tu corazón ansía otro camino, otro camino apartado de lo predecible y lo heroicamente correcto. Tú pondrías por encima de cualquier cosa el hecho de que se te permitiese llorarlo y sepultarlo con tus propias manos; el resto es mentira, el resto es diplomacia” [2].

Finalmente, nos referiremos a los símbolos encontrados en la figura histórica. De no menos relevancia resulta el hecho de que Carlos Manuel ostentaba, cuando se alzó en armas, el grado más alto de la escala jerárquica de la masonería del Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA), serie de logias que se sustentaban sobre “todo un sistema ideológico elaborado por un hombre de vasta cultura política (Vicente Antonio de Castro) que propugnaba abiertamente en sus liturgias la independencia absoluta del poder colonial” [3] (p. 97). Esto fortalece la idea ya defendida al inicio de estas palabras.

Es útil también conocer que Céspedes inició las luchas independentistas postrado a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre, matrona de todos los cubanos. Por otro lado, no escapó a la inteligencia de José Martí el respeto cespedista a la ley, pues entendió (y parafraseo) que quien llegó a ser primero en la guerra fue, por lo demás, el primero en el respeto a la ley; fundador, a juicio de Rafael Acosta de Arriba, de nuestra tradición civilista.

Así, con una imagen de la virgen en el pecho, tolerante ante los cultos de sus exesclavos (les permite que toquen la tumba francesa), masón, liberal, abolicionista y aristócrata de refinadísimos modales, el bayamés muestra una convergencia única de símbolos forjadores que fecundan la historia de Cuba. De la misma Cuba que, personificada en la tumba de aquel, le agradece y extiende al busto marmóreo, una hoja de laurel [4].

[1] “Estamos hablando de un hombre que desde 1851 estuvo pensando en un levantamiento armado contra España, y que en 1885 diseñó la toma de Bayamo y Manzanillo por medio de una insurrección” (p. 24).

Acosta de Arriba, R. (2018). Carlos Manuel de Céspedes revisitado, en vísperas de su bicentenario. Honda 52 (enero-abril, 2018), pp. 17–27.

[2] Traba, E. (2018). El camino de la desobediencia. La Habana: Ediciones Boloña.

[3] Acosta de Arriba, R. (2018). Los silencios quebrados de San Lorenzo. La Habana: Casa Editorial Abril.

[4] Se refiere a la escultura de la tumba de Carlos Manuel de Céspedes, en el Cementerio de Santa Ifigenia.

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • bayamés dijo:

    Porque simplemente ha sido el MÁS GRANDE DE TODOS LOS CUBANOS.
    Fue el primero!!

  • Miguel Angel Mapa dijo:

    Yo no sabia q sus restos estaban en santa ifiginua. Fui buscando el mausoleo de Martí, llevaba muchas flores para el maestro pero de pronto me encontré con su tumba con la de la madre de la patria y tantos otros que me sentí pisando tierra sagrada y comparti las flores entre todos y las lagrimas también.
    El 18 de Abril debería ser un dia sagrado feriado festivo en Cuba y sin embargo casi nadie sabe que nuestro padre nació ese día. Ahora mas que nunca deberiamos acercarnos mas y nutrirnos mas de sus ejemplos valores y celebrar el orgullo de tenerlos en nuestra historia y patria

  • Manuel Ernesto dijo:

    Como Cespediano convencido puedo decir que es muy esclarecedor y hermoso artículo, por suerte estamos corrigiendo muchos sucesos de nuestra historia que se han tergiversado y hasta manipulado para complacencia de muchos que eran eso, verdaderamente manipuladores y no repararon en la grandeza de los hombres para disminuirlos. No debemos temerle a la historia, ella es como fue y no lo que hubiéramos querido.
    En mi opinión Cuba a tenido tres grandes figuras que han sobresalido por entre las demás, Céspedes, Martí y Fidel, por la claridad de su pensamiento, en su momento tuvieron la claridad meridiana de lo que había que hacer, lástima que las dos primeras fueron muchas veces incomprendidas y no se materializaron sus ideas que dieron al traste con sus proyectos independistas, fue Fidel para suerte nuestra quien logro la unidad del pueblo cubano que es la que nos mantiene hasta hoy con nuestra soberanía y nuestro proyecto socialista.
    Si quisiera corregirle algo, en lo cual me parece que hay un error tal vez involuntario: “Estamos hablando de un hombre que desde 1851 estuvo pensando en un levantamiento armado contra España, y que en 1885 (no puede ser ese el año, será 1855) diseñó la toma de Bayamo y Manzanillo por medio de una insurrección” (p. 24).

    • Alejandro Gavilanes dijo:

      Manuel Ernesto, muchas gracias por sus palabras. Con respecto al error que comenta, le aseguro fue un desliz mecanográfico. En efecto, el año correcto es 1855, no 1885 como dice en la nota al pie.

  • Delio Orozco González dijo:

    Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y del Castillo, es el Padre de la Patria no por el sacrificio impar de inmolar a su hijo Amado Oscar en la hoguera de la guerra y el honor; sino, por el acto cuasi divino de partear una nación en Demajagua y convertir en hombres a los cubanos porque los enseña a ser libres, sacrificando para ello comodidades, fama, vida muelle y su propia existencia.

    Esa es, en mi opinión, la razón cumbre que entrega al Padrazo Carlos Manuel dicha paternidad.

    • Alejandro Gavilanes dijo:

      Delio, totalmente de acuerdo con usted. De echo, es esa la idea que intento defender a lo largo del artículo: Carlos Manuel de Céspedes se merece ser (y es) el Padre de la Patria más allá de las razones que comunmente se refieren. Él fue el iniciador, el primer mambí, el primer ciudadano. Él pensó, ideó una república. Ya lo decía Martí, y ahora parafraseo, Céspedes asistió en lo interior de su mente al misterio divino del surgimiento de un pueblo.

  • MdF dijo:

    Si desgarrar el fino velo de lo conveniente se hace hábito, se reescribirá la historia de Cuba y conoceremos a nuestros proceres como a verdaderos seres humanos, seres que se alzan con sus defectos o por encima de ellos. Tanta cera y tanto lustre sobre los hechos históricos hacen la historia distante y ajena, insípida y monótona. Gracias por abordar el tema de manera tan comprometida con la verdad

    • Alejandro Gavilanes dijo:

      De eso se trata. Eusebio Leal usualmente recuerda que la historia fue como fue, y no como se quiere que haya sido. Si sopesamos los erroes de esos hombres del pasado y sabemos explicarlos a la luz de sus circustancias, le haremos un bien a la historia de la nación, le haremos un bien a Cuba. Lo que diferencia a los héroes de carne y hueso de aquellos de los cómics y filmes hollywoodenses, es, precisamente, su condición de humanos que arrastran con errores, y llegan a donde llegan por el esfuerzo y el sacrificio, no por una predisposición divina o del destino.

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Alejandro Gavilanes

Estudiante de Periodismo en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas/twitter: @agavilanes97

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