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Núñez Jiménez, el amigo que sigue navegando

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En sus repercusiones y su significado, el viaje aún no ha terminado. Foto: Archivo CD.

“¿Qué es en definitiva el Caribe? ¿Cuál es su identidad cultural? ¿Cómo se resolverá con el tiempo su amalgama de etnias y civilizaciones tan disímiles?”. Aun cuando vivía los avatares diarios de la aventura que le llevó durante meses de la Amazonía a la isla de San Salvador, en condiciones no siempre ideales, Antonio Núñez Jiménez mantenía el perenne cuestionamiento, parte de un punto de vista científico que integraba áreas de conocimiento diversas y un espíritu que nucleaba a personas de países y campos del saber diferentes.

El 28 de junio de 1988 lloviznaba mientras la canoa Hatuey entraba al abrigo de la bahía habanera, más de un año después de que comenzara en la capital cubana la aventura en que Antonio Núñez Jiménez tuvo el concurso de cientos de hombres y mujeres, a lo largo de 17 422 kilómetros por veinte países de Suramérica y el Caribe. En apariencia, se cerraba aquel capítulo científico en el que había mucho de poético.

Pero en sus repercusiones, en el eco permanente del sueño y la pasión que lo alentaron, en la vocación latinoamericanista y caribeña de su trazado, en las cuestiones que planteó -geográficas, históricas, ecológicas, culturales, políticas-, aquel viaje no acaba aún.

Por estos días también llueve en La Habana. El simposio internacional “En canoa hacia una cultura de la naturaleza” ha conmemorado la expedición En canoa del Amazonas al Caribe, a 30 años de que la Hatuey entrara a la ciudad cuando “se cumplían 489 días de nuestra partida inicial de la capital de Cuba”, como escribiera Núñez Jiménez.

El Dr. Ángel Graña, que acompañó al destacado geógrafo e intelectual cubano desde 1964 y remaba junto a él en la canoa Simón Bolívar cuando alcanzaron la isla de Chacachacare, un hito histórico en la expedición, confesó que “ha sido una fiesta de realidad. Aquí nos hemos encontrado con expedicionarios que hace 30 años no veíamos. Nos despedimos en la selva del Amazonas y nos volvemos a encontrar hoy en La Habana”.

Liliana Núñez Velis junto a los expedicionarios que participaron en el simposio. Foto: Claudia Camps.

Vuelve Núñez Jiménez a nuclear saberes y personas, voluntades y diálogo científico. Porque en el encuentro, celebrado en el Museo de Bellas Artes, se habló de antropología, lingüística, estudios genéticos, historia precolombina del Caribe, transculturación, turismo sostenible, espeleología, interconexión caribeña, la Amazonía, conservación de la cultura indígena, cambio climático y contaminación…

Eusebio Leal recibió años atrás como regalo uno de los remos -aún impregnado de sal, el primero que regaló el geógrafo- de los utilizados en la expedición. Más tarde lo donó al Museo Antonio Núñez Jiménez, constituido en 2015. En la inauguración del simposio, recordó el “sentimiento de alegría ante la vida” que era una característica del científico; también su “voluntad férrea”, su “capacidad de soñar y crear, de tener sueños cada vez mayores”. Era “un hombre libre, un amigo que sigue navegando todavía”.

“Me faltaría un poco de tiempo”, contó Leal que le dijo Núñez Jiménez “la última vez que nos vimos en el reino de este mundo”.

A sus 17, en 1940, fundó la Sociedad Espeleológica de Cuba, pero ya organizaba expediciones desde antes. A los 71, en 1994, creó la Fundación del Hombre y la Naturaleza. Entre ambas fechas, y después, su vida fue intensa: transcurrió en el Ejército Rebelde y los días al frente de la Reforma Agraria; en la Amazonía y el Caribe, el Polo Norte y la Antártida, los Andes, las Galápagos y cavernas de Cuba. Fue diplomático y parlamentario, viceministro, presidente de la Academia de Ciencias, la Comisión Nacional de Monumentos, la Sociedad Cubana de Geografía…

Núñez Jiménez vivió y escribió la historia, la aventura en la naturaleza y el conocimiento. En él se reúnen el explorador y el cronista insertado en una tradición secular en esta parte del mundo desde que se hizo “Nuevo”: contar lo que se vive y se observa, sin dejar nunca de buscar sus razones más profundas; compartirlo en forma de diario o libro, con el espíritu de comprender y explicar.

Liliana Núñez Velis, presidenta de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre (FANJ), recuerda que en los dos últimos años de su vida su padre, aun enfermo, “estaba organizando una expedición a la Isla de la Juventud. Mi mamá, que fue su compañera durante tantos años, sufría la angustia de que él no hubiera podido hacer esa expedición. Eusebio la calmó, le dijo ‘Lupe, si hubiera hecho esa expedición, cuando regresara iba a querer hacer otra’. Él nunca iba a parar. Las expediciones que dejó de hacer hubieran sido infinitas, porque siempre tenía algo en mente. Yo creo que la gran expedición de Núñez Jiménez estaba en su propia creatividad. La gran epopeya de él ocurría en su mente, y en la habilidad de llevarla a la práctica”.

En canoa del Amazonas al Caribe fue posible gracias a muchas voluntades. Participaron más de 400 científicos, artistas, técnicos, tripulantes. De las cinco canoas usadas -construidas por indígenas a la usanza de sus ancestros-, dos se conservan en Cuba (una de ellas, la Hatuey, en la sede habanera de la FANJ), y otras dos en Brasil y República Dominicana.

Por estos días Liliana y varios de los colaboradores de Núñez Jiménez mencionaron la “canoa invisible”. “Hay una canoa, como en toda empresa que logra el éxito, que es como un detrás de la escena, lo que la mayoría de la gente no ve. La gente ve un viaje triunfante, pero no sabe lo que pasó detrás de eso, lo que se estaba haciendo, lo que sucedió dos o tres años antes y lo que sucedía paralelamente a la expedición: Lupe por teléfono desde La Habana coordinando todo para afrontar los avatares y tropiezos que tenían. Por eso hablo de la canoa invisible, una canoa que no se ve”, dice.

Al relatar aquel arribo a La Habana en junio de 1988, Núñez Jiménez menciona entre quienes le esperaban en el muelle a Lupe, “mi compañera, quien había servido eficientemente junto a Glandstone Oliva en la retaguardia logística de la expedición”.

“Fue una gran obra, un gran esfuerzo de Núñez, una gran clase para todos. Todos aprendimos allí, vimos cómo la selva amazónica sufre la devastación, cómo viven las comunidades indígenas… Para mí fue una gran enseñanza, estar con Núñez en aquel contexto se sentía como estar con un maestro que constantemente te enseñaba”, cuenta Graña, vicepresidente de la FANJ.

Los expedicionarios cruzaron los Andes Orientales de Ecuador, se embarcaron en el poblado de Misahuallí y navegaron por el río Napo hasta llegar al Amazonas, continuaron por otras corrientes fluviales y a pie hasta llegar al Orinoco para salir al Atlántico y seguir el arco de las Antillas. Tormentas nocturnas, la pérdida de la canoa Simón Bolívar y la parcial de la Hatuey -quedó a la deriva en un temporal y flotó más de 300 km. desde las cercanías de Nevis para reaparecer en Vieques-, un terremoto y sus réplicas, el encuentro una noche con un submarino estadounidense, la negativa de visados para Puerto Rico, crecidas de ríos, enfermedades, estuvieron entre sus experiencias.

Para que tantos se embarcaran en la expedición, además de lo atractivo de sus presupuestos conceptuales y sus objetivos (uno de ellos replicar cómo pudo ser el viaje de tribus prehistóricas desde Suramérica para colonizar el Caribe, y cómo los elementos naturales, las corrientes marinas, contribuyeron en ello), el prestigio y la capacidad aglutinadora de Núñez Jiménez fueron esenciales.

Con voluntades, vocación y científicos latinoamericanos y caribeños, en medio del debate que suscitaba la cercanía de 1992 y el Quinto Centenario, la expedición fue una original y audaz confirmación para quienes recordaban que hubo en esta parte del mundo muchos encuentros antes de aquel de 1492.

“Creo que lo que posibilitó que lo acompañaran tantas personas y colaboradores -reflexiona Liliana- fue su actitud ante la vida de no juzgar a un ser humano. Él no juzgaba. El filtro de él -y eso se ve en este simposio, la gente que está aquí es gente muy comprometida, muy apasionada por su trabajo- apuntaba a cuestiones éticas. Aborrecía dos cosas: la vagancia y una persona que se quejara. Partiendo de ahí, abría su corazón y su mente, sus puertas, a cualquier persona, incluso de ideología diferente”.

El legado del incansable geógrafo cubano está en sus diarios y libros, en la memoria de quienes estuvieron cerca de él, en hazañas individuales y colectivas como la expedición entre 1987 y 1988 y en la fundación que creó en 1994 para “mantener unidas, en un único espacio físico, todas sus colecciones, pinacoteca, archivos, fotos, libros, e ir reuniendo un grupo de jóvenes que llevaran todas esas ideas de protección de la naturaleza a la práctica”, explica Liliana.

Al respecto, Graña señala que “hasta ahora fue la historia de la expedición; ahora es hacer ejecutiva toda la expedición, seguir desarrollando jóvenes y seguir trabajando por la preservación de la Amazonía y el Caribe. Lo más importante es que los jóvenes, los que hace más de 30 años ni se imaginaban que iban a trabajar en la Fundación, han recogido el deseo de trabajar, de desarrollar la investigación de Núñez Jiménez”.

Comento a Liliana mi impresión de que no conocemos lo suficiente el legado de Núñez Jiménez, comenzando por todo lo que sobre Cuba y el Caribe estudió y develó. Ella concuerda: “Una vez me dijo, y fue suficiente que me lo dijera una vez, ‘ustedes mis hijas entenderán de quién lo son el día que lean mi obra’. No era un regaño, lo dijo con mucha confianza y certeza de que iba a ser así. Y es cierto, yo veía al hombre que estaba dentro de la casa, no veía al hombre que tenía esa gran proyección fuera. Luego he tenido la suerte de profundizar un poco más por el trabajo que hago. Creo que es un hombre que tiene muchas aristas y dimensiones y que falta mucho por estudiar”.

Antonio Núñez Jiménez. Foto: Archivo CD.

Se han publicado 7 comentarios



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  • Klo dijo:

    Hubiera querido ser parte de esa expedición, lástima que sucedió cuando aun era muy pequeño. Gran hombre Nuñez Jiménez y osados sus compañeros. Gracias.

  • raulito tamayo dijo:

    Nuñez Jimenez es basto conocido en cuba y parte del mundo entero,gracias a sus investigaciones conocemos mejor de nuestros ancestros y su forma de vida,ademas fiel seguidor de fidel y combatiente del ejercito rebelde

  • JRM dijo:

    debería reeditarse la hazaña en homenaje a ese gran hombre

  • garcia dijo:

    el Robinson Crusoe Cubano de nuestros tiempos .Gran Hombre

  • Sed dijo:

    Esta extraordinaria hazaña del ilustre Núñez Jiménez, ¨el amigo que sigue navegando¨. Debieran estudiarlas en sus detalles por su dimensión las nueva y futuras generaciones y como dijo Leal en un momento , ‘Lupe, si hubiera hecho esa expedición, cuando regresara iba a querer hacer otra¨ , y digo que hoy sigue en expedición en las amazonas al caribe y el mundo trasladando las ideas y principios de nuestro Fidel donde él fue fiel exponente de sus virtudes y ejemplo ante nuestro histórico pueblo.
    Me gustaría conocer quiénes fueron además del Doctor Graña, los que acompañaron a Doctor Núñez Jiménez como tripulantes en la expedición .
    Veo que Liliana continua acompañándolo en sus principios y sus ideas en la fundación .
    Correcto y formativo el artículo del periodista Deny.

  • senelio ceballos dijo:

    Gracias Lic.DENY!!!…Fue un gran cubano de su ERA, lo conoci personalmente, cuando vino al Inst. Alvaro Reynoso…PARA organizar un grupo de estudiantes para investigaciones del Sistema de cuevas BELLAMAR…para posbilidades de crear el ellas crias de hongos SAN PINNON para los hotels de VARADERO……EPD-gran capitan!!

  • Elio R. García dijo:

    Los Estudios Cinematográficos de la TV Cubana realizaron un documental cinematográfico que recoge el viaje, que supongo se conserve en bóveda. La película tiene muchos factores que pueden hacer se destruya lentamente. Si ese material todavía existe y hay la voluntad, debería transferirse, si no se ha hecho aún, al formato digital, que si hay daños lo recogerá, pero en virtud de su importancia bien valdría la pena transferirlo, a tiempo, antes que el idem acabe por desvanecerlo. Y sobre todo para, si no parece una exageración para algunos, cada año en este fecha recordar una epopeya como fue Del Amazonas al Caribe. Eso propongo.

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Deny Extremera San Martín

Deny Extremera San Martín

Periodista de Cubadebate. Ha trabajado en Radio Reloj, Casa de las Américas y otras instituciones y proyectos periodísticos.

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