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Almeida: “En aras de salvar la vida, bien vale la pena ese sacrificio”

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Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque. Foto: Archivo

Había puesto a prueba todas las fuerzas del pueblo cubano y no podía ser ignorado. Almeida, el Comandante de la Revolución, el hombre vivaz, sensible, lo sabía, y no dudó en empeñarse en revelarlos. Tenía que quedar para los protagonistas como espejo, y para los que vinieron detrás como ejemplo de lo que puede lograrse cuando pueblo y líderes se unen.

Allí, ante él, estaba Flora: el ciclón terrible que pasaría a la historia de Cuba. Y allí estaba también la oportunidad de contar, en un viaje en el tiempo, la incertidumbre y la grandeza de esos días.

Justo este 11 de septiembre, a ocho años de la desaparición física de Juan Almeida Bosque (La Habana, 17 de febrero de 1927-11 de septiembre del 2009), y en circunstancias en las que el huracán Irma nos recuerda los días tristes y valerosos del ciclón Flora; Cubadebate desea compartir con sus lectores fragmentos del libro Contra el agua y el viento, de la autoría de Almeida; testimonio que es además Premio Casa de las Américas 1985. En estos fragmentos se recuerda la esencia del surgimiento del actual sistema de Defensa Civil, ese que hoy garantiza en situaciones excepcionales, la seguridad del pueblo.

«Ante la información dada por la planta de radio de un aficionado acerca de un posible accidente sufrido por Fidel en Bayamo, en la zona de las operaciones a causa de los desastres causados por el ciclón hablé con Raúl. Ya él había analizado con los ingenieros cómo, desde dónde y cuándo realizar el rescate de los helicópteros. Todo estaba previsto para salir tan pronto se calmaran los vientos o, de continuar estos, llevar los equipos hasta donde se pudiera llegar por tierra…».

«A las primeras noticias del Observatorio Nacional sobre una perturbación ciclónica peligrosa para Cuba, el pueblo se moviliza para tomar las medidas orientadas. Compran puntillas y clavos de todos los tamaños, madera para apuntalar, fijan los tanques de agua, aseguran puertas y ventanas, buscan papel engomado para los cristales, se preparan vasijas para reservar agua potable, se compra leche, chocolate, mantequilla, pan, galletas, velas, fósforos…».

«Después, según aumentan las rachas de los vientos, se toman más y más medidas… En el estado de alerta ante la proximidad de un ciclón es cuando hay que hacerlo todo: es el momento de la evacuación de todo… Ahí es donde se gana tiempo y la vida. Los que viven en los lugares bajos van a los altos, y si así lo hacen reducen al mínimo sus riesgos».

«Pero hay algo real: A las gentes no les gusta salir de sus casas, de sus sitios, prefieren las limitaciones de donde estén, y es natural que así sea… En los lugares hacia donde serían movilizados se encuentran los inconvenientes del hacinamiento en los campamentos o en los lugares altos y seguros; pero en aras de salvar la vida, bien vale la pena ese sacrificio».

«Si hay un alambre que casualmente quedó en el exterior y al vibrar suena como un diapasón, todos se erizan en la casa, se miran como si hubiera quedado un intersticio abierto y por allí pudiera entrar el aire enemigo. Hasta que alguien dice:
–Es el alambre suelto batido por el viento.

Y vuelve la tranquilidad».

***
(Refiriéndose a Fidel): «Él fue quien inició esta lucha, el guía de los momentos difíciles de la campaña en la Sierra, el primero en el peligro, el que siempre ha sabido conducirnos de victoria en victoria».
Inundaciones ocasionadas por el ciclón Flora. Foto: Archivo

«Llegamos a Camagüey. Aquí en el aeropuerto se han registrado vientos de hasta 160 km por hora, y durante dos días el viento y las lluvias han mantenido la misma intensidad. Los dos ríos que atraviesan la ciudad se han desbordado, inundándolo todo. No lejos de aquí, en el central Elia, la situación se reporta desesperada. Nos informan que en Holguín continúan los vientos fuertes y los aguaceros torrenciales, y según las últimas noticias los ríos siguen creciendo y toda la zona del Cauto está bajo los efectos de una de las peores inundaciones del siglo».

«Cuando empezamos a entrar en la zona del desastre, me avisan que vaya a la cabina… Siento un peso en los hombros y un vacío en el estómago, porque lo que vemos a través de los cristales de la cabina es anonadante… El infierno que Dante no hubiera imaginado y que no lo hubiera podido describir con tanto horror, algo capaz de helar la sangre».

«Una terrible pesadilla: una masa de agua carmelitosa en kilómetros y kilómetros cuadrados, sin que se le pueda ver el fin; cientos de objetos que sobresalen… Avanzan los objetos extraños y los conocidos, arrastrados por la corriente… también se ven cuerpos humanos, infortunados que no encontraron nada salvador a su alcance, nada a qué aferrarse».

«Sobre casas de mampostería de plantas altas, hay mujeres, hombres, niños, que han llegado a esos lugares buscando altura como refugio… Más adelante vemos vehículos, caravanas de camiones, tractores con carretas, todo cuanto puede prestar ayuda ante obstáculos insalvables».

«El hombre y todo ser viviente es nada ante tamaño furor de la naturaleza; es como si esta se hubiera propuesto reponer a la tierra el agua extraída de su manto durante decenios».

«Por todas partes la actividad es intensísima, febril (…) Cuando llegó el huracán, ya el Ejército Rebelde se encontraba en la zona, de uno a dos hombres en las fincas intervenidas, cumpliendo la misión de asegurar que se ejecute la segunda Ley de Reforma Agraria. Ahora estos soldados se han unido al esfuerzo de todo el pueblo afectado por el ciclón, y juntos libran esta batalla contra la naturaleza».

«Y ahora que las leyes revolucionarias habían dado dignidad y tierra a los campesinos, viene la violencia de la naturaleza y le arrebata a su familia».

«El 22 de ese mismo mes de octubre, Fidel compareció en la televisión para informar al pueblo sobre los estragos causados por el huracán Flora. Como siempre, no se limitó a informar, sino que propuso soluciones para evitar que el desastre se repitiera:

«Ya haremos algo más para compensar las pérdidas y ayudar a las familias. Libraremos una verdadera batalla con la naturaleza, protegeremos al país de estas miserias y dolores, y convertiremos lo que hoy es centro de desolación, devastación y de muerte en centro de incalculables riquezas para el país. Desde luego que el país entero recibirá los beneficios. Esa debe ser nuestra respuesta. Una respuesta digna.

Implicaría la construcción –desde luego también la terminación de algunas ya empezadas– de las siguientes represas: Gilbert, en el Cauto; Paso Malo, en Yara; Las Mercedes, en Jibacoa; El Mate, en Contramaestre; San Miguel, en el río Buey; Dos Ríos, en el Cauto Contramaestre; …, así como saneamiento en la zona baja del Cauto; diques, desecaciones, canales… y otras obras más. En fin: lo que nosotros planteamos es represar todos los ríos…y no volverá a haber inundaciones. Cuando llueva mucho en vez de ocurrir una desgracia para el país, será una suerte para el país, porque entonces llenaremos todas las represas y tendremos agua abundante, una agricultura segura, sobre la base del regadío.

«Y este plan trazado por Fidel para luchar contra las fuerzas dañinas de la naturaleza, se cumple a cabalidad».

(Tomado de Granma)

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  • Adrián dijo:

    Y lo que dijo Fidel entonces se cumplió. Esas presas existen hoy y han permitido que nunca más se repita un Flora. Además de toda la experiencia ganada.
    Lei el libro de Almeida sobre esos hechos. Admirable.

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