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Más que rumba en un callejón

Por: Lys Máriam Alfonso, Milene Medina, Nailet Rojas, Rosainne Suárez
En este artículo: Cuba, Cultura, Matanzas, Religión, Tradición
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Foto: Cortesía de los autores.

Foto: Cortesía de los autoras.

A orillas del río San Juan, cuando termina la yumurina Calzada de Tirry, cerca del abandonado ferrocarril matancero, encontramos Pueblo Nuevo, uno de los sitios más antiguos de la Atenas de Cuba, donde aún retumban los ecos de aquellos tambores que, bajo los toques de Saldigueras y Gallito, convirtieron este lugar en cuna de la rumba y la religión afrocubanas.

Allí convergen perfectamente el arte refinado con el más puro folklore, se mezclan lo blanco y lo negro, la historia y la leyenda, para formar ese rico ajiaco que distingue a un pueblo que nace y se renueva de las cenizas de su pasado.

Como un oasis en medio del olvidado barrio, se presenta para nativos y foráneos el Callejón de las Tradiciones, un proyecto comunitario que desde 2009 ha transformado la realidad de una de las zonas más marginales de Matanzas.

Cuando las raíces afrocubanas parecían languidecer, Yoelkis Torres idealizó un proyecto que permitiría rescatar los valores culturales de la Ciudad de los Puentes. La tarea no fue fácil, pero las adversidades no lograron amilanar el ímpetu de este joven que se propuso devolver a su pueblo las costumbres que lo han identificado a lo largo de los años.

Conozca el Callejón en 90 segundos

Secretos de un callejón

Allí, envuelto en el humo de un tabaco y ojeando, como de costumbre, el Granma, él contempla con orgullo su callejón, ese que le devolvió las ganas de seguir haciendo y ser útil a sus 72 años de edad.

Héctor Rodríguez es su nombre, aunque el cariño de los vecinos lo ha bautizado como el Pepe del barrio. Hoy es el profesor de Yoga y Tai Chi de los niños y ayuda a los ancianos a luchar contra enfermedades como el Alzheimer.

Pero el Pepe que pasea por esas calles no es el mismo, pues antes que el Callejón llegara a su puerta, vivía como todo un ermitaño. Un desabrido “buenos días” era toda la comunicación que mantenía con sus vecinos, los mismos con los que hoy ríe, baila, canta y toma café.

Escuche los testimonios sobre Pepe

“Enseño ejercicios de combinación mente-cuerpo, masajes en los puntos energéticos, yoga y muchos otros que contribuyen al bienestar emocional y al mejoramiento de la salud. Estoy satisfecho con lo que hago porque ayudo a las personas y esto me enriquece espiritualmente”, nos cuenta aquella voz arrugada por los años.

El nuevo ambiente del Callejón devolvió las esperanzas al hombre que, como los caracoles que predicen el destino, se resguardó en la vieja casa sin más compañía que sus recuerdos.

Creía que con la jubilación había llegado también la imposibilidad de sentirse útil, pero no imaginaba que al borde de las siete décadas, la vida aún le deparaba sorpresas. Yoelkis recuerda el día en que le propuso enrolarse en esta aventura y hoy afirma con orgullo que Pepe es el logro espiritual del proyecto.

En video, declaraciones de Pepe

A solo unas casas del anciano, con su traje tradicional, llena de collares de religión y caminando con la singularidad propia de una neopoblina, vive la negra Juana, quien ya no desprende aquel olor a alcohol que antes la acompañaba, ni se le escucha pelear a gritos en la calle con ningún vecino.

Tampoco deja pasar de lado la vida, y sentada en cualquier andén, con el peso de los años sobre su espalda, Juana ahora se siente útil, feliz por eso: es la madrina del barrio y quienes la conocen saben que las cosas realmente cambiaron para ella.

Por eso no nos sorprende ver lágrimas en sus ojos cuando habla del proyecto, y se dice orgullosa de él, e incluso, pide que cuando muera sea velada aquí, acompañada de la buena rumba y entre su gente.

“A Juana la rescatamos, la sacamos de la sombra del alcoholismo y le hicimos recobrar su orgullo, a la vez que restaurábamos el orgullo del barrio”, nos dice Yoelkis. “Ella se sabe útil, y digo más, es imprescindible. Ya la gente no le da de lado, ahora todos agradecen la bendición de esta hija de Oshún”, concluye.

Juana tiene su forma, no es una intelectual ni conoce palabras bonitas, pero hay que oír con qué sentimientos defiende sus raíces. No hay vecino que se niegue a un pedido de esta mujer que vela por su pedacito de calle como si fuese un hijo pequeño. “Estoy muy orgullosa con lo que se ha logrado, esta es mi vida”, nos confiesa emocionada.

En video, declaraciones de Juana

El Callejón ha significado, además, un nuevo comienzo para los más jóvenes de la comunidad. Es así como nos llega la historia de Yunior, el pequeño violinista, que con su talento deslumbró a un jurado que le abrió las puertas de la escuela de música.

Mientras unos aplaudían su arte, otros se burlaban de su destreza con el instrumento, tildándolo de homosexual. Fueron estos los complejos que lo hicieron abandonar el futuro promisorio de este adolescente que de a poco fue adentrándose en el mundo de la delincuencia, e incluso, en las drogas.

Para reafirmar su condición de hombre, Yunior se dejó llevar por las influencias de las malas compañías de este barrio, en el que un gran porciento presenta antecedentes penales y donde la marginalidad corrompe a la mayoría de los jóvenes.

La iniciativa sociocultural logró incorporarlo nuevamente a la música. En un inicio tuvo dudas, pero hoy se siente parte de esta gran familia. El Callejón le devolvió la confianza. Yunior volvió a tocar el violín.

Génesis y promesas del Callejón

Hasta el año 2009, el ahora afamado barrio de Pueblo Nuevo, era conocido por ser el vertedero de la comunidad. La zona a orillas del río San Juan era la más afectada por la insalubridad, las enfermedades por vectores y la contaminación por las aguas albañales.

En un diagnóstico realizado se detectó que más de la mitad de los hombres tenían problemas legales, una parte de las mujeres estaban desempleadas y eran violentadas por sus parejas, existían altos índices de suicidios, y algunos jóvenes se desvinculaban de los estudios para iniciarse en las drogas, la prostitución o la delincuencia.

Preocupados con la situación, un grupo de personas encabezadas por Yoelkis Torres, concibieron la idea de crear un proyecto que incluyera a toda la comunidad y de esta forma transformara la realidad de aquella barriada.

La rumba fue la excusa que cada sábado movilizaba a los vecinos y poco a poco se convirtió en rutina para los que aman bailar al ritmo de los tambores. Se lograba de esta forma, el rescate de las tradiciones y el fortalecimiento de los lazos entre los lugareños. Las manifestaciones músico-danzarias han vinculado a diferentes grupos etáreos.

“Se comenzó tocando rumba y luego la gente empezó a sumarse a la iniciativa y le cogió cariño a este proyecto que en sus inicios era un sueño y hoy es una realidad”, nos cuenta Yoelkis, Coordinador General del Callejón de las Tradiciones.

Escuche las declaraciones del Coordinador del proyecto

Esta idea ha logrado crear elementos para la recirculación de símbolos culturales afro y caribeños presentes en cada uno de dicho barrio y ha contribuido al fortalecimiento de la identidad de sus pobladores, reafirmando las creencias que, inevitablemente, han pasado a formar parte de la cultura matancera.

El sentido de pertenencia de los neopoblinos se ha reafirmado cada vez más, pues ven en este callejón el resultado de su dedicación y entrega. Son muchas las opiniones en torno a cuánto ha significado esta idea para la vida de los vecinos del lugar.

Los logros pueden evidenciarse en las transformaciones medioambientales, en la salud, la educación, la cultura, la disminución de los problemas sociales y el incremento de la participación comunitaria para generar cambios en los modos de vida de los hombres y mujeres del barrio.

Intenta además, capturar en espacios públicos la identidad colectiva para defender, revitalizar y representar los valores patrimoniales adquiridos tras el paso de más de cuatro siglos de la presencia africana en el territorio.

El trabajo con los niños es uno de los mecanismos utilizados por el proyecto para influir en la comunidad, responsabilidad que recae sobre Pedro Luis González, especialista de proyecto, quien motiva a los más pequeños a incursionar en distintas manifestaciones del arte.

“A los niños les enseño todo lo que puedo: danza, teatro, música, narración oral, a cuidar el medio ambiente y otras”, enfatizó Pedro. “Ellos son felices, aprenden, cuidan el callejón y se identifican con el proyecto tanto como los adultos”, añadió.

Los Talleres de Género, clases de idiomas, manualidades y otros cursos de superación constituyen estrategias claves para lograr la equidad entre hombres y mujeres y cumplir así con uno de los principales objetivos propuestos por la iniciativa.

Las intenciones han trascendido la religiosidad y se extienden hacia diversas ramas del ámbito cultural y social. El Callejón de las Tradiciones pertenece a un propósito de integración mayor, Afroatenas, que encierra todo lo relacionado con el rescate de la cultura descendiente del continente africano.

Emilio O´Farril, Coordinador General de dicho proyecto comenta en qué medida estas iniciativas han abierto las puertas a todo aquel que se interese por las artes plásticas en sentido general, y cómo ha desaparecido el prejuicio de identificar a la religión afrocubana de forma marginal y como un aspecto propio de determinado grupo etáreo.

“Partimos de las raíces que nos identifican pero vamos más allá de lo afrocubano, enseñamos sobre la religión cristiana mediante el estudio de la Biblia y organizamos visitas a museos y galerías, posibilitando un acercamiento al arte universal para que la gente nos vea como una vía de aprendizaje”, aclara Emilio.

Como parte del proyecto integracionista, y al pie del Callejón, radica el edificio Villanueva, centro de gestión para la cultura popular-tradicional, el trabajo comunitario y el desarrollo endógeno del barrio Pueblo Nuevo, el cual fue renovado hace solo seis meses luego de 14 años en ruinas.

Aquí convergen actualmente una serie de espacios con un fin social: barbería-peluquería, biblioteca, aulas de superación, taberna y galería. Esta edificación es considerada, además, como la segunda Oficina del Conservador de la Ciudad de Matanzas.

Lo que comenzó como una iniciativa encaminada a recuperar las raíces afrocubanas, ha alcanzado una dimensión y reconocimiento social reveladores, al convertirse en un proyecto extensionista y transformador de la vida de quienes habitan el añejo Pueblo Nuevo.

Los oriundos del lugar y los que vienen en condición de visitantes, disfrutan siendo partícipes de un proceso sociocultural que asume el reto de mantener vivas la idiosincrasia y las costumbres, no solo de un barrio, sino de toda una ciudad.

El Callejón de las Tradiciones propone estrategias encaminadas a fomentar el desarrollo cultural de viejas y nuevas generaciones, propiciando impulsos económicos y sociales para la comunidad, que revelan a Pueblo Nuevo como cuna de las tradiciones, el folklore y la cubanía. Se convirtió, de esta forma, en el espacio idóneo para dar sentido a la vida de personas como Pepe o Juana.

Se han publicado 1 comentarios



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  • Henry. dijo:

    No caben dudas de que matanzas sigue siendo La Atenas de Cuba. Exciste hoy un gran plan maestro para celebrar los 325 años de la fundacion de esta hermosa ciudad

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Lys Máriam Alfonso

Estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

Milene Medina

Estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

Nailet Rojas

Estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

Rosainne Suárez

Estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

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