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Con los mismos lápices

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A propósito del  cumpleaños 50 de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes.

Por Lic. Yosvany A. Montano Garrido *

Una historia de militancia de izquierda en defensa de los intereses de las clases populares hizo posible la cristalización del movimiento estudiantil latinoamericano. Los símbolos jóvenes que emergieron de la batalla contra los gobiernos proimperialistas y dictatoriales, favorecieron entre otros aspectos el desarrollo de una pluralidad de organizaciones que han desempeñado un rol determinante en el escenario político de nuestros países.

El Manifiesto Liminar de 1918 sembró la semilla de la vocación social del estudiantado y posibilitó el posicionamiento decisivo de este sector durante el siglo XX. La lucha iniciada en el sur de América contra un sistema anacrónico de enseñanza que contribuía a la reproducción de los valores de las clases dominantes, sería solo el prólogo de la participación del estudiantado en el destino político de la región. Del combate por la educación emergió la posibilidad de ir más lejos, de tocar el tejido espiritual de los pueblos, de sumar y convocar hacia la emancipación de nuestras naciones.

La plataforma de lucha ha cambiado en los últimos años. Las políticas neoliberales aplicadas en nuestros pueblos han sembrado frustración, desconfianza y confusión, y en un terreno abonado por la rivalidad existente entre las organizaciones estudiantiles tradicionales, han quebrantado la unidad de los movimientos estudiantiles regionales; en no pocos casos se ha desdibujado el objetivo general por el que se combate.

Las debilidades de la izquierda estudiantil en el continente se hacen notables en circunstancias decisivas para preservar las transformaciones alcanzadas. A no pocos les falta visión para identificar al verdadero enemigo; en otros prevalecen los intereses personales. El imperialismo lo sabe; estudia y promueve, apuesta a la fragmentación.

Las formas y objetivos de lucha definidos históricamente por la izquierda, han sido también manipulados por las oligarquías locales y los medios de comunicación en manos de la élite transnacional. La aparente pérdida de referentes, la imposición de la idea de que se vive el fin de los movimientos progresistas en la región y que una década de gobiernos de izquierda no ha podido transformar nuestras realidades sociales, toman forma en una campaña sin precedentes dirigida a sembrar el pesimismo y la apatía en los movimientos sociales que han estado liderando la batalla contra el neoliberalismo. Venezuela, Argentina, Bolivia y el vergonzoso caso brasileño lo ponen de manifiesto.

La avalancha de información que acompaña a la “democracia del ruido” ha impactado sensiblemente en las filas del estudiantado. No se trata de una debacle política ni de la imposibilidad de continuar la lucha; pero el momento exige una mirada crítica, renovadora, de las tácticas con que encararemos los actuales desafíos. Ante la modernizada maquinaria neoliberal en Latinoamérica, un nuevo consenso en torno a las agendas, los reclamos y metas del estudiantado antiimperialista resulta impostergable.

Se trata de no permitir la consumación de un macabro esfuerzo por restituir en nuestros países una imagen falseada del imperialismo; un supuesto espacio a la reconciliación pretende que olvidemos la sangre joven derramada por las dictaduras instaladas en el poder con el apoyo de Estados Unidos; la explotación, el saqueo y la miseria de miles de latinoamericanos. Ante el alzhéimer político que parece configurarse como patología social de esta época, tendremos que poner de moda la negación a olvidar.

El medio siglo de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes, próximo a celebrarse, constituye una oportunidad excepcional para el análisis del rol que desempeñaremos en las nuevas circunstancias. Aquel 11 de agosto de 1966, en La Habana, se materializó un sueño cimentado durante 48 años de contienda en las calles: la unidad en el enfrentamiento contra el imperialismo y las élites a su servicio. En la compleja hora que vive Nuestra América, está en nuestras manos que sus 38 organizaciones y sus más de 100 millones de miembros nos convirtamos en lo que José Martí —el más universal de los cubanos— calificara como “el baluarte de la libertad y su ejército más firme”.

Ante la agresividad ideológica de la derecha neoliberal, el aporte de la OCLAE y su membresía no puede verse reducido a la transformación del escenario educativo. Este es un contexto clave para el desarrollo de la inaplazable resistencia anticolonialista y antiseudocultural, pero se requiere diversificar el enfrentamiento aprovechando la revolución en las tecnologías de la comunicación y en ese empeño las redes sociales en Internet constituyen un escenario imprescindible a potenciar. Nuestro discurso y mensajes deben abrirse camino dentro de un emporio mediático cada vez más comprometido con el engaño y la manipulación de la conciencia de los sectores populares de Latinoamérica.

La trinchera abierta desde hace ya algunos años es eminente cultural. Solo un legítimo pensamiento con profundo sentido crítico y alcance social, incluyente, anticapitalista y emancipador puede servir de antídoto. Nuestros enemigos han perfeccionado sus métodos y, en consecuencia, debemos encontrar las fórmulas conducentes a la victoria en esta guerra que nos hacen, que, como la anunciada en el siglo XIX por Martí, es a pensamiento. Ciencia y tecnología, teoría política y arte, periodismo ciudadano y,sobre todo, la militancia más comprometida, son armas con las que debemos combatir en esta hora decisiva los gremios estudiantiles progresistas de la región.

Una derecha reorganizada y decidida a triunfar en esta ofensiva de restauración neoliberal, pone a prueba la capacidad de lucha de la izquierda. Es importante romper las ataduras propias de las formalidades y protagonizar un levantamiento ideológico. Debemos recolocar nuestra fuerza estudiantil en el centro de la lucha por la revolución social.

La batalla mayor en las nuevas circunstancias es conceptual. Para triunfar es importante comprender las claves de la dominación capitalista, desmantelar estrategias curriculares que esterilizan la legítima rebeldía estudiantil y alimentan el conformismo. Ello implica no abandonar el reclamo por el  amplio acceso a una educación gratuita y de calidad; pero si enriquecerlo con cualidades más universales y por ende, capaces de entusiasmar y comprometer a otros para esta larga cruzada.

La lucha por la vida, por la felicidad  en su sentido más amplio, la defensa de la paz, deben ser prioridades para los jóvenes estudiantes del continente. La preservación del medio ambiente, la erradicación de la pobreza, el reclamo  por los más importantes derechos civiles, el destierro del consumo de drogas, el repudio a la discriminación  en  cualquiera de sus facetas, no pueden ser aspectos secundarios en la conformación de nuestras prioridades.

En la presente coyuntura tenemos que hacer frente al radicalismo en nuestras filas, que compromete  los esfuerzos comunes y desacelera el ritmo con el que avanzamos. Lograr la sincronía y la coordinación interna entre las federaciones, garantizaría un impacto político superior frente a las posiciones gubernamentales reaccionarias. Revitalizar el movimiento secundarista en el continente, ayudarlos a crecer como parte de un proyecto social colectivo, debe estar dentro de las metas inmediatas.

Combatir la confusión y la desorientación de los latinoamericanos honestos desde una comunicación ágil, directa, franca y original, forma parte de la efectividad de la OCLAE. Nos corresponde rescatar alianzas con  los movimientos sociales e indígenas de la región,  redimir el pensamiento social que se arraiga en nuestras naciones y asumir como  camaradas a los que han agigantado la  historia de Nuestra América, entendiendo sus limitaciones y enriqueciendo  con nuestra actitud la valía de sus aportes.

Debemos pelear contra lo que lacere la estabilidad, el consenso  y la legítima democracia; ese ha sido el alimento durante medio siglo para edificar en las calles un proyecto de continente protagonizado por  sus estudiantes. Con un accionar colectivo podemos hacer frente al intento por minar el respaldo en la región a los mecanismos integracionistas: ALBA, MERCOSUR, PETROCARIBE, CELAC, que garantizan un bastión de resistencia a la penetración económica y promueven una interrelación social sin precedentes. Construir inmediatamente una agenda de movilización latinoamericana y caribeña en solidaridad con sus declaraciones y acuerdos, debe formar parte de la estrategia de lucha estudiantil.

Se trata ahora más que nunca de retomar las esencias que nos definen como revolucionarios, defender la institucionalidad de la OCLAE frente a cualquier intento de fragmentación y promover el liderazgo auténtico que emana de sus organizaciones. Hacer  espacio, para que en nuestras filas encuentre respaldo todo el que aspire a amar y defender la causa  latinoamericana. Para construir la unidad, habrá que comprender que solo en la pluralidad,  en el respeto al otro  y sus  creencias,  en la tolerancia política y en la sensibilidad humana, puede ser cobijada esta permanente y necesaria aspiración.

Es momento de desempolvar libros, de escribir y estudiar otros más recientes. No habrá práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria. Hay que convertir el aula en ebullición de ideas y luego salir a compartirlas  con los que defienden a la izquierda en  nuestras calles. Para ello además de la elaboración del conocimiento, tenemos que  insertar a la escuela y a la universidad en el núcleo del proceso de integración latinoamericana. Solo la integración de nuestras realidades, pensamientos e identidades, podrá hacer resistencia y vencer a la ofensiva totalizadora, homogenizante y reduccionista que promueve la “cultura de mosaico” neoliberal.

Las universidades tienen que retomar el camino de los auténticos valores culturales y la defensa  de las más genuinas tradiciones populares. En este momento decisivo  en el que nos jugamos la estabilidad  de las conquistas alcanzadas, la reconciliación de la academia y las causas sociales es imprescindible. El debate intelectual revolucionario en los centros de educación superior, puede nuclear los esfuerzos de una propuesta revolucionaria, que relance una nueva conceptualización en torno a la teoría política y el pensamiento latinoamericano.

El arte, la literatura, el cine antifascista y anticapitalista  pueden ponerse al servicio del conocimiento  genuino y usarse para sofocar el fuego colonizador que amenaza con la destrucción de siglos de historia, creación artística y desarrollo intelectual en la región. No solo la resistencia  puede ayudar, se requiere pasar a la contraofensiva.  La universidad debe abrir las puertas al análisis sistemático, a la actualización de sus cuerpos teóricos y oxigenar  sus concepciones con energía juvenil. El escenario educativo ha de proveer riqueza espiritual, fundamentos políticos, habilidades para ser mejores seres humanos y desarrollar en los más jóvenes la sensibilidad y el orgullo de sentirnos latinoamericanos.

Para el estudiantado de izquierda ello supone defender una plataforma de experiencias verdaderamente democráticas y desalienadoras, que lo preparen para la lucha popular en este nuevo escenario con la emancipación como meta. Consolidar una militancia revolucionaria que asegure una visión realista del mundo sobre el que se desea actuar, debe ser prioridad para nuestra OCLAE. Solo así logrará prevalecer en el futuro, siendo defensora del pensamiento, la acción antiimperialista y expresión colectiva de la unidad de los que seguimos apostando por la independencia latinoamericana.

*Graduado de la carrera Marxismo-leninismo e Historia. Profesor de Historia Contemporánea y de América en la Escuela Pedagógica “Tania la Guerrillera” en Pinar del Río. Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba en el período 2013-2015.

Se han publicado 3 comentarios



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  • ASPASIA dijo:

    Buen análisis

  • YORLIET ADELA DIAZ SUAREZ dijo:

    VIVA EL 90 CUMPLEAÑOS DE NUESTRO ETERNO LÍDER FIDEL CASTRO RUZ.
    A UD. FIDEL LE AGRADECEMOS LOS ESTUDIANTES MIEMBROS DE LA FEU Y DE LA UNIÓN DE JÓVENES COMUNISTAS, DE LA UNIVERSIDAD DE LAS CIENCIAS LA CULTURA FÍSICA Y EL DEPORTE (UCCFD MANUEL FAJARDO), DE SER JÓVENES LIBRES, CON LOS MÁS ELEMENTALES DERECHOS A FORMARNOS INTEGRALMENTE. SEGUIREMOS SU EJEMPLO Y SUS IDEAS.
    CUMPLA MUCHOS ANOS MAS, LE DESEAMOS.
    Yorliet Adela Diaz Suarez : Estudiante 3er ano y Organizadora del Comité UJC, UCCFD

  • kmelot dijo:

    abajo el imperialismo yankee.socialismo o muerte patria o muerte venceremos.abajo las corrientes anexionistas a usa que nos rondan hoy dia

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