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Venezuela: El turbio conjuro de la no violencia

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Nicolás-Maduro

Por: Gustavo Robreño Díaz

Desde noviembre de 2013, el presidente Nicolás Maduro ha reiterado en innumerables ocasiones que en la República Bolivariana de Venezuela se implementa, con el conjuro de la reacción internacional y la complicidad de la oligarquía nacional, un Golpe de Estado “Blando”.

Inmediatamente medios de prensa al servicio de esos intereses, por demás actores directos en la intentona, trataron de presentar como una “obsesión antinorteamericana” del mandatario suramericano, el hecho de que acusara a la oposición interna, sobre todo a su facción más violenta, de recibir financiamiento de Estados Unidos, concretamente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), así como de la elite empresarial nacional.

Sin embargo, el tiempo dio pronto la razón al mandatario bolivariano: el 12 de febrero, la oposición pasó a la siguiente fase del “guión” prefijado por sus mentores y tornó violentas las protestas de calle, a la vez que rechaza cualquier opción negociadora. Solo el accionar paciente e inteligente del ejecutivo Venezolano ha impedido el colapso generalizado del país o, cuando menos, una guerra civil que inevitablemente conduciría a “baño de sangre”.

Del guión y su mentor

No falta razón al presidente Maduro cuando asegura que el accionar opositor se sustenta en “un plan” bien orquestado para dar al traste con la Revolución Bolivariana, aplicado y comprobado de antemano en otros escenarios, e incluso contra la propia Venezuela, que se apoya en pilares como el boicot económico, la manipulación informativa y las protestas de calle.

Este llamado “golpe blando” o “golpe suave” se sustenta en una pseudo-teoría, distante “mil años-luz” de las concepciones clásicas y probadamente científicas sobre la lucha de clases y los conflictos sociales, que procura erigirse desde hace más de tres décadas en una pretendida estrategia global de acción “no violenta” para provocar cambios de gobierno.

Con la evidente intención de arropar con un enfoque conceptual y un contenido, digamos que “académico”, su visión forzada de la realidad, la mayoría de los enfoques fuerzan un lenguaje y puntos de vista propios de las ciencias exactas, lo que tiende a desconocer las complejidades y el carácter multifacético de los procesos sociales y la lucha política.

Como toda procurada doctrina, incluso las más “sombrías”, también esta tiene su ideólogo o “gurú”. En este caso se trata del norteamericano Gene Sharp, quien se atribuye –o le atribuyen– la nada académica, pero si bien retribuida profesión de politólogo, y alguno que otro lo favorece con la de escritor.

En cualquier caso, todas tratan de encubrir los oscuros intereses que esconden tras este “profesor Frankestain” y su engendro diabólico de intervención e ingerencia en los asuntos internos, e incluso el destino, de gobiernos y naciones que no comulgan con los intereses imperiales, a los cuales invariablemente sirven desde la década de los años sesenta, tanto él como su tan cuestionada – por injerencista y “tapadera” de la CIA– Institución Albert Einstein, con sede en Boston, Massachussets.

Lesionan la memoria histórica, el intelecto y el más elemental decoro, que tan solo con “lecturas sobre la importancia de la libertad humana”, este pretendido académico de bolsillo se autodefina como discípulo y seguidor de Mahatma Ghandi. El padre de la independencia de la India, nación cercenada una y otra vez, precisamente por movimientos secesionistas internos, no merece tamaña injuria.

Máscara de intervención y muerte

Sin recato alguno, Sharp se vanagloria de que su pretendida guía para desestabilizar gobiernos llama a combatir con “armas psicológicas, sociales, económicas y políticas”, que provoquen el debilitamiento gubernamental y la fractura institucional; justo el escenario que ha denunciado el presidente Maduro se pretende configurar en Venezuela.

Este aupado paladín de una falsa “no violencia” llama a los que no comparten el proyecto político, generalmente de gobiernos nacionalistas o de izquierda, incluso cuando han sido democráticamente electos, a “promocionar un clima de malestar en la sociedad, corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores”. Cabría preguntarle a este teólogo del caos ¿cómo pondría fin luego al ambiente de irrespeto institucional y social que tal propuesta engendraría? No tendría respuesta precisa. Iraq, Libia, Afganistán, Yugoslavia, Ucrania: ahí está la respuesta.

Según este Mefistófeles otoñal, se requiere invocar la “sacrosanta” libertad de prensa, el tan manido irrespeto de las autoridades por los Derechos Humanos, manipular en función de la subversión quizás genuinos sentimientos de descontento popular y canalizarlos a través de manifestaciones y protestas de calle que, invariablemente, nada han tenido de pacíficas y sí han estado signadas –de un punto a otro del globo terráqueo– por una incontrolada violencia.

Y si todo ello no resultara suficiente, por que hay gobiernos y pueblos que no están dispuestos a dejarse avasallar, la presunta “no violencia” con que se pretende cubrir este engendro, conduce inequívocamente a la creación de las condiciones “de factibilidad y conveniencia” que precisan el mando militar de Estados Unidos y la OTAN, según sus documentos doctrinales , para involucrarse en una Campaña de Guerra No Convencional, que puede conducir como en el caso de Yugoslavia y Libia a una agresión militar convencional directa.

Quizás en esta farsa de la “no violencia” Genne Sharp tenga su más patente falacia, en el hecho de que una de sus más notorias “obras maestras” presume de haber sido empleada como “libro de cabecera” por la organización terrorista “Hermanos al Rescate”, la misma que desde Miami, Estados Unidos, violó reiteradamente el espacio aéreo cubano, hasta casi provocar un incidente armado entre ambos países.

Las denuncias de Maduro tienen fundamento en antecedentes irrefutables. Venezuela no le es desconocida a Sharp, por la misma razón que no lo es para la CIA. Cuando fracasa el Golpe de Estado contra el comandante Hugo Chávez, en 2002, el Departamento de Estado norteamericano recurre abiertamente a la Institución Albert Einstein, y la muy “académica” entidad dicta el patrón a seguir por líderes de la oligarquía nacional venezolana durante las manifestaciones de agosto de 2004.

Sólo que aquella vez, como en otras tantas –quizás no tan publicitadas por la “gran prensa”– únicamente la burguesía salió a las calles y ante el empuje incontenible de las amplias masas populares venezolanas, como castillo de naipes se derrumbaron los tan cacareados y falsamente encumbrados métodos de Sharp y su engañosa teoría de intervención y muerte.

Se han publicado 1 comentarios



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  • LaPatriaEsElOtro dijo:

    “obsesión antinorteamericana” pero síiiiiiIIIIÍIIIIÍ, decilo! como lo dice evo y correa, hay que estar 24 hs. luchando contra el imperio como ellos luchan las 24 hs. contra nosotros!!! por qué ellos va a ser +++++ que nosotros!!!

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