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Habanastation o ampliación de una Suite por la ciudad

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Por Luis Toledo Sande
Cubarte

Cuando, al final de Habanastation, primer largometraje fictivo del realizador Ian Padrón, el adolescente “rico” sale corriendo del automóvil de los padres para prestarle su juguete electrónico al condiscípulo “pobre”, un espectador recuerda el abrazo de Diego y David en Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea. Son gestos dispares en índole, fines y alcance; pero avalan el triunfo de sentimientos cordiales por sobre las barreras de las diferencias: en la sexualidad, Fresa y chocolate; en las condiciones materiales de vida, Habanastation.

Por otra parte, el nombre de Fernando Pérez entre los agradecimientos plasmados en los créditos de la segunda sugiere un significado especial. Recién estrenada, y ya en el camino de los premios, Habanastation remite implícitamente a otra: la Suite dedicada a nuestra capital por el que antes incluso de esa obra muchos consideraban el más eminente cineasta vivo del país, y uno de los mayores en toda su historia, que él ha seguido ennobleciendo: ahí está José Martí, el ojo del canario. Los nexos de la película de Ian Padrón con Suite Habana no se explican solo por el topónimo compartido en sus títulos, ni como capricho cerebral o mera coincidencia en el afán de calar en nuestra realidad.

Entre los buenos frutos del cine cubano de los últimos veinte años cabría recordar también, por ejemplo, las sacudidas axiológicas con que Páginas del diario de Mauricio, de Manuel Pérez, y Barrio Cuba, de Humberto Solás, estremecieron -o estremecen- al espectador, y la pica heroica levantada por Kangamba, de Rogelio París. Son algunos de los aciertos que se alzaron en medio de la banalidad propalada internacionalmente por la impronta de Hollywood y el mercado que ella informa, del que resulta difícil librarse. Es presumible que el afán por lograr esa liberación sería especialmente arduo para nosotros, dada la necesidad de acudir a coproducciones: algunas podían menguarnos la iniciativa. Pero en conjunto nos llevaron a pelear en la arena internacional, y propiciaron que nuestro cine no naufragara en crisis que, encarnizadas en la economía, agitan asimismo otras aguas.

Nada habrá que menospreciar ni sobrevalorar para sostener que Fresa y chocolate, Suite Habana, José Martí, el ojo del canario y Habanastation -en orden cronológico, sin afán jerárquico- jalonan nuestra cinematografía de ese período. Dígase sin olvidar grandezas anteriores, logradas en el camino que el triunfo de la Revolución abrió. Citemos dos clásicos: Memorias del subdesarrollo, de Gutiérrez Alea -para mencionar una sola de sus obras-, y Lucía, de Solás. Pero tan rica historia no es tema para un breve artículo.

Volvamos a Habanastation, de la que se ha sugerido que apoya una tesis: que en Cuba las desigualdades crecerán, pero podrían basarse en el trabajo, no en el robo. Asegurarle al trabajo su lugar como fuente de vida, y erradicar prácticas cotidianas que, con máscaras diversas, se asocian a grados y modalidades de corrupción, es propósito que nos convoca, o debe convocarnos, con urgencia. Pero, por inevitables que resulten, resignarse a las desigualdades no es lo que debemos hacer para salvar un proyecto cuyas mayores virtudes y realizaciones han estado asociadas, y lo estarán, a la defensa de una justicia social que peligra si se bendicen -más que aceptar- las desigualdades, o si se idealiza o escamotea la realidad en que ellas pudieran presentar crédito de males presuntamente inevitables.

Preocupémonos si, más que bracear por la igualdad, se pone de moda arremeter –y ya– contra el igualitarismo. José Martí negó la existencia de razas entre los seres humanos, cuya identidad universal defendió; y en uno de sus cuadernos de apuntes, al repudiar la cuestión llamada racial, hizo esta abarcadora generalización: “así se va, por la ciencia verdadera, a la equidad humana: mientras que lo otro es ir, por la ciencia superficial, a la justificación de la desigualdad, que en el gobierno de los hombres es la de la tiranía”. Habanastation no apuesta por la desigualdad, sino por valores llamados a vencer sus efectos donde ella pudiera considerarse inevitable, fruto de circunstancias que condicionan, y hasta corroen, la naturaleza humana. Pero la película aparece en un entorno que no avala ilusiones.

En los hilos principales de la trama las desigualdades no vienen de la corrupción. Se deben al trabajo exitoso, aunque los beneficiarios asuman el éxito con ostentosa voluntad “aristocrática”, propia de los nuevos ricos, quienes se aíslan -otra forma de marginalidad- en ambientes donde disfrutar sus ventajas y mantener códigos afines a ellas. Así ponen al hijo a vivir “en una burbuja”. Pero, repitamos, la base de esa desigualdad está en el trabajo remunerado espléndidamente, no en inmoralidades visibles.

Cabe en ello percibir una especie de táctica representacional -¿consciente?- que facilita el camino para la película. Las diferencias que disfrutan los padres de Mayito, uno de los dos adolescentes coprotagonistas de la cinta -el otro, Carlitos, es el “pobre”-, se dan en el sector artístico, al cual pertenece el realizador. Para señalarlas, el ojo crítico no las busca donde pudieran asociarse al manejo de responsabilidades y jerarquías concebidas para otros fines, o a la corrupción, si es que entre esta y el manejo aludido hay límites precisos.

Al incluir en sus miras la referencia a sectores privilegiados por circunstancias que hacen rentable su eficiencia profesional, Habanastation amplía el fresco trazado por Fernando Pérez en Suite Habana, acaso la más intensa, concentrada y vibrante conjunción entre lenguaje cinematográfico y contenido sociológico y emocional lograda en el cine cubano. Y su triunfo encara el desafío y los peligros -habrá pagado o estará pagando por ello- de no asumir compromiso con género o discurso alguno que mueva a un final feliz estimulante, pero situado en la cuerda floja de la complacencia.

Esa obra -entre cuyos méritos late una banda sonora que deja en el espectador el corazón golpeado, más que por las olas del Malecón habanero en tempestad, por angustias y bondades de seres humanos- se concibió para una serie internacional titulada Ciudades Sumergidas. Y aquí procede hacer algunos comentarios. Empecemos por apuntar que entre las reacciones que puede suscitar esa película, no cabe la indiferencia.

En su momento hubo quienes -incluso con algún texto publicado, y, sobre todo, con discusiones de viva voz- vieron (vimos) necesario defender Suite Habana. No faltaron voces que reprobasen al realizador de Clandestinos el haber recreado una Habana que estimaban poco representativa, o que no debía mostrarse. No, no es la única, y otras deben mostrarse también; pero la de Suite no podría apreciarse desde condiciones de vida tal vez inferiores a las que algunos impugnadores de la película tendrían en otros entornos, pero mucho más holgadas que las diarias de la mayoría de la población cubana en un proyecto movido por elevados ideales de justicia. En realidad, esa Habana poco tiene de sumergida, aunque así les tranquilice imaginarla a algunos que no la conozcan de veras. No la sufren.

La película de Fernando Pérez no incluye entre sus personajes -ni lo pedía el plan de dar una imagen de la ciudad supuestamente oculta- ninguno que, en condiciones de vida, pueda compararse ni de lejos con los padres del niño “rico” de Habanastation. Pero esta, como aquella, también se centra en un sector marcado por penurias, y que tampoco cede a ellas, no menores que las recreadas por Fernando Pérez a pulso de buen cine, y honradez.

Ambas películas muestran -en cuanto a profesión, origen étnico y otros componentes humanos- distintos estratos poblacionales agobiados por carestías, de las que no se libran ni un arquitecto ni un bailarín que pasan por blancos. Las dos -no digamos además-encarnan el mestizaje de nuestro pueblo, algo que, por la trama y por los fines que la animan, se aprecia de manera más minuciosa, y es de suponer que intencional, en la segunda: el matrimonio “rico” lo forman un actor visiblemente mestizo y una actriz de rasgos blancoides, aunque nuestro país, y en general la humanidad, tienen modos y grados diversos de mestizaje, ostensible asimismo en los protagonistas adolescentes.

La diversidad étnica es sustancial en La Tinta, recreación del barrio Zamora (de Marianao), en el que se hizo gran parte del rodaje. Y el nombre, los números de las calles y algunas características del barrio de ficción remiten a La Timba, real y ubicado -“marginalidad” en el “puro” centro- muy cerca de la Plaza de la Revolución José Martí. Los pobladores de Zamora-La Tinta son una amplia gama demográfica, un muestrario sociológico de virtudes y defectos que pueden hallarse, por lo general, en cualquier parte de la nación.

Habanastation no sucumbe, como tampoco Suite, a modas visuales que se (im)pusieron para tratar a Cuba, no solo en el cine. En esas películas las casas -si lo son- y las calles derruidas, y la mugre de Zamora, no sirven para ridiculizar al país. No alimentan un “costumbrismo” tópico afanado en fabricar risa a base de nuestra pobreza material.

No hay que desterrar la risa, ni olvidar que el humor ha sido una de nuestras válvulas de escape, o salvadoras. Pero la reiteración machacona y superficial de ciertos “chistes” puede parar en el choteo ramplón, y en otro modo de encubrir la realidad o complacer gustos influyentes en el éxito comercial. Aunque para revertir las privaciones de la Cuba de hoy no se vislumbren cornucopias mágicas, no parece acertado compararla con la España en que resultaron “simpáticos” los espejismos del anticomunista Plan Marshall, que en ese país suscitaría esperanzas ante secuelas de una guerra civil y el entronizamiento del fascismo. Si la comparación tuviera sentido, boguemos para que lo pierda. No sería cosa de risa.

Frente a las insuficiencias en el logro de la igualdad, también en lo étnico, por parte de una Revolución que tanto ha hecho en pos de la dignidad de todo nuestro pueblo, hay quienes pretenden negar el valor que la unidad de la patria tiene para enfrentar nuestros problemas. Proponen incluso imitar las llamadas “acciones afirmativas” de los Estados Unidos: las que, en el fondo, si no también en lo somero, han sido y son estratagemas de fuerzas dominantes para aquietar rebeldías y solapar los destripamientos de negros y negras en esa nación.

En la capacidad de influjo en que hace tiempo esa potencia desplazó al imperio británico, su padre putativo, opera también la lingua franca imperial que se extiende sobre el planeta. Entre los recursos tecnológicos y comerciales con que esa nación hegemónica influye -si es que no acude a la guerra-, hay aparatos como el juguete llamado playstation, que, aludido en el título de la película, funciona como resorte en su desarrollo dramático.

Por muchos logros seguirá Habanastation abriéndose camino. Recién estrenada y con largas colas aún para verla a lo largo del país, su primer triunfo en el exterior ha sido un lauro alcanzado en los Estados Unidos: en el Festival que organiza el allí disidente Michael Moore. En esa cita internacional compartió con Románticos anónimos, de Francia, el premio Fundadores (Founders, en inglés). Y seguramente continuará suscitando valoraciones como película estupenda, a la que ya se le han hecho y harán reparos (dicho sea sin olvidar que también la crítica yerra). Otros textos han hecho y seguirán haciendo lo que el presente artículo no pretende: ponderar el desempeño del director, de actores y actrices, del colectivo en general, el guión, la música, y acaso hasta el resultado y los guiños que pudieran inferirse de la caracterización y los nombres de algunos personajes.

La película deja sembrada la imagen de la maestra que, al final, prefiere quedarse con los pobres solidarios de La Tinta, no subir al automóvil refrigerado de los nuevos ricos. Así tiene otro vaso comunicante con Suite Habana, donde las precarias condiciones de vida no matan la bondad de sus personajes -reitérese: seres humanos reales, no de ficción-, aunque los dejen sin sueños, como a la viejita que intenta sobrevivir vendiendo maní. “¡Ah, los pobres de la tierra, esos a quienes el elegante [John] Ruskin llamaba ‘los más sagrados de entre nosotros’ […]!”, escribió Martí. Para recordarlo no sería sano idealizar la realidad.

A la dirección del Partido y del gobierno en el país debemos agradecer la atención que ha brindado a la película, y a La Colmenita -grupo de teatro infantil y de adolescentes-, cuyo trabajo ha sido básico en el éxito de la primera. Pero gestos como ese no deben ser necesarios, ni tal habrá sido la intención de quienes lo promovieron o autorizaron, para que las obras de arte sean bien valoradas: ponderadas con justicia, desde la soltura propia de un pueblo al que de Martí le viene, como honrosa raíz vital, vincular cultura y libertad.

Se piensa en eso por la persistencia de prejuicios que no impidieron que Suite Habana, merecedora de una atención institucional aún mayor que la que tuvo, se abriese camino; pero sumergidamente vician la valoración sobre esa película, de la que en buena parte viene Habanastation. Decirlo no significa ignorar la originalidad y demás méritos de esta última. Le abundan para seguir triunfando, y confirmar el crecimiento de un buen realizador.

Se han publicado 15 comentarios



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  • iskra dijo:

    Me parece muy pretensioso comparar HABANASTATION con Fresa y Chocolate o con SUITE HABANA. HABANASTATION es una película atractiva, con un claro mensaje ético, pero muy sencilla (puesto que va dirigida a los niños) e incluso lo que plantea: la amistad por sobre diferencias sociales ha sido tratado hasta por Hollywood en muhas ocasiones. La película de Ian Padrón es honesta y oportuna para la sociedad cubana, pero no veamos en ella el non plus ultra del cine cubano, porque no es una obra excepcional.

  • Yandi dijo:

    Comparto la opinión de Iskra al 100 %

  • Yulao dijo:

    iskra: Respeto tu criterio y estoy de acuerdo en que Habanastation no ocupa los primeros lugares entre los íconos de la filmografía cubana, pero tiene un mérito que nunca se le podrá negar y es que en su momento ha dicho el camino de nuestra sociedad. Luego de 53 años impulsando la educación y cultura de nuestro país, nadie puede convencernos de que la realidad de nuestro país vaya a ser distinta a lo que se observa en este filme. La amistad es un tema universal y puede tomar de marco cualquier fondo, al igual que el amor, etc. El valor está en no engañar a nuestros niños con una realidad que no es la que ellos viven a diario. Ellos son los jueces más justos y quien puede decir que no los ha visto emocionarse al ver la película? Es inevitable una transformación profunda en nuestra sociedad y deben usarse todos nuestros medios para adaptarnos y aceptarlo. Así y todo quedan inexplicables que a lo mejor tú puedes darme una luz sino cómo se entiende que los artistas puedan firmar contratos y trabajar en el extranjero y los deportistas no? El mismo Ian conoce de esto y trató de enviar su inquietud a través de su documental a Industriales y tener el valor de invitar a Fidel a su estreno.

  • Orlando dijo:

    Comparto por mucho este artículo, solo quería hacer una observación; recuerden queridos realizadores que el resto de Cuba ( 8 1/2 millones de habitantes )también existe, y que un país NO ES UNA CIUDAD, tal como la tandencia actual en nuestro país se empeña en demostrar. Cuantas realidades, vivencias, entornos naturales excepcionales se pierden nuestros realizadores solo por no querer filmar fuera de la “Capital”, se imaginan por un momento que Ford Copolla, Steven Spielberg , Oliver Stone, Stalone, etc se hubieran empeñado nada mas que filmar en Washington ?.

  • Ruben Diaz Noda dijo:

    Opino que esta critica endulza la realizacion, por suerte es reflejo de una realidad actual y no extemporanea como la mayoria de nuestras peliculas, que son realizadas fuera del contexto actual. Por otra parte parece una critica a Fernando Perez y no a Ian Padron. Aunque en otro genero como el testimonio documental, nuestros criticos eluden mencionar lo que para algunos es tabu, como ocurrio con “FUERA DE LIGA”, congelada y aislada. Si la direccion del pais viera como un mal necesario, que surgieran desigualdades por el trabajo seria una frustracion. Quieres ver a alguien mas cerca del pueblo que Frank Fernandez.Acaso llamamos obstentosa realidad a mostrar carro, celular y un equipo playstation(la aspiracion de los hombres es satisfacer las necesidades crecientes)la vida moderna esta acompañada de la tecnologia y no es necesario ensalsar las diferencias de poder adquisitivo que originan las desigualdades como es nombrar nuevos ricos a la consecuencia de estas desigualdades.

  • Nipp dijo:

    Considero la opinion escrita acerca de la pelicula un analisis basado en pura vision personal de su autor.El filme Habanastation refleja la realidad actual de un pais que para sobrevivir a la crisis ha tenido que ceder en algunos aspectos sobre todo economico,permitir una clase media al estilo de pais emergente(Brasil,India,China,Malasia,etc).La pelicula es absolutamente incomparable con el grupo mencionado,es simplemente un contexto mas en concordancia con lo economico/escala de valores, que en lo ideologico/historico.Para mi es una buena produccion que permite sonreir pero a la vez concientizar sobre los problemas reales que se avecinan en una nueva Cuba sumida en grandes transformaciones economicas.
    Para concluir,nada de implantar los programas chatarras que aca como Afirmative Action o algo parecido.El que no aprovecho en Cuba los 45 anos de abundancia intelectual y no hizo una carrera universitaria o tecnica fue porque no quiso, si nunca fueron a los teatros ,festivales,exposiciones de arte,etc fue sencillamente porque no les intereso nunca prosperar en neuronas.Esta bueno ya con eso del racismo y que el gobierno no se ocupa.No le hagan mucho caso al Black Caucus de USA,que no es capaz de controlar los propios negros que tienen aca…..y que viva Hababastation y su director Ian Padron!!

  • Humberto dijo:

    Recuerdo a los que escriben y son olvidadizos, que siempre a existido clase media en Cuba, nunca dejo de existir, solo que se transformo, y a mucho les recuerdo que en la Timba y en Zamora viven licenciados en educacion, medicos y otros profesionales, si tiene que ver mucho los espacios que se abren a ciertos grupos en la sociedad para que puedan mejorar sus condicones materiales, mientras que otros tienen que esperar una esperanza para que en el mañana su sudor les de para comprar un pomo de aceite.
    la pelicula si logro lo que se propuso, no hay un solo filme que logre abarcar todas las facetas de la sociedad y esta logro su objetivo de demostrar la realidad actual de una forma muy a lo nuestro, les recuerdo tambien que las cosas en nuestros tiempos suelen cambiar en periodos muy breves de tiempo 5, 8, 10 años y a veces menos.
    felicito de nuevo al hijo de Elpidio Valdez.

  • Enrique Martínez dijo:

    Una película puede ser, según quien la mira, una obra de arte o sencillamente algo para entretenerse un poco. No siempre el éxito momentáneo es demostración de calidad, ni siquiera los premios garantizan la trascendencia de algo. No obstante, indudablemente esta película ha mostrado una parte de la realidad, y esto siempre es loable; hay muchas cosas que mejorar en nuestro país, y debemos hacerlo nosotros. El criterio de Toledo Sande es respetable, y creo que cada cual debe expresar el suyo; para decir lo que uno piensa no hay que descalificar al otro (tendencia tropical que incluso Mañach señaló con tino hace muchos años).

  • Lisandra dijo:

    Hola, periodista, hay algunos gazapos en su “valoración” :

    1-el adolescente “rico” le REGALA el playstation a su amigo, no como escribe usted: “sale corriendo del automóvil de los padres para Prestarle su juguete electrónico al condiscípulo” por cierto, cuántos enrarecimientos para una oración tan sencilla….

    2-”Las páginas del Diario….es una de las películas, a mi ver, peor logradas del cine cubano, usan pretextos ridículos para evadir las duras condiciones de vida del 93 -Pleno y crudo periodo especial de Cuba- como la de : Mauricio de profesor de historia “le cae del cielo ” un trabajo donde gana muchos “fulas” y con viajes al extranjero..la hija con un carro de colección..o el pasaje final sobre quien ganaba en una competencia..por mencionar algunos. qué profundo! qué clase de sacudida axiológica!..no, que va si ahí no hay banalidad ninguna.. Ay por favor…!Se la comieron, y todavía decir que es uno de los buenos frutos del cine cubano o compararla con joyas de nuestra filmografía ¿Dónde está su ojo crítico?…

    3-Otra cosa, usted basa las desigualdades sociales expuestas en que estas provienen del trabajo exitoso (el músico) ,sin embargo, también está el botero que lejos de ser un músico de éxito gana por apelotonar gente en su carro, cobrarle un ojo de la cara al más necesitado y más trabajador, aprovechándose de erradas políticas estatales -precios de oferta y demanda (que no existen , lo que existe es el monopolio sobre el carro y un alto precio impuesto por el botero)-, y también se le pasó algo :también se debe a que los cubanos , todos, no se les paga por su esforzado trabajo ,aún cuando producen millones, las politicas estatales vigentes no propician el desarrollo parejo de las comunidades provocando la migración interna , o a que se han implantado políticas de precios erradas que empeoran las condiciones de vida , y que al encarecerla la hacen aún más difícil ¿no se dio cuenta? ¿ Usted cree que el coronel valga lo mismo que el pasaje en el almendrón es accidental? ¿a Cuántas botellas vendidas se equiparaba ? ¿A Cuánto trabajo, a cuánto salario? Ah, sí,lo dice la maestra -en buena medida -a casi todo su salario.
    ¿usted vió la película?
    ¿ha visto alguna?

  • A. M. Santos dijo:

    Aún cuando tiene una trama lineal y un argumento bastante simple, esta película me parece estupenda. Quizás no pase a la historia como una obra maestra del arte cinematográfico cubano (terreno en el que a estas alturas es difícil competir), sino como una película que en un momento particular de nuestra historia como Nación, nos devolvió nuestra imagen, nítida y sobrecogedora. Un gran espejo, como aquel de “El elefante y la bicicleta” ¿recuerdan?.

    No creo que sea un filme “para niños”, aun cuando estos la puedan disfrutar y extraer un mensaje ético sorprendente (me he admirado de las “moralejas” a las que, por sí solo, ha llegado mi hijo de 8 años con esta cinta). Es un filme para todos, y no por gusto nos ha humedecido los ojos a más de uno, pero habla a la razón tanto como al corazón.

    Me parece muy acertado aquel forista que se ha referido a que en los barrios populares dispersos por toda Cuba (muchos como “la tinta” o incluso con peores condiciones) vivamos médicos, ingenieros, maestros, obreros y mucha, mucha gente tan sencilla como valiosa y con decoro. Pues aún cuando solo andemos a pie o en bicicleta y la incertidumbre nos acose a diario, estamos dispuestos a compartir el único pan que nos quede.

    Los desniveles sociales que existen hoy entre nosotros, en buena medida, no son solo por las comprensibles diferencias de actitud o de talento, sino por las trabas externas que hasta ahora han limitado el libre desarrollo de las potencialidades de nuestros conciudadanos. Una de las formas de evitar una hiperpolarización (que puede llegar a una abierta fractura social), sería la de liberar y potenciar la capacidad de los individuos para trabajar y crear riqueza material y espiritual.

    A Ian Padrón ya lo admirábamos por sus documentales, con este filme se acrecienta nuestro respeto. Gracias, de parte de los “tintarenses” de este pueblo.

  • Tony M. dijo:

    En mi opinión la película está muy bien, que pudo decir mucho más, es cierto. Pero entonces quizás ya no fuese una película para niños. Para mi está bien así como la hicieron, de echo transmite más mensajes que el echo de que en nuestra Cuba, a pesar de todo lo logrado, aun padecemos de clases sociales (en las ultimas décadas más remarcadas y con tendencias a remarcarse más aun). Y al menos en Habanastation “la riqueza” de la familia “rica” es el fruto de un trabajo honesto, muy bien remunerado. Si en algo estoy muy de acuerdo con Luis Toledo es en que hay otros tantas familias ricas, con niños con Playstations dados por “riquezas” provienes de actividades ilicitas a la sombra del descontrol, quienes lo mismo pueden vivir en barrios marginales como la La Tinta, o La Timba, o Zamora, etc, etc. Y otros Niños con sus artilugios electronicos adquiridos gracias a los “facultades que se auto confieren
    Llevé a mi hija de 11 años y a un primito de 10 a verla (en La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano), curiosamente ellos dos pudieran muy bien representar a los protagonistas de la película pues mi hija, con padres que trabajan en el polo científico (pero que no viajan al exterior, ni tienen cargo directivo) y que por demás vive en La Corbata ( símil de “La Tinta” pero en los limites de Playa con La Lisa), ella no posee ni Atari, ni Playstation, ni computadora en su casa, mientras el primito, con padres que trabajan como camareros en el Polo Turístico, para el todos esos artilugios son el pan de cada día. La opinión de mi hija sobre el filme es “que enseña que el egoísmo es malo, los niños deben compartir sus cosas con los amigos, y que eso fue lo que le enseñó el niño “pobre” al “rico””. Por su parte, el primo considera que el mensaje es “que no se deben resolver los problemas fajándose como los niños del barrio La Tinta”. Les seguí preguntando y al final los dos me dijeron las mismas enseñanzas del filme pero cada uno en el orden que su experiencia de vida le ha dado. Pero hubo una en particular que me llamó la atención, para mi hija los habitantes del barrio de La tinta eran más revolucionarios que los del barrio del niño “rico” pues en el primero aunque habían casas feas y calles sucias, tenían adornos de papel porque era el 1ro de Mayo. Al tiempo que en el otro barrio, (a juzgar por las formas de las calles y las casas pudiera ser Reparto Coly o Nuevo Vedado), donde se ven casas muy lindas en calles muy bien cuidadas, (y hasta empleados que llaman al empleador “señora”), pero ni un solo adorno en las calles, ni gente celebrando (vea usted otro mensaje para nada lejano de la realidad).

    Otros momentos que también marcaron a mi hija y su primo:
    -La Hospitalidad de la abuela del niño “pobre” (en contrastre con el distanciamiento de la madre de Mayito).
    -La historia del padre de niño pobre, la razón por la que cayó preso, no por la provocación del que resulto muerto sino por la respuesta violenta del padre, condicionada por las normas de conductas que imprimen la convivencia en esos barrios “gentilmente” llamados periféricos (no olvidar que el hombre piensa según vive).
    -El “electrónico” del barrio, ese negrón que mandarria en mano lo mismo logra echar andar un vetusto Caribe que diagnosticar el defecto del ultra moderno Playstation.
    -La maestra y su contraparte el director de la escuela, la primera con un mensaje positivo de acercamiento al ser humano, (si bien no está muy lejos de la realidad la frase referida a la masividad “se les echa agua y salen 50”, de esos 50 no todos salen malos o incapaces, pues también los hay los que ponen el corazón en su trabajo de educadores, y no se limitan a su actividad en la cuatro paredes del aula, sino que van al barrio), el segundo, (el director) la negatividad amparada en el cumplimiento de la directiva de manera fría y lejana (súmele el trato deferente al “famoso” padre del niño rico).

    En fin, para mi la película estuvo muy buena, así es nuestra sociedad del 2011. Con muchas más cosas positivas y otras tanta negativas.
    En cuanto a comparar a Habanastation con Suite Habana. Para mi, e Suite Habana se usaron imágenes, “posiblemente reales y naturales”, en situaciones de la vida diaria de un grupo de cubanos, que de no ser por la manipulación del sonido, ya sea el fondo musical mayoritariamente triste, o ya sea magnificando sonidos que en la realidad nunca sonarían así, (pasos, gotas de agua, sonido de granos de maní al ser escogidos o tostados). La suma de todos estos efectos, visuales y acústicos, al final dejan el sabor de la frustración, (remarcado por lo rostros de los personajes al resumir sus sueños). SI Suite Habana hubiese recogido las mismas imágenes con los efectos sonoros naturales de cada locación el resultado hubiese sido muy distinto, (pero entonces si reflejaría la vida real). Al saber para que evento fue concebida Suite Habana (Ciudades Sumergidas) entonces es que pudiera tener sentido el cambiar el sonido de fondo por la música triste y los juegos de sombras. Dando en su conjunto ambiente lúgubre, sumergido.

  • Luciana dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo con Lizandra

  • João Cândido Cunha dijo:

    DE BRASIL
    É JUSTA A DESIGUALDADE SE A BASE DESTA É UM TRABALHO ESPLENDIDAMENTE RE
    MUNERADO? NÃO EM IMORALIDADES VISÍVEIS, SUPONHO QUE SIM EM IMORALIDADES
    INVISÍVEIS, É JUSTO? ME PARECE QUE OS CUBANOS NÃO TEM MUITA INTIMIDADE
    COM DESIGUALDADES, SE A TIVESSEM SABERIAM O HORROR QUE É,NELA NÃO HÁ NE
    NENHUMA BELEZA OU POESIA. PORTANTO É INACREDITÁVEL QUE UM RICO DESSA DO
    SEU CARRO PARA PRESENTEAR E ABRAÇAR A UM POBRE. ME PREOCUPA QUE MEUS IR
    MÃOS CUBANOS DEIXEM-SE ATRAIR PELO CANTO DA SEREIA. SANTA CLARA, TRINI
    DAD E CIENFUEGOS ESTIVEMOS ANTES DE VOLTAR AO HOTEL ST.JOHN EM VEDADO,
    GOSTEI MUITO DE QUE OS TRABALHADORES DO HOTEL USASSEM O MESMO ELEVADOR
    QUE NOS E TAMBÉM DE ENCONTRAR A CAMAREIRA HILDA COM SEU ESPOSO NO TEA
    TRO PARA ASSISTIR O BALLET NACIONAL, COISAS ASSIM SÓ EM CUBA.

  • Raul B dijo:

    Muy lejos de “Suite Habana” y de “Fresa y Chocolate” y se acerca a la realidad cubana, pere refleja una arista polémica y faciloide. Preferiría que el padre rico no fuera un músico, pues este vive de su talento, fuese más ajustado a la realidad, que ese padre, fuera uno de los muchos “gerentes” jubilados se sus antiguos organismos, y que viven no del talento, sino de esquilmar al erario público. La viejecita vendiendo maní de Fernando o el abrazo de Diego cuando tiene que partir, dice mucho más, y no son comparables que el mensaje del niño rico, que al final, lo que dice es “me lo cuidas”, o sea le presta su play station, nada de regalito. Es una linda película, para justificar las diferencias. Es la claudicación al sueño colectivo de una Cuba socialista y solidaria. Los pobres vivirán siempre así y si tienes suerte habrá un rico bonachón que te preste o te regale un playstation.

  • Dj Michel dijo:

    Pelicula que toco el corazón de muchas personas de cuba y talves del mundo, habanastation es una pelicula de humildad, de la diferencia economica de las peronas,que debemos compartir no solo con las personas que nos ayudan sino con todos como un niño que le presta su juguete a otro y ese es un gesto de humildadque no se ve en todo lugar,admas enseña
    que las personas deben estar mas atentos a lo que cuidan mas si confian en ustedes,y vemos tambien de la forma que una madre se preocupa por su hijo, y como los gestos de robo pueden afectar el sentido sentimental como un sexto sentido, y que las faltas al respeto como el chucho o sobrenombre puede llegar a peleas o discusiones, que no puedes engañar o lastima a las personas que comfian en ti que la fuerza no se mide por el tamaño.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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