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Martí desde su periodismo deportivo

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José Marti

José Marti

Por Víctor Joaquín Ortega

Es preciso dar casa de buenos cimientos y recias paredes al alma atormentada o en peligro constante de tormenta. Bien se sabe lo que dijo el latino: ¨ Ha de tenerse alma robusta en cuerpo robusto” (mens sana en cuerpo sano).

José Martí, La América, Nueva York, marzo de 1883.

El Apóstol encontró tiempo para cantarle al músculo dentro de su periodismo. Hombre que rompe esquemas, es mucho más que un escritor modernista, mucho más que un periodista  u orador magníficos. Tampoco se limita a ser un creador para niñas y niños a pesar de su maravillosa revista La Edad de Oro. No podemos, pues, vestirlo con la ropa del periodismo deportivo: le queda chica. Simplemente, y es grandioso, nada de lo que ocurría le era ajeno y juntaba con eficacia la objetividad con una subjetividad cimera para desbrozar caminos hacia la vida: razón e imaginación en matrimonio logrado.

No estuvo en Vietnam y sus escritos en la publicación forjada por él para los infantes, enlazan profundidad y estética, y es  crónica llena de solidaridad por el combate indispensable. No fue testigo del terremoto de Charleston y con su prosa, creación en la cúspide a partir de informaciones y reportajes de otros periodistas, consiguió páginas difíciles de superar en belleza, emoción y humanismo.

Con pasos semejantes penetró las contiendas atléticas. Allá el tonto que subvalore o desprecie este ámbito. Martí lo sabía y lo escribió en La Edad de Oro-que “Los pueblos, lo mismo que los niños, necesitan de tiempo en tiempo algo así como correr mucho, reírse mucho y dar gritos y saltos”. Agrego: ¡Cuánto hay de ello en el deporte, en la cultura física! ¿Dónde mejor que en dicho ambiente?

Todo este quehacer del hoy nuestro Héroe Nacional, en medio de su esencial misión: volver a levantar en armas a un pueblo, volver a hacer realidad aquella revolución que inició el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en 1868.Y eso no caía del cielo: estudió las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años para que la conflagración necesaria no cayera en ellas; para que la desunión- terrible palabra- no llevara de nuevo a ignominiosos hechos como el Pacto del Zanjón y que en las huestes libertadoras vibrara el espíritu de la Protesta de Baraguá; juntó a los Pinos Nuevos con los robles rejuvenecidos; formó un partido(el Partido Revolucionario Cubano) y un periódico(Patria) como armas trascendentales para conquistar la independencia de Cuba y Puerto Rico, sin dejar de analizar al vecino revuelto y brutal, así lo calificó, al que llamó por el nombre: imperialismo; y sin dominar la ciencia y la ideología marxista y mucho menos la leninista-que vendría bien después a ascender-vio y fustigó la vileza de los monopolios.

Cuando entró en el recinto agonal, no se fue únicamente con las competencias de alta categoría: supo tratar la educación física y la recreación como se debe. Opinaba: “…la mente ha de ser bien nutrida, pero se ha de dar, con el desarrollo del cuerpo, buena casa a la mente. Así como el bambú, más lleno de rumores que de frutos, crece en hojas inútiles que dan con él en tierra, así el hombre en quien no anda aparejado, con sólido pensar, sólido cuerpo. No se ha visto palacio bien seguro sobre cimientos de arena…” La Nación, Buenos Aires, 14 de agosto de 1883.

Incluye  a las damas en estas actividades, cuando la mujer significaba, ante todo, instrumento de placer y de procreación, situación aún no resuelta en la mayoría de los países y en la mente de no pocos hombres, encadenados a la incultura, distanciados de la  dicha plena, por sus conceptos y acciones.

El Maestro no las eliminó de la alegría atlética y lo demuestra al escribir líneas de avanzada para la etapa, con andares, digamos graciosos, lógicamente superados. Que hablen acerca del asunto Fanny Blankers Koen, Larisa Latinina, Irena Sewinska, Kornelia Ender,  las tenistas William, la Isinbayeba, Regla Torres, María Caridad Colón, Ana Fidelia… Miles pueden disertar sobre el tema; en primera fila, las que  ya hacen de las suyas como luchadoras y pesistas en la mayor de las Antillas después de tanto feminismo trasnochado, bien lejos del verdadero, porque cayó cual rayo discriminador y trajo atraso más allá de los discos, las barras y las llaves. Muy alejadas todas de Margarita Gautier, al liberarse, nos liberan aunque hay quien no comprenda dicho avance.

Decía Martí en La América, marzo de 1883: “Para nuestras mujeres pudorosas, a quienes simpáticas razones vedan la asistencia a los gimnasios públicos, y que necesitan, sin embargo, tan grandemente de estos ejercicios, el gimnasio doméstico es de inapreciable ventaja: sin exponerse a ojos extraños, y en su propia habitación pueden ejercitarse diariamente en todos los movimientos saludables que aumentarán la fortaleza de sus músculos y la armonía y gracia de sus formas”.Luego, abundaba sobre el caso y señalaba como la tisis tendría enorme obstáculo en los ejercicios físicos, de convertirse en habituales “…en nuestras niñas y nuestros jóvenes”.

No caigamos en el idealismo barato ni hipérboles laceradoras que el propio líder de la guerra indispensable critica cuando publicó que no se trataba de descabezar estatuas pero pidió un gran castigo para quien exagerara las cualidades de los seres humanos gloriosos. No por gusto un héroe internacionalista, el cubano puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau, afirmó que no creía en el hombre perfecto y que un ejemplar así solo existía en los “filmes de Hollywood”.

Martí no pudo escapar a plenitud del machismo, tampoco el alma de los Juegos Olímpicos modernos, Pierre de Coubertin quien no quería a las muchachas en la magna justa e hizo para que  no penetraran. De acuerdo a sus conceptos, el lugar de ellas era en el jardín,  cuidando a los niños, admirando flores y mariposas bajo sombrillas defensoras de los rayos solares. Sin embargo, debemos respetar y rendirle culto a Pierre, rescatador de la joya olímpica, que es superior a su propio progenitor. La grandeza de un ser se mide  por sus obras.

Martí, por ejemplo, fue injusto con Gertrudis Gómez de Avellaneda. Es demasiado hombre esa mujer, dijo de la escritora. En verdad, era demasiada mujer esa mujer aunque no mostrara gestos independentistas. El caído en Dos Ríos tuvo algunos deslices en este sentido. Pero con un sol radiante como José Martí, uno no puede quedarse atado a las pequeñas manchas, aunque hay que darlo tal cual es. Al medirlo por su obra, la trascendencia de ella y la inspiración que trajo a las sucesivas generaciones, se agiganta y no se queda solo a pesar de llevar tanta luz.

Subamos ahora al ring, aunque la vida posee dureza superior y hay que preparase para ella con inteligencia, fuerza y coraje supremos o termina  usted noqueado.

El boxeo se consolidó entre fines del siglo XIX y principios del XX de brazos con la conversión del capitalismo premonopolista en imperialismo. Con semejante compañía, qué podía esperarse: intercambiaron podredumbre e infecciones. Cuando bastantes periodistas ponderaban la disciplina de los puños en su envilecimiento mayor, al hacerse por la plata,  preferían el lado sensacional de las contiendas del jab y del upper cut, abrazaban lo comercial y hasta lo salvaje, Martí la condenó, y de qué manera, en contendido y forma. Cito algo de lo que opinó en relación con la pelea entre Sullivan y Ryan por el cetro de los pesos completos:

“Vuela la pluma, como ala, cuando ha de  narrar cosas grandiosas; y va pesadamente, como ahora, cuando ha de dar cuenta de cosas brutales, vacías de hermosura y de nobleza. La pluma debiera ser inmaculada como las vírgenes. Se retuerce como esclava, se alza del papel como prófuga y desmaya en las manos que la sustentan, como si fuera culpa contar la culpa. Aquí los hombres se embisten como toros, apuestan a la fuerza de su testuz, se muerden y se desgarran en la pelea, y van cubiertos  de sangre, despobladas las encías, magulladas las frentes, descarnados los nudos de las manos, bamboleando y cayendo, a recibir entre la turba que vocea y echa al aire los sombreros, y se abalanza en su torno, y les aclama, el saco de monedas que acaba de ganar en el combate. En tanto el competidor, rotas las vértebras, yace exánime en brazos de sus guardas, y manos de mujer tejen ramos de flores que van a perfumar la alcoba concurrida de los ruines rufianes”.

La Nación, Buenos Aires, 17 de febrero de 1882.

Conoce que detrás de todo están la ganancia, los negociantes. Lo que señala en su trabajo sobre los caminantes del Madison Square Garden  cabe para los demás shows maculadores actuales de lo deportivo:

“… estos jayanes  andan pesadamente, y dan vuelta al circo con una esponja en la mano y una toalla en la otra, y comen dando vueltas como perro famélico que huye con la presa entre los dientes, y se enlazan los pies- y se hinchan el rostro, a punto tal que parece que estalla- y se arrastran por la pista revuelta como jacos de posta, sudorosos y latigueados y ruedan por tierra, hinchadas las rodillas y tobillos,  o caen inertes como resortes rotos o masas apagadas- por unos cuantos dineros, a cuyo sonido, al rebotar  sobre los mostradores de la entrada, aligeran y animan su marcha”..Nueva York, marzo 4 de 1882.

Ve en estos torneos,”…trance del retroceso del hombre al bruto”. Válido para los espectáculos repudiados por él en sus escritos: el boxeo, el toreo, el fútbol tipo norteamericano…No nada donde da pie: hacia lo profundo. A la carga contra los extremos del profesionalismo que  enloda y conduce a excesos, reduce el arte, la deportividad, el amor que debe reinar. Aquellos vientos trajeron estos huracanes.

Reflexiona y hace reflexionar, opina e impulsa a opinar, ahonda y motiva a ahondar. Jamás olvida en su bregar sobre las cuartillas su propia concepción: “La verdad llega más pronto a donde va cuando se la dice bellamente… y manda a no encoger ni edulcorar la verdad útil. En su sección Variedades de la Revista Universal de México del 9 de mayo  de 1875, al fustigar males parisinos expresa: “Yo comprendo que esta crónica me está saliendo rara, pero yo no puedo excusarme de amar más una reflexión que una noticia”.

Cierto que es uno de los escogidos y no es fácil de estar en su lista; no obstante, se debe luchar por acercarse, por parecerse a los imprescindibles, sin dejar de ser uno, lo que es fundamental. Quien cobra por escribir sobre competencias y entrenamientos, y esa es su labor cotidiana, y da a conocer resultados, hechos y marcas, debe ir a las raíces de alguna forma: opinar, decir por qué pierde o vence un conjunto o un contendiente, cantar a lo heroico, golpear lo vil, situar el corazón o los argumentos- o ambos a la vez- en lo que escribe u ofrece frente al micrófono sin poner por delante el salario, el aplauso de los poderosos, los viajes…

Sin ser un experto en la materia, especialista en deportes, nuestro Apóstol fue capaz de describir lo que veía e ir más allá, argumentó (artículos y comentarios), dio lo que sentía (crónicas) referente a las batallas atléticas, la educación física y la recreación jamás separado del vivir. Con respecto a lo recreacional, lean sus líneas dedicadas al Coney Island en las que refleja e interpreta las diferencias hasta para recrearse en los diversos grupos humanos.

Su estancia en los Estados Unidos lo relacionó con un desarrollo muy superior al de España, y su peregrinar por América Latina lo puso en contacto  con territorios tan subdesarrollados, recién surgidos, roto el ensueño y la urgencia bolivarianas, traicionados por falsos patriotas aliados de los  enemigos de los pueblos;  países sujetos, pues, a vaivenes de la violencia, del caudillismo, de la inmadurez política y la ignorancia cultural, con la presencia de los monopolios y el neocolonialismo implantado por las metrópolis, sin la fuerza actual ni transnacionales, pero con poder suficiente para penetrar, humillar, explotar, impedir el avance de las víctimas. La cultura física no quedaba fuera de la mencionada situación.

Encontró vías para la ofensiva contra lo podrido, aconsejar e iluminar senderos, especialmente para América Latina, en el frente del músculo. Nunca se dejó ganar por el oropel, por las apariencias, por los cantos de sirena del deporte manchado por excesos. Vibra más allá de lo atlético, el siguiente planteamiento sobre los Estados Unidos: “En lo que pesa, en lo que yerra, en lo que tropieza, es necesario estudiar a este pueblo, para no tropezar como él. La historia anda por el mundo con careta de leyenda”.

En cierta oportunidad, al escribir de regatas de yates, hipismo y béisbol, exactamente en La Nación, Buenos Aires, 22 de diciembre de 1885, censura a los norteamericanos que prefieren lo británico, lo aristocrático de allá a lo propio. Tales ideas poseen vigencia plena para cualquier país y en cualquier época: “La grandeza tienen en casa, y como buenos imbéciles, porque es de casa la desdeñan. Hasta la hormiga, la mísera hormiga, es más noble que la cotorra y el mono (…) pues si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en vencerlas!”

En Cuba, los imprescindibles, seguimos esa opinión del autor intelectual del asalto al cuartel Moncada. En lo deportivo estamos orgullosos de poseer el movimiento más puro del mundo, aunque perfectible y para vigorizarlo debemos tener en cuenta  los conceptos del Comandante en Jefe sobre la Revolución: Sentido del momento histórico y cambiar lo que tenga que ser cambiado…que no significa botar valores por la borda. Martí nos enseñó a tener las alas preparadas para volar lejos del lodo y poder soñar, con los pies sobre la tierra para lograr convertir el ensueño en realidad. Esos cambios., como todos los que los cubanos  realizaremos, se hacen y se harán para que la Revolución sea más Revolución, cada día más martiana y fidelista.

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  • bernal dijo:

    sin dudas es marti El Heroe Nacional, nadie como el ha nacido ni nacerá por mucho tiempo, es unico, y no lo veamos como una estrella, sino como un hombre que supo vivir la vida con humildad, con amor y con mucha dignidad

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Víctor Joaquín Ortega

Víctor Joaquín Ortega

Periodista cubano. Trabaja en el periódico Tribuna de La Habana

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