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Para los guerreros de los drones de la CIA, el futuro es la muerte

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Pepe Escobar
Asia Times Online
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Olviden el iPad; el icono máximo del artefacto convertido en fetiche es el drone. Los israelíes los hacen – y los venden como pan caliente. Los mexicanos los usan – para patrullar su lado de la frontera. Los brasileños quieren usarlos – para patrullar las favelas de Río. Los saudíes los quieren. Los uzbekos los quieren. Todos cantan: ¡Hagámoslo! ¡Enamorémonos! (del drone).

Además, abandonen toda esperanza los que entren (por las puertas del error de percepción: Afganistán es ahora oficialmente una atracción secundaria, despreciable, plagada de soldados, de la guerra AfPak. Lo real es una guerra ilegal de drones contra Pakistán. ¡Viva Richard Nixon! Por mucho que Tricky [Truculento] Dick haya anexado Camboya a la Guerra de Vietnam, el gobierno de Obama emuló a Nixon respecto a Pakistán. Y lo grandioso es que nadie necesita otra “entrega” de WikiLeaks para saberlo. Está a la vista.

Los trucos de Tricky Dick allanaron el camino al Año Cero para los Jemeres Rojos. El cara o cruz de Obama puede estar allanando el camino para un Año Cero de la hermandad pastuna. El establishment de 16 agencias de la inteligencia de EE.UU. dice que la aventura afgana está condenada. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) se muestra algo sombría. Pero la Casa Blanca adicta a la ‘oleada -en lo que recuerda fuertemente los informes de la era de George W. Bush sobre Iraq- dice que todo va bien (el “ímpetu de los talibanes ha sido detenido en gran parte del país”). El jefe supremo del Pentágono Robert Gates dice que Washington controla ahora más territorio afgano que hace un año; tal vez en términos de centros comerciales de Kabul – y eso ya es una exageración.

El ímpetu de los talibanes, en todo caso, no es más que una idea de último momento. Lo que importa para la Casa Blanca es aplastar (“progreso significativo”) a al-Qaida, que supuestamente están ocultos no en Afganistán sino en áreas tribales de Pakistán. Eliminad a esos talibanes paquistaníes, con la CIA tocando la Cabalgata de las Valkirias, exactamente como un remix orgiástico del Apocalipsis Ahora de Francis Ford Coppola adecuado para Facebook, y con todos estos tanques de los Marines de EE.UU. que arrollan la provincia Helmand y ofrecen una primorosa contrapartida. Adoro el olor de un talibán que arde por la mañana. Me hace pensar en… reelección.

Pero, ¿qué pasa con el daño colateral? Sujetos duros del tipo de “hombres duros van a Teherán” dicen que esto es para afeminados (la Fundación Nuevo EE.UU. dice que cerca de un tercio de las muertes por drones son civiles, pero eso es una inmensa subestimación, según fuentes paquistaníes). Se garantiza, en todo caso, que las repercusiones durarán hasta el Siglo XXII.

¡Más rápido CIA! ¡Maten, maten!

De modo que no es el Pentágono sino la CIA la que hace llover Muerte desde lo Alto sobre pobrísimas aldeas de chozas de adobe en un país con el cual EE.UU. no está en guerra. Las cosas podrán cambiar -véase el frenesí por atrapar legalmente al “terrorista” Julian Assange- pero la ley estadounidense no condona exactamente campañas de asesinato masivo.

La guerra de drones de la CIA es obviamente secreta e ilegal. Eso se puede arreglar si el presidente entrante del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes de EE.UU. actualiza la autorización del Congreso para esta guerra ampliada contra al-Qaida. En cuanto a los pastunes que colaboran con la CIA, son técnicamente afganos, no paquistaníes, de diferentes tribus; lo que fomentará siglos de subsiguientes problemas tribales una vez que las familias de los muertos establezcan quienes son los alcahuetes.

Sea cual sea la retórica que emane de Washington en 2011, el juego seguirá siendo debidamente realizado según un solo guión que propone conspiraciones; pentagonistas estadounidenses visitan Islamabad/Rawalpindi para advertir a los paquistaníes de la perenne “impaciencia estratégica” con lo que están haciendo, mientras el establishment militar y de la inteligencia sale a la luz para pretender que hace todo lo que puede, pero que también tiene que velar por los propios intereses de Pakistán.

En breve: esperen para 2011 un interminable desfile de Predators y Reapers que disparen andanadas de misiles contra los usuales “presuntos militares” en Waziristán del Norte, Khyber, o cualquier otro sitio en las áreas tribales, y olvidad la idea de que Islamabad/Rawalpindi envíen su ejército a Waziristán del Norte a combatir contra “al-Qaida” o incluso las tribus locales.

Lo que esto significa esencialmente es que la nebulosa/mito, convenientemente marcada, “al-Qaida” sigue fuera de peligro. No hay manera de que unas pocas docenas de yihadistas invisibles puedan ser aplastadas por la ilegal guerra aérea de la CIA, para no hablar por tropas de Islamabad/Rawalpindi. E incluso suponiendo que pudieran, las “franquicias” se mantendrían activas – como en AWAP, al-Qaida en la Península Arábiga/Yemen.

Conversión al drone

¿A quién le interesa Don’t Ask, Don’t Tell [Prohibido preguntar, prohibido decir]? El nuevo éxito en todo lo que tiene que ver con AfPak es la conversión al drone. El próximo jefe del Servicio Clandestino Nacional de la CIA -es decir, el nuevo máximo espía de la CIA- es John D Bennett, que no es otro que el ex jefe del ala paramilitar de la CIA infestada de drones. Un artículo de Associated Press llegó a afirmar que dirigió drones en Pakistán durante la era de Bush.

Incluso el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, general “Hoss” Cartwright, se ha convertido completamente al uso de drones. Desde su punto de vista, COIN [la campaña de contrainsurgencia] pasó a la historia; lo que está de moda es el “contraterrorismo”, tal como es aplicado en la guerra aérea saturada de drones. Hay que considerar la guerra de drones como el principal paquete de estímulo de Washington en Asia Central.

El progreso en el sobre-estimulado Afganistán, según el informe de fin de año del gobierno de Obama, es “frágil y reversible”. Significa en la práctica que, a pesar de toda la propaganda, Kandahar, saturada de misiles, no se convertirá en el Condado Orange [uno de los condados más ricos de EE.UU. cercano a Los Ángeles, N. del T.] en el futuro previsible.

La historia de Afganistán no se complicará; se diluirá como siempre. Los afganos seguirán diciendo una y otra vez que no son exactamente admiradores de los talibanes – que odian aún más a la corrupta pandilla de Hamid Karzai y Washington por permitir que su país ocupado sea controlado por gángsteres y señores de la guerra.

Washington seguirá retocando su “estrategia” perdedora de golpear a los talibanes con un poder de fuego extremo. Los talibanes, por su parte, ya han perfeccionado su propia estrategia de “huir del sur – ir al norte”. Todos los caminos en Afganistán llevan a Kabul; no es por accidente que todos han sido interceptados o están bajo ataque de los talibanes. El gobierno de Karzai se detiene abruptamente en la última comisaría al sur de Kabul, en camino a Kandahar. Es como si Kabul estuviera envuelta por una espectral sensación del Titanic – esa camarilla neocolonial de generales, diplomáticos, organizaciones no gubernamentales y contratistas de la seguridad, mimados, aislados en sus condominios, que se apresuran a divertirse como antes de la caída de Saigón.

Pero en todo caso, aparecerá con fuerza una “nueva” narrativa – la “disminución” a paso de tortuga de la OTAN desde 2011 a 2014. Pero eso no significa el comienzo del juego final – ¿no más guerra? Más bien es un retorno al comienzo como en “todos los que entren, abandonen toda esperanza (las puertas de la suposición falsa)”. Con (literalmente) el estruendoso aplauso de una camarilla de neófitos terroristas neo-yihadistas, la Casa Blanca ha subrayado explícitamente “el compromiso duradero de la OTAN más allá de 2014”.

Una característica clave de este “compromiso duradero” es que los soldados del ejército afgano y los policías entrenados por la OTAN (suplementados por contratistas privados estadounidenses del modelo Dyncorp/Blackwater) necesitarán no menos de 6.000 millones de dólares por año, cada año, probablemente hasta la eternidad, de los usualmente eufemísticos “donantes internacionales”, y los esenciales son los contribuyentes de EE.UU.

Es gas, gas, gas

Y es el momento en el que el Año del Drone confluye con lo que el difunto gran deconstructivista Jacques Lacan calificaría de “lo indecible”: las relaciones invisibles y peligrosas entre la “guerra contra el terror” y la guerra energética, como en la correspondencia entre la topografía de la guerra contra el terror y todas las fuentes clave de energía del Siglo XXI, desde Medio Oriente a Asia Central.

Esto implica un capítulo esencial de Ductistán -la interminable saga del gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), que ha estado al centro mismo del complicado matrimonio Washington-Kabul desde mediados de los años noventa.

El acuerdo intergubernamental TAPI fue finalmente firmado a mediados de diciembre. Que no quepa ninguna duda; hablamos de Washington en superdirecta. El Banco de Desarrollo Asiático respaldado por Washington tendrá que contribuir la mayor parte del paquete financiero de 7.600 millones de dólares (y suma y sigue). El TAPI, de 2.000 kilómetros de largo -que será construido por un consorcio internacional- serpenteará a través de muy problemáticos 735 kilómetros en Afganistán y 800 kilómetros en Pakistán.

Dejando de lado la exageración, no existe una evidencia concreta de que el TAPI vaya a “estabilizar” Pakistán o a contribuir a que India y Pakistán intercambien besos en lugar de insultos. AfPak en este caso son los dos países de tránsito. La mayor parte del trozo afgano será subterránea – muy parecida al BTC apoyado por EE.UU. de Bakú en Azerbaiyán a Ceyhan en Turquía. En teoría, pagarán a las aldeas locales para que protejan el gasoducto. Pero eso no llega a garantizar la seguridad de una serpiente de acero que cruzará Afganistán occidental y luego irá hacia el este a través de Kandahar.

De nuevo en teoría: TAPI es ciertamente una Ruta de la Seda de acero entre Asia Central y del Sur. Si se llega a construir el TAPI -y sigue siendo un “SI” muy grande- ciertamente será un monstruoso cruce de Ductistán con el Imperio de Bases de EE.UU. Porque la seguridad general no será garantizada por otros que por el Pentágono y la OTAN. Y eso significa que el Occidente Atlanticista quedará eternamente empotrado en AfPak. Se puede imaginar las conclusiones a las que llegarán los talibanes a ambos lados -para no hablar de pastunes contrariados en general.

E incluso si construyen el TAPI, todavía no significa que su competidor clave, el gasoducto Irán-Pakistán-India (IPI) por 7.300 millones de dólares, también conocido como “gasoducto de la paz”, haya perdido la batalla – horrorizando a Washington. Los indios lo han dicho – ahora buscan gigantes aseguradores del tipo de Lloyds. Y Pakistán definitivamente los quiere a ambos, TAPI e IPI.

En teoría, el TAPI debería estar terminado en 2014. ¡Qué sorpresa! Es exactamente el año fijado como plazo (por ahora…) para la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán. Nadie saldrá de ninguna parte. Finalmente, se verá que todo el lío AfPak es una estratagema de Ductistán.

Mientras tanto, que tengan buen Año del Drone. Y ya que estamos, les doy algunas noticias de última hora. La estrategia del Pentágono y la OTAN para AfPak en 2011 ya ha sido establecida: esperar la ofensiva de primavera/verano de los talibanes para ver por dónde van las cosas. Y luego darles con los drones hasta que mueran.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

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Se han publicado 3 comentarios



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  • Jose Garcia Parrales dijo:

    Que horror, nuestra lucha contra el imperio no decaerá en cualquier lugar y forma. El capitalismo guerrerista ,opresor y rapaz no pasará

  • Julio Herrera dijo:

    En el tablero de ajedrez real, la gente que defiende su territorio con inteligencia, perseverancia derrotara a la tegnologia Estadounidense por muy sofisticada que sea.

  • Miguel A. Gomez dijo:

    Estimados amigos : De todo lo que antecede podemos deducir algo tenebroso: nos hemos acostumbrado o nos estan acostumbrando, a que todos estos asesinatos de civiles son absolutamente normales, casi necesarios. se trata que hemos perdido el sentido de la santa indignacion , en lugar de la condena permanente adoptamos la condonacion permanente y asi nos hacemos complices. Eso es lo que quieren establecer y lo estan logrando. Nadie les espeta a estos genocidas que todas sus elucubraciones no han llegado a nada en el curso de los anos de postguerra , perdieron en Corea, en Vietnam, en Camboya, en Somalia, en Iran. en Cuba, en Indonesia donde comenzaron el asesinato masivo de ” comunistas ” como metodo de salvar al mundo, estan perdiendo en Sur America su hegemonia, salvo en Honduras donde, lamentablemente, no ha surgido la respuesta contundente que les haga lamentar su golpe en funcion de perdidas y consecuencias verdaderamente negativas para sus elites, cliques y gorilas. Al no tener el recordatorio permanente de sus fracasos, comienzan a partir de cero en cada oportunidad y de paso, nos sorprenden y neutralizan. Como ejemplo necesario, la publicacion medica The Lancet . britanica y reconocida, estimo en Agosto del 2008 la cantidad de un millon y medio de victimas civiles en Iraq solamente , resultado de encuestas serias. Al no mantener la santa indignacion les otorgamos” normalidad ” Si ellos reciben un chisme interesado sobre la permanencia de Talibanes en tal sitio, ni se molestan en comprobarlo, envian los aviones teledirigidos al instante,si hay danos colaterales, lease ninos y ancianos, importa poco, hay que tocar todas las teclas, alguna eliminara un militante y 99 civiles. A nosotros solo nos falta aplaudir. Aun Cuba, es timida en el contraataque. Saludos Bolivarianos.

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