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La depredadora esencial del “Acuerdo de Cotonou”

26 agosto 2009 | +

MCs. Gloria Teresita Almaguer G.
Centro de Estudios Europeos

Toda la concepción de Marx no es una doctrina sino un método.

No ofrece dogmas hechos,

sino puntos de partida para la ulterior investigación

y el método para dicha investigación”.

Federico Engels,
Carta a W. Sombart, 1895

&.1 ¿Por qué el análisis del “Acuerdo de Cotonou”?

Resulta un hecho comprobado que la tradicional retórica utilizada por el liderazgo comunitario europeo, constituye, entre otras, una de las causas que más favorece el que muchas veces pase inadvertido lo pernicioso de la mayor parte  de las estrategias de relaciones que dirigen hacia lo que la geopolítica ha redefinido como “Sur”, no siempre coincidente con la ubicación geográfica de éste.

Dígase todas las regiones y pueblos del planeta que, mayoritariamente ricos en recursos materiales y humanos, hoy se encuentran debilitados y empobrecidos de manera dramática como resultado directo del vergonzoso e ilimitado saqueo del que han sido y continúan siendo víctimas desde hace más de cinco siglos, precisamente por esa otra parte del mundo que, en efecto inverso, por las mismas razones, adquirió las riquezas y poderes con las que hoy paradójicamente les pretende dominar.

Un mundo en el que las principales potencias europeas, y por extensión, el bloque que lideran, ocupa un lugar relevante.

Desentrañar este lenguaje, y en consecuencia descubrir las verdaderas motivaciones que intenta ocultar, constituye tarea esencial cuando de cambiar ese secular e injusto orden internacional se trate; deber que se torna cada día más impostergable. Así, solo vistos desde esta perspectiva es que pueden evaluarse en su justa medida los tan promocionados acuerdos de cooperación o “Acuerdos de Asociación Económica” que la Unión Europea propone, o mejor, la mayor parte de las ocasiones impone a nuestro “Sur”, en este caso específico, el “Acuerdo de Cotonou”.

En el discurso pronunciado en el cementerio de Highgate en Londres, el 17 de marzo de 1883, ante la tumba de Carlos Marx, Federico Engels afirmó, “Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. (…) Ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”[1].

Y así fue. Son muchos los legados del genial líder; uno de los más importantes lo constituyen,  precisamente sus métodos de investigación científica y dentro de ellos, el conocido como “método histórico-lógico”, utilizado en todas sus trabajos, y muy especialmente en su crítica a la Economía Política y en su obra cumbre, “El Capital”; método que a decir del  propio Engels, deviene “…un resultado que apenas desmerece en importancia de la concepción materialista fundamental”.

Se trata del análisis de los procesos sociales en su lógica -entiéndase a través del procedimiento  lógico-,  que “…no es, en realidad, más que el método histórico, despojado únicamente de su forma histórica y de las contingencias perturbadoras, (…) la imagen refleja, en forma abstracta y teóricamente consecuente, de la trayectoria histórica; una imagen refleja corregida, pero corregida con arreglo a las leyes que brinda la propia trayectoria histórica”[2] .

En consecuencia, un método imprescindible para conocer la esencia de dichos procesos, lo cual significa acercarse a su verdadera naturaleza, al cómo son, y no al cómo se desea que sean o al cómo se desean presentar; entiéndase sobre todo aquellos procesos que por su trayectoria histórica e irrefutable lógica, contribuyen a desenmascarar a quienes, edulcorándolos, les falsean.

Es desde este punto de partida que se propone el presente análisis.

&.2 La lógica imperialista del “Acuerdo de Cotonou” entre la UE y el Grupo ACP…, a través de  su propia historia

Resulta un hecho que en las primeras ideas acerca del “Tratado de Roma” -1957-, no se encontraban contempladas las relaciones que los países europeos fundadores del proyecto -Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos- mantendrían con sus colonias, o con los Estados que podrían crearse como resultado del proceso de descolonización que ya se generaba en éstas .

De acuerdo con expertos, fue Francia con su “tozudez” quien más abogó por la idea de asociar a la naciente Comunidad Económica Europea (CEE) los llamados “territorios coloniales de ultramar”, incluyéndolo en el tratado constitutivo, aunque fuese tardíamente. Fue así como sobre la base de la Política Comercial Común que facilitaría el proceso, el “Tratado de Roma” recibió la adición de una “Cuarta Parte”, dedicada a normar la “Asociación de los Países y Territorios de Ultramar”[3] (APTU). Acto de envergadura histórica, pues con él el bloque creaba también el dispositivo de recolonización, que nacía así totalmente institucionalizado

Establecido el marco legal, la CEE comenzó a (re)crear el sistema de relaciones con estos actores, implementándolas a través de esquemas tácticos diferenciados que obedecían no obstante a una misma estrategia: perpetuar los vínculos y con ellos, la dependencia de sus antiguas metrópolis de los entonces mayoritariamente jóvenes Estados; estrategia que respondía fielmente a las pretensiones de dominación imperialista que mantiene dicho bloque hacia un mundo de cuyo empobrecimiento estructural constituye en consecuencia, uno de los máximos responsables, como ha sido dicho.

En lo que respecta específicamente a África, Norte y Subsahariana, la más importante área de influencia del bloque, esta estrategia comenzó a implementarse en 1957, desde los propios albores de su construcción. Sin embargo, no sería hasta 1975 que la entonces CEE  promovió la iniciativa de crear el Grupo África, Caribe, Pacífico o Grupo ACP[4], formado por las ex colonias de sus Estados miembros ya no solo en el territorio africano sino también en las mencionadas regiones; grupo en el que previsoramente fueron incluidos aquellos  países que habían sido colonizados por dos naciones europeas, España y Portugal, las que si bien aún no formaban parte de la Comunidad, se encontraban dentro de los por entonces sus futuros planes de ampliación.

Obviamente, no resulta casual que fuera sido precisamente hacia mediados de los 70 que el bloque europeo haya demostrado un mayor interés hacia estas regiones, si se toma en consideración la crisis económica que afectaba a la economía mundial y el necesario fortalecimiento que ello imponía a los poderes imperialistas mundiales.

En este contexto, las relaciones UE-ACP, se instrumentaron a través del “Convenio Lomé”, que fue objeto de 4 revisiones, las 3 primeras esencialmente referidas a la cooperación económica. En 1989, con Lomé IV, válido para un período de 10 años, la CEE introdujo en el acuerdo el condicionamiento político, a partir del cual la asignación de la mal llamada ayuda financiera que destina a sus contrapartes, pasa por el cumplimiento de criterios de “buen gobierno” y de Derechos Humanos, obviamente desde los manipulados conceptos de la falaz “democracia burguesa”.

Pero Lomé IV expiró en el año 2000, nunca hubo un “Lomé V”; en su lugar apareció una nueva propuesta, un acuerdo “de cuarta generación”, como eufemísticamente lo clasifica la Unión Europea, en realidad, un gran Tratado de Libre Comercio, altamente nocivo por su amplio alcance, el “Acuerdo de Cotonou”.

2.1 ¿Cómo surgió este nuevo “Acuerdo?

En realidad, el proyecto comenzó a gestarse entre 1989 y 1990, período también esencialmente importante en la dinámica de las relaciones internacionales, económicas y políticas[5]. Y es que desde “Lomé IV”  se fueron preparando las condiciones para la posterior aprobación de “Cotonou” y de los mecanismos a través de los cuales éste se instrumenta: los “Acuerdos de Asociación Económica” (AAE), también conocidos como EPAs por sus siglas en inglés, Economic Partnership Agreements. En la praxis, tratados de libre comercio (TLC) enriquecidos, pues incluyen cuestiones no comerciales, y en consecuencia altamente letales para los empobrecidos Estados ACP, tal y como se les identifica.

Así, en “Lomé IV” fue introducida una cláusula de apoyo a los “programas de ajuste estructural” exigidos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. A su vez, las reglas de intercambio comenzaron a adecuarse a las de la entonces joven Organización Mundial de Comercio (OMC): limitación de las preferencias arancelarias de que disfrutaban los productos ACP en el mercado comunitario; aplicación de la “normas” de origen; etc. Empezaba también un fuerte cuestionamiento de los protocolos del “banano” y el “azúcar”. Un proceso que se mantuvo y fortaleció a lo largo de toda la década en que estuvo en vigor “Lomé IV”, para lo cual la Comisión Europea utilizó como argumento los pobres resultados que en materia de desarrollo se habían logrado con los convenios anteriores, algo en lo cual desafortunadamente tenía razón, aunque, como les resulta consustancial, oportunistamente se equivocaran en las causas.

También fueron esgrimidos los supuestos beneficios que aportan el libre comercio para el crecimiento económico y el desarrollo; y la necesidad de aceptar lo que ya parecía constituir una realidad inexorable, la “universalización” de la lógica liberal -y neoliberal- en las relaciones comerciales, de acuerdo con las disposiciones de la OMC. Fue precisamente esto último, la justificación más importante empleada por la Unión Europea para imponer el cambio: la  necesidad de acogerse al “principio de no discriminación” de este organismo contenido en el Artículo I del “Acuerdo General de Aranceles y Comercios” -GATT por sus siglas en inglés-,  el cual prohíbe que en el ámbito comercial les sean otorgadas condiciones preferenciales a unos países miembros, excluyendo a otros; aunque,  como excepción, se admite la posibilidad de que los Estados constituyan acuerdos regionales, uniones  aduaneras o zonas de libre comercio que deben cumplir determinadas condiciones[6].

A su vez., la “cláusula de habilitación” -establecida en 1979- permite el incumplimiento del “principio de no discriminación”: para dar cumplimiento al principio de tratamiento preferencial a los llamados “países en vías desarrollo”, acepta la firma de “acuerdos no recíprocos” con éstos,  siempre que se apliquen a todos por igual, sin discriminar a unos frente a otros.

Sin embargo, los “Acuerdos de Asociación” refrendados por “Lomé” no cumplían “el principio de no discriminación” del GATT, ni se correspondían con las excepciones mencionadas. Hasta entonces la UE había sorteado las disposiciones, primero del GATT y después de la OMC, con dos “derogaciones temporales”. La última estaría vigente hasta el 31 de diciembre de 2007, momento en el cual las relaciones comerciales con los ACP perderían todo tipo de preferencias no recíprocas frente a terceros países.

Un proyecto que generó preocupaciones e incluso conflictos dentro de los Estados ACP, relacionados con el  fuerte y negativo impacto que tendría esta nueva modalidad de intercambios sobre sus frágiles economías. Así, a solicitud de los propios ACP, en 1998 la Comisión Europea realizó estudios acerca del posible impacto de los AAE y de la aplicación del principio de reciprocidad en cada una de las 6 regiones en las que debía quedar conformado el Grupo. Sus conclusiones, “más que moderadas”, indicaron, entre otros aspectos, que: no se garantizaban efectos positivos de las inversiones; que se trataba de un régimen de intercambio actual más perjudicial que el existente; que el comercio regional sería afectado en perjuicio de los ACP, dada la competencia del producto comunitario y por último que podría ser dañada la, hasta ese momento, relativa unidad entre éstos últimos. En respuesta, el bloque comunitario prometió “bonanza económica” y trabajar para lograr “reducción de la pobreza”, pero en realidad, detrás de la retórica del discurso no fueron contempladas las asimetrías[7].

No obstante, el 23 junio de 2000 fue firmado el “Acuerdo de Cotonou” para un período de 20 años. Un proyecto que tal y como se había denunciado, termina siendo altamente devastador para los “socios menores”, los países ACP.

2.2 La depredadora esencia del “Acuerdo de Cotonou”

Ya desde su propia escritura, el “Acuerdo de Cotonou” fija el nuevo propósito que asumen las reglas contractuales. Así, el Art. 34-2 refrenda que “…el objetivo último de la cooperación comercial y económica es la transición hacia la economía mundial liberalizada”.

Y es que las preferencias arancelarias no recíprocas desaparecen definitivamente con “Cotonou”. En un inicio debían estar vigentes solo hasta el 31 diciembre de 2007, fecha en que  debieron culminar las negociaciones de los AAE, lo cual no se logró.  Una “dificultad” para la cual la UE parece haber encontrado solución: su conocido esquema de las “velocidades”, llamados aquí, “acuerdos interinos o temporales”.

Sin embargo, por más de un cuarto de siglo, recuérdese que desde 1975, los países ACP estuvieron disfrutando de estas supuestas ventajas comerciales, y de una controvertida asistencia financiera por parte de la UE, teóricamente destinada a cubrir un porcentaje de las actividades productivas. De igual modo, el bloque europeo decía suministrar un importante monto de materias primas necesarias para esta producción. Ciertamente, una falacia.

Y es que el subdesarrollo estructural de esas economías -herencia del colonialismo y sus nuevas manifestaciones- ha limitado siempre, y lo hace aún, la posibilidad de hacer un uso eficiente de las supuestas ventajas; en realidad las relaciones comerciales continuaron desarrollándose de forma competitiva mientras se producía la pérdida ascendente de las aparentes preferencias arancelarias. En resumen, muy poco fue lo que éstas pudieron aportarle a los ACP, la muestra es el empobrecimiento extremo de la mayor parte de estas naciones.

A su vez, “Cotonou” erosiona el principio de “tratamiento único” para los ACP en su dimensión de “Grupo”: los AAE se negocian de manera bilateral entre la UE y cada una de las naciones contrapartes, complementándose con convenios de carácter subregional en correspondencia con la inclinación comunitaria a negociar con bloques comerciales regionales. Al efecto, los ACP fueron fragmentados en 6 subregiones: África Subsahariana, quedó estructurada en cuatro, África Oeste, Central, Sur y Este; el Caribe, forma un grupo, el CARIFORUM[8]; y el Pacífico[9] otro independiente.

Asimismo, en continuidad con “Lomé IV”, el “Acuerdo de Cotonou” mantiene lo relacionado con los  condicionamientos políticos, fortaleciéndolos: toda presunta “cooperación” pasa por el “cumplimiento” y “respeto” de los Derechos Humanos en la interpretación comunitaria de éstos: la gobernabilidad; la democracia representativa; la lucha contra la corrupción, etc. La inobservancia de estos aspectos supone el cese eventual del intercambio por parte de la UE, con el agravante de que es precisamente el bloque, con su tradicional “doble rasero” quien evalúa a través de su propia medida.

Súmesele a esto que los “Acuerdos de Asociación Económica” o EPAS que promueve “Cotonou” incluyen los llamados “Temas de Singapur”[10], los que precisamente por su controvertido carácter y luego de fuertes debates, tuvieron que ser exceptuados del último ciclo de negociaciones multilaterales de la OMC, la “Ronda de Doha”. El problema es que con  ellos, además de la apertura de los mercados de bienes y servicios, la UE asegura libre entrada para sus inversiones en la región; protección para la propiedad intelectual de las empresas comunitarias, y la posibilidad de que dichas sociedades puedan participar libremente en las licitaciones gubernamentales de las compras públicas; todo lo cual tiende a profundizar aún más el proceso de debilitamiento que sufren los Gobiernos de esos países como consecuencia directa de las “políticas de ajuste estructural” y el galopante endeudamiento externo.

Una proyección potenciada en la “Estrategia  de Competitividad” aprobada por el liderazgo comunitario entre 2006 y 2007, “Una Europa[11], Global: Competir en el mundo. Una contribución a la Estrategia de crecimiento y empleo de la UE” cuyo “Plan de Acción” persigue entre sus objetivos principales, “La liberalización de básicamente todo el comercio”, incluyendo  a los “servicios y la inversión”[12].

Pero además, un análisis casuístico de los nuevos Acuerdos AAE, demuestra que la política de liberalización de “prácticamente” todo el comercio, tiene implicaciones diferentes para cada uno de los actores participantes del proceso. Para la UE y en general para los países ricos, su incidencia sobre los ingresos públicos es indirecta y marginal. En cambio, para regiones como por ejemplo África Subsahariana es vital, toda vez que de manera general, allí los aranceles representan alrededor de la tercera parte de los ingresos gubernamentales, lo que en casos como los de Lesotho y Uganda asciende al 50%. De acuerdo al Informe de Desarrollo Humano 2005, publicado por el “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD: “Un exhaustivo estudio concluye que tres cuartas partes de los países de ACP podrían perder 40% o más de sus ingresos impositivos y más de la tercera parte perdería entre el 60 y el 67%”, con consecuencias desastrosas para el soporte de las políticas de desarrollo de los respectivos Estados en cuanto a “servicios básicos e infraestructura económica”[13].

Todo lo cual se agrava por el carácter eminentemente agrario de estas economías y de sus exiguos renglones exportables, y la naturaleza altamente proteccionista de la “Política Agrícola Común” de la UE, conocida como PAC. Y es que, si bien en su discurso político, la UE plantea encontrarse en disposición de tomar medidas para reformar sus instituciones agrícolas, en realidad a su interior está dominada por los intereses propios y la intransigencia de la mayoría de sus Estados miembros que defienden y asumen el proteccionismo a gran escala, muchas veces encubierto.  Así, según datos del mencionado IDH, “No  hay nada mejor para demostrar la lógica perversa de los subsidios agrícolas que la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, convenio que gasta libremente 51 000 millones USD -43 000 millones de euros- en apoyar a los productores”, sin embargo de acuerdo a la misma fuente, “…se trata de un sector que representa menos del 2% del empleo pero absorbe más de 40%  del presupuesto total de la UE”[14].

Para ilustrar lo anterior el IDH toma el caso de la producción azucarera, en la cual tanto la agricultura como la industria “reciben cuatro veces el precio vigente del producto en el mercado mundial y generan un excedente de cuatro millones de toneladas”. Es precisamente este excedente el que se dirige  a los mercados mundiales, amparado “con la ayuda de más de 1 000 millones de USD en subsidios a la exportación”. Como resultado, “Europa es el segundo exportador más grande del mundo de un producto en el cual no tiene ventaja comparativa alguna”[15].

Mientras, “…los  productores de los países en desarrollo pagan la cuenta: las exportaciones subsidiadas de azúcar provenientes de la Unión Europea hacen caer los precios mundiales en cerca de 33%”[16]. En conclusión estos exportadores, a veces mucho más eficientes, obtienen pérdidas en divisas que se calculan en cifras millonarias. Y cita el Informe el caso de Mozambique, país del África Subsahariana identificado como PMA -o sea miembro del grupo Países Menos Adelantados del mundo creado por la ONU en 1971-, que aunque se encuentra enfrascado en desarrollar una industria azucarera competitiva, ésta “…queda excluida de los mercados de la UE mediante una cuota de importación que le permite proveer una cantidad equivalente a menos de cuatro horas de consumo de toda la Unión”. De manera que, concluye el documento, “Cuando se trata de la agricultura, hay límites inequívocos para la apertura de la Unión Europea”[17].

Por su parte, fue también en el contexto del “Acuerdo de Cotonou”, en febrero de 2001, que la UE aprobó la iniciativa “Todo menos armas” -también conocida como EBA, “Everything but arms”- dirigida a los Países Menos Adelantados del mundo (PMA). Presentada por el entonces Comisario de Comercio y actual director General de la OMC, Pascal Lamy, la propuesta se anunció como una gran oportunidad para estas naciones. Así, de acuerdo con el propio Lamy, “Lo que queremos establecer ahora es cómo podemos poner el comercio al servicio del desarrollo. A principios de 2001, propusimos la iniciativa “Todo menos armas”, liberalizando totalmente nuestros mercados para los países más pobres[18]“. Una formulación falaz, porque nunca ha sido así.

Y es que la “iniciativa” supuestamente concedía el acceso libre de derechos y de contingentes a los mercados comunitarios, a todas las exportaciones de los PMA con excepción de las “armas y las municiones”. Sin embargo, desde su propia formulación adoleció de importantes limitaciones:           1ro) estableció períodos transitorios a tres productos identificados como ‘sensibles’ por los Estados miembro del bloque, para los cuales la liberalización del mercado comunitario se lograría en diferentes etapas: el plátano hasta el 2006; el azúcar y el arroz hasta el 2009,  como se conoce productos de gran importancia para los PMA; 2do) no constituye un acuerdo contractual, la UE puede modificarlo de manera unilateral; 3ro) introduce fuertes medidas de salvaguarda que permiten su limitación de acuerdo a “criterios no siempre objetivos, como un “incremento masivo de las importaciones (…) en relación con (…) los niveles habituales de producción y exportación [de los PMA]“[19]; 4to) invalida instrumentos de regulación del mercado tales como el sistema de cuotas y precios[20].

En realidad, en algunos contextos, la “iniciativa” fue evaluada como una maniobra del liderazgo del bloque para comprometer a estos países a aceptar el entonces nuevo ciclo de negociaciones  comerciales que proponía la OMC, la “Ronda de Doha”[21]; en resumen otra de las engañosas “zanahorias” con las que el imperialismo europeo pretendió engañar a un “Sur” al que no cesa de expoliar, en este caso con el agravante de que se trata de la mayor parte de los países más empobrecidos del planeta.

No obstante, y pese a estas reconocidas realidades, el proyecto europeo dirigido hacia los ACP,  inscrito además como parte de la estrategia comunitaria para el cumplimento de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, se presenta hoy por el discurso político comunitario como una “importante coyuntura”, lo cual fue explícitamente expresado por Peter Mandelson, quien hasta octubre de 2008 se desempeñara como comisario de Comercio del bloque[22]. En síntesis, la propuesta, según palabras de Mandelson, parte de que si bien “la ampliación del comercio no es la solución mágica” en la agenda común de progreso ACP-UE, deviene una “gran oportunidad”, la “llave para revitalizar la relación de desarrollo” entre ambos bloques, y lograr un “acelerado crecimiento económico” en el primero. La pregunta es cómo podrá lograrse la necesaria equidad al relacionar economías tan dispares y asimétricas como las comunitarias europeas y las africanas.

En este contexto, a fines de octubre de 2007, y a solo dos meses de finalizar el plazo fijado por la Unión Europea para consumar la firma de los AAE -31 de diciembre del propio año-, ante la complejidad del proceso, el entonces Comisario declaró que las exigencias planteadas inicialmente tendrían que ser modificadas[23]; entre éstas, la referida a la inclusión en los “Acuerdos” del comercio de servicios y facilitación del comercio; inversiones, competencia y transparencia en las contrataciones públicas. En consecuencia, se comenzó a valorar la posibilidad que en esta primera etapa la mayoría de los convenios estuvieran restringidos solo a la comercialización de bienes.

No obstante, el Comisario dejó claro que la concesión obedecía a razones objetivas insoslayables y no a un cambio de posición respecto a los conceptos sobre los cuales se sustentan los “Acuerdos”. Así, casi inmediatamente después de hacer pública esta información, la Comisión Europea objetó varias propuestas del grupo de gobiernos de África Central.

Se informó además que  todos los países ACP que no hubiesen concluido el proceso de firma de los “Acuerdos” antes de la fecha límite, podrían ser objeto de sanciones: sus exportaciones perderían el trato preferencial del que supuestamente “disfrutan” en el mercado comunitario, obligándoseles a pagar gravosos aranceles, muchos de los cuales exceden el 10%. Posición que fue denunciada por múltiples organizaciones, movimientos sociales, sindicales, activistas e intelectuales. Grupos a los que se sumaron líderes políticos e incluso gubernamentales tanto de los países ACP como de las instituciones comunitarias europeas.

Entre éstos se destacó la posición del Ministerio de Comercio e Industria de Sudáfrica, al declarar  que gran parte de los AAE firmados hasta el momento se habían logrado gracias a las amenazas formuladas por la UE. Conjuntamente, los ministros de Asistencia al Desarrollo de cuatro de los Estados miembros del bloque comunitario, Irlanda, Reino Unido, Países Bajos y Dinamarca, solicitaron  moderación en la medida,  evitando sancionar a aquellas naciones que no hubiesen podido concluir el proceso de aprobación de los “Acuerdos”.

A su vez, Glenys Kinnock, miembro del bloque socialista del Parlamento Europeo se unió al reclamo, cuestionando el supuesto carácter de “herramienta para el desarrollo” que se les adjudica a los AAE, al menos en su formulación actual.  También refirió al negativo impacto que tendrán éstos sobre la  integración económica regional, particularmente en África.

2.3 Estado actual del proceso: la UE continúa castigando

Sin embargo, a pesar de la fuerte presión, al cierre de 2007 el bloque europeo solo había logrado la firma del EPA regional con el CARIFORUM; mientras, los Estados reorganizados en los 4 segmentos en los que fue fraccionada África Subsahariana y el grupo Pacífico continuaban insistiendo en la necesidad de eliminar de las negociaciones aquellas esferas de actuación ajenas al intercambio de bienes ya mencionadas.

Como respuesta a la conflictiva situación, el bloque introdujo la mencionada iniciativa de negociar dos tipos de acuerdos o “EPAs”, los totales y los parciales o interinos. Estos últimos soslayarían temporalmente los temas rechazados por las contrapartes del bloque, dígase los Estados ACP opuestos a la formulación primaria de los AAE, a la vez que responderían a las exigencias de la OMC.

Ésta es la zanahoria, ¿el garrote?: deberían incluir una cláusula evolutiva que permitiera finalmente alcanzar la concreción de los primeros, entiéndase del “Acuerdo de Cotonou” con todas sus exigencias, entre ellas las cuestiones no comerciales ya mencionadas. Aspectos que “…rechazados por los países africanos, se mantienen en la agenda europea bajo el argumento de que constituyen la mejor forma de alcanzar la integración de los ACP en la economía internacional y regional, lograr el crecimiento del comercio, la inversión y el desarrollo económico”[24].

Conjuntamente, la Comisión Europea se ha encargado de elogiar de manera explícita a aquellos PMA africanos que han decidido firmar algún acuerdo EPA -en lugar de acogerse a la iniciativa “Todo menos armas”-, indicativo de que continuará tratando de incorporar a la mayor cantidad de éstos a los acuerdos regionales, interinos o totales.

&.3 En resumen: la historia del proceso devela su esencia imperialista

Y es que se trata de una práctica con la cual la Unión Europea no hace más que eternizar el saqueo perpetrado durante siglos por las siempre expoliadoras “ex metrópolis“, el que, junto a las vergonzosas experiencias de la trata de esclavos y la esclavitud, han conducido a la mayor parte de la humanidad, al empobrecimiento extremo,  en algunos casos prácticamente al colapso total.

Así, el “Acuerdo de Cotonou” con sus Tratados de Libre Comercio, se encuentra muy lejos de la reciprocidad que dice refrendar, ¿pues qué libre comercio, qué reciprocidad puede existir entre  supuestos “socios”,  tan desiguales y asimétricos?[25].

Lo cierto es que inspirado en el desestabilizador y neoliberal espíritu de las instituciones financieras internacionales, y muy esencialmente de la OMC, constituye  una grave amenaza para la mayor parte de las ya de por sí deterioradas economías ACP. Sus consecuencias  pueden ser altamente devastadoras para estas empobrecidas naciones, con efectos lesivos y perdurables, incluido el “boomerang”, tan temido por los liderazgos imperiales.

¿Las alternativas? Existen, se encuentran en los proyectos integradores que sobre nuevas y solidarias bases construimos hoy en “Nuestra América”, devenida verdadero paradigma de lo que pueden hacer los pueblos cuando se deciden a marchar y a luchar por el bien común, siguiendo el camino que nos indicaran Bolívar y Martí “…en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, y que comenzó a construir la Revolución cubana con Fidel al frente, aquel histórico y memorable 1ro de  enero de 1959.

Ciudad de La Habana, 6 de  agosto de 2009

“Año del  50 Aniversario del Triunfo de la Revolución”


[1] Engels,  F. “Discurso ante la tumba de Marx”, (1883).    Sitio WEB: http://www.marxists.org

[2] Engels, F.  “Carlos Marx. Contribución a la crítica de la Economía Política“, 1859. Sitio WEB: http://www.marxists.org

[3] En la versión original del llamado “Tratado Constitucional Europeo “, la Unión Europea declaraba conservar 37 PTU; sin embargo, en su versión reformada, el “Tratado de Lisboa”, estos suman 53: 21 del Reino Unido; 21 de Francia; 6 de los Países Bajos; 1 de España; 2 de Portugal; 1 de Dinamarca y 1 de Finlandia. Veáse al respecto el trabajo de investigación anual 2008, “El nuevo Tratado de la Unión Europea: Antecedentes y Alcances”, de la investigadora  Leyla Carrillo R.  del Centro de Estudios Europeos de La Habana, Cuba.

[4] El Grupo ACP se integra hoy por 78 Estados, 77 de los cuales son signatarios de los acuerdos de cooperación con la UE, toda vez que Cuba, el miembro 78, no participa en éstos, al no aceptar los condicionamientos políticos exigidos por el bloque europeo.

[5] Corolario de la “Guerra Fría”; era del supuesto capitalismo triunfante en la que la “Historia había llegado a su final”; el GATT  desarrollaban  la “Ronda de Uruguay” que culminaría en 1994 con  creación de la Organización Mundial de Comercio, OMC.

[6] Véase al respecto, Marín E., A. “EL futuro de las relaciones entre la Unión Europea y África Subsahariana: Cotonou y los Acuerdos de Asociación Económica”. (DT) DT Nº 6/2005.  Sitio WEB: www.realinstitutoelcano.org

[7] Wurtz, F. “Los Acuerdos de Asociación Económica UE ACP: una amenaza para el desarrollo. (Discurso). Apertura de la audición sobre los Acuerdos de Asociación Económica UE- ACP”.  PE , Bruselas, 18/9/2007.   Sitio WEB: http://www.sia-acp.org

[8] El CARIFORUM, es el Foro del Caribe del Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico. A efectos de estas negociaciones, está compuesto por Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, República Dominicana, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Suriname, y Trinidad y Tobago.

[9] El “Grupo Pacífico” se encuentra integrado por 15 Estados: Islas Cook, Timor-Leste, Fiji, Kiribati, Islas Marshall, Estados Federados de   Micronesia, Nauru, Niue, Palau, Papua, Nueva Guinea, Samoa, Islas Salomón, Tonga, Tuvalu, Vanuatu.

Sitio WEB: http://www.acp-eucourier.info

[10] En la Ira Cumbre de la OMC celebrada en 1996, en Singapur, la Unión Europea y Japón plantearon  introducir en las negociaciones 4 nuevas cuestiones: “facilitación del comercio”; “inversiones”, “competencia” y “transparencia en las contrataciones públicas”. Estos tres últimos, con un importante punto en común: trascienden la actividad comercial. Propuesta que generó una fuerte oposición por parte de los países del “Sur geopolítico” integrantes de la OMC, razón por la cual hasta el momento se han sido excluidos de las negociaciones en las diferentes cumbres ministeriales y de la “Ronda de Doha”.  Para suplir el déficit, y ante la momentánea paralización de “Doha”, la UE les incluyó  en su nueva “Estrategia de Competitividad”.    Véase: Khor, M. “Los temas de Singapur en la OMC: ¿Qué hay en juego y cuál es su importancia?”, 2003.   Sitio WEB: www.redtercermundo.org.uy

[11] Debe leerse, “la Unión Europea” y no “Europa”: se trata  -una vez más-  del pernicioso euro centrismo practicado por el liderazgo comunitario.

[12] Comisión de las Comunidades Europeas. “Comunicación «Una Europa Global: Competir en el mundo. Una contribución a la Estrategia de crecimiento y empleo de la UE”. Bruselas, 4 de octubre de 2006. COM(2006) 567 final. Sitio WEB: http://eur-lex.europa.eu

[13] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).  Informe de Desarrollo Humano 2005  ”La  cooperación internacional ante una encrucijada: ayuda al desarrollo, comercio y seguridad en un mundo desigual”. Ediciones Mundi-.   En lo adelante IDH 2005.

Sitio WEB: http://hdr.undp.or

[14] Ibidem

[15] Ibidem

[16] Ibidem. Un hecho al que ya había hecho referencia el ex comisario de Comercio Peter Mandelson en diciembre de 2004, cuando expresaba: “Existen buenas razones para reformar nuestro sistema azucarero en la misma dirección que nuestra reforma de la Política Agrícola Común: eliminar las distorsiones al comercio y sentar las bases de una producción agraria más sostenible y orientada al mercado. En una situación en que los precios del azúcar de la Unión Europea son tres veces superiores a los precios mundiales, pienso que la propuesta de la Comisión de recortarlos un 33% es un primer paso realista sin ser revolucionario. Soy consciente sin embargo de que tendrá una gran repercusión en las economías de los países ACP dependientes del acceso preferencial al mercado europeo. Entiendo sus responsabilidades. Comprendo su punto de vista acerca de las propuestas de reforma de la Comisión, pero en algunos casos el ajuste económico es inevitable y no puede posponerse indefinidamente. De hecho, cuanto más tardemos más duro será el ajuste.”. Véase, Mandelson, P. “Relaciones ACP-UE en la economía global”. (Intervención). Diciembre de 2004. Sitio WEB: europa.eu.int

[17] IDH 2005: Opus Cit.

[18] CEE. “La Comisión aprueba un plan para promover la capacidad de los países en desarrollo de beneficiarse del comercio”. Bruselas, 18 de septiembre de 2002  Sitio WEB:http://ec.europa.eu/trade

[19] Intermón Oxfam. “Todo menos armas… ¿y azúcar?, 2005. Departamento de Intermón Oxfam. Dirigirse a: msambade@intermon.org.

[20] Bello, W.  “Negociaciones de la OMC en aprietos. No hay que fiarse”.  Focus on the Global South, octubre de 2005.

Sitio WEB: http://www.recalca.org.co

[21] Veáse Marc, R. J. “Iniciativa Todo menos armas de la Unión Europea.  Un regalo con trampa”. 30 de marzo de 2001.

Sitio WEB: http://www.tercermundoeconomico.org.uy;  y  Bello, W. Opus Cit.

[22] Mandelson, P. “IX Cumbre Paritaria ACP-UE. Relaciones  ACP-UE. (Intervención). Abril 2005.  Sitio WEB: europa.eu.int

[23] Véase, Cronin, D. “La UE rebaja sus pretensiones ante el Sur pobre”. IPS, Italia, 29 de octubre de 2007; y Sudáfrica denuncia coacción para firmar EPAs”, IPS,  Bruselas, 26 diciembre 2007

[24] Marín, E.A. “Memorando Opex Nº 89/2008: Los Acuerdos de Asociación Económica (EPA) entre la Unión Europea y África Subsahariana”.

Sitio WEB:www.falternativas.org

[25] Veáse al respecto: Baró, S. “Beneficios del libre comercio para África”. CEAMO, 2009. Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente. En publicación:  Ceamonitor, vol. 6, no. 1. CEAMO, Centro de Estudios sobre África y Medio Oriente: Cuba. Enero. 2009

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