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Carlos Muñiz: el eterno cubano que llevó adentro

En este artículo: Carlos Muñiz
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Carlos Muñiz: el eterno cubano que llevó adentro

Carlos Muñiz: el eterno cubano que llevó adentro


Por: Marcos Alfonso
Servicio Especial de la AIN

El monseñor, inquieto, con sonrisa taimada, se refocilaba ante la imagen que contemplaba. Era testigo de excepción de la Peter Pan Operation, organizada por la CIA norteamericana, mediante la cual cerca de 14 mil niños cubanos arribaban a los Estados Unidos.

Diciembre de 1960 tocaba a sus finales. Los infantes de la Isla, sometidos al inhumano desarraigo de la tierra en la cual vieron la luz por primera vez, eran conducidos al incierto camino del destierro.

¿El motivo?, la propalación por agentes del gobierno de Estados Unidos de una supuesta ley, “sustraída del despacho” del líder Fidel Castro, mediante la cual Cuba suprimía el derecho de los padres a la guarda y custodia de los hijos. Muchas familias mordieron el anzuelo y enviaron, en solitario, a su descendencia rumbo Norte.

Carlos Muñiz Varela, (Colón, Matanzas, 10 de agosto de 1953) y su hermana, fueron enrolados en la aventura por Idania, su madre, quien incluso viajó con ellos en el propio vuelo en absoluto clandestinaje.

“Mamá debía ser para nosotros como una extraña durante toda la travesía”, confesó Miriam, la hermana, años después. “Aterrizamos en Miami y, con Carlitos de la mano, le recordaba constantemente no dirigirse a mima ni descubrir que ella se hallaba allí. Él no comprendía, era muy pequeño…”

Los hermanos fueron enviados al campamento Florida City, lleno de “casitas habitadas por matrimonios que atendían entre ocho y diez niños. Fuimos separados”.

El tiempo, inflexible, se ha encargado de resucitar el rosario de calamidades padecido por aquellos y otros miles de infantes: alimentación deficiente, robos constantes, peleas, agresiones corporales… y lo más lacerante y traumático: la separación de sus padres.

La dramática aventura norteamericana de la familia Muñiz Varela finalizó con la segunda emigración, esta vez hacia Puerto Rico, que tampoco les deparó mejores derroteros.

Durante el curso 1971-72 Carlos Muñiz ingresó en la Universidad borinquen. El desarrollo de su intelecto propició que el joven comenzara a hurgar en sus raíces. Integró en la casa de altos estudios la Juventud Independentista Universitaria y se unió a la Comisión Política y la Secretaría de Asuntos Obreros, la cual llegó a dirigir.

A finales de 1977 participó en la constitución de la Brigada Antonio Maceo, lo cual le propició el encuentro con sus orígenes cubanos. Su accionar dinámico y madurez política lo convirtieron pronto en uno de los protagonistas del diálogo y el reencuentro entre los cubanos desarraigados de su tierra y los de la Isla.
Significaba para aquellos jóvenes en Borinquen como volver a sus orígenes y desplegar un puente entre Puerto Rico y Cuba: todo se traducía en paz y armonía.

Pero… ya figuraba en la lista negra de la mafia anticubana asentada en el país de Betances. No obstante, abrió la Agencia de Viajes Varadero en medio de aquel escenario plagado de enemigos e, incluso, no detuvo su ejecutoria a pesar de haber sido amenazado de muerte en varias ocasiones.

Era sábado. Corría el 28 de abril de 1979 cuando un asesino con el rostro cubierto por un pasamontañas, abatió a balazos a Carlos en las calles de San Juan. Tenía 26 años al morir. El terrorista Pedro Crispín Remón Rodríguez, apodado el Sicario de la Máscara, íntimo de Posada Carriles, fue el autor de tan abominable crimen. Él y sus secuaces jamás fueron condenados.

La historia no puede soslayar los acontecimientos y Carlos, el pequeño que a los nueve años fue arrastrado por la fuerza de la mentira, logró hallar su camino, como otros jóvenes de la comunidad cubana en el exterior.

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