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Ningún proceso histórico escribió una página tan brillante como la que ha escrito nuestro pueblo

En este artículo: Cuba, Fidel Castro Ruz
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Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del VI Congreso de los CDR, en el teatro “Karl Marx”, el 28 de septiembre del 2003, «Año de gloriosos aniversarios de Martí y del Moncada».

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

Queridos cederistas:
Eso somos todos, ustedes, los de la presidencia y los invitados que hablaron aquí expresando sus sentimientos solidarios.

Esta vez no ha ocurrido como otras veces en que he podido participar a lo largo de todo el evento, el enorme trabajo de estos tiempos me lo ha impedido; pero conozco bastante de lo que se ha discutido, del entusiasmo y el éxito que ha caracterizado este VI Congreso. Y no podía ser de otra forma.

Se me ocurre pensar que si los Comités de Defensa de la Revolución no hubiesen sido creados hace 43 años, habría que crearlos ahora. Parece una contradicción, porque podía seguir otra pregunta: Si hace 43 años no se hubiesen creado los Comités de Defensa de la Revolución, ¿podríamos estar ahora conmemorando esta fecha?

La existencia de esta organización nos hace pensar que sin esa característica especial de nuestro proceso no se hubiesen creado las organizaciones de masa que desde los primeros tiempos se crearon, algunas, desde luego, algo más tarde, porque fueron fruto de la propia Revolución, como la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana que nació a lo largo de las luchas heroicas de muchos años. Y es, realmente, característica muy esencial, casi única; ya que tenemos derecho a pensar y a meditar sobre los acontecimientos históricos, no creo que haya proceso revolucionario a lo largo de la historia que se hubiese apoyado tanto en las masas.

Si alguno se preguntara cuál es el misterio de esta Revolución, no podría haber otra respuesta que el hecho de haberse apoyado en las masas, masas organizadas, imprescindibles todas; porque así como sentimos orgullo de esta institución —vamos a llamarlo así—, también sentimos orgullo de nuestros pioneros, que tan importante papel han desempeñado en el proceso revolucionario. Es decir, todos los sectores clave están organizados y son masivos.

El enemigo tampoco podría comprender, y tal vez no lo comprenda nunca, por qué esta Revolución ha resistido casi 45 años un período tan largo de agresiones y bloqueos, y no lo comprenderán nunca si no toman en cuenta este factor. Sin chovinismo, sin orgullo, o, en todo caso, con orgullo muy legítimo, podría decirse que ningún proceso histórico escribió una página tan brillante como la que ha escrito nuestro noble, generoso y heroico pueblo.

De cuántas cosas habla la historia. De muchas, por supuesto, porque muchas han sido las luchas; durante miles de años los pueblos han luchado por alguna causa, digamos por alguna causa justa, no quiere esto decir, ni mucho menos, que todas las causas hayan sido justas. La historia de la humanidad es bastante reciente, se dice que tiene cientos de miles de años, desde que esta surgió como especie, bien definida, y de esa aparentemente larga historia se conoce lo ocurrido hace apenas 5 000 años, solo por algunos rastros que quedan, y en algunos casos están siendo destruidos, como ocurrió con los brutales bombardeos contra Iraq.

Han transcurrido milenios, ha transcurrido un número de siglos, pero nunca se llegó a vivir una época como esta, realmente tan seria, tan peligrosa, tan decisiva para los seres humanos, como esta época que estamos viviendo, y es para nosotros motivo de aliento y satisfacción pensar que ningún pueblo está tan preparado como el nuestro, para vivir y luchar en una época como esta.

Pareciera ser una cosa natural que los congresos de nuestras organizaciones de masa se sucedan uno tras otro, pudiera, incluso, parecer una rutina; pero no es así, yo siento la impresión de que cada congreso aporta algo o muchas cosas nuevas, que cada congreso es mejor.

Hemos estado revisando los datos acerca de la actividad de los CDR en los últimos cinco años. Por ahí están las cifras, ahora mismo acabamos de ver una de ellas, las 605 136 donaciones de sangre; orgulloso proclamaba el Coordinador que habíamos roto el récord de 600 000. Pensaba que, realmente, se había roto un récord que nunca se había establecido, porque nunca nadie, ningún país hizo 1 donación de sangre por cada 18 personas.

Pregunté a la compañera responsable de esta actividad y me dijo: Sí, bueno, hay algunos que han realizado 1 donación cada 21 personas y otros 1 donación cada 22; en nuestro caso ha sido 1 donación cada 18. De modo que en algo más estamos ocupando un lugar privilegiado en el mundo, y no podía ser de otra forma, porque nuestro país lleva 43 años —aunque no sé el día exacto en que se hizo la primera donación de sangre— preparándose para hacer cosas como esta.

En nuestro país hay muchos requisitos para aceptar una donación de sangre, cada una de ellas se analiza, ya que está establecido un número grande de casos en que no se acepta una donación de sangre. Hay que ver las cosas relativamente, lo que significa haber alcanzado esa cifra en nuestro país y lo que habla esa cifra del espíritu generoso y solidario de nuestro pueblo.

No puedo olvidarme de aquella ocasión en que en 10 días nuestro pueblo, con una población mucho menor, realizó 100 000 donaciones para ayudar a un pueblo hermano de América Latina con el cual no teníamos siquiera relaciones diplomáticas, y en el que un terrible desastre natural mató alrededor de 70 000 personas; desde bien temprano se había elevado ya la conciencia internacionalista, ese caso fue el de Perú. Pero hay varios más.

Recuerdo un desastre natural allá en Armenia, otro desastre natural en Irán, están las donaciones aquellas que se hicieron con motivo de situaciones muy difíciles en otro país, demostrando cómo crecía de año en año el espíritu internacionalista del pueblo cubano.

Hay otras cifras que serían igualmente impresionantes, como el hecho de que más de 500 000 compatriotas hayan cumplido misiones internacionalistas a lo largo de estos 45 años de Revolución. Y recordamos cómo cuando nos quedaban solo 3 000 médicos de los 6 000 que había en Cuba, fueron enviados a Argelia los primeros médicos cubanos a cumplir misiones internacionalistas.

Estos tiempos son muy diferentes; en estos tiempos tenemos más de 22 médicos, y con una excelente preparación, por cada 1 de los que nos dejaron. El próximo año ya debemos rebasar la cifra de 70 000 médicos. Y no incluyo aquí el total de médicos graduados y los miles y miles de médicos formados por la Revolución que fueron objeto del robo de cerebros; miles de médicos, miles de ingenieros y de otras carreras similares, decenas de miles de maestros y profesores. En medicina solamente nos dejaron solo alrededor de un tercio de los profesores de la única facultad de medicina que había en Cuba, que hoy son 22, y en una sola de ellas, la Escuela Latinoamericana de Medicina, aparte de la escuela que tenemos de habla francesa en Santiago de Cuba y otros centros donde estudian jóvenes caribeños para hacerse médicos, una sola, la ELAM, tiene alrededor de 7 000 estudiantes.

Es una prueba de la fuerza con que se ha desarrollado social y científicamente este país, es una prueba de su generosidad, es una prueba de su ejemplo; es también una prueba de su capacidad de ser solidario, a partir de los conocimientos, de las semillas que ha ido sembrando a lo largo de estos años y que hoy se engrandece a medida que al resultar insuficientes nuestras decenas y decenas de centros de enseñanza superior por una necesidad de ese propio desarrollo, la enseñanza universitaria se universaliza, es decir, se extiende por todas partes, y para universalizarse tiene que municipalizarse. Ocurren cosas, realmente, a mi juicio, admirables.

En septiembre se acaban de cumplir, prácticamente, dos años del inicio de las escuelas de formación integral de jóvenes que no estudiaban y carecían de empleo, donde el año 2001 ingresaron 85 000, que después ascendieron a 110 000 en el 2002 y que en este curso envía ya 35 000 jóvenes a las universidades. No habían surgido todavía otras ideas, como fue la de convertir el estudio en empleo.

El hecho anterior, el asociado con los jóvenes que participan en los cursos de formación integral, se trata de una categoría que debe desaparecer, puesto que ya nuestros estudios primarios comprenden el ciento por ciento de los niños de esas edades, ¡ciento por ciento!, y ya los que se gradúan de noveno grado ascienden a más del 99,5%. Ahora lo que nos corresponde es que ninguno de aquellos que se gradúan de noveno grado dejen de seguir estudiando, y por esos caminos llegar un día a contar con una sociedad que nunca ha existido en toda la historia, en ninguna parte, poseedora de una cultura general integral, hacia la que marchamos a pasos acelerados, donde los conocimientos superiores, independientemente de aquellos que se posean como preparación para el ejercicio de una profesión, sea ingeniero —como ese compañero que estoy viendo aquí, Adolfito, el padre, podríamos llamarlo, de los cultivos organopónicos, que han dado empleo en el país a más de 300 000 personas, algo tan útil en período especial, y a la producción de altas cifras de vegetales que, aunque todavía insuficientes, se elevan a varios millones de toneladas, y la demanda será mayor en la medida en que nos eduquemos en este sano hábito de consumo—, no bastará ni tendrá cada ciudadano conocimientos solo para ejercer como ingeniero, como médico o como economista, sino que será poseedor de una amplia cultura general integral. La tendrán todos y no creo que algo lo pueda impedir ya, excepto que nos desaparezcan de la faz de la Tierra, y no resulta tan fácil. Entre otras materias de conocimientos nuestro pueblo hablará más de un idioma extranjero, y los habrá muchos que hablen dos, tres, cuatro, cinco. No se lo dice un soñador, alguien quizás que ha conocido sueños; se lo dice alguien que ha visto en estos años vividos muchas realidades que parecían sueños.

Al hablar de estos temas, quiero de cierta forma resaltar la obra realizada por nuestro pueblo y gracias al esfuerzo de todos, y la mayor y más meritoria de todas esas obras fue haber resistido lo que parecía irresistible, haber resistido 45 años de agresión y de bloqueo por parte de la superpotencia más poderosa que ha existido nunca. Ellos también han alcanzado un gran récord. Gracias a nosotros han logrado el enorme récord de haber invertido 45 años en tratar de destruir esta Revolución, la obra de este país pequeño, una isla que podría caber casi noventa veces en el territorio de Estados Unidos, y de una población que es casi treinta veces —ahora, en este momento, no hablo de los primeros años— menor que la población de ese país. La potencia más poderosa en lo militar, en lo económico, en lo tecnológico, en lo político, no ha podido ni podrá alcanzar tales objetivos. Un verdadero récord.

Ustedes rinden tributo a los suyos; ellos deben rendir tributo a los que han alcanzado, o, para decirlo mejor, a los que no han alcanzado frente a nosotros (Aplausos).

¿Qué tiene de extraño ese honrosísimo récord mencionado? ¿Qué tiene de extraño lo que a lo largo de la Revolución se ha podido alcanzar? Esa es la obra de ustedes y de todas nuestras organizaciones de masa, incluidos los pioneros. Esa es la obra en la que se piensa un día como hoy.

¿Qué tiene de extraño que el 93,5% de todas las personas mayores de 14 años pertenecezcan a esta organización, que es, de masa, desde luego, amplia, pero también selectiva al escoger o al aceptar a aquellos que son acreedores al honor de pertenecer a ella?

Esa cifra crecerá, crecerá en el porcentaje a medida que nuestros planes sociales avancen (Aplausos).

Bien sabemos con cuántos problemas tenemos todavía que luchar. Bien sabemos por la infinidad de tareas que nos corresponden en muchos campos, como la batalla contra el delito, la batalla contra cualquier tendencia al avance de riesgos tan mortales para la sociedad moderna como es el consumo de drogas, o la batalla por crear una conciencia cada vez más sólida, o la batalla por ayudar a la mejor organización de la sociedad, el cumplimiento de las leyes y del orden, creado no para molestar o incomodar a nadie, sino para garantizar la tranquilidad, el avance y la felicidad de toda la población.

A ello nos obligan miles de años de egoísmo en la sociedad humana; miles de años —dije que no eran tantos, pero son algunos— de la experiencia de sociedades que han vivido en medio de la explotación más brutal desde el esclavismo primitivo, que fue ya un avance con relación a la era en que en las guerras eran asesinados los prisioneros.

¿A lo largo de cuánto tiempo no hemos estado viviendo las distintas formas de explotación que hoy son atroces? Nadie crea que aquellos hombres que vivían en la esclavitud estaban llamados a ser más desgraciados que los miles de millones de pobres que hay en el mundo de hoy, los miles de millones de enfermos sin asistencia médica, los miles de millones de hambrientos, los miles de millones de analfabetos totales o analfabetos funcionales. Han sido miles de años en que la sociedad humana no ha conocido otra cosa. Esta sociedad que cobra más conciencia cada vez de esas realidades; esta sociedad humana que se hace ingobernable bajo los efectos despiadados de la llamada globalización neoliberal. Esta humanidad que se rebela cada vez más, de modo tal que incluso aquellos que creían que apretando botones y dando órdenes pondrían de rodillas a los miles de millones de personas que habitan el planeta, y demuestra cada vez más, como se está demostrando también en otros lugares, que ni siquiera un solo pueblo se puede gobernar sobre la base de la fuerza.

Un día dije, entre las muchas cosas que ha sido necesario decir en estos tiempos, que es imposible gobernar el mundo con un soldado armado con una bayoneta en cada esquina, en cada calle, en cada parque, en cada fábrica. Los acontecimientos que vemos en estos días demuestran que eso es imposible, no en un hemisferio, no solo en un país grande; es imposible, incluso, en un pequeño y dividido país.

Son lecciones que irán aprendiendo aquellos que tanto menospreciaron la calidad de los seres humanos. Esos mismos seres amenazados hoy con el exterminio, y no solo de aquel que pueda proceder de la posesión de decenas de miles de armas nucleares y otras de destrucción masiva; amenazados de exterminio porque, sencillamente, se vuelva inhabitable el planeta como consecuencia de la destrucción de la naturaleza, la contaminación del aire, del agua, de la tierra, que conducen hoy a la humanidad a un enfrentamiento entre el crecimiento inconcebible hace apenas un siglo de miles y miles de millones de seres humanos condenados a vivir en una naturaleza cada vez más pobre en recursos naturales, tema se que discutió aquí a principios de este mismo mes, cuando se abordó la gravísima cuestión de la desertificación, el cambio de clima y otros problemas de los que no se hablaba hace prácticamente 30 ó 40 años y que hoy constituyen realmente una tragedia y ofrecen un panorama increíble para el futuro de la humanidad. Esta humanidad que se ve obligada a afrontar otras graves amenazas, como las guerras de conquista, el ataque sorpresivo y preventivo en 60 ó en 100 o en más lugares de la Tierra, contra la que apuntan las armas de destrucción masiva y, ahora, adicionalmente, la destrucción de las condiciones naturales de vida para nuestra especie.

Son amenazas reales, no son imaginarias, y de las cuales esos miles de millones, inevitablemente, toman cada vez más conciencia, porque en este mundo de economía y saqueo globalizado también se han globalizado las comunicaciones y las posibilidades de trasmitir mensajes, en cuestión de segundos, de un extremo a otro de la Tierra.

Este cuadro puede explicar por qué decía que ninguna sociedad mejor preparada que esta para participar en esa lucha por la supervivencia, para participar en la siembra de conciencia que hace mucha falta.

Esta Revolución ha avanzado, ha vencido obstáculos, precisamente, porque sembró mucha conciencia, y si cientos de miles prestaron servicios en otras tierras y un número de ellos dieron la vida fue porque se sembró conciencia internacionalista. De ese espíritu internacionalista se conocían muchos casos en el mundo, fue virtud de la humanidad, virtud de muchos pueblos, pero nunca se hizo tan masivo como ocurrió en Cuba relacionado con ese sentimiento y en todos los campos. No solo fueron combatientes que se separaron de la familia durante tiempo y que corrieron riesgos muy grandes, como cuando nos enfrentábamos allá con las posibilidades de que las armas nucleares con que el imperialismo dotó a Sudáfrica podían ser empleadas contra nuestras tropas en las proximidades de Namibia.

A la mente vienen recuerdos como el de aquel día en que los nicaragüenses solicitaron maestros, no para dar clases en la capital, hospedados en hoteles de cuatro o cinco estrellas, sino en lugares apartados, donde a veces tenían que caminar tres días para llegar y vivir en las peores condiciones. Nosotros, que al triunfo de la Revolución teníamos que pedir de rodillas a los que poseían los conocimientos suficientes como maestros para que fueran a las montañas, donde sabíamos que había tanta ignorancia y tanta falta de maestros, aquella vez a la que me refería, frente a la solicitud nicaragüense se ofrecieron, para cubrir 1 000 plazas, 30 000 maestros cubanos.

Luego, cuando algunos de ellos fueron asesinados, espontáneamente los maestros de Cuba se ofrecieron, en número de 100 000, para ocupar los lugares de aquellos que habían sido asesinados.

Así pasó también en otros campos, podían ser constructores, o de otras muchas profesiones. En total, más de 50 000 trabajadores del sector cubano de la salud participaron en ese tipo de acciones.

Mencioné el ejemplo de las donaciones de sangre de todo el pueblo, pero podría mencionarse las veces que hicieron falta médicos en masa para ayudar a otros países, y nunca faltó un médico, una enfermera, un técnico de la salud.

Hoy también se escriben páginas como esas. Nos sentimos orgullosos, muy orgullosos, de nuestros médicos que ahora cumplen, en la hermana República Bolivariana de Venezuela, tareas difíciles, como convivir allí en los cerros de Caracas, donde millones de personas carecen de asistencia médica, la más mínima asistencia médica, e incluso medicamentos en todos esos barrios llamados marginales. Y están presentes no solo en Caracas, sino en otras muchas ciudades.

A veces he leído alguna queja de que estamos enviando los médicos para Venezuela y aquí no hay uno. Bien puede ser posible que sea cierto que, entre tanto movimiento, en un lugar se quede un punto sin médico, lo que procede de inmediato es resolver esa situación, porque si del país salieran a cumplir misión internacionalista 20 000 médicos —y les aseguro que, por ahora, no saldrán 20 000 médicos, pasará tiempo antes de que pueda ocurrir alguna cosa semejante—, aun sacando 20 000 médicos, Cuba tendría el doble de médicos per cápita que cualquier país del mundo.

Es bueno recordarles, ya dije que teníamos 6 000 al triunfo de la Revolución y nos robaron 3 000, que eso no impidió enviar un número de médicos a un país hermano.

No es tan solo médicos con que contamos; este mismo año entran en nuestras universidades, si no me equivoco, más de 4 000 estudiantes de medicina, y seguiremos formando estudiantes de medicina hasta alcanzar 100 000 ó 120 000, porque el mundo va a necesitar de nuestros médicos, hasta países desarrollados.

No significaría esto que nosotros nos convirtiésemos en una organización mundial de la salud, o que nuestro país pueda asumir los gastos pertinentes; lo que quiere decir, simplemente, es que tenemos, como fruto de esta Revolución que no ha podido ser vencida, tantos médicos, tantos maestros y tanto personal calificado como en muchas áreas tienen pocos países en el mundo y en algunos de los casos ninguno los tiene.

El país vivirá, incluso, de sus producciones intelectuales fundamentalmente, como la ciencia empieza a hacer un aporte a la economía de este país, como nuestras capacidades intelectuales harán cada vez un aporte mayor a los recursos materiales de nuestro pueblo.

Hoy, realmente, nuestra ayuda está contribuyendo a una lucha universal, porque Cuba, con tan pocos recursos como ha dispuesto y en medio de un feroz bloqueo, podrá probar que este mundo puede salvarse, que las necesidades esenciales del hombre pueden resolverse, y ello nunca será por la vía de las sociedades de consumo, despilfarradoras de los recursos limitados con que cuenta nuestra especie, destructoras de la naturaleza.

Baste decir que el dióxido de carbono es uno de los mayores responsables de los cambios de clima, uno de los tantos peligros, ya que no es uno solo, y que hay un país, vecino al nuestro, que con solo el 5% de la población mundial consume el 25% de la energía mundial disponible y lanza cada año infinitas cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Es allí, precisamente, donde la población va tomando cada vez más conciencia del riesgo que significan estos cambios, donde los gobiernos no se toman ni la molestia de tomar en cuenta la tragedia, e incluso se retiran de acuerdos y convenciones, que algo prometían de esperanzas a este mundo, como la famosa Convención de Kyoto, acerca de las emanaciones de productos que crean los peligros de que hablaba.

Nuestro país demuestra lo que se puede hacer con el capital humano. ¿Y qué será preferible, que toda la sociedad tenga un conocimiento, tenga una capacidad, o deambulen por las calles como desempleados e ignorantes, además, rodeados de incertidumbres, cientos y cientos de millones de seres humanos, sin empleo y sin perspectivas?

No hay que ir tan lejos. En días recientes hemos discutido con los europeos públicamente, de vez en cuando he visto cables que dicen: “Cuba en circunstancias difíciles”. Me pregunto cuáles serán las circunstancias difíciles por las cuales atravesamos. ¡Ah!, bueno, porque los europeos han declarado tal cosa y el gobierno de Estados Unidos ha declarado otra. En vez de hablar de dificultades debieran hablar de fortaleza, porque solo un país como este les puede cantar las verdades a Estados Unidos y a Europa (Aplausos y exclamaciones de: “¡Fidel, aprieta, que a Cuba se respeta!”), y decirles: ¡Váyanse con su mal llamada ayuda humanitaria a otra parte, porque no necesitamos de ninguno de ustedes, creadores de la pobreza en el mundo, creadores del subdesarrollo, creadores de la explotación, creadores de la miseria, para vivir! (Aplausos.)

Nuestra Revolución ha podido forjar un pueblo diferente, al que odian porque temen por su ejemplo (Aplausos), al que temen porque pone en peligro la hipocresía y la mentira, al que temen porque han cometido el error de subestimarlo unos cuantos burócratas que toman decisiones sobre cosas que ni siquiera entienden, actuando en forma de pandilla —y sabemos muy bien que hay muchos europeos, y lo curioso es que entre los muchos hay banqueros e industriales que están en desacuerdo con esas locuras—; temen también a este país porque pone en evidencia la basura del neoliberalismo, de la globalización neoliberal; pone en evidencia que los pueblos no pueden ser ignorados; pone en evidencia que, en medio de tantas contradicciones, los que se buscan un dolor de cabeza son ellos y no nosotros.

Han tenido que pasar por la vergüenza de que les digamos cuánto descaro hay en la afirmación de quitar ayuda humanitaria, cuando esa “ayuda humanitaria”, entre 25 ó 100 comillas a cada lado, consiste en la entrega promedio de unos 4 millones de dólares en los últimos cuatro años, mientras, por otro lado, nos compran mercancías, y muchas veces sobre las bases del intercambio desigual, por quinientos y tantos millones, mientras nosotros les compramos a ellos más de 1 500 millones de dólares en mercancías que, por lo general, suelen ser caras. Sin extenderme mucho, puedo decir que a veces venden carísimo alimentos tan subsidiados como los alimentos que exportan nuestros vecinos del Norte, y en eso consiste el conflicto principal con la inmensa mayoría o con prácticamente todos los países del Tercer Mundo, originado en los cientos y cientos de miles de millones en subsidios que se pagan para proteger su agricultura, y que dio lugar a una gran batalla en Cancún en días recientes.

A la industria azucarera de Cuba no solo la hicieron víctima durante decenas de años de las consecuencias de sus subsidios, sino también del caos creado con el neoliberalismo, que destruyó todos los acuerdos de protección de los distintos productos básicos, llámese café, azúcar, lo que sea; prácticamente liquidaron la industria, la convirtieron en algo absolutamente irrentable, cuando el componente del combustible en su producción se eleva casi al 40% del costo, de una mercancía que antes apenas consumía el 1% del mismo. Pero tarde han llegado, porque este país no vivirá de limpiar caña en el mes de agosto con un azadón, y mucho menos con este creciente calor que ellos mismos han creado. Este país vivirá, fundamentalmente, de sus producciones intelectuales, aunque no vivirá exclusivamente de eso; vivirá en grado creciente de las producciones intelectuales, de su ciencia, del desarrollo de sus servicios y productos médicos, de sus conocimientos, porque si antes mencionábamos decenas de miles de médicos y especialistas, hoy podemos hablar de un futuro próximo con decenas de miles de médicos con títulos científicos (Aplausos). Serán másteres y doctores en medicina, y quisiéramos saber quién podrá competir con ellos.

Hace pocos días hablaba del caso de un compañero nuestro de la Oficina de Intereses en Estados Unidos que sufrió un infarto. Fue necesario llevarlo a un hospital inmediatamente, allí lo atendieron; allí realizaron con él una operación que en la escala de complejidades, si usted hace como con los terremotos y dice de la escala de 1 a 7, dijera de la escala de 1 a 10, la complejidad de la operación que le hicieron equivaldría, más o menos, al 2 ó al 3, no era la 5, ni la 7, ni la 9, ni la décima. Una semana estuvo en el hospital y fue necesario pagar 78 612 dólares y sesenta y un centavos de dólar.

Creo que con esos costos no podrán competir jamás con Cuba. Y hay también un mercado mundial de servicios médicos, de modo que nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, podemos cooperar con otros países; pero lo que tendremos en ese campo dará para que nuestro pueblo pueda disfrutar la mejor medicina del mundo, en las condiciones materiales en que un ciudadano de otro país venga a Cuba a recibir una atención médica y obtener, además, importantes ingresos, como se obtendrán de nuestros centros de investigaciones científicas, gran parte dedicados a la medicina; como se obtendrán por el hecho de la revolución que estamos llevando hoy a cabo en el campo de la medicina. No se ha hablado mucho ni hay que hablar mucho, se trabaja, de modo que la atención primaria es algo que podrá competir en calidad con las cosas extraordinarias que se están haciendo en la educación y en otras áreas.

Ya veremos quién puede competir con nuestro país en la creación de valores culturales, o en la creación de valores recreativos, digamos, por ejemplo, el deporte. Bastaría decir que con lo que cuesta un juego en las Grandes Ligas, lo que tiene que pagar un ciudadano yo creía que eran quinientas cinco veces más que en Cuba. Partía de los datos de nuestro partido allá en Baltimore, a un costo promedio de entrada de 20 dólares; pero en días recientes, conversando con una delegación norteamericana que nos visitó —vienen muchas y converso mucho con ellos sobre los más variados temas actuales del mundo—, le pregunto a uno de ellos: “Por favor, ¿cuánto se paga hoy en Estados Unidos por un partido de Grandes Ligas?” Y me dijo: “Cuarenta dólares.” Le respondí: “Pues me has echado a perder todos los cálculos, porque yo creía que había que pagar quinientas cinco veces más caro ese partido allá y ahora me doy cuenta de que cuesta mil diez veces más caro que lo que cuesta un buen partido de pelota aquí en Cuba, en todos los estadios de nuestro país (Aplausos) y con peloteros que son tan buenos que constantemente están tratando de arrebatárnoslos, pagando millones y millones de dólares por cualquiera de ellos, sin haberles costado un solo centavo formarlos.”

En días recientes apareció una nota de un funcionario del Departamento de Estado o del gobierno, ya no vale ni la pena averiguar de dónde salió, salen de la misma fábrica de mentiras (Risas), que decía: “Bueno, ahora estamos cumpliendo con el acuerdo migratorio; estamos cumpliendo porque hemos dado ya las 20 000 visas”, que es lo que corresponde de acuerdo con dicho convenio. Muy bien, correcto, pero dice: “Cuba no cumple, porque pone dificultades a la emigración de médicos y personal especializado en informática.”

¿Quién le dijo a ese caballero que nosotros hemos suscrito un acuerdo protector del robo de cerebros? (Aplausos.) ¿Quién se lo ha dicho? Tenemos nuestros programas, estamos cooperando con países amigos, y ellos lo que quieren es que no podamos prestar esa cooperación. Pues entonces dicen que no cumplimos. ¿Desde cuándo puede existir semejante idiotez? Sí, se ponen algunas restricciones lógicas, justísimas, siempre las hubo, y bastante tontos fuimos si no las pusimos desde el triunfo de la Revolución, porque les aceptamos el desafío; pero ahora no es que nos perjudiquemos, ya les decimos los que tenemos, pero no nos da la gana de permitir tranquilamente que nos roben sin restricción alguna los cerebros del país. Se pasan el tiempo robando cerebros de todo tipo y cuesta más de 200 000 dólares formar un médico en Estados Unidos, y muchas veces los quieren allí para barrer el hospital, porque tienen demasiadas normas y muy egoístas con relación al trabajo de los médicos.

Hacen lo mismo con América Latina. Leí un día un dato de que en los últimos 40 años los países desarrollados se habían llevado de América Latina, fundamentalmente Estados Unidos, más de 500 000 profesionales calificados, ¡más de quinientos mil!, sin que hayan pagado un solo centavo. Van allá, donde tienen recursos, centros de investigación, pagan salarios mucho más altos que el que puedan pagar en cualquiera de los países latinoamericanos, y luego son dueños de más del 90% de las patentes, muchas de ellas creadas con ese personal calificado, por las cuales los países del Tercer Mundo tienen que pagar enormes sumas sin que les hayan dado un solo centavo por la formación de esos profesionales.

Que quede bien claro que este país no es una incubadora de cerebros; y cuando los incube, es, en primer lugar, para servir a nuestro pueblo y también para otros países hermanos del mundo que sufren del saqueo y de la pobreza, no para engordar los bolsillos de los saqueadores del mundo (Aplausos).

Pero, incluso, si hay un pobre norteamericano, un joven pobre de cualquier etnia, puede ser puertorriqueño, puede ser de origen mexicano, puede ser afronorteamericano, puede ser de origen caucásico, nosotros no discriminamos. En nuestra escuela de medicina hemos ofrecido becas para esos estudiantes, y lo mismo que salvamos vidas de ciudadanos de cualquier país, también podríamos salvar un número de vidas norteamericanas. No serán las vidas de multimillonarios, de los que tienen cientos o miles de millones de dólares; pero nuestro país internacionalista no hace excepciones de etnias ni de nacionalidades.

Un día el mundo tendrá que trabajar para el mundo, y ese día vendrá más temprano que tarde en la medida que ese grotesco sistema se hace insostenible. Es decir, el mundo marchará hacia la unión, hacia la cooperación, y, en todo caso, nosotros somos algo así como un ejemplo de lo que pensamos que debe ser el mundo de mañana (Aplausos).

Nosotros sabemos lo que hemos sufrido; nosotros sabemos los casi 80 000 millones de dólares que ha costado el bloqueo; nosotros sabemos el costo humano de sus agresiones militares; el valor, que no se puede ni medir, de las personas que murieron, víctimas inocentes de arteros crímenes. En la “Demanda del pueblo de Cuba” están todos esos datos, y esos datos no están olvidados.

Ellos tratan de impedir la capacidad creada por la Revolución de practicar el internacionalismo, y bien pueden hacer una crítica, porque hayamos enviado una vez 2 000 maestros a Nicaragua, o enviamos médicos a Angola. Lo que no pueden negar es que hay 300 000 profesores y maestros al servicio de nuestro pueblo (Aplausos),y por cada uno de los 30 000 que se supone había al triunfo de la Revolución, un tercio de ellos sin empleo, la Revolución hoy cuenta diez veces esa cifra, todos trabajando, los que deseen hacerlo, y con conocimientos varias veces superiores, y no es nada comparado con el conocimiento creciente que van a tener estos cientos de miles de profesores y maestros, porque cada vez nos hacen falta más, y cuando hay un excedente, no hay que hacer otra cosa que ponerlos a estudiar pagándoles el salario, algo que no podrán hacer jamás ellos; porque allí, por ejemplo, en Estados Unidos, el promedio de alumnos por maestro es más de 30, y en Cuba ya, aquí en La Habana, que era donde más problemas teníamos, es de 18 niños por maestro. Duplicamos en el número en solo dos años (Aplausos).

Allá no pueden hacer lo que estamos haciendo. Un profesor cada 15 alumnos de secundaria básica. Nadie se imagina qué clase de revolución se está llevando a cabo con los programas que silenciosamente, pudiera decirse, estamos llevando a cabo, porque de eso no se habló una palabra, y en este curso, podrá haber alguna excepción en algún lugar, por algunos meses, pero puede afirmarse que el ciento por ciento de los 494 000 jóvenes que están en la secundaria básica, tienen doble sesión; 117 000 están internos, reciben los alimentos; más de 100 000 reciben la merienda de la que ustedes hablaron aquí, según nos informaron, y en septiembre del próximo año, el ciento por ciento de los alumnos de secundaria básica tendrá también esa merienda.

Fue imposible en tan breve tiempo crear esas condiciones para el medio millón, y se avanza. Se discute, no vayan a creer. Hay algunos que dicen: “Bueno, el yogur de soya no le gusta al niño”, y bien, se respeta, o dicen: “Puede producir alergia.” Bien, yo lo que conozco muchos casos de niños que tienen que tomar leche de soya porque son alérgicos a la leche de vaca. Ese yogur no es malo, se lo aseguro, y les aconsejo que no se habitúen a él, sobre todo, a algunos sabores como el de tutifruti, el de fresa, el de coco, porque conocemos bien cada uno de los componentes, el costo, el sabor, el gusto, el aseguramiento para que llegue todos los días a donde tiene que llegar, como sabemos que las hamburguesas es la merienda que más les gusta, y más o menos, junto a las hamburguesas, las croquetas. Sabemos que se quejan no tanto del queso de soya con sabores especiales, resultado de las investigaciones de la industria alimenticia mundial. He oído de algunos que comentan: “Más que pan con queso, lo que estamos recibiendo es queso con pan”. Es una buena queja, habría que rebajar un poquitico el queso.

Algo que gusta menos es, precisamente, el más caro: la pasta con sabor a chorizo. Ese sí que tiene votos en contra. No está en primer lugar. Y se siguen de cerca, fíjense, todos esos detalles. Tienen un pan con 100 gramos de harina, de primera calidad la harina, la levadura de primera calidad, los demás ingredientes necesarios, y les aconsejo que no se acostumbren a comer ese pan, porque me parece que el número de infartos puede incrementarse.

Cómo se hace, qué textura tiene, cuánto dura. A veces sale un poquito más grande o un poquito menos grande, todo depende de la cantidad de levadura, detallitos que todo el mundo vigila de cerca en cada una de las 15 panaderías que en la capital existen, una por municipio. Ahí está el Poder Popular, ahí están los CDR, ahí está la juventud, todo el mundo viendo cómo marcha y con qué calidad hace cada pan.

Les aseguro que todas las semanas…, no, todos los días llegan a Palacio algunos de esos panes, simplemente para observar la calidad; y no es de la misma panadería, es de cualquiera, puede ser de Plaza, puede ser de Playa, puede ser de La Lisa, ya que todas esas cosas hay que chequearlas, verlas de cerca, crear el hábito, contribuir a que no disminuya la calidad, ni la cantidad; que los criterios de los niños, incluso de la población, se toman en cuenta, no se pasan por alto.

Algunos dejan el pan, otros llevan merienda. No está prohibido llevar merienda. Sí les puedo decir que lo que se ahorrarán las familias, ya cuando el próximo año estén todas las escuelas con esa merienda, equivale a una cifra que oscila entre 200 y 300 millones de pesos. ¿Saben por qué? Porque es el gran dolor de cabeza para la madre trabajadora el hijo que va a la escuela, qué merienda cuando va a la escuela, qué le venden y a qué precio, sin que nadie pueda saber con exactitud qué tiene adentro, qué normas higiénicas se siguen, cuánto cuesta la merienda ya hecha, y muchas veces le cobran 10 pesos, o 12 pesos.

También sabemos de casos en que los muchachos no tienen ninguna merienda, etcétera, etcétera; sabemos en qué municipio merienda un porcentaje mayor que en otros, porque hay algunos municipios —ustedes lo saben, que no es ningún secreto— donde más o menos hay una acumulación de personas con algo más de nivel y tienen más posibilidades. Así que hasta por los datos estadísticos requeridos para un buen estudio sociológico se pueden obtener y saber dónde está el mayor porcentaje de niños que meriendan y dónde está el mayor porcentaje de niños que no desean merendar. Pero no crean que la diferencia es grande, es un porcentaje relativamente pequeño; pero se respetan los gustos del niño, los deseos de los padres, las posibilidades. Nada se hace obligado aquí.

Se preparan las meriendas también para los profesores y los trabajadores.

Además, en la capital hay 5 000 jóvenes profesores emergentes que están dando un resultado extraordinario y que proceden de Guantánamo, Pinar del Río —se prepararon aquí—, capaces de dar una clase de cualquier asignatura, de séptimo, octavo y noveno grado.

Hoy las cosas se han facilitado extraordinariamente con el video y el casete. Se ha creado una capacidad extraordinaria de producir casetes, de producir clases, con la participación de los más expertos profesores, de donde hoy el trabajo educacional y la idea que fue evolucionando hasta la que hoy se aplica, ha significado un avance extraordinario, doble sesión y un programa lógico entre el tiempo que se dedica a enseñar y el tiempo que se dedica a repasar, alcanza cada día más prestigio y más experiencia entre los profesores.

No hay que aspirar nunca a que el ciento por ciento de las personas estén de acuerdo con algo, unas tienen criterios de un tipo, otras de otro. Hay que respetarlo, hay que escucharlo.

Sí les puedo asegurar que no hay nada parecido, en ningún lugar del mundo, al método que se está aplicando en la secundaria básica, que es la edad más importante, más decisiva y que en el planeta constituye un desastre. Sabemos las opiniones de los padres, algunos dicen: “Qué tranquilidad, ya sé que mi hijo no va a estar en la calle.”

Casi el ciento por ciento en Ciudad de La Habana tenía una sesión, y ahora el ciento por ciento de la peligrosísima Ciudad de La Habana tiene doble sesión. Exclamaciones de los padres: “¡Qué tranquilo estoy al saber que desde las 7:30 que salió de la casa hasta las 4:30 de la tarde están allí!” Otras han exclamado: “¡Oiga, ya los maestros se reunieron con mi hijo y los demás alumnos que él atiende, y ya sabe cómo se llama!”

Sí, porque en el viejo sistema mundial, que hemos calificado de un sistema de la época prehistórica, la educación era una educación de elites, como lo sigue siendo, porque tienen los mejores profesores, las mejores condiciones y son aquellos que ingresan a las universidades, reciben unas clases diferentes y concluyen el bachillerato con más conocimientos que los hijos de las familias pobres. Las que reciben los hijos de la gran masa no tienen calidad.

Por eso aquí en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina) lo primero que se hace es un curso de nivelación, porque sin ese curso intensivo de seis meses el resultado sería que al empezar a estudiar anatomía, fisiología, bioquímica, etcétera, etcétera, no aprueban las asignaturas. La nivelación es indispensable por la enorme diferencia que hay entre unas escuelas y otras.

El presidente Chávez contaba que en Venezuela había algunos liceos en que de 150 alumnos graduados de bachiller ninguno alcanzaba cupo en las universidades, y en otros el ciento por ciento alcanzaba cupo. De esa forma solo se forman profesionales entre los hijos de los sectores más ricos de la población. A nosotros, en cierta medida, nos pasaba lo mismo, por causas diferentes.

No basta la diferencia de riqueza, basta la diferencia de conocimientos de los padres —algo que hemos analizado bien— y ya influye considerablemente en el número de los niños que ingresan en las universidades. Aquello que en otros lugares está regido por la diferencia de riquezas, en un país que trata de ser cada vez mejor y ser cada vez más perfecto, desarrollar una sociedad más justa, no es el dinero, son los conocimientos de los padres uno de los factores que más influyen en la educación de los hijos.

Ya hoy, desde que se crearon los planes de formación integral de jóvenes, gran número de ellos que no tenían otra alternativa, hoy pueden estudiar en las universidades. Ya la universidad no se convertirá en centro para una parte exclusiva de la sociedad, sino que todos los jóvenes tendrán oportunidad de estudiar. Nadie se imagina cuánto atrae el estudio, asociado al fenómeno de la autoestima, de cuya fuerza en la conducta humana me asombro cada vez más.

El sistema era que, si el maestro en la primaria rotaba con el niño, ya en la secundaria era un superespecialista para cada materia, el profesor daba clases a 30 ó 40, otro grupo de 30 ó 40, y así sucesivamente daba clases a 250 o más y no sabía cómo se llamaba el niño, ni cuáles eran sus características individuales, ni qué hacer con cada uno de ellos para darle una educación diferenciada; porque la tarea principal hay que hacerla en aquellos que tienen más dificultades, son menos disciplinados, o vivieron en condiciones materiales diferentes, porque a veces en un edificio con 30 cuartos vivían 30 familias, y esas diferencias influyen en alto grado. Es decir, no solo es el nivel de educación de los padres, y frente a todos esos problemas es que estamos desarrollando el papel de la educación.

A la primera reunión de padres, después que se estableció el nuevo sistema en la secundaria básica, aquí en la capital —uno de los problemas más difíciles—, asistió el 95% de los padres. ¡Qué interés se ha despertado en ellos! Y se les escucha, para que planteen todos los puntos de vista, todos los criterios y que estos sean atendidos dentro de lo lógico y de lo posible.

Por eso sabemos cuáles son los criterios y qué hemos pensado, si tal plato no es del agrado, no hay que obligarlos; qué otra cosa les gusta más, en definitiva, los costos no cambian mucho. Se siguen todos los detalles y se procura, con la ayuda de todos, que esos programas se cumplan estrictamente, no sea que empiecen bien y después anden mal; va a ser difícil.

Igual que las escuelas con reparación capital, las 779, tienen una organización para atender de inmediato cualquier bombillo que falte, cualquier tubo que se tupa, cualquier filtración que surja, cualquier televisor que tenga un problemita, porque hay televisores de reserva para las escuelas, y ahí tienen su presupuesto calculado de gastos. No es una empresa usurera, su objetivo no es ganar ni robar, su objetivo es ahorrar, cumplir su tarea. No están bajo un sistema que conduzca a hacer mal el trabajo y encarecer los costos de lo que hace; esto a partir de la experiencia.

Hay empresas cuyo objetivo es recaudar, buscar el ahorro, obtener beneficios, especialmente de las empresas que exportan para la adquisición de divisas, aunque todas tienen que hacer el mismo esfuerzo de ahorrar; hay que evitar a veces que determinados métodos se conviertan en determinados vicios.

Si no se tiene esa organización, dentro de tres años esas escuelas —en que hasta 40 000 personas trabajaron para terminarlas el año pasado, antes del comienzo del curso—, si no se atienden, están igual: escuelas con baños rotos, escuelas con tubos tupidos, escuelas con puertas inservibles; en fin, lo importante no es haber reparado 779 escuelas, más una número 780, que era de La Habana Vieja y por ser obra patrimonial se hizo otra para que aquella pudiera hacerse con todos los requisitos.

También en la Escuela “José Martí” ahora es que se terminó el aula magna. No nos volvimos locos apurando para que terminaran el aula magna; el aula magna ya está, preciosa aula magna, Leal ayudó.

Hay otras cosas que tenemos que ir resolviendo. El primer día de clases pasamos por algunos lugares y vimos muchos muchachos con la falda o el pantalón color mostaza de los estudiantes de secundaria, y dijimos: ¿Qué es lo que pasa que tantos muchachos van saliendo de la escuela? Bueno, paramos, enviamos a varios para averiguar, preguntamos en el ministerio, y descubrimos que no solo los de secundaria usan la saya y el pantalón mostaza, sino también los de nivel de técnico medio que tienen que moverse de un lugar a otro. Recordamos que en su tiempo tenían el color marrón, más o menos, y después se pudo precisar bien que se había destinado ese color para los internos, no para los externos. Se tomó una medida que hizo felicísimo a Sáez (Secretario del Partido en la capital), que es buscar el color de los internos también para los externos de la enseñanza técnica, y ya esta misma semana, con una reserva de uniformes, van quedando con la saya mostaza los 87 000 y tantos alumnos de secundaria de la capital.

Dijo Sáez: “Es la felicidad”, porque ahora cualquier muchacho, realmente, que vaya a estar a las 9:00 de la mañana o a las 3:00 de la tarde en la calle, sabe que 2 millones de personas en la capital estarán preguntándose qué hace a esa hora un adolescente mataperreando por la calle, como decimos nosotros (Aplausos). Pero los muchachos no tendrán ningún deseo de mataperrear, las clases son interesantísimas. Y ahora se escucha: “Va un poco rápido, tal materia no la puedo copiar”, tienen el hábito de copiar.

Hay detallitos que se están observando para perfeccionar cada vez más el método. Incluso las teleclases, que es diferente del casete, a mí me gusta observarlas. He descubierto otra cosa, nadie se ponga bravo, que todos nosotros necesitamos un curso de primaria (Risas), que todos nosotros necesitamos un curso de secundaria, que todos nosotros necesitamos un curso de bachiller.

Yo soy uno del promedio, y viendo clases de tercero, quinto, sexto grado descubro cosas, descubro palabras que no suelo usar y que enriquecerían mi vocabulario; descubro explicaciones de una palabra que uno está acostumbrado a oír y no conocer el significado exacto, porque es por instinto casi que conocemos el sentido de las palabras —en este caso lo digo porque de vez en cuando tengo que escribir algo y a uno no le gusta ni que las palabras choquen, que sean demasiado ásperas, uno desea una cierta armonía entre una palabra y otra— y sabe que cada palabra tiene un sentido diferente; aparte del que aparece en el diccionario, en dependencia de lo que usted quiera decir, el orden en que la coloque, el tono con que la pronuncie, no solo los sinónimos y antónimos, sino también la palabra escogida.

La palabra es algo complicado, su sentido, hasta los diccionarios pasan trabajo para definir las palabras; es mucho más complejo, es más importante de lo que parece.

Yo me he atrevido a afirmar que alguien que tenga buenos conocimientos de las matemáticas y del lenguaje, fíjense, podría ingresar en una universidad; no es que no valga lo otro, sino que el dominio adecuado de esas dos materias abre el camino de cualquier estudio.

También el idioma extranjero desde la edad más temprana posible hay que iniciarlo, ya vamos a comenzar, más o menos entre tercero y cuarto grados; y hoy es indispensable conocer lengua extranjera, y no una, la primera, como es lógico, es el inglés. Bueno, el imperio colonial británico y el imperio norteamericano han convertido el inglés en un medio de comunicación internacional. Quizás el único servicio que pueden haber prestado, entre las grandes calamidades que han creado, es que resolvieron el problema de la torre de Babel; cualquier libro, sea de un japonés, de un alemán, y de cualquier tema, ingeniería, medicina, lo que sea, aparece en inglés. Por eso estamos creando un sistema de Intranet en Cuba, con unas 5 000 computadoras, que pondrá al acceso de todos los médicos cualquier información, la última información del mundo en una revista, en un libro, la posibilidad de consulta, la posibilidad de conferencias.

Hemos visto, con motivo del trabajo genético que se realizó, recién concluido, sobre diversas formas de discapacidad y sus causas, los grandes beneficios que la informática puede aportar en ese campo. Se visitaron las 366 000 personas que tenían algún problema de incapacidad mental o física, se analizó la situación de cada una de ellas, se estudian las causas.

Sería largo de explicar las ventajas que significa conocer, por ejemplo, las causas de los atrasos mentales en el país. En el futuro su porcentaje disminuirá mucho en virtud del esfuerzo que con la información con que contamos hoy se puede realizar.

Hay muchas de esas cosas de gran importancia que se llevan a cabo sobre lo cual preferimos no hacer mucha publicidad, sino hacer las cosas y que los resultados se vean después.

Estoy hablando de la educación. Hay que seguir. Pienso que ahora, el próximo curso, iremos hacia arriba, de secundaria a bachillerato y técnicos medios, de acuerdo con las características de las asignaturas a vencer. Se trabaja sin cesar también en el resto de la isla. Por lo menos 200 escuelas de primaria y secundaria básica recibirán reparación capital el próximo año. Primero fueron 70 en el 2002, más de 100 en el actual y más del doble de esta cifra en el 2004, como mínimo, con un trabajo de más calidad y menos costos.

En La Habana todo cuesta más, es más complicado, y el resto del país ha ayudado a La Habana , sabiendo que aquí tenían la peor situación tanto en primaria como en secundaria, y ahora todas las experiencias adquiridas y mejoradas se van aplicando, se están aplicando ya en el resto de la isla; del mismo modo que los planes de salud se vienen aplicando en la capital y en el resto de la isla. Fue necesario darle prioridad en esta ciudad, sí, se le dio. De vez en cuando leo alguna opinión: “Es en La Habana, pero aquí no.” Realmente, La Habana es el lugar donde más problemas sociales se acumularon, precisamente, en parte debido al desorden con que muchas personas se mudaron por su cuenta del resto de las provincias hacia la capital; pero las provincias no están olvidadas, se lo puedo asegurar (Aplausos).

Hace unos días me llevé una impresión muy agradable, pero fuerte impresión. Era, como se ha publicado, el cumpleaños de mi madre, cumpliría ese día 100 años. Yo no olvidaba todo lo que hizo porque yo estudiara, sin lo cual no habría podido hacer el más modesto aporte a nuestro país, y allí estuve en la escuelita adonde me enviaron, porque no había círculo ni tenían nada que hacer conmigo y allí me pusieron en la primera filita, y allí yo aprendí solo, oyendo. Pero eso no es lo que importa, tenía un número de asientos, alrededor de 30, la mitad estaba vacía.

Yo no recuerdo ningún muchacho de los que conocí allí, y allí había una cierta población, era refugio de muchas personas, en un lugar rodeado de grandes latifundios norteamericanos, donde no tenía adónde acudir para pedir la menor ayuda, no conocí a ninguno que se graduara de bachiller, por allí y los alrededores había cientos. Y ahora, al pasar —me habían pedido que pasara por la escuela—, una escuela que se hizo hace 33 años, ya después del triunfo revolucionario en un lugar que está cerca de lo que se llama Birán propiamente, el lugar donde nacimos y crecimos, demasiado poco tiempo allí, ya que pronto nos tocó la prisión de las escuelas internas de las ciudades.

He visto por ahí que a veces hay una queja porque los muchachos están cinco días alejados de su familia, pues yo llegué a pasarme hasta seis meses sin ir a la casa, sin ir al potrero, como le llamaba yo, de Birán, donde había que obligarlo a uno para que comiera, y viví la experiencia de descubrir no el hambre, sino el apetito, porque yo creía, a esa edad, que era apetito, y era otra cosa que apetito, y duró…

Pero, bien, paso por la escuela, es una escuela de más de tres décadas; capacidad superior a 400 alumnos, un orden perfecto, con enseñanza primaria y secundaria, de maestros y profesores indiscutiblemente muy competentes y muy entusiasmados con lo que están haciendo. Pude ver aquellos niños con sus uniformes, sentados en sus sillitas, las mesas, el televisor en cada una de las aulas; los de primaria con el televisor de 20 pulgadas, los de secundaria con televisor de 29 pulgadas, porque con este plan se enviaron casi 20 000 televisores de 29 pulgadas para las secundarias, de una resolución excelente. Varios tenían algunos problemas todavía, de acuerdo con el lugar, con las antenas que pueden ser individuales o colectivas. Todos esos detallitos se están arreglando.

Así que con sus televisores de los dos tipos, los laboratorios de computación, el médico y la enfermera de aquella escuela, la organización con poca burocracia, todo llamaba la atención. Fue de las 110 que recibió reparación capital. No es que nosotros indicáramos incluirla, fue una decisión que tomaron a nivel provincial, quizás, pensando en que iban a coincidir fechas y la idea de que visitáramos el lugar. Nunca me arrepentiré de haber ido a esa visita.

Es que recordaba todo lo de atrás, recordaba todo lo que vi, y tantos niños descalzos, sin ropa, hambrientos. Esos no tienen merienda, esos tenían su cocina, un buen almuerzo, con una dieta balanceada. Allí no faltaba una libreta, allí no faltaba un lápiz, allí no faltaba nada, y así están todas las escuelas que se están reparando. Sabemos cuánto falta en cada uno de los lugares, y han empezado, desde luego, por las más grandes, como es lógico, y ese programa sigue adelante con creciente fuerza.

También el programa de los policlínicos, el programa de los hospitales, no se ve mucho todavía. Pero puedo contarles que en la Ciudad de La Habana, en el año ochenta y tanto se hicieron 20 policlínicos nuevos, en cada uno de ellos se creó una sala de rehabilitación o fisioterapia, ya que antes había un solo punto, el “Julio Díaz”.

El “Julio Díaz” se transformó en un gran hospital, pero era el único lugar donde podían ir. Está en la carretera de Boyeros, cerca del hospital psiquiátrico, y allí tenía que ir la gente de Guanabacoa, La Lisa, de todos los demás lugares.

Después, con el período especial, factores objetivos y subjetivos dieron lugar a la desaparición de aquellos 20 servicios. Bien, quedaba uno en el municipio Plaza, alguien que viviera en La Lisa o en Guanabo tenía que utilizar tal vez dos o tres camellos para hacerse un tratamiento de fisioterapia, puede ser un cuello virado, a veces la posición en que se duerme, y nuestra población tiene cada vez más edad promedio, y de cada 100 personas que llega a los 60 años, 80 cumplen 80 o más; es decir, 80 de cada 100 personas, y tienen problemas de distintos tipos, que requieren fisioterapia.

Nuestra población hoy padece de sufrimientos diferentes a los que padecía al triunfo de la Revolución. Bueno, allí usan acupuntura, fangoterapia, todos los rayos infrarrojos, calóricos, todo lo que necesita una rehabilitación.

Pues bien, en La Habana hay 81 policlínicos, el número 82 se está construyendo en Cayo Hueso. En toda la isla hay, juntos, entre todos, incluida La Habana, 444 policlínicos. Pues bien, este año se están creando salas de rehabilitación y fisioterapia mejores que aquellas 20, con todos los elementos necesarios; para diciembre habrá 182, y espero que el próximo año estén concluidos los 444 servicios. Hablo de un servicio, pero los 444 policlínicos del país tendrán sala de fisioterapia con todos los equipos necesarios. No es una bobería, casi por casualidad estoy hablando de esto aquí; nosotros preferimos hablar de las cosas cuando se inauguran. No se sabe los beneficios, al lado de la casa. Servicios cardiológicos para la atención inmediata, en todos los policlínicos del país. Menciono nada más que dos cosas, hay un buen número de cosas más, vamos a esperar.

Todo eso es posible por la lucha de ustedes, por la resistencia de ustedes, como parte de nuestro pueblo, como consecuencia de la lucha de todo nuestro pueblo.

He tocado dos puntos, sé cuántas cosas nos faltan, pero vamos a avanzar en todo. No quiero enumerar más, simplemente darles una idea que ofrece todo el sentido de tantos congresos, de tantas reuniones, de tanto avance.

Ya me decían que casi la mitad de los cuadros de los CDR tiene nivel universitario, era imposible cuando comenzamos, y me explicaba Machadito una preocupación que tenían con relación a los cuadros de las organizaciones de masa y del Partido, que como ahora se universalizan los estudios superiores, había el problema de muchos que, deseando, no podían, nos pusimos de acuerdo, y le dije: Pueden contar con todo el apoyo que necesiten para que se resuelva esa dificultad (Aplausos), y que a medida que se extienda a otros lugares pueda hablarse un día de que todos los cuadros tienen un nivel universitario (Aplausos).

Así que se van haciendo cosas. Hoy se aprovecha la experiencia de muchos años. Estamos conscientes de nuestros defectos, estamos conscientes de dificultades, las hay; pero las que más nos interesa guardar es el espíritu revolucionario, la conciencia; porque con los conocimientos, el espíritu revolucionario, la conciencia, iremos batiendo cada una de esas cosas que nos molestan, que nos entristecen, que nos amargan, porque somos seres humanos, nadie nos diseñó en un laboratorio especial del cielo, nos hicieron igual que a todos los demás; ha sido la lucha de nuestro país como pueblo, nuestra lucha como seres humanos, la ética que hemos ido adquiriendo y de la cual Martí aportó cantidades infinitas, de los conocimientos históricos, de los conocimientos sociales que nos enseñaron Marx y Lenin y otros revolucionarios, de los cuales nunca renegaremos ni nos olvidaremos (Aplausos). Por algo este teatro no se llama hoy Valeriano Weyler, como ha ocurrido en algunos lugares; se llama teatro “Karl Marx”. ¡Suerte que lo tenemos! (Aplausos.) Y lástima no tengamos uno mayor, porque no nos alcanza cuando reunimos a los trabajadores sociales en una graduación (Aplausos), cuando reunimos a los médicos en una graduación (Aplausos).

Y habrá teatros no solo aquí, habrá teatros en todas las provincias del país, grandes o pequeñas, en la medida que podamos (Aplausos), como se están multiplicando las escuelas de pintura y de escultura, y las escuelas de música y de danza, y las escuelas de teatro. Ya en este momento, y empezamos hace muy poco, hay 16 000 jóvenes estudiando como instructores de arte, y muchos de ellos con grandes cualidades artísticas. No es posible imaginarse lo que significará eso, porque veinte de ellos cursando el tercer año estuvieron dos meses, si mal no recuerdo, en sus prácticas docentes, en una universidad nueva, que no se ha inaugurado y ya va para su segundo curso, de alumnos seleccionados de todo el país por sus cualidades, sus conocimientos, llamados a ocupar las tareas principales en el desarrollo de la creación de programas. Del mismo modo que hay 28 000 jóvenes estudiando como programadores; de la misma forma que existen 300 Joven Club de computación que van a enseñar, entre otras cosas, programación, que serán incrementados a 600, con un costo mínimo.

De modo que todo el que quiera estudiar computación la estudie, ya que no nos tocó eso cuando estábamos en la primaria. ¿Yo?, para qué, ni se había inventado; pero ustedes pasaron por la primaria, afortunadamente fue de las primeras que mejoró, la secundaria con todos los defectos que mencioné, el bachillerato, en las universidades recuerdo cuando se llevaron las primeras computadoras, y hoy la enseñanza primaria sola tiene 24 000 computadoras, la secundaria tiene un número aún mayor, la universitaria una proporción más alta; pronto las facultades de medicina de la capital recibirán 2 000 computadoras, en la segunda quincena de diciembre las tendrán ahí, porque vamos a introducir masivamente no solo la computación sino también los métodos revolucionarios que estamos aplicando en la secundaria, en las facultades de medicina, y empezamos por aquí; pero no transcurrirá un año antes de que todas las facultades de medicina tengan esa misma posibilidad.

La preparación que va a recibir nuestro pueblo, sus técnicos y sus profesionales no tiene punto de comparación. Tengo la total seguridad de que nuestros jóvenes de secundaria, que ya irán a los pre después, saldrán, por lo menos, con tres veces más conocimiento cada año de lo que están recibiendo ahora. Y así nuestra educación avanza.

Sería un abuso comparar la educación del país más desarrollado, pongan si quieren Dinamarca, Suiza, Suecia, con la educación en Cuba (Aplausos). Y lo mismo digo de la cultura. Les mencionaba, tal vez no se haya hablado de que en este momento en la Escuela Nacional de Ballet, y no será la única, porque en otras manifestaciones se hará lo mismo, hay 4 050 niños de la capital inscritos para recibir dos frecuencias semanales, de cuatro horas cada una. Esos niños no necesitan tener dinero para comprarse unos zapatos o la ropa, esos se los entrega la Revolución, y los recogen en sus casas, por una ruta de ómnibus, no son nuevos los ómnibus, los compramos de uso y están perfectamente bien, puesto que los capitalistas tienen que poner un límite al uso de esos equipos no más de equis años, o se cierran las fábricas; los podemos comprar baratos, en buenas condiciones, son esos ómnibus amarillos que ustedes ven por ahí.

(Le dicen algo) ¿Cómo? ¿Ustedes vinieron en esos? (Exclamaciones de: “¡Sí!”) En excelentes condiciones, hay toda una reserva cuando hay que mover grandes masas y también cuando hay que asignarlos permanentes; se conoce el gasto de combustible, se adquieren las piezas; cuestan alrededor del 10% de lo que costarían nuevos esos vehículos, están concentrados; no se pueden poner en una ruta, porque no hay vehículo que resista 100 personas arriba, 10 viajes todos los días. Sirven para eso, no son tanques de guerra, son vehículos que están ayudando a nuestras instituciones educacionales, y hay un número de ellos que recogen a los niños puntualmente: 4 050.

Eso no existe en ninguna parte del mundo. Recórrase el mundo, Londres, París, Suiza, y pregunten si equis miles de niños que tienen la vocación, el deseo ellos o sus familiares, y no para ser profesionales, alguno tal vez lo sea, sino para adquirir cultura y arte. También tareas similares se realizan en todas las casas de cultura del país, hay un trabajo silencioso que se viene haciendo; la posibilidad de imprimir libros en pequeñas cantidades en todos los municipios, para responder a la necesidad insaciable de una sociedad con crecientes conocimientos, amante de la lectura, de la literatura, la prosa, el verso, la historia. He leído algunos de ellos cuyo contenido es la historia del lugar y me han parecido maravillosos; porque uno oye hablar de tal pueblo y del otro, pero cada pueblo tiene su historia, desde el día en que se construyó allí la primera iglesia, digamos, o el primer edificio social, etcétera, es la historia. Serán decenas de miles de libros los que escriban nuevos narradores, nuevos ensayistas, nuevos cuentistas, nuevos poetas.

Ese es el pueblo que estamos tratando de forjar, ese es el pueblo que se está creando con el sudor y el sacrificio de ustedes y que no tendrá un gramo de parecido con aquel pueblo del 28 de septiembre de 1960 (Aplausos). Recuerdo que yo venía de Naciones Unidas y explotaron unas cuantas bombas en una concentración, digo: “Pero cómo es esto, qué relajo es este si las masas están con el pueblo. Hay que organizarlas.” ¡Pero qué pueblo! ¡Qué tenía! El espíritu, el patriotismo, el amor que heredó de los próceres, que heredó de los que combatieron tanto tiempo por nuestra independencia, de los que murieron en los años de la neocolonia, del ejemplo que nos dieron tantos compatriotas, de las ideas grandiosas de hombres como Martí, Maceo, Agramonte, Céspedes, Máximo Gómez, son tantos que se corre el peligro de no mencionar algunos. Con esa materia prima, ideas nuevas, el amor a la libertad, el odio a la injusticia, de todo eso se ha estado forjando esto de que hablo.

Me sentiría avergonzado si no tuviera la convicción de que al hablar de esto, que puedo y podemos compararlo con lo que existe en el mundo. Piensen solamente en un detalle. En el mundo se gasta un millón de millones de dólares en publicidad, piensen que en nuestro país no hay publicidad comercial, y que cuando el período especial nos obligó a utilizar un poco de publicidad para ver el partido de la olimpiada tal y más cual, con mucho dolor en el alma, veíamos interrumpidos los análisis y los comentarios entre un round y otro, entre un inning y otro, que nos presentaban un automóvil por ahí que nadie podía comprar, o algunas marcas de productos que no estaban al alcance de la población, y teníamos que publicitarlos porque debíamos escoger entre el partido y el evento deportivo, que tanto gustan en nuestro país, o tragarnos el buche amargo, que me recordaba los purgantes de aceite de ricino o de agua de Carabaña, que me daban en Birán cuando había un empacho, según decían (Aplausos). Tuvimos que tragarnos todo eso, pero cuando pudimos lo borramos del mapa. Habíamos visto la tragedia de lo que es la publicidad, como se gasta un millón de millones de dólares para embrutecer a la gente.

Aquí cualquier persona puede ver una novela y ningún anuncio la interrumpe. Incluso es el lugar más barato del mundo, donde cualquiera que tenga ingresos altos en el exterior pueda mantener a una persona, la madre, una tía, es Cuba; con 100 dólares que envíen se compra en el mercado agropecuario, en el paralelo, en la bodega de Barbarita, y hasta en las tiendas que recaudan divisas.

¿Cuánto costaría en Nueva York?, es una de las preguntas que me hago. ¿Cuántas veces podrían ir a la pelota con 100 dólares? Dos veces y media.

Me he puesto a pensar así que lo que aquí cuesta 100 dólares allá cuesta no menos de 3 000, porque hasta para ser dueño de una vivienda hay que pagar miles de dólares de impuesto. Aquí podemos tener problemas de materiales, nos faltan materiales que un día tendremos, nadie lo dude, y nos faltan muchas cosas, lo sabemos; pero el 85% de las personas no tienen que pagar renta, no tienen que pagar alquiler por las casas, y el 15% restante la están terminando de pagar, porque el contrato de arrendamiento ya es prácticamente una compra-venta; o hay algunas que las necesitan determinadas instalaciones de servicios u otros para garantizar la fuerza de trabajo.

En Estados Unidos, como explicaba, hay que pagar miles y miles de dólares al año, simplemente por ser dueño de la vivienda; y en nuestro país, mal que bien, ni alquiler, ni impuesto. Y yo no creo que tengamos necesidad un día de hacerlo.

Les hablaba de las posibilidades del país, les estaba mencionando los Joven Club que van a enseñar programación; una universidad que tendrá 10 000 estudiantes de altos estudios relacionados con la informática. Claro que no se los vamos a enviar como un regalito y una florecita a aquellos que saquean al mundo y roban cerebros, no, porque van a alcanzar altísimos conocimientos. Hay 28 000 jóvenes estudiando programación en las escuelas técnicas pertinentes. Ahora, hay que añadir los que podrán estudiar en los Joven Club.

Ningún país podrá competir con Cuba. No es una jactancia, lo podemos probar matemáticamente, pero mejor es ni hablar. Yo puedo citar una docena o dos docenas de cosas, y no constituirían más que una parte de aquellas cosas en las que nadie podrá competir con Cuba. Y no es porque seamos más inteligentes, sino porque tendremos más y más sólidos conocimientos; pero especialmente porque tenemos un sistema social justo, donde hay ya, y habrá cada vez más, una distribución equitativa de las riquezas.

Fíjense, no estoy pidiendo extremismo, no estoy pidiendo comunismo; pero habría que preguntarse si esas sociedades pudieran distribuir mejor las riquezas, y que no les ocurra que cada nueva tecnología que multiplica la producción de bienes materiales crea desempleo. ¿Pueden resolver el problema del desempleo?

En el futuro el empleo no estará, y cada vez lo estará menos, en la industria o en la agricultura. El único crecimiento posible del empleo para que las personas no sobren —y cualquier sociedad donde la gente sobre no es digna de llamarse tal; es en esta época una gran basura que sobre gente en una sociedad humana— estará cada vez más en los servicios. Yo cité un ejemplo: La Habana, 37 alumnos de primaria por maestro, y en dos años la tenemos en 18 alumnos por maestro. Y cuando se dice promedio, hay que tomar en cuenta que en algunos no es promedio de 37, sino de 40, 45, 50 y hasta más. En poco tiempo el país bloqueado, el país asediado, el país que “viola los derechos humanos”, tiene 18 alumnos por maestro, las condiciones adecuadas, el método adecuado, la doble sesión, casi el 80% recibe alimentación en las escuelas, el doble de maestros.

Si tenemos 1 maestro cada 15 alumnos de secundaria para desarrollar inteligencias, el más maravilloso producto que la especie puede crear o puede desarrollar, es, simplemente, porque hemos educado a alguien como maestro o como profesor, y le damos empleo, no tiene que estar vagando por las calles.

Por eso nunca se haga nadie la pregunta, ni tema, en qué van a trabajar tantos graduados. Es que se irá separando el conocimiento de la posesión única de conocimientos profesionales, lo cual implicaría un perfil cultural y espiritual sumamente estrecho para el ser humano.

Es como si yo les preguntara a ustedes: “Bueno, ¿y para qué demonios van a sacar un título universitario los equis miles de cuadros de los Comités de Defensa?” Yo sería un gran estúpido si les hago esa pregunta. No es lo mismo toda la dirección de una organización como esta, con trabajos tan complejos, con personas semianalfabetas. ¿Cuántos de aquellos primeros cuadros —y no había tantos, desde luego— tenían el noveno grado aprobado? ¿Cuántos eran bachilleres? Y cuánto hicieron sin eso y cuánto harán si todos tienen un conocimiento integral de mucho más nivel. Algo más que eso, una enorme cultura política, un enorme entendimiento del mundo.

Muchos de ustedes no van a estudiar economía, a algunos les gustará; pero conocerán los problemas económicos esenciales del mundo y los sabrán de verdad, y comprenderán los periódicos, y conocerán de historia tanto como puedan saber, y de geografía. Nuestros trabajadores en el turismo sabrán cuatro o cinco idiomas, y sabrán historia de los países de donde proceden esos turistas. Sabrán historia universal, geografía de aquellos países y su economía, geografía universal y del mundo en que vivimos, podrán hablar en inglés, o en francés, o en alemán, con todas aquellas personas (Aplausos).

Es como si ahora les preguntara que para qué tiene que saber geografía un cocinero. Sí, porque debe conocer la cocina de distintas partes del mundo y debe hablar con aquella persona que atiende; y el que atiende una habitación, y el que sirve en un bar.

Quiero preguntar, una vez más, qué país va a competir con Cuba (Exclamaciones de: “¡Ninguno!”) Se lo estoy diciendo 43 años después. Si hubiese hecho esta pregunta aquel día, ustedes, con toda la razón del mundo, habrían preguntado: “¿Quién es ese loco que se paró ahí?” Hoy sé que ninguno de ustedes piensa que alguno de nosotros esté loco, porque hoy sabemos lo que no sabíamos entonces.

Hemos aprendido los milagros que podía hacer un país en todos los terrenos, no solo exhibiendo un extraordinario valor en el combate, heroísmo, espíritu de sacrificio.

No olvidaré jamás los días de la Crisis de Octubre cuando corríamos riesgos de ser exterminados, y podíamos serlo, porque nuestra dignidad no admitía el concepto de rendición, no admitía el concepto de vida sin honor, no admitíamos la simple condición de animales; porque es precisamente el pensamiento, la conciencia, la inteligencia, los valores, las virtudes, la generosidad lo que distingue al hombre del animal. Ningún animal muere por otro. Entre las especies vivientes, el único capaz de morir por otro es el ser humano, ese ser que puede ser capaz de cosas incorrectas, de cosas muy malas, y será conforme a la educación que reciba.

No puedo pensar que allá en la época de Grecia o de Roma, donde había filósofos, artistas y arquitectos, podía enseñarse inglés por televisión, o podía enseñarse a leer y a escribir, como han hecho los venezolanos, en siete semanas, y se proponen alcanzar el millón de alfabetizados en menos de un año, a decir verdad, en seis meses. Están repitiendo, van a dar otro curso y ahora con el seguimiento, donde estarán recién alfabetizados y analfabetos funcionales, es posible que un día tengan 2 millones y en dos años llegarán a graduar esa masa de sexto grado y se proponen continuar hasta el noveno grado. Es impresionante lo que allí ocurre.

Ahora les van a dar oportunidad de estudiar a todos los que se graduaron de bachiller y no tenían cupo, que quieran estudiar, van a ser cientos de miles. Están pensando en la operación que llaman Ribas, que es precisamente el programa de formación integral de jóvenes que están entre 17 y 30 años y no pudieron ni siquiera ser bachilleres. Un colosal programa de educación, admirable, con el que ese pueblo lucha y se defiende de los intentos oligárquicos de seguir saqueándolo; intentos oligárquicos imperialistas de derrocar la revolución con golpes de Estado, con huelgas ruinosas, con el monopolio de los medios masivos de divulgación.

Ese es el país, hermano queridísimo por historia, porque fue el primero en este hemisferio, porque ofrece tenaz resistencia a todo intento de convertir en nuevas colonias a nuestros países latinoamericanos. Ese es el país que con tanto amor nuestros médicos van allí; esos médicos que no son novatos, esos médicos que ya escribieron grandes historias van allí, con admiración, por parte de los venezolanos e incluso del resto del mundo, porque van a donde tengan el deber humano de ir. Hay un número que están allí, pero los que necesiten se los enviaremos, no le quepa duda a nadie (Aplausos), si los necesitan y los solicitan.

Ya hablé de los médicos. Sí, también hemos enviado televisores del millón de televisores que les compramos a los chinos, y llevamos bien la cuenta de los cientos de miles que se han repartido en el país y de qué forma, equivalente al cambio de 20 a 1, sin interés y sin ganancias, con un número de años de garantía y con piezas aseguradas durante 10 años, no como ocurría cuando muchas veces se adquirían y se vendían televisores de 20 marcas, algunos de ellos un lote, un remate. ¿Qué es eso de un lote o un remate? ¿Para qué le va a vender a la gente, sea quien fuese el que lo compre, porque cambió pesos por dólares convertibles o porque le enviaron dólares, para qué vender un equipo que al cabo de dos años no funcione? Sí, les hemos enviado al pueblo hermano de Venezuela algunas decenas de miles de televisores para su combate contra el analfabetismo y asumo la responsabilidad de esas decisiones (Aplausos), desde luego, con la plena aprobación y apoyo de la dirección de nuestro Partido y de nuestro Gobierno.

Yo personalmente realicé las gestiones en los niveles correspondientes para la adquisición de los equipos Panda con nuestros amigos, con nuestros hermanos chinos, así debo decirlo (Aplausos), porque son buenos, nos dieron facilidades para pagarlos y un período de gracia. Se lleva la cuenta de la distribución y destino de cada uno de ellos.

Seguimos negociando, sí, estamos negociando, y nos han otorgado créditos para 300 000 nuevos televisores, y seguimos negociando, porque nos tratan con afecto, nos tratan con respeto, admiran cómo nuestro país ha luchado y ha resistido; y se encuentran con un país cada vez más serio, que va cumpliendo estrictamente sus obligaciones y que ve crecer la confianza, ve crecer el crédito en favor de nuestros planes de desarrollo económico y social.

A veces hay algunos casos individuales que me producen vergüenza, no porque hagan una crítica; ya dije que cualquier tema puede ser objeto de análisis, lo que nunca haré es decir una mentira, nunca rehuiré una responsabilidad. Creo que tengo argumentos para defender las decisiones que se toman, y si me equivoco, como se puede equivocar cualquiera en este mundo, creo que tengo la suficiente modestia y la suficiente filosofía de la vida, recordando aquello que dijo Martí de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” (Aplausos), he logrado liberarme de vanidades y tener una idea del mundo y de las realidades que ni siquiera tenía cuando empecé a ser revolucionario. Sí tenía ya una parte de mis actuales ideas, sin ideales fuertes nadie comienza un camino revolucionario; pero lo más importante es que la vida lo haya ido enseñando cada día y le aporte nuevas lecciones, nuevas conciencias de errores que puedan cometerse. Así que no temo eso.

Nunca diré mentira alguna, siempre seré capaz de escuchar a cualquier ciudadano que tenga un punto de vista, lo escucho, lo leo, lo sabemos, recogemos diariamente miles de opiniones. El enemigo no imagina el apoyo con que cuenta la Revolución, nosotros lo sabemos, y todo ha sido sobre la base de patriotismo, de ética, de respeto, de consagración a la lucha por el pueblo, una palabra que tanto se usa y con tanta hipocresía se usa.

Todo el mundo habla del pueblo, el pueblo, el pueblo, y de lo que sufre el pueblo no tienen ni noción; de libertades, libertades y libertades y de los miles de millones de personas que no saben leer ni escribir o son semianalfabetas ni se acuerdan jamás, como no se acuerdan de los que pasan hambre, o de los que mueren de terribles enfermedades sin un calmante siquiera.

Esos que se llenan la boca con toda la espuma del mundo para hablar de derechos humanos, de democracia, tendrían que enseñarle sobre derechos humanos a un país donde jamás se ha torturado a nadie, donde jamás ha existido un escuadrón de la muerte, una ejecución extrajudicial; un país donde siguiendo las enseñanzas de nuestro Maestro, nuestro extraordinario Maestro, se rinde culto pleno, total y absoluto, a la dignidad plena del hombre en el más cabal sentido de la palabra y luchando contra el genocidio que el mundo capitalista desarrollado y el imperialismo están cometiendo contra la humanidad.

Los que llevan a cabo esta obra revolucionaria pueden cometer errores y debemos ser firmes y exigentes contra los errores, debemos reducirlos al mínimo posible, sí; pero el espíritu que ha guiado a esta Revolución no es nunca el del abuso, ni el de la injusticia, ni el del ejercicio arbitrario del poder.

Hombres hay, y muchos, de excelentes cualidades morales iguales que las nuestras o más; me he referido a todo un pueblo que es, en este caso, nuestro pueblo, a nuestro sistema socialista, a nuestro sistema de justicia, y puedo asegurarles la convicción de que cualesquiera que sean nuestros defectos, de los cuales estamos conscientes y contra los cuales cada uno de nosotros luchará hasta el último segundo de su vida, nuestro pueblo les saca un buen número de pistas a esos supercharlatanes que quieren pintar a este pueblo heroico, luchador, generoso y solidario como un violador de los derechos humanos.

Permítanme no extenderme más, porque habría muchas cosas que hablar de todo esto.

Les doy las gracias porque me han permitido expresar aquí lo que considero algunas verdades, y que más que ninguna otra cosa, resaltan y enaltecen la obra de todo nuestro pueblo, y la obra de los Comités de Defensa de la Revolución que hoy celebran su glorioso 43 aniversario (Aplausos).

¡Viva el socialismo! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

No hay que decir, aunque haya que decirlo, no lo voy a decir esta noche: ¡Patria o Muerte!, porque más de una vez hemos vencido los riesgos de tener patria o morir (Aplausos). Y eso lo seguiremos demostrando siempre, y como ha sido hasta hoy y seguirá siendo, porque nunca, en condiciones tan difíciles, se forjó un pueblo con tantas cualidades y tantas virtudes (Aplausos).

¡Venceremos!

(Ovación)

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Fidel Castro Ruz

Fidel Castro Ruz

Líder histórico de la Revolución Cubana. Nació en Birán el 13 de agosto de 1926 y murió en La Habana, el 25 de noviembre de 2016. Ha escrito numerosos artículos, reflexiones y libros sobre la situación mundial, la historia de Cuba y su actualidad.

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