Persistentes malestares
Más de 150 manifestantes detenidos en París en una nueva protesta de los ‘chalecos amarillos’ y los agentes han recurrido a gases lacrimógenos para dispersar la concentración en protesta contra las políticas del presidente francés, Emmanuel Macron. (Fuente: El País)
Guillermo Tell
Chalecos amarillos en Francia. Foto: Getty Images.
La mayoría de los más grades medios europeos resumieron en esos y parecidos términos la última jornada sabatina en París, y asimismo destacaron que Macron consigue “defender y restaurar el orden con eficacia aunque sin poder omitir que “sin apagar el archipiélago de incendios sociales y políticos que se multiplicaron”.
Vale retener esto último, porque en efecto esta vez coincidieron tres manifestaciones, es el del tenaz movimiento de los chalecos amarillos que arrancó el 17 de noviembre de 2018, la ecologista en favor de acciones más contundentes contra el calentamiento global y la sindical contra la reforma de las pensiones que precariza más aún la vida de franceses.
Tales son las evidencias de reconocibles y persistentes malestares y descontentos sociales en países desarrollados y opulentos corroídos por agudas desigualdades del sistema de distribución económica en los que se erigen.
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