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UPEC: Nuestra posición 63 años después, transformarnos sin perder el lead del pueblo

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Colegas, compatriotas, que es ahora el más profundo atributo periodístico:

Celebramos el aniversario 63 de la creación de nuestra UPEC cuando pareciera que ya en Cuba no hubiera nada que celebrar, pero los tercos de esta Isla -los necios, diría Silvio- contamos aún con tres tesoros que ni siquiera la gran industria de la mentira, con sus “portaviones” de intimidación mediática, ha podido arrebatarnos: cabeza para pensar la verdad, boca para decirla y corazón para defenderla.

Ideas, palabra y pecho; eso es la UPEC o a eso ha apuntado en seis décadas. Nació y nos parió a todos el 15 de julio de 1963, en un hotel de cuyo nombre queremos siempre acordarnos: Habana libre.

Tal nombre era una seña de lo que fundábamos y lo que nos esperaba. Aunque el edificio mismo no viva hoy sus mejores días, aquella imagen se fue ensanchando de modo que al cabo somos más de 3600 afiliados reunidos bajo la cobija no de un hotel habanero, sino de Cuba libre. No hay sede mejor para sesionar que la patria entera.

Es cierto que desde los inicios de la República Neocolonial hubo intentos de crear una organización periodística unitaria que enalteciera al gremio, pero entonces, como había pasado en las guerras de independencia, las disputas y disensiones echaron por tierra el proyecto. Hubieron de correr ríos de tinta y de sangre para que al final tuviéramos nuestra UPEC y, con ella, la seguridad de que lo que menos necesitamos los periodistas y el pueblo es volver a la neocolonia y a la división.

Siempre con Martí, que es uno de los nuestros -el primero, en rigor- sabemos que este momento de Cuba es el mismo que él vio para la Madre América: «Es la hora del recuento y de la marcha unida». ¿Cuál si no, que la del recuento, es la misión más alta de la prensa? ¿Qué le espera a quien marche solo en nuestras filas? Si la patria está asediada, y el mundo con ella, cuando el nuevo fascismo se convoca para crear el cuarto Reich, es la hora de la cobertura unida. ¡Y si no lo estuviera… también!

Cuando Don Imperio ha dispuesto para Cuba un particular Reloj del Apocalipsis y el liderazgo revolucionario decidió hacer cambios extraordinarios -de múltiples signos, según la voluntad que emprenda-, a la prensa le toca precisar sustantivos, emitir adjetivos, mensurar adverbios, darles alma a los números de la economía y plantarse al centro de la sociedad como un baluarte del diálogo, de contrapeso y del control social y popular. ¡Casi nada! ¡Casi todo!

Estos cambios llevan lucha, mucha lucha: si en el artículo 55 de la Constitución se refrenda que los medios fundamentales de comunicación son propiedad socialista de todo el pueblo, los periodistas cubanos entendemos que el socialismo es el mejor canal de diálogo entre la Revolución y la masa. Allí, en esa mensajería de ideas, haremos nuestra parte en el deber para que nada pueda vencernos.

Un paradigma indiscutido, Julio García Luis, quien dirigió el gremio con la humildad de un afiliado y la visión de un profeta, solía decir que no se puede cambiar el socialismo sin cambiar el periodismo. Recordándolo a la luz de estos días es fácil darse cuenta de que, frente a cambios sustanciales en toda la sociedad que tensan la mismísima filiación socialista, la prensa tiene que ahondar y medir milimétricamente su propia transformación.

Ernesto Vera, otro pilar apreciado, sostenía que la UPEC había sido la primera organización periodística de nuevo tipo en el hemisferio occidental; ahora, que él no está, debemos preguntarnos en colectivo cómo serlo aún (de nuevo tipo), cómo conservar la audacia bajo las bombas comunicacionales, cómo no caducar para los públicos ni para la Historia mientras los dos hemisferios mueren de a poco bajo la tiranía no ya de la propaganda de las McDonalds -que también- sino de la ponzoña de las «Donalds news».

Para informar en los medios, para argumentar y opinar, para llevar las voces de otros, para concordar o discutir y no caer en el intento tendremos, seguramente, que volver a la infalible fórmula martiana: «¡Grande es la palabra cuando cabalga en la razón!». Ello requiere, sin embargo, asegurarse lo más difícil: mensurar desde lo hondo cuáles son las reales razones de Cuba. ¡Hay que ser pueblo!, a él pertenecemos y a él nos debemos.

Colegas, compatriotas:

El país, como el gremio, transforma su gestión y tantea cambios al modelo, ¡no de modelo! En nuestro caso, que es el «tramo» de Cuba que nos toca custodiar, la manera de hacerlo tiene que ser transformarnos y experimentar -en contenidos certeros, oportunos y filosos, tecnologías e innovación y economía- sin perder el lead de la Revolución original, la de los humildes y para los humildes, sin más privilegios que la devoción por el bienestar y la dignidad de los desheredados de siempre.

El laboratorio en que los periodistas hacemos experimento es apenas un área del gran laboratorio de la Revolución: donde nosotros enaltecemos audiencia, ella defiende pueblo. Hagamos nuestro aporte para que hoy, en años próximos y en largas décadas el pueblo cubano pueda leer plenamente en nuestros medios y en sus hogares que Cuba es libre, como La Habana que nombró a un hotel, y que ha sido salvada la gran noticia de la Revolución.

Nosotros contamos a Cuba. ¡Cuba cuenta con nosotros!

Un abrazo revolucionario

Presidencia Nacional de la UPEC

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Ricardo Ronquillo

Ricardo Ronquillo

Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba. Premio Juan Gualberto Gómez. Fue subdirector editoral y columnista de Juventud Rebelde.

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