El "paseo" de EEUU en Irak ya lleva más de 500 días
Desde marzo de 2003 las bajas norteamericanas suman casi 1.000, la mayoría infligidas en la 'segunda guerra' que ha seguido a la invasión
POR PABLO PARDO / MONICA G. PRIETO
WASHINGTON/MADRID.- El 1 de mayo de 2003, George W. Bush anunciaba en tono triunfal «el fin de las operaciones militares de envergadura» en Irak desde el portaaviones Abraham Lincoln. Había pasado mes y medio desde que EEUU comenzara a invadir Mesopotamia en una operación que cumplió las mejores expectativas de Washington: apenas duró 21 días y sólo causó 114 bajas entre sus filas.
Nadie pensaba el 20 de marzo de ese año, cuando la Tercera División de Infantería y el Primer Cuerpo Expedicionario de Marines entraron en Irak, que 500 días después la guerra iba a seguir en ese país.Pero así ha sido. Oculta entre la campaña electoral y el esfuerzo de la Administración Bush de demostrar que desde la transferencia de soberanía al Gobierno interino Irak está más tranquilo, el día número 500 de la guerra pasó ayer desapercibido en EEUU.
En su mitin en Ohio, Bush apenas se refirió al «apoyo a las tropas», en una vaga referencia a los 150.000 soldados estadounidenses en Irak, y se limitó a pedir al Congreso que haga permanentes las bajadas de impuestos. Y los candidatos demócratas, John Kerry y John Edwards, hacen unas referencias muy moderadas a la guerra que ellos apoyaron hasta que se convirtió en algo impopular.
Desde que el mundo asistiera en directo a la caída de la estatua de Sadam en la plaza Firdos, momento que simbolizó el fin de la dictadura, una segunda guerra se cernió sobre Irak. Esta vez no sería el paseo militar que anunciaron los altos mandos de Washington, sino una lenta y agresiva guerra de guerrillas que, mezclada con los ataques terroristas, ensangrentan el país y aumentan a diario el número de víctimas estadounidenses, que han pasado de un simple goteo a un verdadero chorreo. Entre el 21 de marzo de 2003 y el 31 de julio de 2004 hay una lista de casi 1.000 muertos, en concreto 912 soldados norteamericanos fallecidos en combate o en operaciones vinculadas a la invasión.Aunque la cifra es engañosa.
El Pentágono no incluye en su lista los 24 soldados que han cometido suicidio. Y además están los contratistas -otros les llaman mercenarios- que han muerto. Aunque no hay cifras oficiales, al menos 43 civiles estadounidenses fallecieron en combate. El último, Mike Copley, fallecido el 19 de julio en un ataque con lanzagranadas en Samarra.En total, si se suman las cifras incompletas de contratistas, soldados muertos y suicidios salen 979 muertos, un 7% más de los admitidos en las estadísticas oficiales.
Y es que la resistencia iraquí no distingue rangos ni nacionalidades, sólo entre ocupantes y ocupados. Tampoco el Ejército norteamericano distingue entre civiles y milicianos. El mes más trágico para EEUU fue sin duda el pasado abril, cuando más de 130 soldados fallecieron. Curiosamente el embrión de aquella ola de violencia estuvo en el asesinato de cuatro contratistas por parte de la guerrilla en el feudo suní de Faluya. Los residentes de la ciudad despedazaron los cadáveres calcinados de los mercenarios, y la escena fue demasiado para el estómago del público estadounidense: Washington cercó y bombardeó la ciudad durante un mes. Por cada contratista murieron unos 250 civiles, según dijo a este diario el director del hospital de Faluya. En total, más de 1.000 muertos iraquíes.
La resistencia de Faluya, en una demostración de fuerza sin precedentes, resistió el cerco para, al final, forzar la retirada de los marines.Mientras, el sur del país ardía en combates protagonizados por los chiíes llamados a la insurreción por el clérigo radical Muqtada al Sadr. Asunto aparte son los ataques suicidas que dejan muchos más muertos entre los iraquíes que entre los ocupantes. Todo esto hace del Irak de la posguerra el escenario de un conflicto más sangriento que la propia invasión.
La guerra sigue, y a buen ritmo. Desde que el Gobierno títere de Iyad Alaui ejerce el poder, el número de estadounidenses muertos ha subido. En julio murieron 58, frente a los 50 de junio. La cifra de heridos es imposible de calcular y, en total, el Pentágono ha evacuado a unos 12.000 soldados por considerarlos incapaces de realizar sus funciones, sea por enfermedad, heridas u otras causas.
La presión de Irak ha dejado a las Fuerzas Armadas de EEUU al borde del colapso. Dos de las 10 divisiones del Ejército no están en servicio tras su paso por la guerra. Por cada soldado en Irak hay otros dos en retaguardia, lo que implica que prácticamente todo el Ejército de Tierra de EEUU está involucrado en Mesopotamia.Por eso ahora se están desplegando los marines.
La extenuación de EEUU llega al extremo de que el Pentágono se está quedando sin balas. Su mayor proveedor, Alliant, fabricará este año 1.200 millones de proyectiles, pero el Pentágono necesita entre 1.500 y 2.000 millones, así que está buscando fabricantes dentro y fuera del país. Sólo en Irak, los soldados estadounidenses gastan un millón de balas diarias, un número demasiado elevado para llevar a cabo la misión humanitaria y de reconstrucción que vende George W. Bush.
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