UN PERIODISTA PARA SIEMPRE
Juan Gualberto Gómez, paradigma de la lucha por la independencia patria Ser periodista representó para Juan Gualberto Gómez contar con una profesión bien ejercida que le permitió combatir contra la esclavitud, contra el racismo, contra el colonialismo y contra el imperialismo. Toda su vida fue de lucha. Sin descanso creció a la altura singular devenida del gran reto que significó cada gesto a favor de los oprimidos, sin claudicar ante cárceles, deportaciones e infamias. Su talento y valor acompañaron siempre al sentir patriótico y humanista del quehacer firme y comedido que caracterizaron sus acciones.
Supo decirle al poder colonial, su adversario, los errores y la crueldad de su proceder, con las palabras más claras y respetuosas. Y lo comenzó a plantear con profundidad en la propia capital madrileña en formidable ensayo que después actualizó constantemente en territorio cubano hasta el inicio de la Guerra Necesaria. Supo mejor que todos los gobernantes españoles que la emancipación de las colonias es inevitable, con terror o sin él, y los invitó a reflexionar, sin éxito, en leal mensaje orientado a una independencia sin odio, con amor, como es en la vida común la adultez de los hijos, tan independiente como agradecida a la paternidad.
Su pluma fue incisiva al demostrar la hipocresía de las leyes de los racistas supuestamente abolicionistas y de los que pretendían ver el peligro de la guerra de razas en el más noble y profundo sentido humanista de elevar, juntándolos, a negros y mulatos para avanzar al abrazo mayor con los blancos, con el concurso de todos en la unidad e igualdad que determina la condición de cubanos.
Sabía mejor que nadie que el alzamiento final de las tres décadas de guerra, tenía que hacerse con el ideal separatista ampliamente apoyada en numerosas capas de la población y fundó los periódicos que lo defendieran abiertamente, sin que la cárcel impidiera dar el combate para obtener el reconocimiento legal de esa decisiva lucha de ideas. Y lo hizo cuando estaba consciente de que el separatismo tendría necesariamente un camino nada pacífico, pero que las armas en las mentes debían ser previas a las de los brazos.
Tuvo la entereza e inteligencia para seguir defendiendo el separatismo sin dar oportunidad para que el gobierno colonial pudiera acusarlo de nuevo, mientras su vocación de servicio lo fue ubicando como la persona más importante en la Isla en el proceso conspirativo dirigido por José Martí. Casi sin proponérselo, la confianza que le inspiraba al Delegado del Partido Revolucionario Cubano, más su capacidad organizativa, hicieron que trascendiera con creces su deseo de ser el periodista del Partido y se convirtiera en alguien sin el cual se hubiera frustrado todo el trabajo en juntar los esfuerzos revolucionarios del exterior con los jefes de alzamientos en territorio cubano. Ese tiempo, en que comparte la tarea de ser líder de la emancipación del negro, capitán de la labor política e ideológica separatista y lugarteniente de los preparativos para la guerra, fue posible porque la mente y el corazón poderosos de Juan Gualberto contaron con el apoyo de muchos hombres y mujeres humildes que lo respetaban y querían.
Hombre de pensamiento, y por ello mismo, cumplió su deber a la hora de pelear, cuando otros no lo hicieron o no pudieron. Larga condena y nueva deportación, fue la guerra que le impusieron, la que enfrentó con dignidad.
La objeción contundente a la Enmienda Platt, fundamentada en forma perfecta en su histórica ponencia, eleva la figura del hijo de esclavos al más alto sitial en el inicio de la etapa seudorepublicana y lo convierte en el combatiente más consecuente con la ética patriótica martiana.
El tercio de siglo que vivió en la neocolonia fue la prueba mejor de la consistencia de su espíritu patriótico, de los principios, aunque tuviera que luchar en medio de la politiquería y corrupción que, heredadas de la colonia, fueron potenciadas por la intervención y dominio estadounidense. Siempre opositor a los gobiernos títeres, legislador honesto, continuó siendo el periodista que había desafiado toda injusticia sin importar los riesgos.
Unos días antes de morir, en febrero de 1933, como la despedida más deseada, publicó un artículo donde revelaba la última vez que vio a José Martí y la última carta recibida de él. De la primera habían transcurrido 53 años y 38 de la segunda. En esos recuerdos están la imagen de Martí detenido para ser deportado y el mensaje inolvidable de la carta donde le dice: "Conquistaremos toda la justicia". Eran dos recuerdos contrastantes que simbolizaban lo que había sido la vida de ambos. Por un lado el sacrificio y por otro la confianza en el futuro, la prisión y el sueño redentor.
Tanto Martí como Juan Gualberto, periodistas excelsos, sabían que continuarían en combate hasta que no quedara justicia por alcanzar y que serían sus plumas las que guiarían a los colegas del mañana.
Hoy, cuando Bush pretende imponernos la segunda y más brutal enmienda Platt, el profundo contenido político e ideológico y la responsabilidad social del periodismo revolucionario, ético y digno, sembrado por ellos, está presente en cada uno de nuestros periodistas, en todos sin excepción, porque sienten el honor de ser dependientes de la patria y el pueblo e independientes del imperialismo y de toda la injusticia.


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