Taller Coreográfico del Ballet Nacional de Cuba ofrece espacio a la creación
El Ballet Nacional de Cuba (BNC) ofrece hoy un espacio a la creación con el estreno de nueve obras reveladoras del anhelo de un mayor acercamiento a formas artísticas y temáticas contemporáneas.
La realización de un Taller Coreográfico devino oportunidad de desarrollo para bailarines de una compañía compuesta en su mayoría por jóvenes, unos como coreógrafos y otros como intérpretes defendieron sendas propuestas con ambición de progreso.
Me asfixia; de Maysabel Pintado, Dulce es la sombra; de Laura Domingo, Retrato; de Livan Verdecia y Exceso; de José Lozada, en la primera noche de estrenos en el Teatro Nacional, subrayaron que toda danza es una especie de termómetro, una gráfica del corazón.
Este axioma de una gigante de la danza moderna en norteamérica, Martha Graham, bulle por sí solo en bailarines carentes de entrenamiento en el estilo contemporáneo, pero muy ávidos de esa versatilidad y poseedores de una base de escuela que les permitiría abrazarla con éxito, algunos con maestría.
Pintado, proveniente de la danza española y ganadora del Premio Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso en 2010, cubrió los rostros de las danzantes con velos negros y entrecortó movimientos tras la inquisición de libertad.
Por su parte, Domingo, profesora de la Escuela Nacional de Ballet, se lució con un manejo audaz de luces, espacio y el empleo de subtextos audiovisuales para sugerir trazas de lo trascendente en el camino de la vida.
Las creaciones de Lozada y Verdecia tienen referentes claros en la obra del cubano Miguel Altunaga, bailarín y coreógrafo del Rambert Dance en Londres, que cosechó aplausos en el anterior Festival Internacional de Ballet de La Habana con Memoria, una coreografía defendida por el gran Carlos Acosta.
Verdecia, de tan solo 19 años de edad, captó el virtuosismo del ballet clásico y la danza contemporánea, también manipuló a Jessie Domínguez y Alfredo Ibáñez a fin de extraer de ellos un acto dramático que conmovió a la audiencia.
En cambio, la puesta de El samurái y la geisha, de Ismael Pérez, cubano radicado desde hace años en Japón, quedó lejos de recrear una cultura milenaria y con rasgos bien retratados en el cine, además de desaprovechar a artistas de condiciones soberbias con pasos comunes y ademanes de parodia.
Los pas de deux Excelsior, Esmeralda y Talismán acentuaron el tono refrescante de estas galas y en particular sus intérpretes femeninas: Dayesi Torriente, Grettel Morejón y Estheysis Menéndez, validaron interpretaciones propias de esos clásicos.
El Taller Coreográfico que continúa esta tarde con más estrenos dio frutos merecedores de integrar el repertorio activo de la compañía, depende ahora de la dirección del centro el final o la continuidad de cada historia.
(Con información de Prensa Latina)
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