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El veterinario insigne

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Posterior al ataque al Cuartel Moncada, hecho que aconteció un día como hoy en el año 1953, el líder de los asaltantes Fidel Castro Ruz, realizó su autodefensa, cuyo histórico alegato se conoce como La historia me absolverá.

En la autodefensa, documento que ha sido editado y publicado para la lectura, el conocimiento y estudio de todos, Fidel se refería a la situación de los trabajadores de esa época e incluía entre otros profesionales a los veterinarios. Señalaba, que diez mil profesionales salían de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica.

A uno de esos médicos veterinarios, que precisamente culminó su carrera con notas sobresalientes en el Año del Centenario del Apóstol José Martí, porque tuve la oportunidad de ver su título hace años atrás, es a quien quiero dedicar esta columna, porque si realmente no estuvo entre los jóvenes que atacaron los Cuarteles Carlos Manuel de Céspedes y Moncada, fue uno de los que se sumó a la causa, de ser libres o ser mártires. Y mientras Fidel y sus compañeros fueron a Bayamo y a Santiago de Cuba, quedó en La Habana en la lucha clandestina, ese joven valiente que apostó sin dudas, por la libertad de Cuba: Juan Pedro Carbó Serviá.

Juan Pedro nació el 21 de noviembre de 1926 en Remedios, antigua provincia de Las Villas. Hijo de un juez del lugar, defensor de la clase pobre y de María Serviá, una mujer caracterizada por su jovialidad. Quizás a ella se parecía su hijo que según se cuenta era muy simpático y jaranero.

El cursó estudios en Caibarién y Remedios, donde terminó el bachillerato, periodo en el que ya demostró sus inquietudes revolucionarias y aunque no perteneció a ningún partido, sí era muy apegado a la doctrina martiana. Aunque en 1943 matriculó en la carrera de Farmacia en la Habana, regresó por razones familiares a Remedios hasta 1949. Regresó de nuevo a la Habana y aunque inicialmente matriculó Derecho, pasó a estudiar Medicina Veterinaria y se graduó de esta carrera precisamente en 1953.

Tuve la suerte de ser alumna durante mis estudios de la carrera, del Profesor de Mérito MV Dr. José Ramón Hidalgo Peraza, quien estudió la carrera de Medicina Veterinaria junto a Carbó Serviá. Él me contaba con mucha efusión, emocionado, sobre las cualidades de su compañero de clases. De su buen carácter, su sentido del compañerismo, su inserción en las luchas universitarias y sobre todo de su valentía.

Recordando aquellos tiempos difíciles, cuando en alguna ocasión ambos fueron detenidos por sus actividades políticas contra de la dictadura batistiana, Carbó se distinguía por su valor y enfrentamiento a los abusos de sus represores. Insistía en que Carbó nunca se quedaba callado y no se dejaba amedrentar por aquellos esbirros.

Ellos estuvieron juntos en el entierro simbólico de la constitución de la república y en la primera marcha de las antorchas en 1953, en el que ambos terminaron sus clases. Era notable en mi profesor, a quien quise al paso de los años, como a un padre, la emoción que le colmaba cuando recordaba a su compañero, aquel joven, alto, simpático e inteligente con quien compartió sus años de estudio en la Universidad de la Habana.

Juan Pedro se había opuesto rotundamente al golpe de estado protagonizado por Fulgencio Batista en 1952. En ese propio año, fue uno del grupo de los jóvenes estudiantes que, junto a José Antonio Echeverría, se lanzó al terreno del hoy Estadio Latinoamericano, durante la celebración de un juego de pelota, para desplegar una tela contra la dictadura e invitando al pueblo al acto por el 27 de noviembre, para rendir tributo a los ocho estudiantes de Medicina. También participó en la manifestación estudiantil del 15 de enero de 1953 en protesta por la profanación del busto de Julio Antonio Mella, en la que resultó mortalmente herido el estudiante Rubén Batista. Carbó fue encarcelado junto a un grupo de sus compañeros de lucha.

Aún cuando terminó la carrera y dejó de pertenecer a las filas de la organización estudiantil, mantuvo su vínculo con la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), demostrando la rebeldía de los jóvenes de esa época.

Tuvo participación en actividades internacionalistas, cuando de agredir a un pueblo se trataba. Al producirse un intento de invasión a Costa Rica por el dictador nicaragüense Anastasio Somoza y otros dictadores del área, el 7 de enero de 1955, Carbó partió a ese país a combatir por la libertad de su pueblo, junto a José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez Pérez y otros jóvenes cubanos.

Otra acción en que tuvo participación fue en el apoyo a la huelga azucarera que tuvo lugar en distintos lugares de la isla, en diciembre de 1955.

Ya a finales de agosto de1956, Fidel y José Antonio se reunieron en México con el fin de aunar los esfuerzos de ambas organizaciones y el propósito de derrocar al régimen tirano de Batista. Se firmó la conocida Carta de México. En octubre de ese mismo año volvieron a reunirse, en ese contacto estuvo Carbó Serviá y un grupo de estudiantes.

Continuaron en la lucha en La Habana y Juan Pedro muy activo, integrado al Directorio Revolucionario. El 13 de marzo de 1957, fue uno de los asaltantes al palacio Presidencial, sobrevivió al hecho, pero fue perseguido por los esbirros de la tiranía y por su acción se destacaba. Tenía mucha fe en la lucha revolucionaria contra el tirano.

Tras una delación a la policía, el 20 de abril de 1957, alrededor de las tres de la tarde un grupo de criminales llegaron y abrieron las puertas del edificio ubicado en Humboldt 7, donde se encontraba hospedado junto a unos compañeros de lucha. Allí Juan Pedro y Fructuoso Rodríguez Pérez, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales, fueron vilmente masacrados.

Varios jóvenes veterinarios de esa época, también se vincularon a la lucha revolucionaria.

Por esta relevante historia, por haberse convertido en un mártir de la patria, por sus excepcionales cualidades y valores, la Asociación Cubana de Medicina Veterinaria como reconocimiento, ha dado su nombre al Premio Nacional de Veterinaria en sus diferentes categorías, porque es una forma de honrar a tan valioso profesional y luchador revolucionario.

Nació en 1926, por lo que este es también, el año de su centenario. Recordarlo y honrarlo constituye un deber para las actuales generaciones de estudiantes y especialmente para los profesionales de la Medicina Veterinaria.

Juan Pedro Carbó Serviá es y será siempre, nuestro veterinario insigne.

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