La estrategia eterna: El actual apagón de Cuba comenzó en 1960 en los archivos de Washington

Milicianos en el momento de intervenir y nacionalizar la empresa norteamericana “Texaco” verano 1960.
El 17 de marzo de 1960 se tomó en Washington una decisión que sigue marcando el curso de la historia cubana hasta hoy. En una reunión secreta del Consejo de Seguridad Nacional, Robert Anderson —secretario del Tesoro y magnate petrolero de Texas— presentó a los responsables reunidos un plan tan sencillo como brutal: cortar el suministro de petróleo a Cuba. “Si logramos privar a los cubanos del suministro de petróleo”, explicó Anderson, “las consecuencias serían devastadoras en un plazo de cinco a seis semanas”.
Lo que los historiadores saben hoy gracias a documentos secretos desclasificados: ese mismo día, el presidente Dwight D. Eisenhower también dio luz verde al derrocamiento de la Revolución Cubana, con todos los medios disponibles.
El plan maestro de 1960 y sus consecuencias
El Consejo de Seguridad Nacional ya había decidido el 13 de enero preparar un “plan secreto para la caída del Gobierno de Castro”, es decir, mucho antes de que se establecieran contactos oficiales entre el Gobierno revolucionario y el bloque comunista. Se ordenó a la CIA que desarrollara planes operativos que, meses más tarde, desembocaron, entre otras cosas, en la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos.
Tras su fracaso, el presidente Kennedy autorizó la “Operación Mangosta”, un plan secreto ambicioso y generosamente financiado que incluía actos de sabotaje contra infraestructuras de transporte, tecnología de las comunicaciones, refinerías, el suministro de alimentos y la red eléctrica, y cuyo “éxito definitivo requería una intervención militar decisiva de EE. UU.”. También formaban parte de este programa los atentados contra Fidel Castro, revelados posteriormente por la Comisión Church del Senado de los Estados Unidos. El experto conservador en Cuba de la Universidad de Harvard, Jorge Domínguez, calificó retrospectivamente esta política de “terrorismo de Estado”.
Otra parte de esta estrategia, menos espectacular pero no menos eficaz, apuntaba al estrangulamiento económico de la isla: impedir los suministros de petróleo, restringir el comercio azucarero y cortar sistemáticamente los créditos.
Ya antes de la iniciativa de Anderson, Washington había apretado las tuercas. La presión diplomática de EE. UU. hizo prácticamente imposible que el joven gobierno revolucionario obtuviera créditos de bancos occidentales, es decir, de aquellos países que hasta entonces habían sido los principales socios comerciales de Cuba. La Habana comenzó por ello a diversificar sus relaciones comerciales y encontró un socio dispuesto en el Este: Raúl Castro viajó aún en 1960 aMoscú, Ernesto “Che” Guevara, entre otros lugares, a Berlín.
Una delegación económica del Gobierno revolucionario de la República de Cuba, que se encontraba en la RDA bajo la dirección del presidente del Banco Nacional, el Dr. Ernesto Che Guevara, es recibida el 17 de diciembre de 1960 por el presidente de la Cámara Popular de la RDA, Johannes Dieckmann (dcha.), y el vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Comercio Exterior y Comercio Interalemán, Heinrich Rau (izqda.). Horst Sturm/picture alliance
Cuando el viceprimer ministro soviético Anastas Mijoyán viajó a La Habana en febrero de 1960 para la inauguración de una feria industrial soviética —una exposición que ya se había mostrado anteriormente en Nueva York—, los diplomáticos estadounidenses presentes interpretaron esto como una prueba de que Cuba se estaba desviando irrevocablemente hacia el comunismo. Sin embargo, la visita fue más que un gesto simbólico: además de un crédito comercial de 100 millones de dólares estadounidenses, Moscú y La Habana acordaron con visión de futuro el suministro de petróleo a la isla caribeña, un detalle que pronto resultaría decisivo.
La situación inicial era muy sencilla y precisamente ahí radicaba la vulnerabilidad de Cuba. La isla consumía entonces unos 90 000 barriles de petróleo al día, pero solo producía unos 5000. La diferencia decisiva con respecto a la actualidad radicaba en que las tres grandes refinerías del puerto de La Habana no pertenecían a Cuba, sino a consorcios extranjeros: Standard Oil (Esso), Texaco y Royal Dutch Shell.
Ernesto “Che” Guevara, en aquel momento presidente del Banco Nacional de Cuba, informó a las tres empresas de que Cuba esperaba recibir en el futuro unos 2,2 millones de barriles de petróleo soviético. Las refinerías privadas debían procesar este petróleo a cambio de un pago. Se trataba expresamente de una propuesta comercial, no de un ultimátum; sin embargo, fue precisamente en este punto aparentemente técnico donde la situación comenzó a agravarse.

Milicianos en el momento de intervenir y nacionalizar la empresa norteamericana “Texaco” verano 1960.
Entre el sentido de los negocios y la razón de Estado
La dirección local de las petroleras en La Habana estaba totalmente dispuesta a aceptar el negocio, tal y como informó en aquel momento la revista especializada Oil and Gas Journal. Los directivos locales veían en ello una fuente de ingresos bienvenida, sobre todo porque el Estado cubano tenía pagos pendientes desde la época de Batista que podrían saldar de esta manera. Aunque en el futuro los pagos se realizarían en pesos cubanos y ya no en dólares estadounidenses, esto seguía siendo relevante para el mercado local. El embajador estadounidense Philip Bonsal se reunió con ellos para deliberar sobre cómo proceder en esta nueva situación marcada por la Guerra Fría.
Pero entonces los directivos consultaron a sus sedes centrales para asegurarse, y estas, a su vez, consultaron al Gobierno de EE. UU. ante la delicadeza política del asunto. En ese preciso momento, el nivel de decisión se trasladó definitivamente de La Habana a Washington.
Era precisamente la oportunidad que había estado esperando el ministro de Finanzas Anderson. Ordenó al subsecretario de Estado Roy Rubottom y al diplomático Thomas Mann que instruyeran personalmente en Nueva York a los directores generales de las petroleras: sus directivos en Cuba no debían refinar petróleo soviético, y punto.
El primer ministro Fidel Castro reaccionó indignado y habló de un “acto de agresión”. La respuesta de Cuba se produjo el 28 de junio de 1960 con la expropiación de las refinerías de petróleo estadounidenses. Las imágenes de ese día —milicianos cubanos armados arriando las banderas de EE. UU. y de las petroleras— desplegaron un poder simbólico que sigue resonando hasta hoy. En ese momento, Cuba se catapultó como nación soberana a la conciencia colectiva de la opinión pública mundial: una isla caribeña rebelde se opuso a las instrucciones de Washington e impuso sus intereses de desarrollo nacional, si era necesario, incluso por la fuerza. Pero esta soberanía demostrativa tendría su precio.

Nacionalizaciones en Cuba.
El azúcar como talón de Aquiles: la verdadera palanca del poder
La negativa de las petroleras estadounidenses a refinar el petróleo importado por Cuba desde la Unión Soviética desencadenó la primera gran ola de expropiaciones desde la reforma agraria de mayo de 1959. Pero el verdadero talón de Aquiles de la economía cubana en aquel entonces —a diferencia de hoy— no era el turismo, ni los servicios médicos, ni tampoco las remesas del extranjero. Era el azúcar.
Casi la totalidad de las exportaciones cubanas de azúcar se realizaban a Estados Unidos mediante contratos a largo plazo con aranceles preferenciales. Las cifras son impresionantes: aproximadamente el 50 % del azúcar consumido en Estados Unidos procedía entonces del extranjero, y alrededor del 70 % de ese total, de Cuba. El azúcar representaba cerca del 80 % de las exportaciones cubanas, y uno de cada tres cubanos trabajaba en la industria azucarera. De este modo, el azúcar se convirtió en la palanca central de la presión económica.
Lo que siguió fue un juego de escalada que sigue marcando las relaciones entre Washington y La Habana hasta hoy. El 6 de julio de 1960 —solo dos días después del Día de la Independencia estadounidense— Washington anunció la rescisión inmediata y unilateral de los tratados arancelarios y comerciales para el azúcar cubano. Robert Kleberg, uno de los grandes «reyes del azúcar» estadounidenses expropiados, formuló la lógica subyacente con notable franqueza: una ruptura abrupta de los acuerdos azucareros conduciría a «la ruina económica y el desempleo. Mucha gente pasaría hambre. Entonces culparían a Castro, y eso significaría su fin político».
A raíz de ello, el Gobierno revolucionario aprobó la Ley n.º 851, que permitía la expropiación de empresas estadounidenses, y reaccionó con la nacionalización de otras empresas estadounidenses, lo que supuso la mayor expropiación sin indemnización de propiedad estadounidense hasta la fecha. En un principio, Cuba había ofrecido a EE. UU. las mismas condiciones de indemnización que habían aceptado otros países: un interés del 4,5 % sobre el valor declarado a efectos fiscales, repartido a lo largo de 20 años —un modelo que los propios EE. UU. habían aplicado enJapón tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, tras el bloqueo petrolero y la rescisión de los acuerdos azucareros, estas condiciones empeoraron considerablemente: el tipo de interés bajó al 2 %, mientras que el plazo se amplió a 30 años.
Las empresas estadounidenses insistían en el valor de mercado real, al contado y de inmediato. Ante la expectativa de que el régimen colapsaría de todos modos en breve, a muchos les parecía superfluo negociar —un cálculo que avivó aún más la escalada.
A finales de 1960, el secretario de Estado Dean Rusk resumió la lógica estratégica en una reunión secreta del Consejo de Seguridad Nacional: Estados Unidos debía tomar todas las medidas que pudieran conducir al colapso de Cuba; de lo contrario, se corría el riesgo de una influencia comunista en toda América Latina. El Informe Nitze, elaborado poco después del fiasco de la invasión de 1961, lo formulaba de manera similar: el «mayor peligro» de Castro era su «ejemplo —una revolución que funciona—», que se sustraía a la influencia estadounidense.
El llamado Memorándum Mallory sobre el “derrocamiento de Fidel Castro” fue pionero. En él se parte de la base de que «la mayoría de los cubanos apoya la revolución” y de que “no existe una oposición política efectiva”. Si eso es cierto, según la conclusión, el Gobierno de EE. UU. debe “hacer todo lo posible por debilitar la economía cubana”. Las medidas debían tener como objetivo impedir “el flujo de dinero y las piezas de repuesto”, reducir los salarios y provocar así “el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno cubano”. Al mismo tiempo, se señalaba que todo ello debía hacerse ’de tal manera que no se viera la mano estadounidense en ello”.
2026: la misma lógica, medios modernizados
Quien observe hoy la crisis energética de Cuba, reconocerá los contornos estratégicos de 1960 en una forma modificada. La isla sigue necesitando alrededor de 90 000 barriles de petróleo al día, produce ahora unos 40 000 por sí misma, pero sigue siendo altamente dependiente de las importaciones debido a una infraestructura deteriorada, centrales eléctricas obsoletas y una escasez crónica de divisas —durante mucho tiempo, sobre todo de Venezuela.
Desde que el Gobierno de Trump endureció masivamente en 2019 las sanciones contra la petrolera estatal venezolana PDVSA, los suministros de petróleo a Cuba se han desplomado drásticamente. Lo que aún se suministra está sujeto a una densa red de sanciones secundarias: las navieras, las aseguradoras y los bancos que participan en la cadena de suministro corren el riesgo de acabar en las listas de sanciones estadounidenses. En los últimos años, varios petroleros han tenido que cambiar de rumbo porque los operadores portuarios o las aseguradoras temían las consecuencias de las medidas estadounidenses. El paralelismo con 1960 es evidente, salvo que hoy el control es más indirecto y sistémico.
Las consecuencias en la isla son graves y recuerdan a las previsiones de Anderson de 1960: cortes de electricidad de entre doce y dieciocho horas diarias, escasez de gasóleo que paraliza el transporte público y la agricultura, así como pérdidas de producción en empresas industriales ya de por sí debilitadas. El descontento social crece y la emigración ha alcanzado proporciones históricas: desde 2022, más de 500 000 cubanos han abandonado el país.
Lo que parece una crisis energética se está convirtiendo así en una prueba de resistencia social de gran alcance, con implicaciones políticas que van mucho más allá de la cuestión del abastecimiento.
Las diferencias entre 1960 y hoy son reales. La economía de Cuba hace tiempo que dejó de basarse en un único pilar como el azúcar. El turismo, la exportación de personal médico especializado, el níquel y las remesas de la diáspora constituyen hoy en día pilares fundamentales, y también ellos se ven sometidos a presión por las sanciones estadounidenses. Las refinerías de La Habana pertenecen ahora al Estado cubano, y Cuba cuenta con más proveedores potenciales que durante la Guerra Fría, entre ellos Rusia, China, México o Argelia.
Al mismo tiempo, la lógica estratégica básica permanece inalterada: ejercer presión económica a través del suministro energético para provocar la desestabilización política, a ser posible de tal manera que la autoría quede en segundo plano. Trump no inventó esta política, sino que la intensificó, mientras que la breve fase de acercamiento bajo Barack Obama fue una excepción. La pregunta que queda por responder es si esta estrategia conducirá a largo plazo al resultado deseado.
La predicción de Robert Anderson de 1960 —“devastador en cinco o seis semanas”— ha resultado ser errónea, al menos en lo que respecta al plazo. Cuba ha superado repetidamente crisis extremas: el bloqueo petrolero, la crisis del azúcar, la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, el colapso de la Unión Soviética y el «período especial» de la década de 1990.
Una crisis que rima
Sin embargo, la estrategia de estrangulamiento económico ha sumido al país en un estado de crisis permanente que desgasta a la población, deja que la infraestructura se deteriore y priva a generaciones de su futuro. Si esto conduce finalmente al colapso esperado o más bien a una agonía duradera es una pregunta que sigue sin respuesta hasta hoy.
Para ambas partes, Cuba sigue siendo un símbolo: de resistencia, pero también de los límites de las estrategias geopolíticas en un orden mundial en transformación. La crisis del petróleo 2.0 no es una repetición de la historia, pero sigue un patrón familiar. Y precisamente ahí radica su verdadera relevancia.
Este artículo se basa en trabajos de investigación del autor. Todas las citas históricas proceden de documentos gubernamentales desclasificados del Departamento de Estado de EE. UU. («Foreign Relations of the United States», FRUS, serie 1958-1960, volumen VI, Cuba), así como de los trabajos de Morris Morley y Lars Schoultz.

Fidel Castro en su histórico discurso del 6 de Agosto 1960, anunciando la nacionalización de importantes compañías norteamericanas como reacción a las medidas del gobierno norteamericano de cortar unilateralmente la cuota de azúcar, negar la refinación del petróleo soviético y otras medidas dañinas al funcionamiento de la economía cubana. A su izquierda, los comandantes Juan Almeida y Ernesto Che Guevara.
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Muy oportuno ese recuento histórico. No se puede perder la memoria histórica.
muy buen trabajo , sensillo e ilustyrativo . pero por desgracia hay muchos cubanos que lo olvidaron ,otros que no lo saben y lo peor los que lo saben pero no quieren reconocerlo
No. El actual apagón de Cuba comenzó a mediados del 22.
Buen día. Investigaciones y trabajos como estos, breves y concretos, citando las fuentes, hacen mucha falta por el gran desconocimiento que impera. Muchas gracias Rainer.
Muy completo este artículo, en mi opinión debe ser publicado en más medios de información, para que sea del conocimiento de todos, ya que sobre este tema también existe la manipulación de los enemigos de Cuba, lo que ha traído mucha confusión
Muy interesante artículo, lástima que no mencione que Cuba recibió de la URSS más dinero que Europa por el plan Marshall, y durante el periodo del campo socialista no fuimos capaces de desarrollarnos en NADA, a pesar de contar con una cantidad absurda de financiamiento y oportunidades. Ahora que atravesamos por la mayor crisis económica contemporánea de nuestra historia, la falta de autocrítica no puede ser un ni un escudo, ni una moda, porque quien desconoce su pasado se arriesga a cometer los mismos errores en el futuro, y el presente nos está demostrando que nos hemos equivocado, y mucho.
Las consecuencias de las sanciones superan por mucho todo el dinero recibido por Europa del Plan Marshal,,se dice que hasta siete veces...decir que en Cuba no se hizo nada en esa época es absurdo. Si no existiesen las sanciones no hablaría nunca de los "errores" cometidos y el "dinero malgastado"...
De acuerdo
Usted esta seguro??? Cuba necesitaba para algo a Estados Unidos si todo el comercoio se realizaba con los paises del CAME, que se hizo con todo ese dinero es la pregunta que habria que hacerse aqui.
Con los fondos del plan Marshall se reconstruyó Europa luego de la SGM, solamente comparar lo hecho en Europa y el tamaño de Europa con Cuba, dan ganas de llorar.
Conocer la historia es tan importante, como cada litro de petróleo para nuestra economía. Basados en esa historia, lógicamente con luces y sombras porque no somos perfectos, nadie lo es, tendremos que seguir luchando para evitar que el pronóstico hecho por Robert Anderson, secretario del tesoro norteamericano en 1960, se haga realidad a 67 años de revolución.
Muy ilustrativo y completo el escrito, la historia no puede ser olvidada, como tampoco debe ser recordada una parte nada más, si verdaderamente se quiere ser imparcial y narrar la historia en su TOTALIDAD faltan en el escrito pasajes posteriores que sumado a lo primero nos han llevado a la profunda crisis actual. Por ocultar y no mencionar nuestros graves errores, falta de visión, triunfalismo y la cero autocrítica constructiva NO VA A AYUDAR EN NADA, lejos de eso cada día se profundiza más y más y terminamos por conciente o inconscientemente obviar esa parte real de la historia narrada en tan excelente artículo. Es mi opinión y creo se ajusta totalmente a la verdad.
Es en serio. Entonces los problemas del SEN vienen desde aquella época?.
Muy buen artículo. Había varios puntos de la historia que desconocía
El artículo está muy bueno y esclarecedor, lo que para mi entender el apagón comenzó desde el momento que se dejó de dar mantenimiento y más con el crudo nacional que es altamente corrosivo, también no se previo el aumento del consumo de electricidad con los equipos de cocción y la entrada al país de nuevos equipos electricos, todo esto claro agudizado por el bloqueo. A la industria azucarera de pasó otro tanto, me hubicaron en un central en el año 80 después que me gradué de ingeniero mecánico, me quedé asombrado que en ese momento los centrales tenían tecnología del siglo anterior, maquinas de vapor en el tandem, bombas de vapor para guarapo y mieles, si muy buenas en su momento pero ya obsoletas por los años de explotación, claro que no podían ser eficientes los centrales.
Se dice que un ser humano aprende a diario, se palpa en el trabajo publicado, sus primeros compases eran no conocidos por el forista, que se considera una persona informada. Es muy ilustrativo, los profesores de Historia de Cuba, lo pueden utilizar en sus clases, perfectamente. Además se ve que el gobierno de los EEUU mantiene su interés sobre Cuba, por dos asuntos, UNO se menciona en el análisis, el ejemplo de Cuba, no sólo para América, sino para el Sur global, DIS, criterio del forista, la posición geografica de Cuba, la llave del golfo, dominando Cuba, es más fácil dominar a América Latina, incluyendo la esfera comercial, como trompo. Por otro lado Cuba siempre ha tenido un espíritu creador y ha logrado sortear las diferentes épocas históricas, delimitadas por el autor, y en la que se encuentra, las más difícil, también se sorteará, por la resistencia del pueblo, ya acostumbrado a crear, y que en mayoría, a pesar de señalar errores, se mantiene firme y apoya la independencia y soberanía nacional, así como su sistema político, por otro lado, el pais no está solo, lo acompaña la solidaridad, incluyendo la militante de izquierda, que en mayoría apoya a Cuba
En el articulo hace referencia a 3 refinerias en la Habana, en realidad son 2, pues La Texaco es en Santiago de Cuba (actual Hermanos Dias)..
En el articulo hace referencia a 3 refinerias en la Habana, en realidad son 2, pues La Texaco es en Santiago de Cuba (actual Hermanos Dias)..
Por favor como vamos a justificar lo que no se hizo lo que no se ha hecho cuantos compradores han pasado por la empresa eléctrica que tenían que comprar lo necesario para las termoeléctricas entonces nadie tuvo la capacidad de comprar lo que se necesitaba por favor una cosa no tiene nada que ver con la otra una cosa es el bloqueo y lo otro la incapacidad.
Cuba electrificó los campos contando con hidroeléctricas y la ayuda perenne del CAME en el tema petróleo. Introdujo el petróleo nacional en los 90s, con alto contenido de azufre. Llevó a cabo la llamada revolución energética a inicios de los 2000, en que instituyó una matriz de alto costo y consumo con la cocción eléctrica en sustitución del glp, la eliminación del aporte de los centrales azucareros y la generalización de los llamados grupos electrógenos con fuel oil obtenido de Venezuela en sustitución de las unidades termoenergéticas
En la última década, en lo que parece haber sido una carrera desesperada por cumplimentar a toda costa el desarrollo de la planta hotelera del país, se descuidaron los mantenimientos, renovaciones y ampliaciones. Ejemplo es el famoso crédito ruso. La Habana se quedó sin su propia CTE como lo fue Tallapiedra. Se interconectó el SEN nacionalmente, lo cual complejizó las operaciones e incidencias.
Como resultado, el SEN no responde a las necesidades más elementales del país y su deterioro acelerado conlleva a que hoy haga falta 4x el monto estimado hace 10 años para su revitalización.
Hoy se apuesta por la energía fotovoltaica de forma excesiva, pues esta tecnología tiene limitaciones técnicas y climáticas, y requiere de una operación cuidadosa en términos de mantenimiento y reposición de partes. También se ha permitido indiscriminadamente la entrada al país de estaciones y equipos de de carga rápida, los cuales introducen desbalances de carga que agravan la estabilidad del fluido y dificultan el balance.
Historicamente han habido lo mismo acciones enemigas que errores y malas decisiones internas que no precisamente responden a lo que sería un interés lógico en el autoabastecimiento en una situación de plaza sitiada o como se desee llamar.
Realmente comenzó un año antes aunque muchos efectos demoraron tiempo en apreciarse
La historia hay que conocerla, para saber de dónde venimos y hacía dónde vamos, pero pienso que hay que tener visión y aprovechar en cada momento lo que se tiene, pensando en el futuro, tenemos un enemigo poderoso que no nos perdona que ser ejemplo de resistencia en el mundo,se deben buscar asesores que tengan luz larga luchar por desarrollarnos con lo que tenemos... .