Manuel Varese: “La solidaridad entre los pueblos nunca dejará de existir”

Manuel Varese. Foto: Naturaleza Secreta.
Manuel Varese nació en Oaxaca, México. Periodista, analista político, poeta y doctorante en estudios latinoamericanos en la UNAM, lleva a Cuba en la sangre, en la memoria y en la militancia.
Su vínculo con la isla comenzó con una historia familiar. Su hermano menor, Martín, nació prematuro. En México, los médicos no lograban diagnosticar por qué lloraba sin cesar. Alguien sugirió llevarlo a Cuba. Allí, un médico lo auscultó, le tocó la oreja y sentenció: tiene una infección en el oído medio. Le dieron el tratamiento. Al día siguiente dejó de llorar. “Mi papá lo cargó y sonrió. Era la primera vez que veía a mi hijo sonreír”, recuerda Manuel.
Esa experiencia selló su amor por Cuba. También hay una tradición familiar de izquierda: amigos de sus padres llegaron a la isla huyendo de dictaduras latinoamericanas. Cuba ha sido, dice Manuel, “un manantial inagotable de resistencia y dignidad para Nuestra América”.
En febrero de este año murió su padre, revolucionario de izquierda toda su vida. Su último artículo, escrito semanas antes, era sobre Cuba. En medio del duelo, llegó la noticia del Convoy Nuestra América, una flotilla solidaria que zarparía desde Yucatán hacia La Habana para romper simbólicamente el bloqueo.
Manuel ya estaba involucrado: sus compañeros del posgrado en la UNAM habían hecho una colecta. Periodista de Canal Red y Diario Red América Latina, propuso cubrir la travesía. Le dijeron que los espacios estaban casi llenos, pero a las 24 horas le confirmaron: había un lugar en un barco pequeño, un atunero oxidado de los años 50, el único que consiguieron.
“Al final esto es solidario, es del pueblo para el pueblo”, afirma.
El barco partió con 32 personas a bordo. Cargaron 73 paneles solares, 10 bicicletas, arroz, frijol, medicinas, pañales. Todo con mensajes escritos por la gente: “Cuba te queremos, Cuba aguanta”.
La travesía no fue fácil. El motor falló, quedaron a la deriva dos horas. Hubo temor: sabían que habían bombardeado 46 lanchas en el Caribe y el Pacífico. Pero también una certeza: “solo puede ser valiente quien tiene miedo”, dice Manuel.

Manuel Varese. Foto: Naturaleza Secreta.
En medio de la incertidumbre, sonó la guitarra. Manuel tocaba La Bamba, el Comandante Che Guevara de Carlos Puebla, la Internacional. Nicole León y Lisi Proenza —lideresas de la flotilla— organizaron los turnos y recordaron que allí todos eran tripulantes, no pasajeros.
En el barco, Manuel encontró historias que lo marcaron: una compañera que perdió a su madre desaparecida en Ciudad Juárez, un estibador italiano que bloqueó armas hacia Israel, un mexicano que repara bicicletas y trajo varias para donar al pueblo cubano. “Esa solidaridad que se formó en pocos días es una prueba de que los pueblos pueden más”.
La llegada
“Ver primero a Cuba fue muy bonito. Era madrugada, se veía la montaña. Pero demoró un montón: ves Cuba y todavía te falta para llegar a La Habana. Casi un día más”.
Llegaron cerca de las cinco de la mañana. Esperaron, desayunaron. Algunos se bañaron por primera vez en cuatro días. Cuando se acercaron al malecón, subieron al techo del barco con las banderas. “Fueron muchos abrazos. Sí, tiene algo de místico esto”.
Sabe que algunos llamaron a la travesía “Granma 2.0” en tono despectivo. “Es una niñería —dice— y me gusta que les duela, porque al final están hablando de una realidad que es el amor, el cariño, la esperanza y la solidaridad como forma de transformación del mundo”.
Y recuerda la historia de Fidel: “Quedaron entre 7 y 12 hombres. Y dijo: ‘Bueno, pues ¿cuánto somos? Siete. Está bueno, pues ya ganamos la guerra, ganamos la revolución’. Para nosotros es un poco eso: este es un primer paso y se tienen que hacer muchos más. Porque si sí se pudo, la solidaridad entre los pueblos nunca dejará de existir”.

Manuel Varese. Foto: Naturaleza Secreta.
(Tomado de Naturaleza Secreta)
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Los cambios que Cuba necesita para reducir su dependencia de la solidaridad internacional incluyen la diversificación de su matriz energética mediante la promoción de energías renovables, como la solar, eólica y bioenergía, para disminuir la vulnerabilidad ante fluctuaciones externas y mejorar la seguridad energética. Además, es fundamental fortalecer la investigación y el desarrollo en sectores agrícolas y tecnológicos, promoviendo la innovación y la autosuficiencia en producción de alimentos y bienes de consumo básicos. La implementación de políticas basadas en análisis de datos y modelos económicos sustentables puede facilitar la planificación de recursos y optimización de procesos productivos internos. Estas acciones, combinadas con una gestión eficiente de recursos naturales y la capacitación continua del capital humano, contribuirán a consolidar una economía más resiliente y autosuficiente, disminuyendo la dependencia de ayuda externa y promoviendo un desarrollo sustentable y autónomo a largo plazo.
Muy bonito!!. Viva Cuba, viva la solidaridad y la amistad entre los pueblos. Gracias por estar con nosotros en estos momentos de dificultades e incertidumbre. Venceremos sin dudas!!
Linda narracion. Gracias hermanos por su gesto solidário y cargado de amor.
Que bello artículo, cuando se habla de la solaridad entre los pueblos,está pequeña caravana formada por hombres y mujeres de varios países, trayendo esa ayuda a cuba,es grande en amor y solaridad.Cuba la recibe con una gratitud eterna.
Gracias hermanos!!!
Preciosa crónica, Cuba no está sola, gracias, mil gracias, no los haremos quedar mal, pero multipliquen la solidaridad y la verdad de Cuba, por la anécdota de su hermano, así son los médicos cubanos, se acercan al diagnóstico del paciente, con su sabiduría y experticia, también forjada por las escaseces
El artículo ilustra bien una idea difícil de discutir: la solidaridad entre los pueblos existe y se materializa en acciones concretas, como el envío de ayuda o iniciativas colectivas.
Hay, sin embargo, otra forma de solidaridad menos visible, pero cuantitativamente muy significativa: la que se produce dentro del propio pueblo cubano a través de las remesas familiares.
Según estimaciones de organismos internacionales como el Banco Mundial, las remesas hacia Cuba se sitúan en el entorno de 2.000–3.000 millones de dólares anuales en los últimos años. Se trata de un flujo constante, sostenido en el tiempo, que en la práctica constituye una de las principales fuentes de divisas del país.
A diferencia de otras formas de ayuda, estas remesas no responden a campañas organizadas ni a momentos concretos, sino a decisiones individuales repetidas día tras día. Son cubanos ayudando a otros cubanos de forma directa, sin intermediación y con una continuidad notable.
Si se entiende la solidaridad como la transferencia de recursos para sostener a otros en situaciones difíciles, resulta difícil encontrar un ejemplo más extendido, persistente y relevante en términos agregados.
En ese sentido, junto a iniciativas visibles como las descritas en el artículo, existe una red cotidiana, silenciosa y sostenida de apoyo familiar que también forma parte de esa misma lógica de solidaridad.