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Un teatro vienés en La Habana

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El edificio del teatro Campoamor fue construido por el binomio Santos y Artigas, productores de cine y empresarios del circo del mismo nombre, a un costo de 300 000 pesos, y tenía capacidad para 2 000 espectadores. Foto: Christian Pirkl.

¿Qué pasará con las ruinas del teatro Campoamor? Recuperarlo fue uno de los sueños que Eusebio Leal no pudo realizar, y ya a estas alturas, piensa el cronista, lo único recuperable, si acaso, sería la fachada. De cualquier manera, urge hacer algo con el coliseo de la esquina de Industria y San José, dado el esplendor que dio a la zona la restauración del Capitolio y que se hará mayor con la del teatro Payret.

El edificio de este teatro fue construido por el binomio Santos y Artigas, productores de cine y empresarios del circo del mismo nombre, a un costo de 300 000 pesos, y tenía capacidad para 2 000 espectadores. Se llamó teatro Capitolio, nombre que aún se advierte en lo alto de su fachada, y se inauguró el 20 de octubre de 1921. Un derrumbe parcial en 1965 aconsejó su clausura. Un teatro tipo vienés, de herradura, con barandas de bronce y adornos dorados.

Escenario de zarzuelas y operetas, por sus tablas desfilaron notables compañías musicales y artistas cubanos y extranjeros de mucho renombre. Imperio Argentina y Libertad Lamarque. Rosa Fornés y Blanquita Amaro. Las declamadoras Eusebia Cosme y Bertha Singerman. Los muy populares Alicia Rico, Candita Quintana, el chino Wong y el “viejito” Bringuier. Miguel de Grandy y Armando Pico. Rita Montaner. Esther Borja. Bola de Nieve. Ernesto Lecuona…

Fue allí donde Juan Ramón Jiménez, el autor de Platero y yo, convocó a los poetas cubanos para conformar ese libro que es La poesía cubana en 1936, hoy toda una rareza bibliográfica.

Sirvió, además, como cine de estreno. Allí se vieron por primera vez en Cuba títulos muy taquilleros de la cinematografía internacional y muchas películas cubanas, como las del director Ramón Peón. En este coliseo se estrenó Roma, ciudad abierta, joya de la cinematografía italiana. También The Jazz Singer (El cantor del jazz), dirigida por Alan Crosland, con Al Jolson en el protagónico, suceso de envergadura cultural, pues, producida por Warner Brothers, es el primer largometraje comercial con sonido sincronizado.

Considerada en 1996 por especialistas de la Biblioteca del Congreso, de Washington, como una obra cultural, histórica y estéticamente significativa, El cantor del jazz, se exhibió en Estados Unidos el 6 de octubre de 1927. Cuatro meses después, el 15 de febrero de 1928, se pasaba en el Campoamor. Para hacerlo posible se impuso instalar el sistema de audio Vitaphone –grabación de sonido sobre un disco–, el mismo que se había instalado con igual fin en salas cinematográficas de Nueva York, Chicago y California.

Una curiosidad. Fue allí donde por primera vez apareció en el país la figura de la acomodadora, que a partir de ahí se haría habitual en salas de cine y teatro.

Lola Flores subida de tono

En el “Capoamó”, como ella lo llamaba, Lola Flores interpretó, desde luego, La zarzamora y Pena, penita, pena, dos de sus grandes éxitos, e, impulsada por los aplausos, hizo gala de su gracia andaluza y prosiguió su presentación con una retahíla de chistes subiditos de tono que indignó a las damas de la Liga de la Decencia, que tenían su cuartel general en un apartamento de los altos del café Europa, en Obispo y Aguiar, que la acusaron de inmoral, acusación que provocó que la Faraona, en medio de un enjambre de fotógrafos y reporteros, fuera conducida a la Estación de Policía, en la calle Dragones. En el juzgado de guardia se le impuso una multa que abonó, con júbilo, el representante de la artista, consciente de que el incidente repercutiría en la taquilla del teatro. A partir de ahí, la gente hizo cola frente al Campoamor no para oír cantar a la española, sino para escucharle sus cuentos de relajo.

Otro problema se suscitó con Lola Flores a la hora de pagarle. En vísperas de su regreso a España, el empresario que la contrató en La Habana le entregó un cheque con sus honorarios y los de su guitarrista. La Faraona lo rechazó. “Eso es papel, exclamó, Yo quiero oro. ¡Oro! ¿Está claro?”. A esa hora, dos de la tarde, el hombre tuvo que mandar a su secretaria a que recorriese las joyerías de la zona y adquiriese pulseras, cadenas, medallas de oro por el equivalente al pago en dólares pactado con la artista.

Se han publicado 6 comentarios



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  • María perez dijo:

    Alguna esperanza con el hotel Campo amor de Cojimar? No me voy a cansar de hablar y pedir por Cojímar he escrito infinidad de veces aquí y en varias plataformas y NADIE HACE EL MAS MINIMO CASO. Recuperar Campoamor en Cojímar es un sueño inalcanzable Pero poner decentemente un pueblo como Cojímar es tan difícil? Resucitaron de las cenizas el hotel Packard...han remodelado hoteles en Gibara un pueblo de pescadores y tan pintoresco como Cojímar por respeto a Hemingway y a los Cojimeros q quedamos viviendo aquí HAGAN ALGO POR Favor!!!!!!

  • Yamila dijo:

    Gracias por tan interesante crónica , ojalá sea posible la restauración de tan emblemática edificación que representa a nuestra maravillosa ciudad.

  • Eladio dijo:

    Muchas gracias. Muchos datos interesantes.

  • Yosoy dijo:

    Muy buena crónica, pero es una lástima el estado en que se encuentra la edificación.

  • Valentín sanchez dijo:

    Doloroso,como muchas joyas de nuestra arquitectura,totalmente destruidas o en pésimo estado.
    Que me dicen del EMBLEMATICO,"AMADEO ROLDAN".

  • Zarza dijo:

    Si a cada uno de los nuevos Hoteles con que cuenta la capital le hubieramos hecho un piso de menos, con eso bastaria para salvar el Teatro Campoamor, pero nuestra legislacion lo permitira ¿?, q los cubanos sancionemos q de verdad deseamos salvar y q construir en cualquier punto de nuestra geografia, q verdaderamente seamos los q decidamos que hacer con nuestros recursos. eso realmete se ha convertido en una quimera !!

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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