Trabajemos y defendamos la patria con la pasión de los que lucharon por la libertad al precio de sus valiosas vidas

Palabras del Dr. Armando Hart Dávalos en el acto de recordación por el aniversario 14 del alzamiento del 30 noviembre, en el Teatro Oriente de la ciudad de Santiago de Cuba.
No es posible conmemorar una fecha como esta, ni honrar a los mártires, sin que hagamos un análisis de la significación de aquellos acontecimientos. Y si me preguntan “¿Cuál es el significado del 30 de noviembre?”, puedo decir que pienso en dos aspectos esenciales. Por una parte, significó el espíritu de pelea, de lucha, la disposición de combate a cualquier precio, de la juventud y del pueblo de Santiago de Cuba y de la provincia de Oriente, y, por otra, significó la fecha más sobresaliente de la lucha del clandestinaje en el llano.
Ese día, por primera vez, en las calles de una ciudad cubana se vistió el uniforme verde olivo del Movimiento 26 de Julio. Y fue el apoyo de Santiago de Cuba, de los luchadores clandestinos y de los jóvenes revolucionarios de Oriente, al desembarco de Fidel en el yate Granma. Pero debo destacar lo que el hecho en sí fue y todo lo que esas acciones significaron para la historia del país. Desde luego que, para analizar la proyección de este acontecimiento histórico, hay que considerar la magnitud que tuvo el héroe principal del 30 de noviembre, el compañero Frank País García, quien integró y organizó a un grupo bastante amplio de jóvenes que, tras la salida de Fidel de la cárcel, se incorporó activamente al Movimiento 26 de Julio.
Frank era el líder nato de aquel grupo de jóvenes orientales, deseosos de hacer algo para defender la patria, con un odio feroz a la tiranía; alentados en las tradiciones revolucionarias y patrióticas de los mambises y en la historia revolucionaria de la provincia de Oriente. Quiero recordar una anécdota que nos recuerda a Frank, para que pueda analizarse la hondura revolucionaria de los compañeros que combatieron el 30 de noviembre y su decisión de ser libres o mártires. Después del desembarco del Granma y cuando aún no teníamos noticias de Fidel, en aquellos momentos de incertidumbre, de amargura, de impotencia; Frank se sentía optimista y confiado en cuanto al futuro de la Revolución. Porque para él cualquiera que fuese el desenlace, la lucha iba a continuar. Y subrayo que, cuando podría parecer que todo se había terminado, cuando en aquellos instantes era una insignificante minoría los que podrían tener fe, recuerdo que lo primero que Frank hizo fue tratar de comunicarse por todos los medios con la Sierra y con las células clandestinas del Movimiento y, de igual modo, empezó a editar boletines y orientaciones para todo el Movimiento, indicando que la lucha continuaría con una actividad febril y con una pasión en que la victoria era segura.
Esto, desde luego, es mucho más fácil comprenderlo ahora; pero hay que situarse en aquellos dramáticos, tristes y heroicos días, posteriores al alzamiento, las jornadas del 2, 3, 4 y 5 de diciembre de 1956. En las que a Frank nunca le faltó la confianza, nunca le faltó la fe. Eso señala el temple y el carácter de este combatiente y ese es el ejemplo que recogemos de él. La confianza y la fe en la victoria aun en los momentos más difíciles y amargos de aquella epopeya.
Entre las grandes virtudes revolucionarias del dirigente que fue Frank, además de su temple y de su sensibilidad humana, estaba lo minucioso y cuidadoso que era en su trabajo. Observaba siempre todos los detalles y velaba por ellos.
Para valorar la hondura y la profundidad que llegó a adquirir la lucha revolucionaria en el llano, en Oriente, en Santiago, en Manzanillo, en Bayamo, hay que tener en cuenta algunos hechos que quizás pasen inadvertidos, pero que son el símbolo de la profundidad que había alcanzado la lucha revolucionaria en las ciudades de Oriente. Por ejemplo, recordemos cuando Frank fue inhumado vestido del uniforme verde olivo, con una bandera cubana y con todo el pueblo rindiéndole honores. Se dice fácil y si no somos cuidadosos en el análisis, quizás no comprendamos la significación que tuvieron aquellos acontecimientos, hay que tener en cuenta que se trataba de los meses de julio y agosto de 1957. Aunque desgraciadamente la tiranía de Batista llegó a acosar a los revolucionarios en Santiago de Cuba, al extremo de que pudo acorralar y asesinar a Frank, esto nunca fue fácil para ellos. Porque las ciudades de Santiago y de Oriente en general eran nuestras, los combatientes revolucionarios clandestinos las andábamos y allí nos conocían decenas y decenas de personas y nos brindaban apoyo y protección para salvar nuestras vidas. Por eso puedo afirmar que el 30 de noviembre simboliza, por una parte, el espíritu combatiente de la juventud de Santiago y del respaldo que siempre nos dio el pueblo y, por otra, esa es la fecha más representativa de la lucha clandestina del Movimiento 26 de Julio en el llano.
El carácter de Frank, su temperamento y vocación revolucionaria, eran el verdadero símbolo de la lucha clandestina. Y debe decirse que en el temperamento y en la sensibilidad de los combatientes revolucionarios del clandestinaje, está la fibra que Frank encarnaba y está, también, una vocación y una profundidad revolucionarias en grado extremo.
Es cierto que nosotros no éramos marxistas-leninistas. Pero había algo muy importante, los combatientes revolucionarios clandestinos teníamos una tradición patriótica, una sensibilidad revolucionaria y una convicción profunda de que todo tenía que hacerse con el pueblo y que era el pueblo el que podía hacer la Revolución para luchar por la justicia. Es decir, que independientemente de la profundidad de las ideas políticas, sociales y filosóficas que pudiéramos haber tenido en el llano; lo importante era la convicción profunda de combatir la injusticia social, la miseria y el dolor del pueblo. Teniendo presente que el pueblo es el que hace la Revolución. También fue decisiva nuestra decisión de combatir, de luchar hasta la muerte, en defensa de las ideas de justicia social, de libertad y por la independencia de nuestra patria. Y con esos ideales y objetivos fuimos a cada combate, a la lucha.
Puedo afirmar que tanto el 30 de noviembre, como el 2 de diciembre, abrieron una nueva etapa en la lucha insurreccional contra la tiranía de Batista, la que siempre debemos recordar porque está cargada de enseñanza para los cubanos. Porque van pasando los años y las nuevas generaciones van llegando, quizás, olvidándose de lo que sucedió. Y hay que recordar siempre la lucha que se libró contra toda la barbarie que aquello representaba y la miseria, explotación, vergüenza, discriminación en la que vivía el pueblo. Eso lo tenemos que recordar de forma permanente y no solo en un día como este. Y los que se dediquen al estudio y análisis de la Historia, tendrán que evocarlo siempre.
Porque, desde luego, las nuevas generaciones que no vivieron en esa ignominia, que no vivieron en ese dolor y en esa amargura, si no se les recuerda y no se les educa en estos conceptos y en estas ideas, podrían pensar que la libertad que hoy goza nuestro pueblo, que el derecho que hoy tienen nuestros jóvenes de estudiar, que las posibilidades extraordinarias que hoy tienen nuestras nuevas generaciones se lograron fácilmente. Y por eso tenemos que explicarles que esas conquistas sociales costaron la sangre generosa de nuestros héroes y mártires; costó asimismo, la sangre de obreros, estudiantes, campesinos y jóvenes; costó dolor y amargura.
Y, desde luego, esta generación revolucionaria ha tenido también un privilegio. Un privilegio que, como ha señalado Fidel, no les correspondió a las anteriores generaciones revolucionarias. El privilegio de construir el futuro y la nueva sociedad. Ese es un privilegio que tenemos los revolucionarios y los combatientes de hoy. Un privilegio que no tuvieron las generaciones revolucionarias del 68, del 95, del 33 y que no tienen cientos de combatientes que cayeron en la lucha contra la tiranía de Batista.
Los problemas que hoy enfrenta nuestro pueblo, los revolucionarios, los combatientes, son muy distintos a los problemas de antes. Son problemas —si se quiere— más complejos, más difíciles. Pero tenemos la gloria, el honor y la posibilidad de afrontarlos. Ellos no tuvieron esa gloria, esa posibilidad. Ellos tuvieron sí, la gloria de contribuir con su sangre generosa a que hoy nosotros tengamos la posibilidad de construir el futuro. Y creo que el homenaje a ellos, no solo puede estar en las palabras. El verdadero homenaje a nuestros mártires, a los del 30 de noviembre, a los del 2 de diciembre, a los del 26 de julio, a los de todas las fechas gloriosas de nuestra historia; el verdadero homenaje a esos héroes, a esos mártires y a esas fechas, está en que seamos capaces de enfrentar unidos a las grandes tareas que tenemos por delante. El recuerdo es justo, es necesario y es útil, pero lo será más, en la medida que nos ayude y nos fortalezca aún más para continuar adelante en las tareas que ellos iniciaron.
Es cierto que los grandes problemas de hoy son más complejos quizás que los de ayer. Y de la misma forma que antes los revolucionarios y el pueblo tenían que enfrentar la tiranía, la injusticia social, la penetración imperialista, hoy tenemos que enfrentar las amenazas imperialistas y las tareas de nuestro propio desarrollo. Pero en una fecha sagrada como esta, ante el recuerdo inmortal de nuestros héroes y mártires, tenemos que comprometernos a trabajar y a defender la patria con idéntica pasión de los que lucharon por alcanzar la libertad, al precio de sus valiosas vidas.
- Recordando las Palabras a los intelectuales de Fidel
- ¡Uh, Ah, Chávez no se irá nunca!
- Alejo Carpentier, la ilustración en la utopía americana
- Lecciones de la Campaña de alfabetización cubana
- Trabajemos y defendamos la patria con la pasión de los que lucharon por la libertad al precio de sus valiosas vidas
- ir aEl Archivo de Hart »


Recuento especial en día sagrado de la Patria.