A veinte años de un burdo y fracasado chantaje

Olga Salanueva Foto Ismael Francisco
El 13 de agosto de 2000 fue en domingo. Coincidencias, que sería mi cumpleaños y la última visita de Olguita a la cárcel. Aunque yo no lo sabía a ciencia cierta tenía mis razones para intuirlo. Fue por eso que le advertí.
Días atrás los fiscales habían acudido a lo que consideraban su última carta para sacarme del juicio.
En un turbio pliego para que me declarara culpable, terminaban amenazándome con deportar a mi esposa si no cooperaba y me salía del proceso. Quizá la estocada final; supondrían desde su incapacidad para entendernos. Como tantas otras veces antes o después, se quedarían con la daga enfundada ante la respuesta de cada uno de los Cinco. Como diría algún filósofo, la estocada se la metie….bueno, dejémoslo ahí.
Fui a ver a Gerardo con el pliego en la mano y le pedí que dibujara una firma por mí. Con su habilidad para la caricatura dibujó un puño con el dedo medio levantado, viril y desafiante. Devolví el pliego a mi abogado sabiendo, por supuesto, que nunca llegaría con tal firma a los fiscales. O al menos eso creo. Era sólo una manera de desahogarme, divertirme un poco y hacer una declaración de principios.
Todo eso le conté a Olguita en aquella visita del 13 de agosto del 2000. Quedamos en que se prepararía para lo peor y nos despedimos. Hablamos por teléfono el lunes 14 y el martes 15 en la mañana, como de costumbre, cuando yo la llamaba para saber si todo estaba bien luego de terminar su jornada de trabajo a las 11 de cada noche.
Hoy se cumplen 20 años de aquella llamada del 16 de agosto, que nunca fue respondida. Aún cuando tenía la sospecha de que podía suceder, cuando me enfrenté al hecho me costó trabajo asimilarlo. Pasé toda la mañana tratando de comunicarme con mi familia en la Florida sin que supieran nada de Olguita hasta que finalmente, alrededor del mediodía, mi abuela Teté me dijo que le había llamado por teléfono. La llamaba desde la cárcel para decirle que había sido detenida por inmigración y que sería sometida a un proceso de deportación. A pesar del impacto de la noticia, increíblemente saber que estaba a salvo y no había sufrido peor percance me llenó de alivio.
Poco después vinieron a buscarme al piso. Escoltado por agentes del FBI recorrí los familiares laberintos que unían al Centro Federal de Detención con el edificio donde radicaban las dependencias de la fiscalía, hasta llegar a una doble puerta que conducía a un salón. Lo que vi al abrirse la doble puerta me llenó de indignación.
A la izquierda, en las gradas donde se sienta el gran jurado para recibir testimonio, había cerca de una docena de oficiales del gobierno en las dos filas superiores. Expectantes, curiosos, atentos, …yo qué sé. En la fila inferior, sola, con un overol naranja intencionalmente desaliñado y manchado de pintura, destacaba por contraste la figura de Olguita.
“Otra estocada”, me atravesó el pensamiento como un rayo. En los breves segundos que me tomó cubrir los cerca de ocho metros que nos separaban encontré la mejor respuesta que se me ocurrió. Levantando su mano por encima de su cabeza hice a mi esposa rotar un par de veces mientras le decía con toda la alegría que fui capaz de representar:
- ¡¡Qué bien te queda el anaranjado!!
Mi abogado, Philip Horowitz, no cabía de su indignación. Al otro día fue a ver a Olguita a la cárcel junto a Julio Melo, cubano, ex policía, y ahora su investigador privado. Ambos fueron a verme luego de visitarla:
- ¡Eso no se hace! – insistía Melo- Ni en mis tiempos de policía me metía yo con la familia de un delincuente.
- Está más desafiante que tú -añadió Philip- Dice que se antes no te partiste ahora menos.
- Esa es mi mujer -le dije sonriendo, a lo que de inmediato replicó:
- ¡¡Nooo!!. ¡TÚ eres su marido!
Durante tres meses Olguita permaneció encarcelada, en condiciones aún peores que las que habíamos sufrido nosotros en el hueco. Estuvo recibiendo cartas de los Cinco hasta el último día, pero la fiscalía se aseguró de que nosotros nunca recibiéramos sus respuestas. Finalmente, fue deportada a Cuba el 22 de noviembre, a cinco días del comienzo del juicio.
El resto es historia: Años de resistencia, de lucha tenaz, del reclamo de un pueblo en busca de la justicia que se nos negó por años hasta que se obtuvo la victoria de nuestro regreso a la patria.
Pero ya desde antes, piedra a piedra, se habían puesto los cimientos de esa victoriosa batalla. Una de esas piedras fue puesta hace hoy 20 años, cuando la saña del imperialismo decidió lanzar una estocada al corazón de una cubana, y se estrelló contra la coraza de su dignidad, su honor y su patriotismo.


...no hay palabras, sobran coraje, ejemplo, dignidad. Lo que no tienen ni tendran los enemigos de nuestra, ¡NUESTRA REVOLUCIÓ!!!!
...Cinco Heroes; no hay palabras, sobran coraje, ejemplo, dignidad. Lo que no tienen ni tendran los enemigos de nuestra, ¡NUESTRA REVOLUCIÓ!!!!
Ustedes son la vanguardia, pero de la madera de ustedes está hecho este pueblo. Por eso ni Trump ni nadie podrá ponernos de rodillas.Un abrazo
Historias como estas nos comprometen cada día más con la obra que construimos, ahí esta presente la voluntad de hierro de dos compatriotas nuestros. felicidades y cuidense.
Testimonio digno de ser conocido por todos los cubanos para que sepan a lo que estuvieron expuestos los familiares.
¿Qué hace René actualmente?
Gracias René por compartirnos esta bella historia. Mucha admiración sentimos por Ud. y por su esposa!
Hermoso artículo, conocí a Olguita personalmente en el hospital, por coincidir en el parte diario de terapia intensiva de su suegro y mi hermana, respectivamente. En una ocasión después de haber intercambiado sobre el estado de ambos familiares, sin identificarla aún, le dije: ¡oiga como usted se parece a Olguita la esposa de Rene, no se lo han dicho, y ella me respondió, ¡No!, yo soy Olguita, con la mayor naturalidad y sencillez del mundo. La esposa de su suegro quiso justificar mi indiscreción: "es que ella llevaba muchos días en el hospital que por eso no la conoció", pero no, la realidad de mi despiste, era que su proceder, comportamiento era casi inadvertido, siendo una persona ya tan conocida en los medios. Hoy al leer este artículo de Rene me vino a la mente ese episodio, y quise compartir como una arista de la personalidad de Olguita…. ¡Hay muchas Celia en el pueblo!. Gracias René
El Imperialismo no acaba de entender que a nosostros los cubanos cuando más nos agreden, amenacen y chantajeen, somo más rebeldes, no han podido con nosotros ni podrán.
Me conmovió sus palabras, linda historia gracias por resistir.
Por eso Cuba resiste porque sus hijos son de . Patria o Muerte. Gracias René por tan lindo artículo.
son un ejemplo para nuestro pueblo, los cincos y sus familiares, gracias por su historia y resistencia
Sin palabras...hay que tenerlos bien puestos...
Gracias René y Olga, ejemplo de cubanos dignos, la patria os contempla orgullosa.
Qué bella historia, desgarradora por demás, pero grande como la mujer que la inspiró. Imaginamos cuánto dolor y cuánta dignidad había en todos ustedes para no perder el tino y crecerse como las palmas, eso es lo que nunca entienden los vendepatrias. La dignidad no se compra ni se vende, los principios se llevan como las raices en los árboles.Qué la dicha y la felicidad les acompañen siempre, ese será el mejor regalo a su pueblo que no los abanbonó nunca.