Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

Un octubre que fue febrero 

| 13 |

Concluida la supuesta negociación entre la cúpula dirigente de la CONAIE y Lenin Moreno este 14 de Octubre quedó sentenciada la derrota del alzamiento popular. La movilización había comenzado, según un tuit oficial de la CONAIE, para poner fin a “las políticas económicas de muerte y miseria que genera el FMI y las políticas extractivistas que afectan a nuestros territorios.”

En la muy completa y detallada “Declaratoria de Agenda de Lucha de Organizaciones de Pueblos, Nacionalidades y Comunidades Indígenas y Amazónicas en Apoyo a la Movilización Nacional y el Ejercicio de Nuestra Autodeterminación”, aprobada en Puyo (Pastaza), el 7 de octubre de 2019 destacaban como algunos de sus contenidos más sobresalientes el rechazo a “las medidas económicas, denominadas el ‘paquetazo’, y se agregaba que “demandamos la reversión íntegra de la carta de intención suscrita con el Fondo Monetario Internacional cuyo contenido no se ha hecho de carácter público violando la obligación de transparentar los actos del ejecutivo; así como la terminación de los intentos de privatización de las empresas públicas encubiertas bajo la figura de ‘concesión’.

“La Agenda y otras declaraciones de la CONAIE también denunciaban “los enormes beneficios que la burguesía sigue recibiendo a través de múltiples políticas de reactivación económica” y diciendo que había llegado el “momento de una acción para conquistar reivindicaciones populares e impedir que la aplanadora de reformas pase sobre la economía de los hogares pobres”.

Esto se traducía, según los líderes del movimiento, en escandalosas medidas a favor de los bancos y grandes empresas que fueron exoneradas del pago de 4.295 millones de dólares en impuestos así como la “colonización” por parte de sus representantes de los principales cargos de la administración pública  así como la desregulación y precarización laboral exigida en el “paquetazo” del FMI.

Recuérdese que las medidas anunciadas por Moreno el 1º de octubre establecía que los trabajadores de las empresas públicas “deberían aportar cada mes un día de su salario” y que con el objeto de “reducir la masa salarial los contratos ocasionales se renovarían con un 20% menos de remuneración, al paso que el tiempo de sus vacaciones se baja de 30 a 15 días.” A esto había que añadirle el enorme aumento del precio de los combustibles ocasionado por la eliminación de unos subsidios establecidos hacía ya cuarenta años, lo que encarecería casi todas las mercancías de consumo popular y generaría un fuerte recorte en los ingresos de la población.[1]

Sorprende que esta frondosa agenda quedara por completo al margen de la discusión entre la dirigencia de los pueblos originarios y el presidente ecuatoriano. No se entiende, por consiguiente, el triunfalismo que trasuntan algunos protagonistas y observadores del conflicto al hablar de la “negociación” que puso fin a la revuelta. Salvo la cuestión del precio de la gasolina –sin duda importante- todo lo demás sigue intacto, como si la enorme movilización popular en contra de las imposiciones del FMI no hubiera ocurrido. Los temas que hacían al “paquetazo” asombrosamente quedaron fuera de la discusión, lo mismo que el reclamo, anteriormente expresado por la dirigencia indígena, de revertir la carta de intención firmada con el FMI “de manera inconsulta.”

No sólo esto: también quedaron sepultados en el olvido, al menos por ahora, el hecho de que Moreno hubiera llegado al gobierno con el programa de la Revolución Ciudadana del ex presidente Rafael Correa que contemplaba continuar aplicando las medidas de corte pos-neoliberal que habían sido encarnizadamente combatidas por las elites económicas del Ecuador y con una agenda que reposicionaba a ese país en línea con los gobiernos progresistas de la región, pugnando por emanciparse de la pesada tutela que Washington tradicionalmente había ejercido sobre las naciones ubicadas en lo que con tanto respeto por nuestros pueblos denominan el “patio trasero” de Estados Unidos.

Mediante una espectacular voltereta política Moreno malversó ese mandato con una velocidad y radicalidad pocas veces vistas al tiempo que convirtió a Rafael Correa -quien hasta el día de la toma de posesión no se cansaba de decir que había sido una de las más señeras figuras del Ecuador, sólo superado por Eloy Alfaro-  en un nefasto personaje causante de las mayores desgracias jamás padecidas por el Ecuador y a quien persiguió – y persigue- con enfermiza saña y sin tregua. Moreno no sólo revirtió el camino transitado por Correa sino que lo hizo sometiéndose vilmente a los mandatos de Washington: abandonó el ALBA; entregó una base militar en Galápagos (uno de los últimos refugios incontaminados de la humanidad); desalojó a las autoridades y funcionarios de la UNASUR del edificio construido en las afueras de Quito, precisamente sobre la línea ecuatorial; y se puso de rodillas ante Donald Trump para satisfacer con inigualada ignominia (en un continente pródigo en lamebotas del imperio) los menores caprichos del emperador Por empezar, tratar de destruir la Unasur y promover el nefasto Grupo de Lima para atacar a la Revolución Bolivariana.

En suma, Ecuador pasó de la autodeterminación nacional conquistada por el gobierno de Correa a ser un “proxy”, mejor dicho: un estado-peón que se limita a obedecer las órdenes emanadas de Washington y de las corruptas oligarquías dominantes en el Ecuador. Nada, absolutamente nada de esto, apareció en las “negociaciones” que la dirigencia de la CONAIE mantuvo con Moreno y que puso fin al conflicto. Tampoco hubo en esa peculiar “negociación” una condena de la brutalidad de la represión policial y militar, los muertos (mínimo diez), casi 100 desaparecidos, centenares de heridos y encarcelados, estos últimos por millares, y nada se dijo sobe el pedido de dimisión de los ultra-reaccionarios ministros del Interior y Defensa y sobre los atropellos a los derechos humanos. ¿Toda la conmoción que sacudió al Ecuador fue tan sólo por el precio de la gasolina? ¿Y qué hay del “paquetazo” del FMI? Por lo visto los montes parieron un ratón.

Permítasenos ofrecer algunas conjeturas para tratar de desentrañar lo ocurrido y sus razones. Primero, lo que caracterizó esta revuelta fue su tremenda debilidad ideológica y política que mal podía ocultare bajo lo multitudinario de su convocatoria. Pero carecía de una dirección  política motivada por un genuino deseo de cambio y de oposición al régimen gobernante. En realidad, vistas las cosas con la ventaja que otorga el paso del tiempo, podría decirse con un cierto dejo de exageración que fue una disputa al interior del proyecto morenista y nada más, y que el espontaneísmo de la protesta gatillada por el decreto del 1º de Octubre fue visto con beneplácito por sus conductores, para nada interesados en una elevación del nivel de conciencia de las masas insurgentes. El resto era una hojarasca retórica que tenía por finalidad más confundir a las masas que clarificar su conciencia y el sentido de su lucha. Segundo, la traición de Moreno encuentra su espejo en la de algunos de los más connotados dirigentes de la CONAIE, en especial Jaime Vargas, que arrojó por la borda sus propios muertos y desaparecidos para obtener a cambio la promesa –entiéndase bien, “la promesa”- de un nuevo decreto que sólo un iluso, o un perverso cómplice, puede creer que significará desandar el camino del total sometimiento al FMI. Cabe esperar una profunda discusión en el seno de la CONAIE porque hay indicios de que un sector de la dirección, y no pocos en sus bases, no están de acuerdo con lo pactado con el régimen de Moreno. No sólo con lo acordado por Vargas sino también con el papel jugado por Salvador Quishpe, ex Prefecto de Morona y encarnizado enemigo de Correa y cuya animosidad hacia éste lo llevó a forjar un obsceno contubernio con Moreno. No es para nada arriesgado pronosticar que este conflicto latente no tardará en estallar. Tercero, el presidente se movió con astucia, bien aconsejado por Enrique Ayala Mora, presidente del Partido Socialista del Ecuador y algunos otros mercenarios de la política ecuatoriana (unidos por su enfermizo rencor que tienen con el ex presidente Correa) como Pablo Celi, Juan Sebastián Roldán y Gustavo Larrea, asiduos visitantes y correveidiles de “la embajada” (por no calificarlos de “agentes”) quienes le indicaron  de qué modo tenía que negociar con los indígenas: promesas, gestos simpáticos, fotos, un montaje televisivo, exaltación de la falsa unidad tipo “somos todos ecuatorianos”, una fraternidad de opereta a cargo del camaleón mayor de la política latinoamericana, Lenín Moreno, para hacer que los rebeldes se vuelvan a sus comunidades dejando el campo despejado para que luego el gobierno prosiga sin tropiezos con su proyecto. Cuarto, el éxito de la estrategia del gobierno se monta también en un hecho tan cierto como lamentable: la profunda penetración de las ideas de la “antipolítica” en la sociedad civil del Ecuador, que concibe a los partidos como incurables nidos de corrupción, amén del virulento y sostenido ataque contra el correísmo y todo lo que se le parezca, la complicidad del poder judicial en convalidar la sistemática violación del estado de derecho durante la gestión de Moreno y el papel manipulador de la oligarquía mediática que no cesó de (mal)informar y desinformar a lo largo del conflicto.  Quinto, que si bien la insurgencia indígena contó con el apoyo de amplios sectores de la población, éstos no fueron sino un coro que acompañó pasivamente las iniciativas de la dirigencia de la CONAIE. No de otro modo puede interpretarse el hecho anómalo de que sólo la dirigencia de esa organización (muy influida, es sabido, por algunas ONGs que actúan en el Ecuador y  que son los invisibles tentáculos del imperio e inclusive algunas agencias federales del gobierno de Estados Unidos) hubiera estado sentada en la mesa de las negociaciones. ¿Y los otros sectores del campo popular, qué? Nada. De golpe y porrazo se esfumaron todos sus otros componentes y todo aquello sólido “se disolvió en el aire”, sin dejar huellas en el conflicto. El debilitamiento de los partidos y sindicatos facilitó enormemente las cosas para el gobierno y para la dirigencia conservadora de la CONAIE. No deja de ser un dato vergonzoso y extravagante que el principal blanco de ataque de ésta hubiera sido Rafael Correa y no el verdugo que estaba asesinando a sus seguidores en las calles de Quito. Esto revela la hondura de un conflicto entre el ex presidente y aquella organización que en esta coyuntura sirvió para impedir que el correísmo, así como otras fuerzas políticas y sociales, pudieran converger en la conducción de la revuelta. Es más, el gobierno encarceló a varios de los más importantes líderes del correísmo, comenzando por nada menos que la Prefecta de Pichincha, Paola Pabón, sin que hubiese la menor protesta de la dirigencia de la CONAIE  ante semejante atropello.

Para concluir: lejos de haber triunfado lo que realmente ocurrió fue la consumación de una derrota de la insurgencia popular, cuyo enorme sacrificio fue ofrendado sin nada concreto a cambio y para colmo en una falsa mesa de negociaciones. Una dirigencia indígena que o bien es ingenua o si no corrupta porque, parafraseando lo que decía el Che a  propósito del imperialismo, “¡a Moreno no se le puede creer ni un tantito así, nada!” Y esta dirigencia le creyó al “capo” de un régimen francamente dictatorial y corrupto hasta las vísceras. ¡Le creyó a un personaje como Moreno, traidor serial que si faltó a sus promesas cien veces lo hará ciento y una, sin escrúpulo alguno y muriéndose de risa de los negociadores indígenas! Claro que el presidente también salió debilitado del conflicto: tuyo que huir de Quito y montar una negociación, fraudulenta pero vistosa y eficaz ante las cámaras de televisión. El FMI le reprochará su actitud y volverá a la carga, obligándole a cumplir con lo que pactó, pese a las promesas que le hiciera a la CONAIE. No pasará mucho tiempo antes que las masas populares del Ecuador, no sólo los pueblos originarios sino también las capas pobres de la ciudad y el campo, los sectores medios empobrecidos y desempoderados, en fin, la mayoría de la población del Ecuador caiga en la cuenta de la gran estafa perpetrada por Moreno y sus torvos asesores con la imperdonable complicidad de la dirigencia de la CONAIE y decidan tomar las calles nuevamente. Es una venerable tradición del pueblo ecuatoriano que derrocó a varios presidentes reaccionarios y si esta vez, cuando hizo un esfuerzo increíble, las cosas salieron mal es probable que en su segura resurgencia los resultados sean muy distintos. Trazando un paralelo con la historia de la revolución rusa lo que vimos en Ecuador parecía ser un Octubre y resultó ser un Febrero. Por eso el “Kerenski” ecuatoriano todavía se mantiene en el poder, como se mantuvo el ruso hasta que le llegó su Octubre. Más pronto que tarde también al ecuatoriano le llegará su Octubre y, si las masas populares algo aprendieron de esta lección en el futuro no se equivocarán y cuando se rebelen se desembarazarán de su dirigencia entreguista y pondrán fin a un régimen cipayo, inmoral y retrógrado como pocos ha habido en la historia de Nuestra América.

Nota:
[1] Cf. https://www.culturalsurvival.org/news/declaratoria-de-agenda-de-lucha-de-organizaciones-pueblos-nacionalidades-y-comunidades

Se han publicado 13 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Enrique dijo:

    Excelente este artículo de Atilio Borón, sólo hay que ver cómo vive la dirigencia de la CONAIE, ellos son la burguesía de los pueblos originarios de Ecuador, se enfrentaron a Correa y se llenaron de odio contra él, son capaces de sacrificar a sus pueblos con tal de ir en su contra. Cuando el golpe de estado orquestado por la oposición y los mandos policiales contra Rafael Correa no hubo movilización indígena, fueron las organizaciones sociales y una parte mayoritaria del ejército el que abortó aquella intentona.
    Tengo muchos amigos en Ecuador pues trabajé dos años allí, muchos son correístas pero con mucha facilidad son engañados por lo que dice la prensa de ese país, espero que pronto se den cuenta que tienen que levantarse contra ese régimen dictatorial, desgraciadamente creo que eso acontecerá más por el apretón del bolsillo de la mayoría que por conciencia política.

  • Miguel Enrique dijo:

    Extraordinario y muy inteligente análisis. El autor cuenta con mucha información que otros no tenemos y por lo menos a mí, me convenció que esto pudo haber sido una victoria escamoteada o una simple derrota porque lo que a lo mejor se alcanza, no se corresponde en absoluto con el costo de vidas humanas, heridos y encarcelados, me doy cuenta que que ha sido una burla lo de Moreno. Es mucho el dinero que corre y no todos tienen el temple de acero. Pobres imdígenas, campesinos y clases pobres del Ecuador. Cuanta razón la de Martí cuando aseguró: ¨ser cultos para ser libres¨

  • fidelds dijo:

    Magnífico análisis, como tantos otros de Atilio, coincido con él en todo, siempre ví que los dirigentes de los pueblos originarios cayeron en una trampa, los pedidos de negociar fueron una trampa, pero dejó una lección: el poder de un pueblo en la calle, dejó al desnudo, más aún, a Lenín Moreno, judas vendido al capital transnacional y mostró a otros pueblos el camino de la insurgencia como vía revolucionaria para enfrentar a la derecha continental y a sus amos. Cierto que no se trinfó, pero el levantamiento no fue estéril. salud Atilio.

  • AZI dijo:

    Exelente artículo muy esclarecedor.

  • Franklin Pimentel Torres dijo:

    Excelente, profundo y oportuno análisis

  • Yeni dijo:

    Excelente artículo. Muy esclarecedor. El pueblo ecuatoriano debe permanecer en pie de lucha y no desmovilizarse. Nuevas contiendas se avecinarán con total seguridad.

  • Moraima dijo:

    Excelente análisis, como siempre, de Atilio Boron. El FMI no da préstamos de gratis. Cobrará, de eso no hay dudas. Ya se Vera de nuevo a Lenín Moreno planteando recortes y más recortes. Los indígenas capitalizaron la propuesta, y se han erigido en la vanguardia de la lucha del pueblo ecuatoriano, Tanto es así que en el diálogo no participaron los trabajadores, estudiantes, todos los sectores que iniciaron las protestas. No fueron invitados, claro, para así poder manejar a lo se indígenas a su antojo. Los indígenas, fueron engañados o se sometieron?

  • Hortensio dijo:

    Ayyye Ecuador!!! Menudos problemas que tienes, Y pensar que Lenín era el segundo de Correa!!! Pero lo peor de todo es que Correa no puede repostuluarse en 2021 porque la Constitucion se lo prohibe, La izquierda tiene que buscar un candidato para 2021, Lo demas es pan comio. A propósito, espero con ansias que llegue el domingo en la noche para encender mi Krin-218 con cajita HD adaptada y ver que paso en Bolivia, espero que Evo sea reelecto, Despues de lo que paso en Argentina y Ecuador no creo que Bolivia tome el mismo rumbo.

  • belkis dijo:

    Excelente, como siempre, muchas gracias.

  • Alexis Gamboa Fonseca dijo:

    Extraordinario artículo, tiene usted todo mi apoyo, yo había pronosticaddo que Moreno no llegaba a noviembre, otr vez será.

  • Maritza dijo:

    Magnifico análisis

  • Jorge Luis Gómez Prieto dijo:

    Excelente enfoque, como nos tiene acostumbrado, el amigo Atilio. No creo que haya existido en la historia contemporánea de América Latina mayor traición a nuestros pueblos, como la protagonizada por Moreno y sus seguidores, incluyendo a la dirigencia del amado y querido pueblo indígena. Pero, amigo Atilio, la isquierda latinoamericana tiene que, sin complejos, acabar por hacer un análisis profundo y críticos sobre sus errores hacia el interior de sus bases. No creo que la división que se expresa hoy en el seno de loa que fue el partido de nuestro Hermano Correa sea producto de una persona, menos aún de alguien tan entreguista como Moreno.

  • Emilio Fonseca Amador dijo:

    Sí, comparto el criterio de Atilio de que con la negociación entre la CONAIE y Lenin Moreno quedó sentenciada la derrota del alzamiento popular. Lenin Moreno es uno de los grandes traidores de la izquierda latinoamericana, eso no tiene duda. Se ve muy clara su voltereta y astuta táctica, pero los compromisos contraído con la oligarquía nacional y el imperio lo pondrán contra la pared. A corto plazo se vislumbra que el triste personaje se la verá a medio camino de las fuerzas sociales y políticas en disputa y será arrasado por la historia. Solo la vuelta al escenario político del Ecuador de una izquierda militante fortalecida podrá conducir nuevamente a ese país por los causes de la justicia y la prosperidad social, con Correa o sin Correa. Gracias Atilio por su esclarecedor artículo.

Se han publicado 13 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Atilio Borón

Atilio Borón

Economista y periodista argentino, quien dirigió Clacso.

Vea también