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¿Albania? Pues sí

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El presidente albanés Ilir Meta imparte una conferencia en Tirana. Foto: AP.

Hace mucho alguien me dijo que las mafias no habían surgido en Italia sino en este pequeño territorio vecino de Grecia y bordeado al oeste por el Mar Adriático. Acabo de recordarlo leyendo sobre la reciente filtración publicada por el tabloide alemán Bild, donde se refieren a la probable conspiración del partido en el poder y el crimen organizado asentado en la región de Durres, para obtener éxito en los comicios del 2017 que convirtieron a Ilir Meta en presidente a pesar de la fuerte oponencia de otros segmentos políticos.

Apenas dos años después, este 13 de junio del 2019, el parlamento albano adoptó un decreto afirmando que Meta violó la Constitución al posponer las elecciones municipales planeadas para el venidero 30 de junio. Al respecto, Meta dijo que dada la convulsión existente resulta problemático darle vía libre a esa consulta, considerando la ausencia  de diputados que dejaron sus bancas en meses anteriores y  a las protestas que ocurren desde el 2018, con disturbios provocados por la fuerte intranquilidad social.

La circunstancia parece tener apremios y gérmenes  diversos. En diciembre pasado, hubo manifestaciones estudiantiles contra la subida en los costes universitarios.  En febrero, los partidos opositores (en diversos matices de la derecha o el centro) dejaron 65 asientos vacíos en el legislativo para evidenciar inconformidad con la praxis del gabinete en funciones.

En un entorno escabroso donde se debaten distintas tendencias, el primer ministro, Edi Rama está entre los promotores de la resolución recién aprobada con la cual se adversa al jefe de estado. «Ilir Meta ha perdido el derecho a ocupar el cargo», expuso al explicar su desafío en busca de suplir al actual presidente. Rama fue elegido en el 2013 y cuatro años más tarde se le ratificó en su importante puesto. Pese a tales antecedentes, es impugnado por buena parte de la sociedad albanesa desde donde también le acusan  de promover las disposiciones que les afecta.

De hecho,  -así ocurrió este último fin de semana- un destacado segmento  poblacional y de los estamentos políticos, reclaman su dimisión, concordando con  la decisión de Meta de  cambiar la fecha de los comicios ante la falta de garantáis existente. El líder de los antagonistas, Lulzim Basha, preside el Partido Democrático de Albania, planteó sin cortapisas el empeño de forzar la renuncia de Rama. Sin embargo, no se explica con claridad que los diputados, adoptaran la citada determinación contra Meta.

Comenzando este mes, hubo una violenta protesta popular pidiendo la dimisión del primer ministro, Edi Rama, y la convocatoria a elecciones generales anticipadas. Pero los componentes de este conflicto son de tal índole que resulta arriesgado dar fe de si las intenciones son todo lo honestas que cabe esperar, o si se enmarcan en la querella clásica por quitar a uno para colocarse en su sitio, aprovechando malestares ciudadanos.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, pacto al cual pertenece Albania desde hace 10 años, se encontraba en Tirana en misión conciliadora hace pocos días. Horas después de su gestión, ocurrió otro despliegue callejero (domingo 2 de junio). Los manifestantes, pidiendo la renuncia de Rama, intentaron asaltar el Parlamento. Frenados por la policía, lanzaron objetos contundentes y pirotécnicos contra esa fuerza que les rebatió con gases lacrimógenos y chorros de agua a presión.

Datos públicos afirman que esa inconformidad fue promovida  por las principales formaciones políticas: el Partido Democrático y el Movimiento Socialista para la Integración. En conjunto acusan a Rama de corrupción y de vínculos con las mafias locales, gracias a lo cual consiguió ser reelegido.

La crisis tiene abono suficiente para problemas mayores.  Desde inicios de los 90, cuando ocurre el cambio de sistema (un peculiar socialismo real, aislado, se supone que muy independiente de tendencias o prácticas externas), no fue escaso el registro de trifulcas.

En vísperas del cambio, pude constatar que no había accidentes de tránsito en las principales ciudades  de Albania, pues la circulación de vehículos era casi inexistente, salvo el movido por los representantes diplomáticos acreditados quienes solían abastecerse en ciudades fronterizas de la Macedonia yugoslava, creando un tráfico tan pequeño como inadvertido.

Coincidió mi llegada al hermético país con la instalación del primer semáforo en Tirana. En esa capital, el aire trasladaba a ratos un suave olor a leña encendida. Era el principal medio de energía para la cocción de alimentos. En Durres, segunda ciudad en importancia, (ahora se afirma es el principal asiento del narcotráfico), sólidos hoteles albergaban a los escasos visitantes extranjeros y prestaban distintos servicios a la población que acudía a las playas. Eran ciudadanos de seño adusto y pulcro porte, casi siempre con niños de la mano.

Ya perceptibles los temblores del terremoto que llevó a la implosión de la URSS y el llamado campo socialista de Europa, Albania se incorpora a ese laberinto con grandes demostraciones públicas pidiendo un cambio de régimen. Resulta absurdo que tras lograrlo, ocurriera  una emigración masiva, principalmente hacia Italia. Cambiada la propensión ideológica predominante, no hubo las automáticas mejoras supuestas o prometidas. Un desempleo superior al 25% aparejado con la también elevada inflación, cabalgaron parejo al descenso del  PIB y otras expresiones negativas que hicieron retroceder a un país pequeño con menos de 3 millones de habitantes y mucho por hacer en el camino del desarrollo.

Después sobrevino el virtual levantamiento nacional provocado por un fraude mayúsculo a partir de especulaciones piramidales, mecanismo que no tardó en colapsar arrastrando consigo los ahorros, hipotecas y recursos de la población. El artificio financiero, basado en el esquema Ponzi (pago de ganancias a los inversores anteriores con parte de lo ingresado por otros nuevos), contaba con el beneplácito oficial, por eso los ciudadanos se confiaron al extremo de liquidar sus pertenencias para alistarse en los ilusorios beneficios. El daño fue enorme por la altísima participación.

Esto ocurre en 1997 y tuvo tal intensidad que varios ministros se vieron forzados a huir de la nación balcánica donde el evento provocó unas 2 mil víctimas mortales dentro de  un contexto anárquico, incluido pases de cuentas por diversos motivos, y en total, una explosión de ira y frustraciones que concluye derrocando el gobierno. El parlamento tuvo que decretar emergencia para impedir un caos prolongado e inmanejable.

Los trances actuales recuerdan procesos de similar naturaleza, no los únicos ocurridos, y si bien la Unión Europea e incluso Estados Unidos, hicieron tímidos intentos por terciar en el dilema y las diferencias existentes, prefieren mantenerse al margen del embrollo hasta ver los causes que toma.

La UE ha sido y es cautelosa, en lo relacionado con una posible y muy solicitada adhesión de Albania, considerando lo persistente de la inestabilidad en ese país con una pronunciada anemia en su desempeño pues, aparte de situaciones como la de índole especulativa citada, son inocultables las evidencias sobre la escasa pulcritud en los procesos electorales y otras prácticas.

En el territorio albanés se conservan las huellas del antiguo imperio romano y del griego, o el influjo turco-otomano asentado en casi todo el sur de Europa hasta perecer poco antes de la I Guerra Mundial. Albania declaró su independencia en 1912 pero luego de distintos ensayos, concluye bajo dominio de Italia primero y como protectorado nazi-fascista desde 1943, hasta ser liberada por sus propios guerrilleros con ayuda soviética. ​ En 1944 se crea una democracia popular promovida por  el Partido del Trabajo, de orientación marxista. Esa experiencia se deshizo  en 1991.

Desde entonces, el país se vio involucrado en controvertibles peripecias al darle apoyo a los grupos  albaneses que habitan en Kosovo y los de otras antiguas repúblicas yugoslavas, en un intento de añadir esas zonas a la propia. Tras fallidos pero letales intentos, latió cierto aventurerismo de sectores estimulados por Estados Unidos con sus bombardeos sobre Serbia y el intenso accionar de Occidente contra la antigua Federación que concluyó siendo desmembrada. Donde hubo un país se crearon unos siete y con fallidos experimentos. Bosnia-Herzegovina no es caso único.

Problemas internos viejos y nuevos, obviamente no sanados, algunos heridos de muerte, andan tras los sucesos reseñados indicando que si algo sobra en los Balcanes, es zozobra e incertidumbre. Sería preferible no agitar el avispero.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Aroldo dijo:

    Muy buèn artículo, muchas cosas que aquí se narran no las conocía.

  • nany dijo:

    Profundo comentario con datos irrefutables de antecedentes y de la actualidad politica en Albania. Un analisis que hace pensar, ademas de excelentemente bien escrito.

  • Agustin Lorenzo dijo:

    Excelente artículo, siempre se aprende algo nuevo de estos paises, gracias Elsa Claro, por eso somos un pueblo culto politicamente…

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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