Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

Cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento

| 84

Aunque los tiempos no estén para andar haciendo confesiones personales, quede la siguiente como testimonio de honradez al menos. La primera noticia que el autor de este artículo tuvo sobre la supresión de la prueba de lengua española en exámenes de ingreso a los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas —a la universidad, llegó a decirse—, la recibió por vía oral, y él pensó: “¡Otra bola para crear confusiones y desprestigiar a la Revolución Cubana, y nada menos que en el sistema educacional, uno de sus pilares!” Pero esta vez, lamentablemente, lo que circulaba no era una nueva expresión de tantos rumores como los que ha sido necesario refutar para combatir a enemigos externos o domésticos. Era cierto lo tocante a los mencionados institutos.

Esos centros constituyen una relevante puerta de acceso a la universidad en Cuba, y lo que se decida para ellos puede tener repercusiones que los desborden. No son la única vía para hacerlo —de otras aulas salen también alumnos brillantes—, pero forman lo que está llamado a ser una cantera fundamental de profesionales para el país, especialmente en el área que el nombre genérico de dichos institutos señala: las denominadas ciencias exactas, que no son las únicas, pero tienen prioridad en ellos y particular significación para el ámbito tecnológico y otros afines.

A las confirmaciones sobre la medida mencionada se sumó una declaración emitida el 17 de abril último por la junta de gobierno de la Academia Cubana de la Lengua. Tampoco se habían hecho esperar diversos comentarios que iban por igual o similar camino y, desde que se dio a conocer, el pronunciamiento de la Academia ha suscitado justas aprobaciones. Ese organismo cumplió su deber, cuando no siempre todas las instituciones cumplen el suyo en plenitud y con tino. La renovada Academia Cubana de la Lengua ratificó una verdad insoslayable: cuidar el lenguaje es cuidar el pensamiento, y defendió con ello a la patria y su sistema educacional.

Según se sabe, la supresión este año del español en las pruebas para el ingreso a los mencionados institutos ni siquiera puede disculparse argumentando que fue impensada. De haberlo sido, también merecería rechazo; pero se pensó, solo que, a juicio de quien esto escribe, y de no pocas otras personas que se han manifestado sobre el tema, se pensó mal. El mismo día en que conoció el pronunciamiento de la Academia el articulista lo reprodujo en su página de Facebook, y le han llegado comentarios que merecen atención en su totalidad. Que no cite ninguno se debe a los apremios del espacio, pero aspira a que todos se sientan representados en lo que aquí sustenta.

El clamor de repudio contra la medida tomada ha sido y está siendo amplio, y nuestra Academia no ha hecho más, ni menos, que apoyarlo con un peso institucional que sería más que irresponsable desconocer. Deben tenerlo en cuenta los implicados en una decisión que ha merecido calificarse como torpe cuando menos, o de lesa cultura. Lo sería, cabe suponer, en cualquier momento, pero lo es aún más cuando pululan errores y horrores que son como para echarse a llorar, o a correr para tratar de erradicarlos.

Quien desee conocer esa realidad y no vivir en el limbo de las resignaciones y la ignorancia voluntaria, solo tiene que asomarse a textos que corren en internet y en otros soportes diversos, editados incluso. A veces no sería atinado hablar siquiera de mala ortografía, sino de un caos heterográfico que amenaza con babelizar el español. Se dice que no ocurre solamente en este idioma, pero de él se trata, y esa lengua no le pertenece solamente a Cuba, ni al país donde nació y por obra y gracia del colonialismo lleva su nombre, sino a una de las mayores comunidades lingüísticas y literarias del mundo.

La referencia explícita a textos impresos se debe al valor documental que ellos tienen para valorar el asunto, no porque se piense que la expresión oral anda por mucho mejor camino en jóvenes y no jóvenes. Aunque al decirlo quisiera uno limitarse a desastres que pudieran estimarse solamente formales, entre forma y contenido funciona una unidad orgánica. Eso es algo que no deben ignorar quienes alguna vez hayan blasonado, o blasonen hoy, de defender el materialismo dialéctico, aunque para ser consciente de tal hecho pudieran bastar el extraordinario sentido común y conocimientos elementales.

Ejemplos de dislates que apuntan a la urgencia de perfeccionar —nunca descuidar— la enseñanza y el conocimiento de la lengua abundan por todas partes en Cuba, y en grado alarmante son palmarios incluso en personas que tienen alto grado de responsabilidad profesional en esa esfera. Para no ir más lejos, basta mencionar la frecuencia con que se sufren errores de concordancia elemental en el plano de la gramática, o la alteración radical del sentido en expresiones tan comunes como favoritismo y dar al traste con, mal empleadas con el uso que les corresponde a ventaja y a propiciar, respectivamente.

Un ejemplo de algo todavía más grave, y que va resultando una epidemia ya, es el empleo de humanitario como sinónimo de humano, cuando aquel adjetivo califica a lo que es beneficioso para la humanidad, para las personas. En medios de comunicación y hasta en altos podios políticos se habla de crisis y desastres “humanitarios”. Tal error sirve para avalar la calificación de humanitarias dada por el imperialismo estadounidense y su lacaya OTAN a intervenciones que esas fuerzas genocidas llevan a cabo para masacrar pueblos y robarles sus riquezas naturales. ¿No viene de ahí la manipulación de ese calificativo? Aceptarla por error o ignorancia no resta gravedad al asunto. Quizás la refuerce.

Frente a semejante realidad, ¿qué es la pobreza idiomática apreciable cuando en la pantalla del televisor comunicadores y entrevistados aparecen usando un idioma que se diría de muñequitos y comienzan sus parlamentos con giros de este corte: “Decirles que…”? ¿Dónde quedó el antecedente que exprese la intención real del infinitivo decir? Así como tampoco nadie, y menos supuestos defensores del materialismo dialéctico e histórico deben ignorar la unidad orgánica que opera entre pensamiento y lenguaje, ¿no se aprecia en esa pobreza expresiva una señal de pobreza de ideas?

Ante esos hechos, las instituciones y las autoridades responsabilizadas con fortalecer el buen uso del español en Cuba no deben permitirse acto alguno que menoscabe el efecto de sus funciones. Si hasta ahora las pruebas de ingreso a los institutos ya mencionados, y a la universidad, han revelado deficiencias, alarmantes incluso, en lo que respecta al español, la solución no es eliminar las mediciones que evidencien crisis, sino fortalecer los planes de enseñanza y la preparación de quienes —desde el aula hasta la cúpula de los ministerios correspondientes— deben garantizar la calidad de la enseñanza. Para eso es también necesario, lo recuerda la Academia Cubana de la Lengua, estimular la inteligencia y la voluntad de aprendizaje del estudiantado, no acomodarlas hasta que entren en letargo. Por ese camino pudieran más bien extinguirse.

Eliminar exámenes, como ahora intenta hacerse —o ya se ha decidido con una medida a la que urge dar marcha atrás—, equivale, acudamos al lenguaje popular y culto, a tirar por la ventana el sofá, o la bañera con el agua sucia y el niño dentro. En términos más técnicos, o literales, de algún modo equivaldría a retomar o seguir validando el síndrome del promocionismo, que tanto le ha costado y pudiera seguir costándole al país, con independencia de las intenciones con que ese morbo se haya propiciado: un morbo que da al traste con los irrenunciables propósitos de índole cualitativa que deben ser rectores en la instrucción y en la educación, y confiere favoritismo a la ignorancia.

Aducir que se trata de viabilizarles el acceso a las aulas a futuros profesionales de determinadas áreas de la ciencia y la tecnología supone, cuando menos, un grave déficit cultural por parte de quienes propician el dislate, o lo aceptan. Si lo que se quiere fomentar no es un indeseable proyecto para fabricar emigrantes, esos profesionales deben preverse como parte, en primer lugar, de Cuba y, por consiguiente, de la comunidad lingüística hispanohablante. La sabiduría científica no parte del aire, ni se afinca en él: es una etapa superior del conocimiento, que empieza por ser elemental y cotidiano y se extiende a esferas cada vez más altas y complejas.

Si el profesional no conoce bien su idioma —y no es cuestión de dominar tecnicismos o saber dibujar cuadritos de gramática estructural, aunque unos y otros pueden ser muy beneficiosos para el buen pensamiento—, ¿cómo va a interpretar rectamente los fenómenos y explicárselos a sí mismo? ¿Le bastará dialogar solamente con la pantalla de su computadora? ¿Entendería así de manera cabal todo cuanto puede llegarle por esa vía? ¿Podrá creer que para ser científico o tecnólogo le bastan las jergas y abreviaturas que ha empleado para intercambiar ágiles mensajes por el correo electrónico o el teléfono celular? Mucho más, ¿cómo va a comunicarse con la comunidad científica? No está de más recordar la sabiduría integral que ha caracterizado a quienes han sido paradigmas de sabiduría. Y los paradigmas no están para ser elogiados y olvidados, sino para respetar lo que enseñan, y tratar de seguirlo.

¡Ah!, pero no tarda en asomar el fantasma de la lingua franca imperial que se ha entronizado en el mundo. Aparte de que los malos hábitos y la ignorancia en el uso de la lengua madre pueden trasladarse nocivamente al aprendizaje y el empleo de otros idiomas, vale detenerse en algunos elementos valorativos. A ningún nivel de la nación se debería estimular acríticamente, como acto de inercia irreflexiva, el conocimiento de otros idiomas, conocimiento en sí mismo útil, valioso, aconsejable, y no solo si se trata del inglés. Es necesario favorecer en todo caso la asunción de perspectivas culturales adecuadas, incluidas las de índole histórica y política. Ya hay en Cuba centros privados de enseñanza donde el inglés se les enseña a niños y niñas del país como si residieran en Miami o en Nueva York. Aunque solo fuera frente a eso, algo les corresponde hacer a las instituciones nacionales.

No se habrá repetido lo bastante: el privilegio de que goza hoy la lengua inglesa no se debe solo ni principalmente a las grandezas de William Shakespeare y Walt Whitman. Grandezas tendrán o tienen los demás idiomas, el sobresaliente español entre ellos, honrado por las de Miguel de Cervantes, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rubén Darío y otros. El paso avasallador del inglés se basa, sobre todo, en el poderío económico, político, tecnológico, mediático y bélico de un imperio que se expresa en ese idioma. No es una realidad que se deba soslayar, como si la cultura fuera algo tan abstracto y aséptico que no se requiriese estar advertido de cuanto ocurre en el planeta.

Cuando hace unos siglos el latín se usaba como lingua franca de las ciencias, ya no se rendía pleitesía a ningún imperio que se comunicara en ese idioma, y este hace un todavía mayor número de siglos que dio lugar a otros: los romances, como el español. Hoy, con el inglés, la realidad es diferente. No se trata de no usarlo, ni de darle la espalda, como algún “cosmopolita posmoderno” pudiera pretender que los presentes apuntes proponen. Pero no se piensa aquí en interlocutores tales, sino en lo mejor del pueblo de Cuba, y en quienes de cualquier modo tengan la posibilidad y el deber de actuar para que se revierta una decisión que, de solo estar vigente un año, ya sería impertinente y puede acarrear consecuencias lamentables, como sucede con cualquier error introducido en el sistema educacional. Ni pensar en lo que ocurriría si se permitiera que dure más de un curso, o tornarse pauta para el ingreso a la universidad.

La indeseable medida confirma que no solo en lo más explícita o directamente económico puede asomar la oreja peluda, lobuna, del pragmatismo, forma de pensamiento —o falta de él— característica del actuar capitalista. Menospreciar o relegar el español en Cuba hace recordar tristemente el Plan Bolonia, tan combatido en Europa por pedagogos y otros profesionales de actitud revolucionaria, emancipadora, y tan propulsado por quienes pretenden eliminar todo lo que estiman ajeno a la finalidad de formar tecnócratas, ejecutivos y otros representantes del capitalismo. El ateo convencido que esto escribe pide perdón para decir: ¡Dios nos ampare!

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 84 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Afeni Donington dijo:

    Un error de bulto haber eliminado los exámenes de español para ingresar en los IPVC.

    • Sai dijo:

      Con el permiso del autor, que dicho sea de paso, es un excelente profesional y tiene un dominio del idioma español más que demostrado, yo tengo una opinión diferente y me permito expresarla: Los jóvenes egresados de secundaria básica NO TIENEN QUE HACER NINGÚN EXÁMEN si desean pasar al pre – universitario o al estudio de cualquier técnico medio, para ello solo compiten con su número de escalafón que es el promedio de sus calificaciones de todo ese nivel educacional. Estos estudiantes TAMBIÉN podrán aspirar cuando terminen el pre a carreras universitarias. Los estudiantes que aspiran a los IPVCE son los únicos que deben realizar pruebas para aspirar a una matrícula en ellos. Considero lógico y atinado que se haya eliminado la prueba de español como también considero que debe ser eliminada la prueba de historia. Se aspira a un centro de enseñanza fundamentalmente de CIENCIAS EXACTAS y con ello a que en el futuro los estudiantes aspiren a carreras de esta misma índole, es por ello que desde el inicio deben entrar a estos centros con la mayor preparación posible en esas asignaturas. La enseñanza del español y la historia debe ser estrictamente impartida y evaluada en todos los grados correspondientes, es irrelevante su evaluación para aspirar a un pre universitario especializado en ciencias. ¿Acaso en las pruebas de actitud de la ENA o la EVA se solicitan pruebas de matemática o de física?, claro que no, solo una prueba de actitud como corresponde. Yo tengo 43 años y pasé un pre urbano, no quise becarme en un IPVCE y mi ortografía, modestia aparte, ha sido buena desde que estoy en primaria, en gran parte gracias a mis padres que me inculcaron el hábito de la lectura y la verdad que por otra, gracias a mis profesores que tuve la suerte de que en ese entonces eran muy buenos. Yo estudié una carrera universitaria y para ello sí tuve que hacer prueba de Español. Por favor, les pido analicen a profundidad las decisiones tomadas por el MINED que considero no fueron tomadas a la ligera ni por personas ignorantes en la materia.

      • Yorkis dijo:

        EXACTO!!!!!! Y no digo más…..

      • Alejandro dijo:

        Sai, coincido con su reflexion. Ademas, en mi humilde opinion, ahora se pretende presentar la prueba de espanol para entrar en los preuniversitarios de ciencias exactas como la solucion magica a un problema que muy complejo. Todo el analisis realizado en el articulo muestra una parte importante de esa complejidad, pero en mi criterio, deja fueralo esencial: por que es que los alumnos terminan el nivel de secundaria basica con problemas tan serios en espanol? Cuales las causas de esa situacion? Cuales los factores que propician esoscresultados? O sea, todo lo relatado por Toledo Sandes es cierto, pero no se resuelve poniendole una prueba de espanol a los alumnos que aspiran a entrar en el preuniversitario de ciencias exactas. Soy del criterio que la reaccion de muchas personas está mucho mas relacionada con el reconocimiento de que hay graves problemas con la ensenanza del espanol en Cuba que con otras cuestiones. Sin embargo, como ocurre frecuentemente con muchos de los problemas que tenemos en Cuba, se dispara primero y se apunta despues que nos percatamos que no estamos dando en el blanco. El problema de la ensenanza del Espanol en Cuba es apenas una parte de un problema mucho mayor, el de la calidad de la educacion. Las pruebas evaluan conocimientos, no garantizan que las personas los adquieran. En mi opinion, en lugar de criticar la decision del ministerio de educaciin, debiamos encaminar nuestros esfuerzos a criticar las deficiencias serias del sistema educacional. Saludos

      • tere dijo:

        Completamente de acuerdo con Sai y Alejandro. Yo soy de la 8va. graduación de la Lenin, nunca tuve que hacer una prueba de ingreso, para la Universidad tampoco, en la que estudié una carrera de ciencias exactas, y siempre he tenido una buena ortografía porque, además de haber recibido buenas clases, siempre me he preocupado por ello, pues pienso que es muy desagradable que una persona supuestamente bien preparada no sepa escribir correctamente en su propio idioma. No es haciéndole exámenes a un reducido grupo de estudiantes que se va a mejorar el dominio de nuestra lengua. A los exámenes no se va a aprender sino a comprobar lo aprendido. Es en las clases, a lo largo de todo el sistema educativo, donde se adquieren los conocimientos y también donde se concientiza la importancia de ser un profesional integral.

  • pedro dijo:

    Excelente articulo,,,,,es una pena que ya el Ministerio de Educacion dio su ultima palabra,,,

  • humano dijo:

    Un doctor:

    Turno jueBes…

    Saludos.

    • Aníbal dijo:

      imagino quien fue…………. y no estudió en la vocacional

  • Salems dijo:

    Excelente reflexión. Felicidades.

  • Jesús Rubayo Soneira dijo:

    Excelente artículo. Muchas gracias Toledo por estas reflexiones!

    • *MIA* dijo:

      Estoy muy de acuerdo con usted Pedro este articulo es excelente solo que el Ministerio de Educación no quiere cambiar su manera de pensar.

      • ppg dijo:

        No es que no quiera, sino que no puede.

  • Carlos Manuel dijo:

    Una excelente reflexión sobre el tema que ocupa su contenido!

    Pero, como en muchos otros procesos, estamos en presencia, una vez más, de la impunidad y el falso concepto de no reconocer públicamente que nos equivocamos en decisiones importantes.

    El Ministerio de Educación, con esta medida, da muestras de incapacidad para dirigir bien la educación en Cuba; digo Ministerio de Educación y con esta nomenclatura me refiero a su Dirección.

    No es posible que luego de tantos cuestionamientos, incluso de instituciones reconocidas en la materia, y el sentido común de muchos cubanos que vieron en su aplicación un peligro real, el Ministerio de Educación haya procedido a cumplir con lo acordado al respecto!

    Espero, como ciudadano cubano, que la institución rectifique, y ofrezca disculpas por este error.

    Saludos y espero que en el próximo curso, este error se haya corregido por el bien de la educación, por el bien de la ciencia y de la sociedad en su conjunto.

  • Linda dijo:

    ¡Ah, Toledo! Parece que a pesar de todo lo que hemos dicho contra la medida de marras ha caído en saco roto; el MINED no transa, a pesar del pronunciamiento de la Academia Cubana de la lengua. Gracias por su enjundioso análisis.

  • *MIA* dijo:

    Excelente Articulo

  • man.r dijo:

    recuerdo que a principios de los 80 el aprobado era 70 puntos. Después de varios exámenes que se hicieron para comprobar como andaba “la cosa “en las escuelas y ante el desastre por la cantidad de suspensos se decidió “bajar el listón” y entonces el aprobado comenzó a ser de 60 puntos. Ahora con esta medida volvemos a bajar el liston que ya habiamos bajado hace casi 40 años. Realmente es una pena

  • jotab dijo:

    creo que las maximas autoridades del pais debe tomar cartas en el asunto, ante la evidente tozudez de los que propusieron esta medida totalmente irracional….Si un cientifico NO domina su idioma ¿como va a poder expresar adecuadamente sus pensamientos, sus conocimientos…como defendera sus tesis? – Lo mas nefasto es que esta sorprendente “medida” se decide en medio de un apreciable empobrecimiento del lenguaje y de las mas elementales normas de conductas en general… por favor, ya es hora de rectificar…

  • Bárbara Bécquer Rebaza dijo:

    Muy aguda esas reflexiones, Toledo. Esperamos que quienes tomaron esa decisión no tengan oídos sordos y sean capaces de reconocer que han cometido un grave error con consecuencias que no queremos ni imaginar.

  • Escaramujo dijo:

    Es falso que los exámenes resuelvan los problemas de la enseñanza de esta o de cualquier asignatura. Todo el escándalo alrededor de esto refleja la concepción de que los resultarían en la tabla de salvación del Español (como asignatura y quizás como lengua). El Mined no debería tomar medidas a espaldas de la opinión publicada (que no es lo mismo que la opinión pública), pero el reclamo es errado en su origen.

  • Amanda dijo:

    Bravo por Luis Toledo, magnífico artículo. Felicidades. El pueblo te lo agradece. A tiempo estamos para que pueda revertir la decisión el Ministerio de Educación. Rectificar es de sabios. En mi opinión debe ser analizado por la máxima dirección del País.

  • Cira Velasco Elizalde dijo:

    Es algo verdaderamente indignante e inaceptable!!! Es una nefasta epidemia!!! Aqui en Cubadebate, en muchos articulos se lee a diario el deterioro de nuestra español: articulos sin concordancia, sin signos ortograficos, falta de ortografias, en fin la de vacles!!! Se intensificara esta situacion, pues esos seran los profesionales del mañana: llegaran a serlo??? Podran culminar los estudios? No lo creo!!! En cuanto al conocimiento del ingles, considero q se hace urgente q nuestros jovenes y niños lo aprendan, pues estaran mas preparados en el mañana.

    • vivi dijo:

      …debacle………

    • Anibal del Prado dijo:

      Cira, lo correcto es: “debacle”, debio decir: “es la debacle”

    • jose manuel dijo:

      y los acentos, que le faltan unos cuantos

  • Pedro dijo:

    Mi opinión es que el examen de español hasta el momento no ha dado mucha garantía de que nuestros jóvenes sepan usar el idioma materno como se desea. Creo que no debería evaluarse tantos aspectos sintácticos y gramaticales que son puramente descriptivos de la lengua. Creo que sería mucho mejor si se hiciera un mayor enfásis en aspectos como la expresión oral y escrita, lo que incluye el uso correcto del vocabulario, la ortografía y la organización de las ideas.

  • Belkis Delgado dijo:

    Excelente artículo Toledo, mis saludos.

  • habanera100porciento dijo:

    bueno todo no esta perdido.EL proximo curso pueden volver a poner el examen de español como un reclamo nacional.Lo otro es que el proximo curso la direccion del ministerio de educacion puede renunciar en pleno o ser destituido en pleno por grandes errores cometidos en su gestion. No les parece?

  • jose carlos dijo:

    estimado escritor, lo invito a que me acompañe a un reunion de padre del pre de mi hija y usted mismo sacara sus propias conclusiones y podra escribir varios trabajos.

    me puede escribir y le digo cuando es y asi me acompaña

  • Frank Alexander dijo:

    Esta noticia me ha sorprendido como al autor de este trabajo. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo es posible suprimir las pruebas de Español para acceder a estas instituciones superiores del estudio? Nuestra lengua es la BASE de nuestra cultura, nuestros vínculos familiares, sociales, escolares y laborales. Sin nuestro idioma todo lo demás es inalcanzable, sencillamente. Por eso se ven a algunos “profesionales” que son incapaces de establecer y mantener correcta y coherentemente la redacción de un artículo o conferencia y su exposición. Por eso vemos y escuchamos errores graves en la TV y la radio, que hieren nuestra inteligencia, nuestra vista y nuestros oídos. Abogo por que dicho examen sea reestablecido en el proceso -muy necesario para alcanzar niveles superiores de prefesionalidad y competencia- de ingreso a las instituciones que lo requieran. Debería haber un cambio en ese Ministerio.

  • CubAna dijo:

    GENIAL x el enfoque, x el contenido, x los argumentos, x la valentía de llamar x su nombre a quienes corresponde, x los elogios merecidos. Solo deseo que el Mined revise tal decisión. Demasiadas voces en contra y una encuesta que dice MUCHO. Si el compromiso REAL es con el pueblo y sus mayorías entonces … marcha atrás, RECAPACITAR ES DE SABIOS …

Se han publicado 84 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

Vea también