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¿Qué ocurrió en la XI cumbre del G20?

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Cumbre del G20 en China. Foto: Aly Song/ Reuters.

Cumbre del G20 en China. Foto: Aly Song/ Reuters.

El 5 de septiembre de 2016 concluyó la XI cumbre del Grupo de los Veinte (G20)[1] en la ciudad oriental china de Hangzhou. Los líderes reunidos sancionaron una amplia gama de convenios incluido un plan de acción denominado Consenso de Hangzhou, el cual clarifica la dirección, los objetivos y las medidas de desarrollo de la cooperación del G20.

En lo que pudiera considerarse un éxito de la dirección China, anfitriona de la cita, la declaración final destaca la importancia de la innovación encaminada a impulsar la modernización digital y la nueva revolución industrial con cadenas de producción globalmente integradas. Cuatro palabras delimitan las nuevas metas para los países que integran esta Institución: innovación, vigor, interconexión e inclusividad. Optimistas consignas en un mundo pleno de desigualdades y afectado por una de las crisis económicas y sociales más graves de la posguerra.

La importancia de la reunión está fuera de toda duda. Este evento reunió a 19 países y a la Unión Europea lo que, en conjunto, representa alrededor del 85% del PIB global, el 80% del comercio mundial y más de las dos terceras partes de la población mundial. Los líderes se dedicaron durante dos días a analizar los principales retos comerciales, financieros y geopolíticos de la agenda internacional actual.

En el 2008, en pleno estallido de la crisis financiera, el G20 importantes paquetes de medidas basadas en rebajas impositivas y estímulos financieros que permitieron al sector financiero internacional sobrevivir los efectos más nefastos de la crisis, no así a la economía real. Sin embargo, desde entonces, el G20 no ha tenido mucho éxito en articular una estrategia común que permita impulsar el debilitado crecimiento económico mundial que sigue sin mostrar signos claros de reactivación.

Hoy, el FMI tiene incluso previsto revisar a la baja sus estimaciones del Panorama Económico Mundial a inicio de octubre del 2016, antes de comenzar sus reuniones anuales. Un nuevo recorte podría constituir el sexto declive consecutivo de las proyecciones de expansión en cerca de 18 meses. En opinión de la Directora gerente del FMI, Christine Lagarde, los líderes del G-20 necesitan tomar más medidas para alentar la demanda, impulsar la actividad comercial y la globalización y combatir la inequidad.

La agenda de la cumbre se centró en estos desafíos y se vinculó a la estrategia de desarrollo de China, dirigida a identificar nuevos motores que impulsen un cambio positivo como la innovación, la economía digital y la nueva revolución industrial. “Innovación” ha sido un concepto clave en los últimos años en China y el gobierno ha impulsado a los jóvenes para lanzar sus propios negocios y emprendimientos basados en las nuevas tecnologías de la información. Este año es la primera nación de ingresos medios que entra en el ranking de los 25 países desarrollados, que han dominado históricamente el Índice Global de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), entidad que rige las patentes, el derecho de autor y las marcas.

Hangzhou tenía para la cumbre un significado especial porque representa el auge de estas nuevas transformaciones en la denominada “nueva economía”, basada en la tecnología y en el software, que es precisamente el mensaje que China ha transmitido al mundo. En esta ciudad se empleaba a miles de personas en plantaciones de té, textiles y en la producción de electrodomésticos y otras manufacturas. Hoy la ciudad se erige ejemplo del cambio hacia una economía centrada en los servicios, en la industria tecnológica avanzada y en el comercio digital, y se conoce como uno de los centros más importantes en la estrategia “Made in China 2025”, prevista para impulsar la reconversión industrial y el fomento a la innovación.

En esta ciudad se encuentra más del 10% de las 500 principales empresas chinas y de la casa matriz de Alibaba, enorme bazar de venta por internet, principal competidor de Amazon y de eBay. Surgida en 1999 , el mismo año que el G20, esta compañía ha devenido la mayor plataforma de comercio electrónico del mundo, superando los 400 millones de compradores activos y en proceso de llevar su dominio más allá de su mercado natural en Asia.

Dado que la política monetaria por sí sola no puede generar un crecimiento equilibrado, el G20 acordó valorar reformas estructurales y medidas presupuestarias. También se comprometieron a no buscar ventajas competitivas mediante devaluaciones de sus monedas.

En atención a las demandas comerciales, en los encuentros bilaterales China aceptó la creación de un mecanismo que serviría para calibrar el exceso de capacidad del sector siderúrgico en China, una iniciativa que ha sido precisamente propuesta por la Unión Europea. Se alcanzaron también acuerdos que buscan mejorar los mecanismos de comercio e inversiones a escala planetaria.

Respecto al terrorismo, el G20 consideró que este fenómeno no solo supone una grave amenaza para la paz y la seguridad, sino que también entraña un riesgo para la economía mundial, por lo que los miembros del grupo se comprometieron a luchar contra cualquier forma de financiación del terrorismo e intercambiar informaciones al respecto.

Los miembros del G20 propusieron hacer esfuerzos para una pronta entrada en vigor e implementación del Acuerdo de París contra el cambio climático (COP21), establecido a finales del año pasado. Durante la cita, los Estados Unidos se han sumado a China en la ratificación del Acuerdo sobre el Clima alcanzado hace un año en la cumbre de París. Algo positivo, ya que entre ambos países suman casi el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero. El visto bueno de ambas potencias, prácticamente imprescindible para que el pacto entre en vigor, se produjo en la víspera del inicio de la cumbre de líderes del G20 y en el marco de la reunión bilateral entre Barack Obama y Xi Jinping.

El acuerdo de París entrará en vigor 30 días después de que como mínimo 55 países que agrupen el 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero lo hayan ratificado. Hasta el momento 24 naciones han pasado el trámite (en su mayoría países isleños del Pacífico y el Caribe), pero sus emisiones apenas superan el 1% del total.

Hasta este punto, sin dudas, pudieran catalogarse como satisfactorios algunos de los resultados observados. Sin embargo, la retórica no siempre resulta muy convincente. La volatilidad potencial de los mercados financieros, las fluctuaciones de los precios de las materias primas, la lentitud en comercio e inversiones y el lento crecimiento de la productividad pueden ser elementos cruciales en una estrategia de crecimiento económico, pero existe en este mundo de hoy algo mucho más grave y que provoca gran inestabilidad y confiere una enorme vulnerabilidad a la economía mundial: la creciente desigualdad entre ricos y pobres que ha llevado a que el 1 % de la población tenga más capital que el 99 % restante.

La globalización de la economía mundial ha continuado su avance a lo largo de los años más recientes, especialmente a partir del incremento de la inequidad poblacional. Cifras recogidas por Bloomberg ratifican las investigaciones realizadas el profesor Jason Hickel y sus colegas en la Escuela de Economía de Londres, cuando planteaban que actualmente las 300 mayores fortunas del mundo acumulan más riqueza que los 3 600 millones de personas consideradas pobres.

Puede que algunas de las naciones presentes, empezando por los anfitriones, realmente se sientan identificadas con los propósitos, pero los hechos reales hablan en otro sentido. El G20 acaba de comprometerse a impulsar el comercio mundial y a enfrentar las tensiones proteccionistas y crítico resulta el desempeño del comercio internacional, que en los últimos cinco años no ha superado el 3%, mientras que en otras épocas crecía al doble. En este sentido vale recordar que según la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde la última cumbre celebrada en Turquía, los integrantes del G20 han aplicado 145 nuevas medidas de restricción del comercio, el nivel más alto desde el 2009.

No puede negarse que China ha lanzado un mensaje transformador que desafía fronteras y permitió avizorar algunas luces en el horizonte, pero el camino resulta todavía largo y tortuoso para los imperiosos cambios económicos globales que la humanidad demanda.

La humanidad sigue invirtiendo colosales sumas en gastos militares. El SIPRI ha informado que el gasto militar mundial en 2015 fue de 1.676 billones de dólares, aproximadamente el 2,3% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Con apenas el 10% del monto  de los recursos que hoy se utilizan para gastos militares, se habrían podido alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo período expiró en el propio 2015. Se estimaba que se necesitaban 150 mil millones de dólares anuales para alcanzar los mismos.

La Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible, una iniciativa de la ONU, asegura que solo para erradicar la pobreza se necesitarán 1,4 billones de dólares al año, sin incluir otros objetivos, como la protección ambiental, la mejora de la salud, la educación de calidad, la igualdad de género y la energía sostenible para todos.

Según un informe de la OCDE en 2015, sobre la financiación del clima, un importante número de países desarrollados con altos ingresos se han comprometido a aumentar la ayuda a los países en desarrollo con unos 100 mil millones USD anuales hasta 2020 para financiar tecnología verde y para paliar los impactos del cambio climático (SDG 13). Esto representa un 8,3 % del gasto militar de ingresos altos de los países desarrollados en 2015.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en otro informe, sugiere que la eliminación de la pobreza extrema y el hambre de forma sostenible para el año 2030 (ODS 1 y 2) demandan un estimado adicional de 265 mil millones USD al año, como promedio, (precios de 2013). De esta cantidad, entre 89-147 millones USD tendrán que ser aportados por fondos públicos, situando las necesidades totales anuales de gasto público en 156-214 millones de dólares (precios de 2013). Esto representa entre un 9,5 y un 13% del gasto militar mundial en 2015.

El Informe sobre el seguimiento mundial de la Educación para Todos 2015 encontró que la provisión de la educación primaria y secundaria temprana universal de calidad adecuada para el año 2030 (SDG 4) demandará fondos adicionales de 239 mil millones USD al año (precios de 2012). Estos recursos pudieran generarse a partir de fuentes internas de los países, de conjunto con lo que aporten los países donantes. La cantidad exacta que los países donantes tendrían que proporcionar depende de la educación de los países de bajos y medianos ingresos en los próximos 15 años. Si el gasto en educación como porcentaje del PIB sólo se lleva a cabo en los niveles actuales, la cantidad requerida se incrementa a 52,5 mil millones USD al año. O sea, el 3,2% del gasto militar mundial en 2015.

Acotando las responsabilidades, otro informe de 2015 preparado por la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible rebeló que el logro de los ODS en salud, educación, agricultura y seguridad alimentaria, el acceso a la energía moderna, abastecimiento de agua y saneamiento, las telecomunicaciones y la infraestructura de transporte, los ecosistemas, y la respuesta de emergencia y humanitaria (ODS 2, 3, 4, 6, 7, 9, 11, 13, 14 y 15), incluidas las cantidades adicionales que permitan la mitigación del cambio climático y la adaptación, demandaría más recursos de fuentes públicas, entre 760- 885 mil millones USD anuales para el periodo 2015-2030 (según valores de 2013). Esto equivale al 46-54% del gasto militar mundial en 2015.

Como puede observarse, tan solo reasignando entre el 10 y el 50% del 50% del gasto militar mundial, sería suficiente para lograr importantes avances en algunos objetivos claves de desarrollo sostenible, temas estos que el G20 tendría que asumir con mayor cabalidad.

Nota

[1] Las naciones que lo conforman son: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Andrés dijo:

    Es un excelente comentario Gladys. Coincido contigo en el hecho de que China puede representar un buen referente en términos de lo que se quiere conseguir en el futuro. A pesar de sus problemas y conflictos internos, existe la voluntad política para superarlos, y eso es mucho más de lo que pudieramos decir de las potencias económicas tradicionales de Occidente.

    Sin embargo, hay un punto donde discrepo contigo, y se trata del hecho de presentar la “new economy” como un objetivo loable a seguir, o por lo menos de modo acrítico. Creo que el tema de una economía basada en los servicios se debe tratar de modo más crítico. Sobre todo si se pretende extraer lecciones para el contexto de países más pobres, o en vías de desarrollo, como Cuba. Por ejemplo, emplear personas en la “producción de electrodomésticos y otras manufacturas” de alto valor agregado es lo que necesita Cuba, con urgencia. Se debería aclarar que los servicios a los que te refieres son servicios de alto valor agregado (comercio electrónico, I+D, consulting y diseño por ejemplo) y que la factibilidad de estos servicios se basa necesariamente en la existencia de un sector industrial altamente sofisticado. Cierto, mencionas la tecnología, pero la relación no queda clara. La base del desarrollo de China es el sector industrial altamente tecnificado que ha conseguido levantar. Los servicios que surgen después, sin duda importantes económicamente, no deben ser presentados como un bien en si mismo. De hecho, estos no existirían de no ser por este desarrollo industrial.

    De la forma en que se habla del tema de los servicios en el artículo, suena como si llenar la economía de servicios fuera algo positivo en si mismo. Y no lo es. El alboroto que se armó durante los 90 y a principios de los 2000 con la nueva economía (new economy) no ha sido más que eso, un alboroto. En la práctica, las naciones que se creyeron el cuento de los servicios como algo más importante que podría sustituir al sector industrial se han desindustrializado amargamente, con todas las consecuencias que ello implica. Cuba, bajo circunstancias muy distintas, también pasó por eso, entre otras cosas porque nos creímos el cuento. Y ahora tratamos de salir del embrollo. Hay que explicar bien esto. Una economía basada en los servicios no es la base del desarrollo.

    No estamos en ninguna era post-industrial. Gran Bretaña ha sido el caso más triste dentro de los países ricos pues se ha desindustrializado de veras. Pero el resto no. El hecho de que parezca que ahora hay más servicios se debe a muchos factores. Algunos son la deslocalización de muchos que se solían hacer dentro de las empresas (algo no necesariamente bueno), pero se debe sobre todo a que muchos han interpretado la caída en la proporción de manufacturas industriales respecto al PIB como una disminución de la importancia de la producción industrial. Pero esto sucede sólo si miramos la cosa en precios corrientes. Cuando valoramos las cosas en precios constantes nos damos cuenta de que lo que ha sucedido es que los productos industriales se han abaratado, en términos relativos, mucho más que los servicios. Todo esto precisamente gracias a la más rápida productividad asociada a los procesos industriales, mucho más asimiladores e impulsores de cambios tecnológicos. En realidad, mirado en términos constantes, la tasa de industrialización respecto al PIB ha aumentado en muchos países; Suiza, Suecia, Finlandia, por ejemplo. En estos países la productividad no ha descendido de modo significativo. (Si la productividad ha descendido en la mayoría de la OECD, se debe a otros factores, por ejemplo la extrema desigualdad que necesariamente lleva a una ineficiente asignación de recursos. De este tema se puede discutir en otra ocasión).

    En el caso de los países pobres, la cuestión con el alboroto post-industrial ha sido más desdichada, pues muchos creyeron que se podían “saltar” la fase industrial y desarrollarse solo con servicios. El caso emblemático es la India. Antes del 2004, la India tenía déficit comercial en servicios. Cuando se montó en el tren de la “new economy” comenzó a marcar un superávit comercial en servicios (sobre todo entre 2004-2011), es decir vendía más servicios de los que compraba. Y estamos hablando de servicios sofisticados como software, contabilidad, scanning médicos, etc. Sin embargo todo esto solo representó un 0,9 % de PIB y cubrió solo el 17 % del déficit comercial de bienes. No en balde el actual presidente de la India ha puesto en práctica un ambicioso y acelerado plan de política industrial con el objetivo de aprender a hacer cosas otra vez, mientras más sofisticadas tecnológicamente mejor, pero cosas en lugar de servicios. Una base industrial debilitada llevará necesariamente al declive de la calidad de los servicios. Hacer cosas importa.

  • Roberto dijo:

    Por lo que lei a pesar de los grandes desafios por delante la cumbre fue un éxito.

  • Paquita dijo:

    Brillante comentario, como siempre. ¿sabes que una de las cosas que mas extraño de Infanta y Manglar son tus conferencias particulares, mientras fregabas y yo me recostaba a la mesa, con un traguito brindado por Ramón?

  • senelio ceballos dijo:

    Gladys..Saludos desde Rusia..Muy buen articulo aunque un poco largo!!…Le falto decir algo que aqui en la Rusia todos los medios..DIFUNDIERON…El grupo G-8…Hoy casi ..se ha quedado cojo..SIN RUSIA…Por eso los jefes de paises del G-7…aprovecharon para encontrarse cara a cara con Putin…Por Ej..la jefe inglesa y Obama…Para tratar problemas politicos globales…Cosa que ellos estaban acostumbrado hacer en el G-7…DIRIGIR LOS AZIMUT DEL MUNDO…Hoy se han dado cuenta que sin Rusia y el grupo BRISCH…La economia mundial se estancara…cont. El Guajiro chambero

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Gladys Cecilia Hernández Pedraza

Gladys Cecilia Hernández Pedraza

Investigadora del Centro de Investigación de la Economía Mundial (CIEM), de Cuba.

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