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Lecciones Electorales 2014: Segunda Vuelta

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salvadoreleccionesEl año 2014 nos deja una serie de procesos electorales, en los que nuevamente se puso en juego la vigencia de los proyectos de transformación en nuestra región. Con la excepción de las elecciones de segunda vuelta en Uruguay, todavía pendientes, se consiguieron victorias que seguramente nos traerán lecciones no solo a los participantes directos, sino también a todos los que optamos por la vía de las elecciones como forma de acceder al control de los gobiernos para desde ahí impulsar transformaciones anti sistémicas.

Para llegar a conclusiones es necesario ver un poco la historia. En junio de 2013, en Honduras, dábamos por seguro que ganaríamos las elecciones, para lo que las encuestas nos daban ventajas de hasta 10 puntos, pero sin superar el 35% del total del total de electores registrados. En aquel momento en todas partes concluíamos que una de las estrategias posibles de la derecha pasaba por reformar la ley e imponer una segunda vuelta que le permitiera hacer un solo frente y aplastar la única alternativa de cambio que era el Partido LIBRE.

El fraude electoral nos trajo de regreso a la realidad; la derecha no necesita legitimidad, ni le interesan las mayorías, menos aún la democracia que podría beneficiar a estas. Sin embargo, es muy probable que lo que creíamos en aquel momento de la segunda vuelta haya sido validado por las elecciones realizadas este año en El Salvador y Brasil. Esto sucedió en un país, donde aún no hemos conquistado el gobierno y estamos frente a toda la maquinaria bipartidista y ante una monstruosa maquinaria de terror montada después del Golpe de Estado de junio de 2009, que nunca fue resuelto.

En El Salvador, el FMLN, después de un largo proceso de trabajo en las comunidades, la creación de consultas sectoriales, y la preparación de un amplio Plan de Gobierno respaldado en la opinión de miles de personas a lo largo de casi dos años, llego favorito a las elecciones, mas con la transitoria ruptura de la derecha de ARENA, que dio lugar a una tercera fuerza. Ese favoritismo se vio ampliamente reflejado en los resultados del 2 de febrero, cuando apenas un punto porcentual separo al frente sin la victoria en primera vuelta.

La segunda vuelta del nueve de marzo nos dejó a todos conteniendo la respiración, cuando los conteos mostraban diferencias estrechísimas, insuficientes para declarar un ganador. Mientras tanto, se movían las fuerzas de la ultraderecha para crear un ambiente propicio al desorden y la intervención de los militares. El fantasma de un golpe de estado se apareció para ejercer una presión adicional sobre el FMLN, que al final termina ganando por una diferencia de unos seis mil quinientos votos. Esto en términos de porcentaje podría dar una idea equivocada en una analogía con otros procesos.

Digamos que esto produjo un gran desgaste en el Frente que ahora debe pelear la supremacía legislativa en Marzo de 2015. Una experiencia importante en el campo electoral de 2014, es lo sucedido en Costa Rica, donde en las semanas previas se podía prever una victoria del Frente Amplio, o al menos podía pasar a segunda vuelta frente al candidato del desprestigiado partido de Laura Chinchilla.

En este caso, en la primera vuelta paso el candidato de Liberación Nacional en primera vuelta, contra el que luego sería presidente de Costa Rica. La diferencia entre ambos en primera vuelta fue relativamente pequeña, pero no para provocar el abandono de la campaña del candidato oficialista. Esto demostró con claridad hacia donde apuntaba la derecha, sobre todo en torno al Frente Amplio, cuya presencia en la Asamblea Legislativa marca un hito importante, aunque no alcanza para cambiar la correlación de fuerzas. Al final, la maniobra de la derecha, permitirá al Partido Liberación Nacional reagruparse y revivir en lugar de una muerte segura de haber perdido ante el Frente Amplio.

Si bien, cada caso va mostrando sus particularidades, hay rasgos comunes en todos, independientemente del tamaño del país, o su importancia dentro de la visión geoestratégica imperial. Una de ellas, es la famosa “democracia multipartidaria”, esa que nos trae la ficción de despolarización de las sociedades, en la que prácticamente cualquiera puede tener su propio partido alrededor de temas muy particulares, de carácter anti ideológico, y sumamente despolitizados. En teoría, eso coadyuvaría al fortalecimiento de la democracia.  Sin embargo, todo indica que al final, pase lo que pase, las terceras o cuartas fuerzas, terminan arrastradas a la polarización al lado de la derecha.

Este fenómeno fue muy claro en el Brasil, donde el “boom” de Marina llevo a muchos a la creencia de que Aecio Neves podría estar fuera de la contienda, peor aún puso al PT a competir contra una fuerza-señuelo, dentro del mismo campo electorero y con poca capacidad para reaccionar ante los rápidos movimientos de la derecha. Finalmente, en un misterioso fenómeno, al menos en la dinámica social, Marina se desinflo con celeridad aun mayor que la que la llevo a la posición mediática privilegiada, y Neves alcanzo el segundo puesto, con una significativa desventaja frente a la presidenta Dilma Roussef. Sin embargo, la derecha, había movido suficientes hilos como para convertir lo de Neves en un asunto que quedaba para la incertidumbre.

Igual que en El Salvador, se activó la amenaza del Golpe de Estado como un expediente siempre posible (eso quedo abierto desde Honduras en 2009). Es un hecho que el Golpe de Estado no se activa como producto de los resultados favorables al PT, y a Dilma; su activación se da mucho antes, y forma parte de toda la estrategia planteada por la derecha, que no descarta ninguna opción.

El nuevo gobierno de Dilma, llega también desgastado, con mucha presión, con la campaña abierta de la derecha, y quizá, obligado a entregar concesiones que terminen por concluir con una victoria presidencial de la derecha dentro de cuatro años.

Transigir con el enemigo muchas veces es provechoso, si no se dejan de lado los objetivos fundamentales y los principios que dieron lugar a la lucha permanente que todavía llevamos adelante, todos los días. Parece claro, que la segunda vuelta es un arma contra nuestros partidos, y nuestros pueblos. En algunos casos, no tenemos la correlación de fuerzas necesaria para eliminarla, por lo que tendremos que buscar un trabajo permanente que nos permita asegurar la victoria en primera vuelta. No hay que olvidar, el carácter catastrófico que tendría una derrota de uno de los partidos de izquierda en el poder, exactamente porque todos sus logros puedes ser destruido con gran habilidad y velocidad por la derecha. Además, la experiencia electoral debería mostrarnos que nuestros partidos no solo deben ser maquinarias electorales, sino partidos del pueblo, en la calle, permanentemente.

Por otro lado, basados en la experiencia, es poco probable que en países donde aún no se ha conquistado la primera victoria electoral, la segunda vuelta sea una alternativa de victoria. Más bien parece, muy propicia, para desgastarnos, y hacernos presa fácil de la derrota. En este caso también, no basta la maquinaria electoral.

Al final, ningún proceso revolucionario se gana o se mantiene sin el pueblo, menos en elecciones, para eso se debe estar en revolución todos los días.

(Tomado de Telesur)

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Ricardo Arturo Salgado

Ricardo Arturo Salgado

Licenciado en Matematicas de la Universidad Autonoma de Honduras Estudios de Postgrado en Sociologia: Universidad de Berlin, Experto en Investigacion Social en Zonas Costeras entre poblaciones Pesqueras.

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