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Obama, fiel a la vieja escuela

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Por Oswald Gómez
La República, España

A los que celebramos con entusiasmo la salida del poder del “Asno con Garras”, nunca mejor dicho sobre el creo es cuadragésimo tercer presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, y seguimos con detenimiento la trayectoria y proyección política del actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Hussein Obama, nos saltan de inmediato sus dotes de comunicador, que con cánticos de sirenas logra hipnotizar tanto a sus seguidores como detractores.

Avezados analistas, expertos conocedores de la idiosincrasia estadounidense, políticos de primera línea y hasta enemigos de la política genocida y armamentista que lleva a cabo el autotitulado país de la libertad, titular para otra crónica, y deseosos de ver funcionar al nuevo “Mesías” de la Casa Blanca , han sufrido y padecido de los efectos encantadores y el carisma de Obama.

Como fiel seguidor de sus patrocinadores y educadores en su política hacia Cuba y el resto del Mundo, Obama aplica la combinación perfecta de “atraer y empujar”, y responde al “arte de la diplomacia norteamericana de ser capaz de ofrecer compromisos y, a la vez, dejar claro que siempre tienes la alternativa de poner presión mediante sanciones”.

Así lo definiría la ex embajadora de EE.UU. ante Naciones Unidas (ONU) y Ex-Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, al diario español ABC durante su reciente visita a Madrid para participar en el Foro de Liderazgo del IE Business School.

Estas son las reglas de juego que han llevado las sucesivas administraciones estadounidenses a mantener y recrudecer el Bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, y son los hilos que conducen a Obama a mantener las sanciones económicas contra la pequeña nación antillana, bajo la Ley de Comercio con el Enemigo, aprobada en 1917, para enfrentar situaciones de guerra y que solo se aplica a la Isla.

Obama, educado en el viejo anhelo de su país de anexarse Cuba, defendido como política de Estado por Thomas Jefferson, James Madison y John Quincy Adams, quienes consideraban a la mayor de las Antillas como “la fruta madura” que por su cercanía geográfica debía caer finalmente en manos de EE.UU, pone en práctica a diario en sus elocuentes discursos, la combinación del yunque y el martillo, “atraer y empujar”.

Resulta vergonzoso que en pleno comienzo del siglo XXI, se imponga por la nación más rica y poderosa del planeta, a despecho de las normas del derecho internacional y en contra de la voluntad de 185 naciones, expresada en la última votación en ONU, un férreo Bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba, que le ha causado daños humanos y materiales por 226 mil 221 millones de dólares.

A tono con los vientos que soplan hoy en el mundo, le correspondería al “Gentleman” del “Yes We Can”, limpiar el excremento de 11 administraciones precedentes (y modificar su política respecto a Cuba.

De esa manera, estaría cumpliendo, además, con el voto de confianza que le ofreció su pueblo, que necesitado de un cambio, visionó en él la oportunidad de cambiar el cause hacia el abismo y demostrar los verdaderos ideales y principios con que los próceres de esa Nación defendieron su Carta de Independencia. Hemos pasado del octavo inning y ya se le ve la bola al pitcher, como se diría en el buen término beisbolero.

El 28 de octubre próximo seremos testigos, por décimo octava ocasión consecutiva, de una nueva condena de la comunidad internacional contra el cerco impuesto por Estados Unidos a la Isla hace casi medio siglo, como comienza ya a perfilarse en la Asamblea General de Naciones Unidas. Sin duda alguna, una vez más, presenciaremos la victoria indiscutible del pueblo cubano y la comunidad internacional frente al genocida Bloqueo Norteamericano.

Se han publicado 1 comentarios



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  • Manuel de Jesús Miñoso López dijo:

    Precisamente ahí esta el peigro, de este nuevo presidente imperial: su inteligencia, preparación, carisma y habilidades cunicativas. Por eso tenemos que analizar todo lo que dice y estar vigilantes con lo que hace; porque como dijo Martí: “Prever después no vale, lo que vale es prever antes y estar preparados”.

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