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Capturar, Interrogar, Abusar (CIA)

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Progreso Semanal

Procésenlos a todos.

Fue en los juicios de Nuremberg, después de la 2da. Guerra Mundial, donde se estableció el principio que obedecer órdenes no era una defensa en lo concerniente a crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Y fue allí que se estableció que realizar una guerra de agresión es el peor crimen de todos.

Si fuéramos fieles al precedente de Nuremberg, todos los implicados en el abuso a detenidos y en el montaje de la guerra de Iraq, desde el Presidente Bush hasta el último interrogador, deben ser procesados. Es más, mientras más alto el cargo, mayor la responsabilidad.

Es ciertamente una gran victoria para la causa de la justicia que el Fiscal General Eric Holder haya nombrado a un fiscal especial, John H. Durham, para que investigue el interrogatorio de prisioneros en Guantánamo y otros lugares en todo el mundo. La pregunta ahora es cuán completa será la investigación y hasta dónde llegará en la línea de mando.

El informe de la CIA acerca de los interrogatorios, muy cambiado y censurado, mostró hasta dónde y cuán gravemente se practicó la tortura a nombre de una nación que hace mucho se considera a sí misma arquetipo en lo que concierne a los derechos humanos y el dominio de la ley. El informe, completado en 1994 pero recientemente publicado, decía que en los interrogatorios se utilizaron técnicas no autorizadas, improvisadas e inhumanas.

Para que este país recupere algo de su prestigio perdido, entre los que debieran ser procesados por no estar a la altura de ese arquetipo están los que ordenaron la tortura, los que intentaron conferirle un barniz de legalidad, y los que la perpetraron.

Desafortunadamente, parece que el fiscal estará limitado a investigar tan solo las acciones que fueron más allá de los increíblemente flojos y tristemente célebres memorandos de la tortura del Departamento de Justicia. En su lugar, los que pergeñaron esos memos --y sus jefes-- debieran estar entre los acusados por los más graves delitos.

Para un país, es un proceso doloroso mirarse en el espejo y ver la verdad. Pero es un hecho cierto que los interrogadores norteamericanos torturaron física y mentalmente a un número no conocido de detenidos, algunos de los cuales murieron a consecuencia de la tortura, y otros fueron dañados irreparablemente. Colgados del techo, lanzados contra paredes, sometidos a falsas ejecuciones, amenazados con la muerte de sus familiares... Estas son solo algunas de las viles acciones perpetradas a nombre de la nación.

El Presidente Obama dice que quiere mirar hacia el futuro y no al pasado. Pero no podemos avanzar hasta que nos hayamos liberado colectivamente y nos enfrentemos a la vergüenza que ha sido cometida en nuestro nombre. Estamos necesitados de una gran catarsis, una catarsis que de inicio será dolorosa y políticamente costosa, pero en última instancia saludable no solo para este país, sino para las relaciones con el resto del mundo. Y si en el futuro a un funcionario norteamericano le dan una orden que él sabe, con cada fibra de su cuerpo, que es incorrecta, ilegal e inmoral, sería maravilloso si lo que hacemos ahora tiene un efecto de contención en cuanto a ejecutar esa orden.

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Max Castro

Max Castro

Periodista cubano radicado en los Estados Unidos. Columnista del semanario Progreso Semanal.

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