Imprimir
Inicio »Opinión  »

El pueblo más burlado del mundo

| +

A nadie en el mundo sorprenden las falsedades y absurdos del Informe sobre el Estado de la Unión presentado del 28 de enero de 2008 por el presidente George W. Bush.

Tampoco ha sido nada nuevo para el pueblo estadounidense, que ya lo ha sufrido y por ello se colman de inconformidades y condenas las encuestas sobre a los resultados de su gestión de gobierno.

No debe suponerse que el pueblo de los Estados Unidos sea ignorante y por ello puede ser tratado así por su presidente. En verdad, está entre los más instruidos del mundo y cuenta con amplias fuentes de información y saber. Pero hay que lamentar su extrema sumisión a la maquinaria mediática del sistema corporativo y el complejo militar industrial que controla a la sociedad capitalista en su conjunto, sin excluir al sistema de gobierno.

A nadie puede asombrar que Bush hable sin pudor acerca de la conveniencia de mantener las tropas de Irak y defienda la escalada que dispuso en enero de 2007, o que diga que fue gracias a esta última que Estados Unidos pudo lograr inimaginables resultados este pasado año,  precisamente en los instantes en que 5 soldados estadounidenses volaban en pedazos al estallar una bomba en Mosul, capital de la provincia de Nínive, 400 kilómetros al norte de Bagdad.

 Tampoco extraña que hable de ejercer más control sobre el pueblo de los Estados Unidos para evitar los "ataques terroristas", o de blindar las fronteras contra inmigrantes o que solicite 150 000 millones de dólares para dar un "robusto" impulso a una economía que todos saben al borde de la recesión.

Quien siga de cerca las campañas en curso de los aspirantes de los dos partidos del sistema a la presidencia de los Estados Unidos, podrá constatar que los discursos se orientan al auditorio ante el cual se pronuncian, casi sin correspondencia alguna con lo expresado previamente ante otros públicos y con evidente intención de desentenderse de los compromisos que adquieren con sus promesas.

Respecto a los oscuros acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 - acerca de los cuales recién reveló el ex presidente de la República Italiana, Francesco Cossiga, que los líderes europeos de entonces conocieron en su momento que fueron perpetrados por los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes- la prensa corporativa de Estados Unidos prácticamente no se interesa.

Pero el asunto ha servido para multiplicar el número de personas que en ese país han visto cercenados sus derechos civiles y políticos por motivos relacionados con su filiación política, color de piel, procedencia social o condición de inmigrantes.

Es obvio que aquella acción terrorista contra el World Trade Center, que costó la vida de tres mil norteamericanos, solo benefició a los promotores del llamado Proyecto del Nuevo Siglo Americano necesitados de un pretexto del tipo de los que Estados Unidos ha fabricado antes para todas sus guerras (Maine, Lusitania, Pearl Harbor, Golfo de Tonkin y muchos más).

La asimétrica guerra supuestamente emprendida contra la organización Al Qaeda, que tenía en 2001 menos de 430 miembros y probablemente ninguno en Irak, ya ha provocado la muerte de otros tres mil ciudadanos estadounidenses y un millón de iraquíes, además de costar hasta ahora al contribuyente estadounidense, según el premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz, dos billones (2.000.000.000.000) de dólares.

Los casos de tortura y violación de los derechos civiles y políticos de los cientos de ciudadanos recluidos en el campo de concentración y torturas que mantiene Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo se presentan como excepcionales cuando son la regla en centros de reclusión del propio territorio de Estados Unidos.

A casos de indignante injusticia, como los de los inmigrantes obreros Sacco y Vanzetti; los esposos Ethel y Julius Rosemberg; el español residente en la Florida Joaquín José Martínez; el joven negro Larry Youngblood; el periodista negro Mumia Abu-Jamal, y el fundador del Movimiento Indio Norteamericano Leonard Peltier, se agregaron, desde el 12 de septiembre de 1998, 5 jóvenes cubanos recluidos en cinco diferentes y distantes prisiones del país.

Su delito fue haberse infiltrado, con riesgo de sus vidas, en los grupos paramilitares terroristas cubanos de Miami, con el objetivo de obtener las pruebas necesarias para denunciar sus planes terroristas y prestar así un servicio a la seguridad de los pueblos de Cuba y de los Estados Unidos.

El gobierno cubano informó entonces a su homólogo norteño y, en junio de 1998, una delegación del FBI viajó a la isla y recibió una completa documentación sobre los planes terroristas monitoreados en Miami por los cinco patriotas cubanos.

Pero los terroristas siguieron tranquilamente con sus proyectos en el sur de la Florida y los 5 jóvenes cubanos fueron arrestados.

Esta vez el papel asignado a la gran prensa estadounidense fue el de omitir o minimizar toda información sobre el caso de "los Cinco" para garantizar que tan escandalosa arbitrariedad no fuera conocido por la población.

El reclamo por el regreso de las tropas de Irak y contra el envío de nuevos efectivos resulta de la constatación de que la guerra está objetivamente perdida, las bajas propias son enormes, no solo en término de muertes y heridos, sino también por afecciones psíquicas que dejan una estela de deserciones, suicidios, neurosis y muchas otras afecciones que repercuten en la sociedad. 

Manipulado por las mismas fuerzas de la desinformación, un elevado número de norteamericanos consideran todavía que los torturadores de Abu Graib y otras cárceles en Irak, así como los verdugos de medio millar de prisioneros en la ilegal base militar de estados Unidos en Guantánamo, Cuba, son ovejas negras en un ejército donde esos males son excepcionales.

Es incuestionable que, entre las supremacías de que disfrutan los ciudadanos estadounidenses está la de ser los más mentidos del mundo, aquellos cuyo derecho a conocer la verdad les es más sistemáticamente bloqueado y manipulado.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Manuel E. Yepe

Manuel E. Yepe

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.