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República en Armas ha sido y es este país

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Antes de avanzar en el orden del día permítanme unas reflexiones que estimo indispensables. En esta sala están presentes 90 delegados de circunscripción que lo han sido de forma ininterrumpida desde 1976.

Ellos encarnan las virtudes de una organización verdaderamente democrática y auténticamente representativa. Todos fueron postulados como candidatos directamente por sus propios vecinos y después, entre otros que habían sido propuestos del mismo modo, fueron elegidos como delegados en 12 procesos ejemplares. Ninguno triunfó por el fraude, el soborno o el engaño ni recibió privilegios o ventajas por el cumplimiento de su responsabilidad. Son expresión genuina del ejercicio de la soberanía popular.

Decenas de miles de compañeros han desempeñado la honrosa misión de delegados del Poder Popular en estos treinta años y han sido la base de un sistema de gobierno joven, enteramente cubano y que se ha empeñado en construir, defender y perfeccionar una sociedad nueva en la que la justicia y la libertad alcancen plena realización. Más de la mitad del tiempo transcurrido desde 1976 hemos bregado con el período especial que comenzó cuando nuestro país, al perder de un golpe aliados y socios comerciales, debió afrontar la peor crisis económica de su historia y al mismo tiempo tuvo que resistir la intensificación del genocida bloqueo al que Washington no cesa de agregar nuevas medidas.

Ese es el contexto en que hemos vivido y trabajado hasta hoy. La Revolución Cubana ha enfrentado desde el primer día una descomunal campaña de mentiras y subversión, una agresión que ha incluido ataques armados y terroristas y la guerra económica más prolongada, cruel y sistemática conocida por pueblo alguno. Pero es grande, noble y hermosa la obra que hemos sido capaces de crear. Hacerla cada día mejor, erradicar las deficiencias, combatir los errores, derrotar a quienes tratan de destruirla será siempre guía de conducta para quienes representan un pueblo heroico.

En nombre de la Asamblea Nacional reciban nuestro reconocimiento quienes a esa tarea se han dedicado sin descanso día y noche.

Si aquí pudimos alcanzar un régimen verdaderamente democrático fue porque habíamos alcanzado la independencia de la Patria y porque en ella imperaba la justicia. Un día como hoy, hace 45 años, Cuba se liberó para siempre del analfabetismo. Pusimos fin a ese flagelo con nuestro propio esfuerzo, con el sacrificio de un ejército de maestros, jóvenes y trabajadores. En esa batalla por la cultura entregaron sus vidas varios educadores y humildes campesinos que reclamaban su derecho al saber. Los asesinó el mismo Imperio que promueve la ignorancia por doquier.

Centenares de millones de personas en todo el mundo han vivido la vida entera sin poder leer ni escribir y el número de los iletrados no ha dejado de crecer. Desde 1961 podemos afirmar con orgullo que ninguno de esos infelices es cubano.

Nuestros educadores no solo realizaron en Cuba esa proeza sino que también han alfabetizado a muchos en otros países y continúan haciéndolo. En este día vaya nuestro saludo y reconocimiento y la más calurosa felicitación a todos los que en nuestro país o representándolo en misiones internacionalistas cumplen la noble misión de educar.

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Discurso de Ricardo Alarcón de Quesada el día 22 de diciembre de 2006. 

Compañeros, antes de dar por concluido este período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional, quisiera hacer algunas observaciones.

Ante todo, debemos decir que hemos asistido a una discusión profunda, a un análisis crítico, bastante riguroso, no solo de las propuestas presentadas con relación a los Lineamientos del plan económico y social y al Proyecto de presupuesto, sino alrededor de problemas fundamentales para nuestro país y para nuestro pueblo.

En realidad, la jornada de hoy ha sido, me parece, muy útil, muy productiva; pero, como todos ustedes saben, no ha sido solo hoy que hemos examinado estos problemas, sino que, realmente, lo han estado haciendo en las comisiones, en otras reuniones, a lo largo de la semana, el conjunto de nuestros diputados.

Concluimos con esta sesión un año que, por una parte, muestra, como consta en los tres informes que analizó hoy la Asamblea, los avances innegables que Cuba ha alcanzado en el plano económico y social. Y por otra parte, eso ha ocurrido en un año en que no solo han continuado sino que se han intensificado, se han hecho más agresivas, las políticas contra nuestro país que desarrolla la administración norteamericana.

Este fue el año también en que nos robaron el Havana Club, el año en que tuvieron éxitos sus presiones sobre la banca suiza, el año en que algunos ciudadanos norteamericanos han sido multados por ser acusados de haber violado el bloqueo contra Cuba o las prohibiciones para viajar a Cuba, el año en que han amenazado a norteamericanos y a residentes de origen cubano en EE.UU. con llevarlos, incluso, ante los tribunales de justicia y a la cárcel, por cualquier violación no solo al bloqueo económico sino para aquellas personas que ejercieran lo que es una libertad, un derecho inalienable que tiene cualquiera, que es el de comunicarse con su familia y, en este caso, de visitarla en Cuba. 

Esto, además, no es nuevo. Los compañeros José Luis, Georgina y Osvaldo, en sus presentaciones señalaban algo a lo que yo también aludí, algo que me parece muy importante que tengamos presente, el contexto básico que no se debe olvidar jamás: Cuba es el único país, ¡el único país! -y aquí no hay nada de chovinismo-, no conozco ninguna referencia en la historia universal a otro país que haya tenido que enfrentar un plan que no solo busca destruirlo, aniquilarlo como nación, sino un plan completo, concebido desde el primer día para alcanzar ese fin mediante el genocidio, mediante el castigo a la población del país. 

Esto no es retórica. Desgraciadamente, cuando ciertos medios de prensa se refieren a estas cosas, si dicen algo, es lo que yo dije, lo que alguien dijo, que la mesa redonda dijo. No, me estoy refiriendo a documentos oficiales del gobierno de EE.UU. que se mantuvieron en secreto, no por casualidad, durante mucho tiempo; pero que a partir de los años 90 del pasado siglo están disponibles, los puede encontrar quien desee conocer la verdad. Y no olviden que esos documentos prueban que desde el mismo inicio de la Revolución el imperialismo norteamericano estuvo trabajando, actuando para derrotar a la Revolución, pero empleando un procedimiento específico, que es el genocidio.

En varios de estos documentos, ellos reconocen que la mayoría del pueblo respaldaba al gobierno de Fidel Castro, "la mayoría del pueblo apoya a Castro", es exactamente la frase que ellos emplean. Para quitarle ese apoyo, para socavar al gobierno revolucionario, el único medio -no lo digo yo, lo dijeron ellos y lo están diciendo desde el año 1959- es tomar medidas económicas urgentes que priven a Cuba de dinero, que le nieguen recursos para provocar dificultades materiales, para engendrar malestar, insatisfacción, para causar sufrimiento en la gente, incluso emplean esta frase textual: "Provocar hambre y desesperación". Esas eran las dos armas fundamentales.

En sus análisis internos, desde el comienzo de la Revolución Cubana ellos concibieron, para derrotarla, reconociendo que tenía el apoyo del pueblo, ese plan genocida: Puesto que el pueblo apoya a un gobierno que nosotros queremos destruir, castiguemos al pueblo. ¿Cómo? Provocando el desempleo, el malestar económico, las escaseces, las dificultades materiales, para ir generando insatisfacción, malestar, etcétera. Eso era al principio, muy al principio.

Si vamos a ser rigurosos históricamente hablando, empezaron incluso antes de que los compañeros que estaban en la Sierra Maestra descendieran y llegaran a la capital, porque ya en los últimos días de diciembre de 1958 el tesoro de este país fue arrasado, fue vaciada la reserva de la moneda nacional, llevada a EE.UU..

Calculaba el Banco Nacional -se llamaba así en aquella época- que eran unos 424 millones de dólares los valores que se perdieron. Ni un centavo le fue devuelto a este país, ninguno de los ladrones fue castigado, y a Cuba se le negó cualquier tipo de ayuda para tratar de enfrentar esa tremenda agresión que había recibido en el plano financiero, y lo reconoce un documento del Departamento de Estado. Ningún gobierno en el mundo sería capaz de resistir este golpe. Ellos sabían lo que estaban haciendo, y lo que estaban haciendo desde el momento inicial.

Cuando todavía el Ejército Rebelde no había entrado en La Habana, ya habían llegado a Washington millones y millones de dólares de este pueblo, que le fueron robados para siempre, como el primer paso de una guerra económica feroz, que ha sido la más prolongada que se conozca en la historia. Osvaldo decía además que la más desproporcionada, si se compara el poder del bloqueador con el bloqueado. Yo diría, además, que es la más insidiosa, que golpea a los niños, a los ancianos, a los enfermos; que castiga a cualquiera por el solo hecho de ser cubano; que persigue a nuestro comercio, pero también persigue a nuestros medicamentos, y persigue y castiga a todos y cada uno de los cubanos, incluso a sus familias.

Esto nadie ha tenido que enfrentarlo. Esto tiene que estar siempre presente en nuestro análisis de todas las cosas que hemos visto.

En el documental que se puso aquí el pasado martes, que lo vio un buen número de diputados, en un momento dado el compañero Felipe hace una comparación: Si Cuba hubiera tenido un 1% de lo que el Banco Interamericano de Desarrollo ha prestado en toda América Latina; si solamente un 1% nos hubieran dado, ¿cuántas viviendas no hubiéramos construido con eso? Serían como 90 millones, cuántas cosas no haríamos. Y fíjense que nuestro debate, nuestra discusión parte a raíz de lo contrario, de lo opuesto. ¿Quién recuerda los tiempos en que este país recibía créditos de los organismos financieros internacionales? ¿Cuántos miles de millones de dólares no se han gastado en este mundo para ayudar a otros? Pero todos ellos negados siempre a Cuba, y peor aún, desde entonces hasta hoy se han destinado centenares de millones de dólares, cifras difíciles de medir con exactitud, a socavar la sociedad cubana, a tratar de fabricar traidores, a tratar de construir una quinta columna, a tratar de destruir la Revolución también desde adentro.

Todo eso que he dicho, que consta en documentos del año 1959, lo podemos volver a leer en documentos del año 2006, de este año, el famoso Plan Bush, que lleva la insolencia que suele acompañar a los tontos irremediables a proclamar nuevas y realmente inocuas medidas. 

Ahora también persiguen, o quieren castigar a nuestras instituciones religiosas, a los enfermos que Cuba sana con la Operación Milagro y con otros proyectos; amenazan con llevar a la cárcel a cualquier norteamericano que ose ignorar cualquiera de estas restricciones. De manera que estamos hablando de un proceso, de un enfrentamiento que ha durado, sin exageración, los 48 años transcurridos y que para el año próximo serán 49, casi medio siglo.

Nosotros los cubanos tenemos derecho a sentirnos realmente orgullosos por lo que hemos logrado a pesar de eso; tenemos todo el derecho de este mundo a apreciar con alegría, con orgullo nuestra capacidad de resistencia y el que hayamos podido edificar una obra que poco a poco va recibiendo el reconocimiento del mundo y la admiración en muchas partes, porque hay cosas que no se pueden negar.

Esto que acabo de decir, o decía también el otro día, no debe ser tomado, por supuesto, como excusa para los errores, para la falta de sensibilidad -como decía Randy-, para las insuficiencias, para los defectos; todo lo contrario. Nosotros no tenemos derecho, ninguno de nuestros cuadros, ninguno de nuestros delegados, nuestros diputados, nuestros funcionarios, ninguno tiene derecho a desconocer que precisamente por allí es que pasa la estrategia enemiga para destruirnos. 

No podemos aportar nada por indolencia, por falta de rigor en nuestro trabajo, por falta de sensibilidad o de motivación, no podemos aportar nada que ayude al malestar y a la insatisfacción de la gente. Tampoco desconocer la magnitud de lo logrado.  Es justo, además, que la reconozcamos, porque no olvidemos que es la obra de un pueblo, en las condiciones más difíciles de ese pueblo que han querido destruir; pero sin tomar esa realidad como excusa o como evasión para la necesaria reflexión crítica, el examen riguroso de los problemas, para hacer lo que hemos hecho aquí en estas jornadas.

Creo que en el curso de nuestras discusiones se ha visto claramente todo lo que nos queda por hacer o por seguir haciendo. Yo diría que hay cinco puntos sobre los cuales se concentró bastante la atención de las discusiones de hoy:

La revolución energética. Raúl hizo un análisis muy interesante de los nombres, de las denominaciones de los años. Este año que concluye pronto, es el Año de la Revolución Energética en Cuba, ¿y el que viene no lo va a seguir siendo? Por supuesto que sí, ese es uno de los problemas que tenemos con las denominaciones. En el próximo año tenemos que continuar desarrollando un proceso revolucionario en ese terreno que, por supuesto, no concluye en 12 meses.

El programa de viviendas, al que se acaba de referir Lage y que discutimos tan profundamente aquí en esta misma sala el pasado lunes, va a requerir, por supuesto, mucho esfuerzo el próximo año y en los años siguientes.

La producción de alimentos, las cuestiones del transporte y las cuestiones relacionadas con la disciplina laboral y social. 

De todo ello me parece que aquí se aportaron análisis y consideraciones de mucho valor.

¿Qué tienen en común estas cinco líneas de trabajo? Que todas requieren la participación activa y consciente del pueblo, la participación de todos, tanto para aplicar las medidas y las acciones que estamos tomando en materia energética como para todo lo que discutimos respecto al programa de viviendas, desde la construcción hasta la adjudicación, o los problemas asociados a la agricultura y la producción de alimentos, y, sobre todo, con la disciplina laboral y social.

Este año nosotros hemos tenido varias conmemoraciones muy importantes, que han marcado el año 2006. Una de ellas fue el 30 aniversario de la creación de los Órganos del Poder Popular. Tenemos aquí 90 compañeros invitados que han sido, desde aquel día hasta hoy, miembros de este sistema, representantes del pueblo y, además, en la línea de combate más dura: en la base, en la circunscripción (Aplausos).

Si fuéramos a definir la esencia de ese sistema, yo usaría dos palabras: unidad y participación. 

Sistema del Poder Popular. Es un sistema joven -como les dije al comienzo de la sesión-, muy joven, tiene 30 años de vida, y la mitad de esos 30 años bajo el período especial, no lo olvidemos. Es en esas condiciones que ustedes han tenido que representar a sus electores, que ustedes han tenido que bregar con todos los problemas de la vida cotidiana; o sea, en el momento en que se acentúa, que se agravan las condiciones de ese plan genocida contra ustedes y contra nosotros, contra todo un pueblo.

Participación, porque solo con la incorporación real, con la intervención real de la gente en el ejercicio del poder, en el control de la sociedad, en otras palabras, solo con la verdadera democracia, que a su vez solo puede existir donde hay socialismo, donde hay justicia, donde hay igualdad, donde hay solidaridad, es que nosotros podremos enfrentar esas tareas principales y todas las demás, y lo hacemos en condiciones de agresión, lo cual no deja de ser muy hermoso. 

Este país creó sus primeras instituciones políticas -no lo olvidemos-, sus primeras constituciones, su primera Asamblea Representativa, en la manigua. Aprobamos cuatro constituciones. Los mambises establecieron sus órganos legislativos, sus órganos de gobierno, legislaron en las condiciones sumamente peculiares de una República con territorio que se movía, que se desplazaba, según las exigencias de la guerra.

República en Armas ha sido y es este país. Hoy podemos, en condiciones distintas, definirnos igual que aquellos antecesores nuestros. Estamos legislando, estamos discutiendo, estamos analizando, estamos gobernando, en condiciones de una guerra no formalmente declarada, pero ejercida por un período histórico que supera cualquier otro enfrentamiento entre dos países, y que emplea las armas más arteras, las más condenables, las más criminales, como son las de causar sufrimiento a un pueblo entero.

Este año también hemos conmemorado el 50 aniversario del desembarco del Granma, del reinicio de la lucha armada en este país, que en definitiva era el reinicio de la lucha necesaria para volver a reencontrarnos con aquella república que los cubanos habíamos creado en medio del combate y que se había frustrado por la intervención y por la acción, precisamente, del imperialismo norteamericano. 

Este año hemos celebrado también otro aniversario que está muy presente en todos nosotros, que lo ha estado en esta reunión, como ha estado en el corazón y en la mente de todos los cubanos en este año en particular: el 80 aniversario del compañero Fidel (Aplausos prolongados).

Si no hubiera habido ese cumpleaños, si no hubiéramos tenido el privilegio de celebrar lo que ocurrió un 13 de agosto, no hubiera habido un 50 aniversario, no hubiera habido un Granma, no hubiera habido esa retoma de la guerra necesaria y no hubiera habido, por supuesto tampoco, un 30 aniversario del Poder Popular. Por eso, lógicamente, me sumo, como todos nos sumamos, a todos los compañeros que han enviado desde acá sus saludos más entrañables al compañero Fidel.

Es cierto que él ha estado presente aquí y tiene que estar, además, presente no solo en la Asamblea, sino después de la Asamblea, en toda la actividad que desarrolla un cuadro revolucionario, un patriota en este país.

Algunos compañeros han sugerido que yo exprese también el reconocimiento al pueblo de Cuba por su madurez política, su unidad y su actitud mantenida ante la Proclama del Comandante en Jefe, del 31 de julio de este año.

Es cierto, la reacción de nuestro pueblo, la actitud, la unidad, la solidaridad, la consistencia con que todos acogimos y seguimos ese mensaje contenido en la Proclama y la adhesión a la dirección histórica, a sus orientaciones, unido, por supuesto, al legítimo interés, a la legítima preocupación, que no es solo entre los cubanos, aquí en este mismo escenario fuimos testigos de cómo en el mundo entero, lo mejor de la intelectualidad, lo mejor del pensamiento contemporáneo, lo mejor de los luchadores sociales y políticos de nuestro continente y del mundo entero, vinieron acá a expresar su reconocimiento, su homenaje a Fidel Castro, y no lo hacían por gusto, sino porque saben la significación histórica de ese compañero, y de la Revolución que él supo conducir a la victoria y que ha sabido conducir a la victoria en esta resistencia impar, frente a ese enemigo tan poderoso y tan hostil, que con tanta saña persigue a nuestro pueblo.

Vamos a entrar en otro año, en el 49 de la Revolución, que nos traerá también muchos motivos para recordar el largo camino, la larga marcha de nuestro pueblo hacia la libertad y la justicia.

Los compañeros de la FEU van a celebrar el 85 aniversario de la creación de la Federación, y vamos a recordar todos, el 50 de la heroica acción del Palacio Presidencial y de la caída en combate de José Antonio Echeverría, después el asesinato vil de su sustituto y otros compañeros, de Fructuoso y de los demás que fueron asesinados en Humboldt 7. 

Este año también vamos a tener motivos suficientes para recordar muchas otras batallas de nuestro pueblo en la Sierra Maestra, donde ya para esta época, después que vino el siguiente año al del desembarco, ese ejército guerrillero poco a poco va a ir creciendo, se va desarrollando y va a ir asestando golpes a las fuerzas armadas de la dictadura que, por cierto, en esos documentos desclasificados se explica hasta con lujo de detalle, quién los entrenó, quién los equipó, quién los armó de punta a cabo, todo lo que hicieron por impedir la victoria de la Revolución y por sostener al régimen batistiano, y desde el primer día, por a ahogar a este pueblo, para derrotar a la Revolución Cubana. 

Entre esas batallas, vamos a asistir al medio siglo del alzamiento del pueblo cienfueguero, uno de los momentos más agudos de la lucha de nuestro pueblo contra la tiranía; pero, además de eso, hay otros momentos que debemos recordar. 

El año próximo se cumplirán 40 años de la caída en combate de Ernesto Che Guevara y de su entrada en la gloria y en la historia y su conversión no solo en un símbolo, sino en una fuerza real, que mueve a millones de personas en el mundo entero, que identifican con su rostro la aspiración de la humanidad de cambiar el mundo y de crear un mundo mejor, un mundo justo, solidario.

Tendremos el próximo año que perseverar en nuestro camino, siguiendo el ejemplo de todos esos hombres a los que he aludido, pienso en José Antonio, en su último documento, cuando dijo "que nuestra sangre señale el camino de la libertad".

Pienso en aquel hermoso poema que hacía decir a uno de los más heroicos luchadores obreros cubanos: "creció un árbol con sangre de mi herida". Ha sido mucha la sangre derramada en este país, la sangre que ha servido para iluminar el camino; la sangre que ha servido para crear, para nutrir ese árbol de la Revolución, que todos nosotros tenemos el deber de cuidar, de cultivar amorosamente, esforzadamente, rigurosamente, conscientes de que ese árbol tiene raíces muy profundas, abonadas por mucha sangre, que si nosotros mantenemos ese espíritu jamás podrá ser destruido.

Termino evocando a cinco jóvenes, cinco compañeros nuestros que también sé que están presentes en la memoria, en el recuerdo de todos nosotros: Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René. No voy ahora a abundar en su caso, que ustedes conocen muy bien, solo quiero insistir en un punto. Alguna vez Fidel dijo que el revolucionario verdadero tenía que asumir la conciencia de que en caso necesario él era, cada uno es la Revolución, cada uno es el Comandante en Jefe. En el momento supremo, definitorio, cuando estemos solos, frente al riesgo de la vida o la muerte, esa debe ser la actitud del comunista, del revolucionario. 

Nosotros, por suerte, estamos muy lejos de esa situación dramática, tenemos las posibilidades de la acción colectiva, del debate conjunto, de la organización, del trabajo con distintas fuerzas, distintos factores; pero Gerardo, Ramón, Tony, Fernando y René llevan ocho años pasando por esa experiencia que Fidel alguna vez nos presentó como el supremo desafío para cualquiera de nosotros, y en la cárcel donde ellos están encerrados, han demostrado que actúan como si cada uno de ellos fuéramos todos nosotros, como si cada uno de ellos fuera el pueblo entero, como si cada uno de ellos fuera la Revolución y su Comandante en Jefe (Aplausos).

Cuando se le ocurra pasarnos por la mente, por la imaginación la idea de que ya hemos hecho bastante, pensemos en ellos. Si alguna vez se le ocurre a alguien, a alguno, una actitud de flojera o de blandenguería, pensemos en ellos. Si alguna vez se nos ocurre pensar que merecemos algo más, algo material, algo que nos facilite la vida, pensemos en ellos, que son ejemplos exactamente de todo lo contrario, sacrificándose por todos nosotros, solos, completamente solo cada uno de ellos; pero sin haber renunciado a un ápice de su patriotismo, de su dignidad. 

Ellos nos están mostrando, nos están probando, que este pueblo tiene fuerza moral suficiente para vencer, si todos desarrollamos esas virtudes y ese espíritu que esos cinco compañeros nos están indicando.

Les agradezco a todos su atención; al acercarnos al final de este año, debemos proclamar, para concluir esta Asamblea, una vez más:

¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva Raúl! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva la Revolución! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Hasta la victoria siempre!

PALABRAS EN LA APERTURA DEL OCTAVO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR, 22 DE DICIEMBRE DE 2006

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Ricardo Alarcón de Quesada

Ricardo Alarcón de Quesada

Doctor en Filosofía y Letras, escritor y político cubano. Fue Embajador ante la ONU y Canciller de Cuba. Presidió durante 20 años la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Parlamento).