Maceo: batallador audaz, capitán intrépido, soldado infatigable
Andrés Gómez es director de Areítodigital
Miami- Recién concluidas las celebraciones por los 80 años de vida de Fidel y por el 50 aniversario del comienzo de la insurrección en contra de la dictadura la nación cubana conmemoró ayer, 7 de Diciembre, el 110 aniversario de la caída en combate, durante la última de las guerras cubanas por la independencia de España, del Mayor General Antonio Maceo, paradigma de soldado revolucionario.
Siempre cuando recuerdo la obra por la libertad de nuestra Patria del General Antonio, surge luz. Una luz esplendorosa, reflejo de su inteligencia, hombradía, tesón, disciplina y sacrificio. Entre la pléyade de héroes por la independencia descolla la figura de él, quien fuera capitán sin par.
En Antonio Maceo, por el color de su piel, recayeron innumerables y únicas responsabilidades de fundacional importancia en la forja de la nación cubana. Contra él, también por sus ideas radicales sobre los derechos de los pobres y de los negros y mulatos en una futura república cubana, durante el todo el transcurso de nuestra gesta emancipadora se levantaron formidables obstáculos y despreciables mentiras producto de los odios racistas e intereses de clase, no sólo del enemigo, sino también de otros patriotas quienes se opusieron a sus ideas libertarias.
En 1876, contando con 31 años de edad y siendo ya Brigadier General, en una carta dirigida a Tomás Estrada Palma, entonces presidente de la República en Armas, escribió: "Que de mucho tiempo atrás ha venido tolerando especies y conversaciones, que verdaderamente condenaba al desprecio porque las creía procedentes del enemigo, quien, como es notorio, esgrime y ha usado toda clase de armas para desunirnos y ver si así puede vencernos; pero más tarde viendo que la cuestión clase [de raza] tomaba creces y convencido al fin no era del enemigo, sino doloroso es decirlo, de individuos hermanos nuestros, que olvidándose de los principios republicanos que observar debían, se ocupan más bien en servir miras políticas particulares [ ] convenciéndome después más y más del inicuo fin que se proponen: como también de que plantan sin advertirlo la semilla de la división; siembran, por de contado, el disgusto, enervan los ánimos: y en último resultado será la Patria quien sufra las consecuencias".
La campaña de la Invasión, idea y obra, tanto del Generalísimo Máximo Gómez como del General Maceo, no sólo demostró la pujanza de la capacidad militar del Ejército Libertador, derrotando en decenas de innumerables combates y grandes batallas a los mejores generales del ejército español, sino que sumando todo el país a la guerra, unió en el esfuerzo común a todos sus habitantes hasta entonces desunidos por el regionalismo producto del proceso histórico mismo del país que esa épica lucha logró que fuera superado.
Sobre el momento culminante de esa epopeya escribió el General Miró Argenter, su Jefe de Estado Mayor durante esa campaña, en su obra Cuba: Crónicas de la Guerra: " el repique de las campanas anunciaba al Ejército Libertador el término de la gloriosa campaña de la Invasión, con la entrada triunfal en Mantua, último baluarte español del lejano Occidente. [ ] aún venían en la columna invasora hombres de la Sierra Maestra; de Bayamo, de Santiago de Cuba, de Manzanillo, de Holguín, de Mayarí, de Guantánamo y de Baracoa ¡que prodigio! Sólo Maceo, primer soldado de América, únicamente él, batallador audaz, capitán intrépido, soldado infatigable, siempre delantero, podía abrir el camino de la victoria, e imponer su autoridad indiscutible a esos hombres de la sierra de Guantánamo y de los pinares de Mayarí, agrestes y bravos como los picos de aquellos montes."
Concluyo este pequeño tributo al Mayor General y a todos los héroes que sus vidas sacrificaron por el bien de la Patria a quienes todos los 7 de Diciembre se le rinde honores, con otra carta del General Maceo, ésta dirigida al Coronel Federico Pérez Carbó, con fecha de julio de 1896, cinco meses antes de su muerte en combate, en la que vierte entendimientos sobre el manejo de la guerra y sobre sus ideales y proceder político, los cuales siempre serán valiosas lecciones.
"Parece que ni el Delegado [Estrada Palma] ni el Gobierno, han tenido en cuenta la campaña de la Invasión, para favorecerme a tiempo; pero sí lo han hecho con los hijos mimados de la fortuna, con los cuales siguen los privilegios y desaciertos preparando disgustos. [ ] Aquí [Pinar del Río] no hay un palmo de tierra que no esté bañado con sangre cubana y española. Ni la campaña del 71 fue para mí más ruda. Sin embargo, he gozado mucho viendo realizarse un día y otro mi sueño dorado, y así he podido pegar a los españoles y romperles la crisma a sus mejores generales.
De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derecho es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso".


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