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FIDEL, RAUL, EL PUEBLO CUBANO

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Un amigo europeo, residente en Cuba por motivos de negocios desde hace algún tiempo, se mostraba sorprendido por el hecho de que los cubanos, "tan apasionados", no habían reaccionado de la manera que él suponía que lo harían en ocasión del anuncio de la quiebra de la salud de Fidel Castro.

Quizás mi amigo esperaba manifestaciones místicas de duelo por la suerte de nuestro máximo dirigente, o de miedo al derrumbe de la revolución a la manera de Europa del Este, o de temor por la posibilidad de una agresión oportunista estadounidense tipo Irak.

"Pero ustedes están muy tranquilos y parecería que Fidel no es tan importante y no constituye para ustedes el líder supremo insustituible que el mundo entero cree que es".

Al día siguiente de conocerse el breve anuncio de Fidel Castro a la nación de que sería sometido a una difícil intervención quirúrgica con peligro grave para su vida, salía yo de vacaciones con  mi familia para la provincia central de Villa Clara y me había asaltado la duda de si debía hacerlo o no, con la preocupación que todos teníamos por la salud y la supervivencia de quien tanto significa para todos los cubanos y la historia de nuestra Patria. 

Durante más de cuatro décadas, contra nuestra nación se lleva a cabo una intensa y extensa campaña mediática que complementa un sinnúmero de acciones encaminadas a desmontar todo el sistema de relaciones que los cubanos nos hemos dado. Esta campaña se estructura en torno a la idea de que la revolución cubana es obra de un solo hombre, su máximo dirigente: Fidel Castro.

Según documentos oficiales de los Estados Unidos de América, contra la vida de Fidel Castro, las organizaciones de inteligencia, contrainteligencia, subversión y terrorismo de los Estados Unidos han llevado a cabo más de seiscientos atentados que felizmente han podido ser frustrados.

En los años más recientes, los gobiernos de Estados Unidos, como alternativa a los planes magnicidas reiteradamente denunciados y fuertemente repudiados por la opinión pública estadounidense y mundial, y quizás llevados por  sus propias fábulas acerca del carácter unipersonal de la conducción de la revolución cubana, asumieron una posición expectativa de la muerte de Fidel Castro como requisito para el derrumbe de la revolución cubana.

En los actuales planes intervencionistas contra Cuba del Presidente George W.Bush, en particular los de la "transición a la democracia" presentados por los Secretarios de Estado Colin Powell, en 2004, y Condolezza Rice, en 2006, se delinea hasta el detalle la forma en que ocurrirá la intervención estadounidense en la Isla "cuando no esté Fidel Castro". En ambos documentos Washington designa desde ya al "interventor" y se pronuncia contra cualquier forma de sucesión presidencial en Cuba que no sea la transición al capitalismo en los términos anexionistas estadounidenses.

Parecería que, con la misma paciencia con que en el siglo XIX el Presidente John Quincy Adams proclamó la "doctrina de la fruta madura" que aludía a la conveniencia de apoyar al colonialismo español contra los independentistas cubanos hasta que existieran las condiciones para que la isla cayera directamente en su poder, la Administración actual de los Estados Unidos declara su intención anexionista partiendo de un hecho biológico sin contar para nada con el pueblo cubano, su Estado y sus leyes.

La mayor hipocresía del más reciente "plan para la transición a la democracia en Cuba" hecho ley por el gobierno de G. W. Bush radica en que incluye un anexo secreto que, dado el desparpajo con que anuncian sus intenciones intervencionistas contrarias al derecho internacional, nadie duda de que se trata de planes para una agresión militar.

Durante medio siglo, Fidel Castro se ha proyectado, consolidado y mantenido como máximo dirigente de la batalla de los cubanos por la independencia y contra el anexionismo, pero al mismo tiempo, a lo largo de todo el proceso de lucha, ha advertido contra el culto a la personalidad del líder y a favor de la necesidad de que el pueblo sea siempre el protagonista principal del combate.

Esta orientación de la lucha revolucionaria ha tenido como resultado que la identidad nacional de los cubanos se ha entretejido con ideales de justicia, solidaridad, independencia, no discriminación y   socialismo.

Ante la constante agresividad de un vecino tan poderoso, la estrategia militar defensiva de Cuba ha descansado en los principios de la de la Guerra de todo el Pueblo y la máxima de que cada combatiente debe estar en condiciones de asumir la jefatura del combate en condiciones de aislamiento. Para ese tipo de confrontación se entrenan sistemáticamente los cubanos.

El Jefe es muy importante, pero los objetivos de la lucha no permiten que de él dependa la victoria o la derrota, la orden de combatir está dada y los combatientes conocen sus puestos. Tal es la orientación militar en la que se han venido entrenando los cubanos durante muchos años.

Por eso en el país  que tanto debe y tanto necesita  a Fidel Castro reina una absoluta tranquilidad.

Junto a las cúpulas de todas las iglesias existentes en Cuba, el conjunto de Obispos de la Iglesia Católica se sumó a las plegarias a favor de la salud del Presidente cubano. Tan ecuménica unidad en apoyo a la revolución, no se había logrado nunca antes.

El bochornoso espectáculo brindado por los contrarrevolucionarios de Miami que celebraron "la muerte de Fidel" produjo una profunda indignación en Cuba, pero también ofendió a la opinión pública de Estados Unidos y lleno de  vergüenza a la mayor parte de los cubanos residentes en ese país.

Tan indigna actuación y sus efectos solo son comparables con lo ocurrido en ocasión de la devolución a su padre en Cuba del niño cubano Elíán González, secuestrado en Miami.

Es evidente que la reacción popular de respaldo a la continuidad institucional por cauces constitucionales, representada por la asunción  temporal de la Presidencia por el Vicepresidente de la Nación, Raúl Castro, constituye una  muestra definitiva del apoyo de la población cubana a su irreversible proyecto político y social. Como resultado de las medidas defensivas adoptadas para elevar la capacidad y disposición combativa de las Fuerzas Armadas se han integrado decenas de miles de reservistas y milicianos por lo que es grande el número de familias cubanas que asume un  lugar es esta movilización.

Pero solo ha sido este movimiento y la lógica preocupación de la población por la salud del Presidente lo que ha afectado de alguna manera la cotidianidad cubana en este verano tan caluroso.

Durante la semana de vacaciones que pasé con mi familia en Santa Clara compartimos con gente que expresaba optimismo y la esperanza de que Fidel recuperaría su salud, junto con la certeza de que si ocurriera lo contrario, su obra no se perdería porque es patrimonio de todo el pueblo.

Así lo vi en la gente que presenciaba la retreta de la banda municipal en el parque Vidal, ante el monumento a Che Guevara, en la sala teatro que estrenaba la película sobre la vida del genial cantante Benny Moré, en las tiendas, los bares y restaurantes, las piscinas, las iglesias.

Así lo deben haber apreciado también miles de turistas extranjeros que visitaban esa ciudad de la zona central de Cuba… o cualquier otro punto de la geografía insular de este país.

La seguridad y la tranquilidad de que disfrutamos hoy los cubanos derivan de la conciencia que tenemos de la fuerza que nos da nuestra unidad y nuestra independencia.

Y esto es prueba de lo importante que ha sido y sigue siendo Fidel Castro para la revolución cubana y nuestro pueblo.

*Manuel E. Yepe Menéndez es Secretario del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, O.N.G. constituida en 1949 que disfruta de status consultivo en el Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones Unidas. Es abogado, economista y científico social, y se desempeña como Profesor Adjunto del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana. Fue Embajador de Cuba en Rumanía, Director General de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina y Vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

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Manuel E. Yepe

Manuel E. Yepe

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.