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La presencia de Posada Carriles en EE.UU. es el epítome de la doble moral

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Progreso Semanal

La lógica del juego de la guerra al terrorismo me llevó a la conclusión de que Osama bin Laden había contratado a un exiliado cubano geriátrico y desesperado por llamar la atención, de nombre Luis Posada Carriles, para ayudarlo a minar la credibilidad de George W. Bush. Los hechos recientes acerca de la posible puesta en libertad de Posada reafirman mi declaración anterior.

En 1976 cuando ya era el principal terrorista del hemisferio, Posada planeó junto con Orlando Bosch el sabotaje a un avión comercial cubano sobre Barbados. Ambos reclamaron que este acto representaba la guerra contra el régimen de Castro. Setenta y tres pasajeros civiles y tripulantes murieron.

La policía rápidamente atrapó a los sicarios de Posada, quienes denunciaron a sus jefes. Bosch y Posada fueron detenidos y sometidos s juicio. Posada se escapo por una fuga que pagaron sus amigos de Miami, antes de que el tribunal hubiera decidido sobre su culpabilidad. De ahí se marchó a El Salvador y trabajó para el Tte. Cnel. Oliver North en sus esfuerzos por suministrar a los contrarrevolucionarios material para su guerra terrorista contra Nicaragua. Los presidentes de tiempo de guerra, Ronald Reagan y en 1989 George Bush (padre), estaban usando tácticas terroristas contra el gobierno nicaragüense. Un hombre como Posada cabía perfectamente en sus planes.

Durante cuatro décadas fue el autor intelectual -con ayuda de la CIA- de planes de asesinato contra Fidel Castro en Cuba, Chile y Venezuela. En 1997 desarrolló un plan para sabotear la industria turística cubana y contrató a agentes para que detonaran bombas en hoteles. En una de las explosiones murió un turista italiano. Posada dijo que no tenía cargo de conciencia. En 1998, cuando una reportera de The New York Times le preguntó si sentía arrepentimiento por la muerte del italiano, Posada respondió: "Duermo como un bebé."

En el 2000 las autoridades panameñas atraparon a Posada y a otros tres cómplices con explosivos en su auto antes de que Fidel Castro hablara en la Universidad de Panamá. Un tribunal panameño los condenó, pero sus ricos compinches de Miami "influyeron" en la presidenta panameña Mireya Moscoso. Con $4 millones de dólares en su cuenta en el extranjero, ella indultó a Posada y a sus cómplices poco antes de terminar su mandato en 2004.

Los terroristas parecen necesitar amigos con dinero que puedan comprar a funcionarios corruptos.

Posada después se hizo del yate de un amigo y apareció en Miami en marzo de 2005. La supuestamente eficaz red antiterrorista puesta en funciones por el Departamento de Seguridad Interna evidentemente no pudo atraparlo. Caminó por las calles de Miami hasta que su presencia llamó la atención de los medios masivos. Entonces funcionarios de la Administración Bush lo arrestaron y lo acusaron de entrada ilegal.

Un juez decidió que el gobierno podía extraditarlo a Venezuela, la que pide su extradición para que enfrente un nuevo juicio en el caso del sabotaje en 1976 al avión comercial. Posada aún es ciudadano venezolano.

Supuestamente Posada sería torturado si lo extraditaran, aunque los abogados de Posada no ofrecieron evidencia de que Venezuela practica la tortura. Es más, los hechos demuestran lo contrario. Pero el gobierno de EEUU no objetó la decisión. Así que, ¿qué hacer con Posada? El gobierno aún dice que desea deportarlo pero, habiendo descartado a Venezuela y, por supuesto a "Cuba comunista", tienen que encontrar a un país que lo acepte.

Esta debacle debe provocar carcajadas en la cueva de Osama bin Laden en las remotas montañas de Afganistán. El delgado fanático puede incluso usar esto en uno de sus misiles periódicos a los medios del mundo para demostrar que la retórica de Bush esconde a un oponente flojo que brinda refugio a terroristas. (El viejo Joe McCarthy acusaba al Departamento de Estado de "brindar refugio a comunistas".)

Bush pudiera responder insultando adicionalmente a Osama y amenazando con "atraparlo esta vez", especialmente si la NSA fisgonea electrónicamente más teléfonos norteamericanos y Estados Unidos permanece empantanado en Irak. El pavoneo de Bush ha dado a Osama la publicidad que él necesita: "Vamos a sacarlos con humo", prometió Bush.

"Promételes cualquier cosa", dice con sorna Karl Rove, "y que se jodan si no pueden aceptar una broma".

Gracias al enfoque de Bush de elevar a Osama a la posición de súper enemigo número uno, el escuálido meanzealot sabe que cuando él da a la publicidad sus periódicas cintas de video y audio por medio de Al Jazeera, posee el necesario prestigio para hacer creer al público de que realmente dirige desde la cueva de una montaña una organización terrorista muy eficiente.

Imagine a las bien entrenadas cabras de Osama descendiendo por senderos rocosos para llevar mensajes codificados en árabe y urdú al número 2 de Al-Qaeda en Peshawar. Durante cuatro años Estados Unidos ha matado a decenas de hombres número 2 y e imposibilitado la identificación del verdadero número 2. El enigmático al Zarqawi, quien viaja periódicamente entre Faluya, Irak, y otros lugares en el Medio Oriente -¿tiene un jet privado? - es una especie de número uno y medio.

¿Habrá convertido el "Programa de George y Osama" a un tema serio en asunto de broma cruel de los medios, donde muchas personas mueren en la acción? En esta serie Posada ha adoptado un doble papel. El blando tratamiento por parte de la administración Bush hace dudar de la seriedad de Bush como antiterrorista. Posada ha retado implícitamente a Bush a deportarlo o a acusarlo de asesinato en masa. Tal posición hace que a los que manipulan los medios a nombre de Bush se les dificulte alegar consistencia de parte del Presidente en el trato a los terroristas. La presencia de Posada como saboteador y asesino sin que sea acusado es el epítome de la doble moral.

Hasta que Posada se apareció en marzo pasado en la Florida sin ser invitado, Bush no tenía que mostrar sus credenciales como antiterrorista. Ahora, cuando sus escritores de guiones llenan los discursos presidenciales con la letra "t" para justificar la tortura, el secuestro y el fisgoneo ilegal, la sombra de Posada caminando por las calles de Miami aparece en el cuadro. Bush sigue repitiendo: "Soy un presidente de tiempo de guerra" para justificar su ampliación de poderes. Pero ¿qué ha hecho el presidente con un terrorista entre nosotros?

"Que vengan si se atrevan", retó Bush a los terroristas. Posada puede que lo haya entendido literalmente y haya llegado a Estados Unidos. "Aquí estoy", anunció prácticamente hace menos de un año. Es más, él sospechaba que Bush prefería hacer su guerra en el exterior y aún allí delegar el duro trabajo en los militares, hombres y mujeres. Después de todo, son ellos, no él mismo, Cheney o Rumsfeld, los que están mejor calificados para morir o ser heridos.

Como los medios masivos aceptan sin chistar este teatro de la absurda situación, la guerra contra el terrorismo durará mientras Bush u Osama -o cualquier que los reemplace- decida mantenerla. Pero los bushistas han elaborado una retórica atemorizante que utilizan para justificar el picadillo que han hecho de nuestra Carta Magna y otros documentos subsiguientes, como la Carta de Derechos.

Es más, Bush y Osama impusieron una norma al resto del mundo. A mediados de enero, el presidente francés Chirac trató de cumplir ese ideal al amenazar que Francia respondería con armas nucleares cualquier ataque terrorista. No dio indicios de qué país pensaba atacar a Francia. Y los medios no especularon.

Los medios también ignoraron las implicaciones de la negativa de Bush a la petición de extradición de Posada por parte de Venezuela. Al hacerlo, él puso en peligro varios tratados de extradición con los que él supuestamente cuenta para su guerra al terrorismo. Es más, utilizando el caso Posada como antecedente, otros países podrían seguir el ejemplo de EEUU y rehusar las peticiones de extradición que EEUU hiciera y declarar que terroristas bien conocidos sencillamente entraron ilegalmente a su país.

Los medios de Miami posiblemente pronto reporten que Posada fue visto cojeando por las calles de Miami. Como explica el abogado de asuntos migratorios José Pertierra, "Si un inmigrante indocumentado no puede ser reportado en un período razonable de tiempo, debe ser puesto en libertad". Pero, advierte Pertierra, los terroristas "están exentos de esta regla. Es por eso que el gobierno ha evitado cuidadosamente utilizar la palabra ‘terrorista' en el caso de Posada Carrilles."

Está claro que Osama entiende estas argucias legales. Es más, puede que él se sienta más seguro si decidiera visitar al vecino Pakistán. Dada la alharaca causada por un reciente bombardeo en ese país, destinado a matar al más reciente número dos de Osama por medio de seis hombres, el espigado fanático pudiera convencer al presidente pakistaní Musharraf de que se niegue a extraditarlo y, como sugiere Pertierra, soltarlo con solo un regaño por haber "cruzado ilegalmente la frontera". En ese ataque de EEUU, murieron varios niños.

El caso de Posada hace más grotesco el juego del terrorismo. Otros exiliados cubanos, que aún juran que asesinarán a Castro mientras esperan en la consulta del proctólogo, saludarán el regreso del antiguo asesino. "Viva la muerte", gritarán los excéntricos ancianos mientras levantan con mano temblorosa vasos de ron para brindar por su sueño de toda la vida. Otros incluso se echarán a las calles y gritarán amenazas desde sus sillas de ruedas a los que exigen que se envíe a Posada a ser juzgado en Venezuela por su asesinato en masa.

Mientras tanto, Osama y George continuarán jugando al "terror", el nuevo juego en el que el propio mundo se convierte en tablero y personajes como Posada son simples peones o piezas simbólicas, como las del viejo juego de Monopolio.

*Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Política.

 

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Saul Landau

Saul Landau

Saul Landau es un escritor, periodista, realizador de documentales y académico estadounidense cuyo trabajo se ha centrado en gran medida en América Latina.