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Sargento Flores

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CARACAS.-Con las nubes al alcance de la mano y un trozo de la Selva Negra alemana a la vista, la Colonia Tovar parece un sitio fuera de lugar y del tiempo. ¿Qué hace a 63 kilómetros de la capital venezolana, en plena cordillera costeña, un pueblo que parece haber salido de un cuento de Hans Christian Andersen?

A diferencia del valle de Caracas que reverbera de calor, con sus rascacielos opresivos y sus cerros superpoblados, en la Colonia Tovar hace frío, llueve melancólicamente a toda hora y tú puedes asomarte desde cualquier altura y mirar, como si lo hicieras desde la barquilla de un globo, otras montañas salpicadas de casitas de madera con techos rojos y balcones floridos, más parecidas a las de Blanca Nieves o La virgen de los ventisqueros, que a las de Doña Bárbara.

Pero no hay dudas, estás en Venezuela, "ese compendio telúrico de América", que describió sabiamente nuestro Alejo Carpentier. Te lo dicen los rostros de los transeúntes, la canción llanera que sale a todo tren de un "taberna" de porte sajón, los ídolos de piedra que el indio talla al abrigo de un paraguas. Te lo dice la muchacha que vende flores y es descendiente de los alemanes que en 1843 fundaron la Colonia, cerrándola a cal y canto de toda intromisión externa. Montaña adentro te lo susurran también los diálogos callejeros, el periódico de la mañana que exhiben los estanquillos y esa historia del alcalde local, Esteban Bocaranda, que ha logrado mantener su popularidad gracias a un giro hábil de sus posiciones políticas: cuando vio que el chavismo era mayoritario en la zona, siendo él copeyano, afirmó que "pertenecía al Partido de la fresa, que empezaba siendo verde y luego se convertía en roja".

Pero lo más emotivo de esta tarde inverosímil de nubes y lluvia y casitas alemanas en plena selva, te ocurrirá después, cuando se te extravía la cartera y amigos, solícitos, te acompañan hasta la Comisaría de Policía y te presentan al sargento segundo Eustaquio Flores, jefe de la guarnición. "No es común que se pierda nada aquí", te consuela el militar, antes de comunicarse por la radio con los puntos de control y organizar la búsqueda.

Cuando ya todo parece concluir y tú deseas incorporarte de nuevo a la tarde preciosa de Tovar antes de que se termine, el sargento Flores te propone llenar el formulario de rigor. Descubre que eres de Cuba y aquel señor, humildísimo jefe de policía, deja de anotar, se levanta y te abraza y te pregunta: "¿usted es de la misión cubana?" Cuando respondes que sí, que vienes de la Isla, que eres periodista, él le da la vuelta al buró, convoca a sus soldados y les habla con solemnidad, con ternura: "ella viene de Cuba y nosotros conocemos bien a todos los médicos cubanos que están por acá, porque Tovar solo dejó de estar lejos para los pobres cuando ellos llegaron…"

Regresa a su buró el sargento segundo Eustaquio Flores, jefe de operaciones de la Comisaría de Policía de Aragua, Colonia Tovar. Continúa llenando la planilla y en voz baja, distraído mientras la pluma rasga el papel, te dice: "casi me alegro de que haya perdido usted su cartera… No siempre uno puede decirle a un cubano bueno: gracias, gracias…".

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros "Antes de que se me olvide", "Jineteros en La Habana" y "Chávez Nuestro", entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo "Juan Gualberto Gómez" y el Premio Nacional "José Martí", por la obra de la vida. Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. Es columnista de La Jornada, de México.