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La hija de un piloto de la CIA dice embustes y busca dinero

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     En Miami, parafraseando al célebre escritor Anatole France,  sin la mentira se morirían  de desesperación y aburrimiento.

 

     Según la edición de  El Nuevo Herald de Miami, del pasado 15 de noviembre, una señora nombrada Janet Ray Weininger presentó  ante la corte de justicia en el Condado de Miami-Dade una demanda de homicidio culposo contra el gobernante cubano Fidel Castro, su hermano Raúl y la República de Cuba por la consecuencias de la muerte de su padre, Thomas "Pete" Ray,  al ser derribado el avión de la CIA que piloteaba en la invasión de Bahía de Cochinos, el 19 de abril de 1961.

 

     La demanda, de acuerdo a la prensa  de Miami, sostiene que el avión de "Pete" Ray sufrió serias averías, pero él sobrevivió el aterrizaje forzoso, tras lo cual fue llevado a una instalación médica cubana donde fue atendido por heridas superficiales. Se afirma también que cuando unos médicos cubanos estaban atendiendo las heridas de Ray, el ejército cubano llevó a cabo órdenes de los hermanos Castro y lo ejecutaron de un disparo en la sien derecha.

 

     La señora Janet Ray, quien solamente tenía seis años cuando ocurrió el suceso, relató hechos todavía más siniestros al comentar a la prensa: "Su avión cayó cerca del puesto de mando de Fidel Castro, lo hirieron en un combate a tiros y lo ejecutaron a quemarropa".  Y abundó: "Sin nosotros saberlo, se quedaron con el cadáver y lo profanaron durante 18 años". La demanda alega, además, que "con fines políticos el gobierno de Cuba exhibía el cadáver, lo pateaban y lo escupían".

 

    Otros medios de prensa se hicieron eco a partir de varias fuentes anónimas", asentadas en Miami, que el piloto Thomas "Pete" Ray había hecho un vuelo de transporte civil ese día, otros han dicho que voló a Cuba en una supuesta misión "humanitaria" y fue derribado cuando trató de levantar vuelo, etcétera.

 

    La demanda de Janet Ray ante la justicia norteamericana en Miami se vale de la Ley de Antiterrorismo y Pena de Muerte Efectiva de 1996 que permite que víctimas de estados designados como terroristas, incluyendo a Cuba, planteen demandas por daños y perjuicios.

 

     Eso ha originado desde entonces una especie de "danza de los millones", donde cualquier reclamación contra Cuba encuentra inmediato eco de simpatía dentro de las autoridades judiciales estadounidenses, quienes fallan adjudicando multimillonarias indemnizaciones  a cuenta de  los fondos cubanos congelados por las disposiciones  criminales del  bloqueo y  contra otros bienes y activos de la isla.

 

    Así ocurrió primero con la señora Ana Margarita González, quien tras ser abandonada por su esposo en febrero de 1996, un ex piloto de Hermanos al Rescate  que regresó a Cuba, hizo una reclamación judicial por daños de trauma sentimental y fue favorecida con una sentencia que le resarcía "su trauma"  con la indemnización de 26 millones de dólares.

 

    Otra demanda similar tuvo éxito cuando se  compensó con 187 millones de dólares a los familiares de tres miembros de Hermanos al Rescate que  fueron derribados el 24 de febrero de 1996,  tras realizar constantes violaciones del espacio aéreo cubano y ejecutar amenazantes  actos de provocación sobre la Ciudad de La Habana, desconociendo en todo momento las advertencias de las autoridades cubanas sobre la peligrosidad de esas acciones, al mismo tiempo que hicieron caso omiso a las llamadas de atención  de las propias agencias gubernamentales norteamericanas.

 

    Más desvergonzada fue la reclamación "traumática" del  cobarde capitán araña, José Basulto, uno de los jefes de la mafia terrorista de Miami, responsable de la muerte de aquellos tres jóvenes a los que abandonó sobre el espacio aéreo cubano el 24 de febrero, tras haber conseguido el pretexto que deterioró notablemente las ya deterioradas relaciones cubano-estadounidenses. Basulto fue  "pensionado" por otro juez con cerca de 75 millones de dólares.

 

    Cuando ahora la señora Ray presentó su reclamación ante los jueces de Miami, varios expertos legales dijeron que la demanda no tenía mérito. El propio Herald  reseñó las declaraciones de David Abraham, un profesor de leyes de la Universidad de Miami, quien dijo: "Uno no puede invadir un país extranjero y esperar una buena acogida".

 

   Pero olvidan que la medición  ética de Miami  se rige por aquello de "el oro hace soberbios, y la soberbia, necios". En poco más de 48 horas, el juez  del Condado Miami-Dade, Ronald Dresnick, falló a favor de la señora Ray y "ordenó" al Gobierno de Cuba  pagarle 86, 5 millones de dólares "por la ejecución de su padre".

 

    "Pete Ray no recibió ninguna protección internacional ni derechos otorgados a los prisioneros de guerra antes de su ejecución", dijo en su decisión el juez. "Fue víctima de un asesinato extrajudicial", agregó. "Tanto Fidel como Raúl Castro debieron haber sido consultados y deben haber aprobado la ejecución", señaló el juez, de acuerdo con la edición del Miami Heráld. del 19 de noviembre.

 

   Dice un proverbio que el que dice una mentira, después tendrá que decir veinte más para sostener la primera y por eso la "historia" de la señora Janet Ray, hilvanada por sus expertos abogados, bien parece ser el guión para una "telenovela". La  "fábula" es tan tremebunda  y mentirosa que olvidaron aquel consejo de "di la verdad de vez en cuando para que te crean cuando mientes".

 

    Thomas Willard Ray, conocido por "Pete" voló a Cuba para agredir a un país extranjero. Nunca estuvo preso, nunca fue atendido de heridas por médico alguno y si algo debiera agradecer su familia es que frente a la actitud deshumanizada del gobierno de los Estados Unidos, las autoridades cubanas conservaron  y protegieron su cuerpo,  para que en alguna oportunidad pudiera ser entregado a sus familiares 

 

       Hace casi 40 años, los periodistas norteamericanos David Wise y Thomas R. Ross  escribieron un libro bajo el titulo "El Gobierno Invisible", en el cual narran los pormenores de la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, operación especial organizada por la CIA y aprobada por los presidentes Eisenhower y Kennedy.

 

    En "El Gobierno Invisible", los autores analizan críticamente el fracaso de la operación de Bahía de Cochinos no por su inmoralidad ni por la flagrante violación del derecho internacional, sino por los defectos y las fallas en su preparación y desarrollo.

 

    Uno de los capítulos  trata "El caso de las viudas de Birmingham", donde cuentan con bastante detalles el misterio de la muerte de cuatro pilotos de la Guardia Nacional de Alabama en la madrugada del 19 de abril de 1961, quienes integraron  junto a otros pilotos de esa región un comando especial de la CIA.  En esa narración, los autores ofrecen pormenores de la desesperada misión aérea de ese día y cómo se llevó a cabo el vuelo sobre las posiciones cubanas de cinco aviones bombarderos B-26 que despegaron desde el aeropuerto de  Happy Valley, en Puerto Cabezas, costa atlántica de Nicaragua, enmascarados con las insignias de la Fuerza Aérea Cubana para confundir a las fuerzas cubanas y tomarlas desprevenidas, así como las decisiones adoptadas con el consentimiento del presidente Kennedy,  para ofrecerles cobertura aérea desde los portaviones norteamericanos anclados frente a las costas cubanas, lo que falló ante una descoordinación entre el Pentágono y la CIA.

 

    Los periodistas David Wise y Thomas  B. Ross se recrean en los detalles de cómo la CIA primero y todo el sistema de gobierno después, engañaron en todo momento a los familiares de los cuatro pilotos muertos, asegurándoles que habían fallecido en un lamentable accidente aéreo cuando volaban en un avión de transporte C-47 que se precipitó al mar y la cantidad de mentiras que se esgrimió más tarde ante todas las reclamaciones y gestiones llevadas a cabo por algunas madres y esposas de los muertos. De igual modo, describen la manera en que la CIA asumió la manutención de las cuatro familias.

 

   Los autores concluyen que el caso de los cuatro aviadores de la CIA muertos en esa operación encubierta era la clave de un montón de preguntas explosivamente difíciles para la Casa Blanca. Y recuerdan , por ejemplo,  las declaraciones del presidente John F. Kennedy el 12 de abril de 1961, cinco días antes de la invasión, cuando dijo: "Este gobierno hará todo cuanto le sea posible, y creo que puede cumplir sus responsabilidades, para garantizar que no haya norteamericanos en cualesquiera acciones dentro de Cuba. O las de Robert Kennedy, hermano del presidente y secretario de Justicia,  cuando el 21 de enero de 1963 había dicho en una entrevista con David Kraslow de la cadena de periódicos Knight que en  Bahía de Cochinos no murió americano alguno.

 

    Es por ello que durante 18 años las autoridades norteamericanas se desentendieron completamente del asunto, pese a que desde el primer momento se habían ofrecido detalles del derribo de este avión y la muerte de sus dos tripulantes.

 

   No fue hasta finales de 1979, bajo la administración del gobierno de James Carter, que el gobierno norteamericano asumió el reconocimiento de la existencia de ese cadáver, y el 5 de diciembre de ese año  fue entregado a las autoridades norteamericanas y a su joven hija, Janet Ray.

 

  Unos pocos meses después, en abril de 1980, con motivo del aniversario de la Victoria de Playa Girón, la revista Verde Olivo, en su número 16 de aquel año, publicó un testimonio del Doctor José M. Miyar Barruecos, con fotos del autor, donde se describen Las operaciones aéreas de la CIA en Playa Girón.

 

    El doctor Miyar fue testigo presencial de los hechos.  Estaba allí en el central Australia aquel amanecer del 19 de abril de 1961 y recuerda que cuando ya clareaba pasó en vuelo rasante un B-26 que venía del sur, disparando sus ametralladoras sobre las tropas revolucionarias, sobre el central y sobre el puesto de mando, recibiendo una respuesta  inmediata desde diferentes emplazamientos, hasta que en un segundo ataque el avión es recibido por otra atronadora y mortífera cortina de fuego que lo hace perder altura y realizar un aterrizaje de emergencia en medio de un cañaveral, cerca de un bohío.

 

   Recuerda el doctor  Miyar Barruecos  en ese reportaje testimonial escrito hace casi 25 años,  que breves instantes después hubo una fuerte explosión que arrancó el motor derecho del B-26. El avión se partió en dos y estaba completamente en llamas toda su parte anterior, dando la impresión de que era imposible que sobreviviera alguno de sus dos pilotos, pero que tras una búsqueda entre las partes humeantes y calcinadas no se encontró resto alguno de los mismos.

 

   ¿Qué sucedió entonces?

 

    En este reportaje en la revista Verde Olivo en abril de 1980, el doctor Miyar Barruecos nos cuenta….

 

 

   "Por diferentes evidencias, se tuvo la certeza de que realizado el aterrizaje de emergencia, y antes de la explosión e incendio del avión, sus dos pilotos tuvieron tiempo de escapar.

   

    "El Comandante Fernández Mell, que dirigió la operación de búsqueda, orientó hacer el mayor esfuerzo por capturarlos vivos. No fue posible. Uno de los pilotos al ser descubierto, oculto cerca de la pequeña  pista del central, disparó su revólver 38 cañón corto, siendo muerto de inmediato por una ráfaga de FAL. El otro, al ser descubierto, trató de lanzar una granada de mano, muriendo instantáneamente por varios impactos en el tórax y el ojo derecho. El nombre de este último era Thomas Willard Ray, el mismo que 18 años después sería oficialmente reclamado por el Gobierno de los Estados Unidos a solicitud de sus familiares. El otro piloto se llamaba Frank Leo Baker".

 

    ¿Quién podía tener más interés que Cuba en  capturar vivos a aquellos dos pilotos, dada su relevancia estratégica?

 

  El Gobierno Revolucionario cubano hizo prisioneros a más de 1 000 mercenarios de aquella brigada financiada, organizada y armada  por Estados Unidos, pero, como es de suponer, de no haber hecho resistencia de combate y haberse capturado vivos  a aquellos  dos pilotos norteamericanos, las autoridades cubanas hubiesen contado con la prueba más  irrefutable de que Bahía de Cochinos no era solo una importante operación encubierta de la CIA, sino que desnudaba las intenciones agresivas de las más altas autoridades del Gobierno de Estados Unidos.

 

   La  actitud oportunista de la señora Janet Ray  solo revela que no tiene buena memoria después de haber mentido. ¿Acaso puede olvidar que se le entregó el cuerpo de su padre con absoluta generosidad hace 25 años? ¿No constituye una acción miserable ese cuento con el que justifica su ambición al decir ahora que aquí se quedaron con el cadáver y lo profanaron durante 18 años y que con fines políticos el gobierno de Cuba exhibía el cuerpo para que lo patearan y lo escupieran?

 

  Ese razonamiento es tan mendaz que no resiste mérito. Si Cuba torturó el cadáver de su padre y la población aquí lo pateaba y lo escupía, ¿para qué conservarlo y mucho más, para qué intentar entregarlo?

 

   La CIA tiene a la entrada de su edificio central en Langley, Virginia, un principio bíblico en una  inscripción en mármol: Y conocerás la verdad, y la verdad te hará libre.

 

   Esta gente necesita una dosis de ese valor moral. Están desnudos de  ética.

 

     Así ocurrió primero con la señora Ana Margarita González, quien tras ser abandonada por su esposo en febrero de 1996, un ex piloto de Hermanos al Rescate  que regresó a Cuba, hizo una reclamación judicial por daños de trauma sentimental y fue favorecida con una sentencia que le resarcía "su trauma"  con la indemnización de 26 millones de dólares.

 

    Otra demanda similar tuvo éxito cuando se  compensó con 187 millones de dólares a los familiares de tres miembros de Hermanos al Rescate que  fueron derribados el 24 de febrero de 1996,  tras realizar constantes violaciones del espacio aéreo cubano y ejecutar amenazantes  actos de provocación sobre la Ciudad de La Habana, desconociendo en todo momento las advertencias de las autoridades cubanas sobre la peligrosidad de esas acciones, al mismo tiempo que hicieron caso omiso a las llamadas de atención  de las propias agencias gubernamentales norteamericanas.

 

    Más desvergonzada fue la reclamación "traumática" del  cobarde capitán araña, José Basulto, uno de los jefes de la mafia terrorista de Miami, responsable de la muerte de aquellos tres jóvenes a los que abandonó sobre el espacio aéreo cubano el 24 de febrero, tras haber conseguido el pretexto que deterioró notablemente las ya deterioradas relaciones cubano-estadounidenses. Basulto fue  "pensionado" por otro juez con cerca de 75 millones de dólares.

 

    Cuando ahora la señora Ray presentó su reclamación ante los jueces de Miami, varios expertos legales dijeron que la demanda no tenía mérito. El propio Herald  reseñó las declaraciones de David Abraham, un profesor de leyes de la Universidad de Miami, quien dijo: "Uno no puede invadir un país extranjero y esperar una buena acogida".

 

   Pero olvidan que la medición  ética de Miami  se rige por aquello de "el oro hace soberbios, y la soberbia, necios". En poco más de 48 horas, el juez  del Condado Miami-Dade, Ronald Dresnick, falló a favor de la señora Ray y "ordenó" al Gobierno de Cuba  pagarle 86, 5 millones de dólares "por la ejecución de su padre".

 

    "Pete Ray no recibió ninguna protección internacional ni derechos otorgados a los prisioneros de guerra antes de su ejecución", dijo en su decisión el juez. "Fue víctima de un asesinato extrajudicial", agregó. "Tanto Fidel como Raúl Castro debieron haber sido consultados y deben haber aprobado la ejecución", señaló el juez, de acuerdo con la edición del Miami Heráld. del 19 de noviembre.

 

   Dice un proverbio que el que dice una mentira, después tendrá que decir veinte más para sostener la primera y por eso la "historia" de la señora Janet Ray, hilvanada por sus expertos abogados, bien parece ser el guión para una "telenovela". La  "fábula" es tan tremebunda  y mentirosa que olvidaron aquel consejo de "di la verdad de vez en cuando para que te crean cuando mientes".

 

    Thomas Willard Ray, conocido por "Pete" voló a Cuba para agredir a un país extranjero. Nunca estuvo preso, nunca fue atendido de heridas por médico alguno y si algo debiera agradecer su familia es que frente a la actitud deshumanizada del gobierno de los Estados Unidos, las autoridades cubanas conservaron  y protegieron su cuerpo,  para que en alguna oportunidad pudiera ser entregado a sus familiares 

 

       Hace casi 40 años, los periodistas norteamericanos David Wise y Thomas R. Ross  escribieron un libro bajo el titulo "El Gobierno Invisible", en el cual narran los pormenores de la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, operación especial organizada por la CIA y aprobada por los presidentes Eisenhower y Kennedy.

 

    En "El Gobierno Invisible", los autores analizan críticamente el fracaso de la operación de Bahía de Cochinos no por su inmoralidad ni por la flagrante violación del derecho internacional, sino por los defectos y las fallas en su preparación y desarrollo.

 

    Uno de los capítulos  trata "El caso de las viudas de Birmingham", donde cuentan con bastante detalles el misterio de la muerte de cuatro pilotos de la Guardia Nacional de Alabama en la madrugada del 19 de abril de 1961, quienes integraron  junto a otros pilotos de esa región un comando especial de la CIA.  En esa narración, los autores ofrecen pormenores de la desesperada misión aérea de ese día y cómo se llevó a cabo el vuelo sobre las posiciones cubanas de cinco aviones bombarderos B-26 que despegaron desde el aeropuerto de  Happy Valley, en Puerto Cabezas, costa atlántica de Nicaragua, enmascarados con las insignias de la Fuerza Aérea Cubana para confundir a las fuerzas cubanas y tomarlas desprevenidas, así como las decisiones adoptadas con el consentimiento del presidente Kennedy,  para ofrecerles cobertura aérea desde los portaviones norteamericanos anclados frente a las costas cubanas, lo que falló ante una descoordinación entre el Pentágono y la CIA.

 

    Los periodistas David Wise y Thomas  B. Ross se recrean en los detalles de cómo la CIA primero y todo el sistema de gobierno después, engañaron en todo momento a los familiares de los cuatro pilotos muertos, asegurándoles que habían fallecido en un lamentable accidente aéreo cuando volaban en un avión de transporte C-47 que se precipitó al mar y la cantidad de mentiras que se esgrimió más tarde ante todas las reclamaciones y gestiones llevadas a cabo por algunas madres y esposas de los muertos. De igual modo, describen la manera en que la CIA asumió la manutención de las cuatro familias.

 

   Los autores concluyen que el caso de los cuatro aviadores de la CIA muertos en esa operación encubierta era la clave de un montón de preguntas explosivamente difíciles para la Casa Blanca. Y recuerdan , por ejemplo,  las declaraciones del presidente John F. Kennedy el 12 de abril de 1961, cinco días antes de la invasión, cuando dijo: "Este gobierno hará todo cuanto le sea posible, y creo que puede cumplir sus responsabilidades, para garantizar que no haya norteamericanos en cualesquiera acciones dentro de Cuba. O las de Robert Kennedy, hermano del presidente y secretario de Justicia,  cuando el 21 de enero de 1963 había dicho en una entrevista con David Kraslow de la cadena de periódicos Knight que en  Bahía de Cochinos no murió americano alguno.

 

    Es por ello que durante 18 años las autoridades norteamericanas se desentendieron completamente del asunto, pese a que desde el primer momento se habían ofrecido detalles del derribo de este avión y la muerte de sus dos tripulantes.

 

   No fue hasta finales de 1979, bajo la administración del gobierno de James Carter, que el gobierno norteamericano asumió el reconocimiento de la existencia de ese cadáver, y el 5 de diciembre de ese año  fue entregado a las autoridades norteamericanas y a su joven hija, Janet Ray.

 

  Unos pocos meses después, en abril de 1980, con motivo del aniversario de la Victoria de Playa Girón, la revista Verde Olivo, en su número 16 de aquel año, publicó un testimonio del Doctor José M. Miyar Barruecos, con fotos del autor, donde se describen Las operaciones aéreas de la CIA en Playa Girón.

 

    El doctor Miyar fue testigo presencial de los hechos.  Estaba allí en el central Australia aquel amanecer del 19 de abril de 1961 y recuerda que cuando ya clareaba pasó en vuelo rasante un B-26 que venía del sur, disparando sus ametralladoras sobre las tropas revolucionarias, sobre el central y sobre el puesto de mando, recibiendo una respuesta  inmediata desde diferentes emplazamientos, hasta que en un segundo ataque el avión es recibido por otra atronadora y mortífera cortina de fuego que lo hace perder altura y realizar un aterrizaje de emergencia en medio de un cañaveral, cerca de un bohío.

 

   Recuerda el doctor  Miyar Barruecos  en ese reportaje testimonial escrito hace casi 25 años,  que breves instantes después hubo una fuerte explosión que arrancó el motor derecho del B-26. El avión se partió en dos y estaba completamente en llamas toda su parte anterior, dando la impresión de que era imposible que sobreviviera alguno de sus dos pilotos, pero que tras una búsqueda entre las partes humeantes y calcinadas no se encontró resto alguno de los mismos.

 

   ¿Qué sucedió entonces?

 

    En este reportaje en la revista Verde Olivo en abril de 1980, el doctor Miyar Barruecos nos cuenta….

 

 

   "Por diferentes evidencias, se tuvo la certeza de que realizado el aterrizaje de emergencia, y antes de la explosión e incendio del avión, sus dos pilotos tuvieron tiempo de escapar.

   

    "El Comandante Fernández Mell, que dirigió la operación de búsqueda, orientó hacer el mayor esfuerzo por capturarlos vivos. No fue posible. Uno de los pilotos al ser descubierto, oculto cerca de la pequeña  pista del central, disparó su revólver 38 cañón corto, siendo muerto de inmediato por una ráfaga de FAL. El otro, al ser descubierto, trató de lanzar una granada de mano, muriendo instantáneamente por varios impactos en el tórax y el ojo derecho. El nombre de este último era Thomas Willard Ray, el mismo que 18 años después sería oficialmente reclamado por el Gobierno de los Estados Unidos a solicitud de sus familiares. El otro piloto se llamaba Frank Leo Baker".

 

    ¿Quién podía tener más interés que Cuba en  capturar vivos a aquellos dos pilotos, dada su relevancia estratégica?

 

  El Gobierno Revolucionario cubano hizo prisioneros a más de 1 000 mercenarios de aquella brigada financiada, organizada y armada  por Estados Unidos, pero, como es de suponer, de no haber hecho resistencia de combate y haberse capturado vivos  a aquellos  dos pilotos norteamericanos, las autoridades cubanas hubiesen contado con la prueba más  irrefutable de que Bahía de Cochinos no era solo una importante operación encubierta de la CIA, sino que desnudaba las intenciones agresivas de las más altas autoridades del Gobierno de Estados Unidos.

 

   La  actitud oportunista de la señora Janet Ray  solo revela que no tiene buena memoria después de haber mentido. ¿Acaso puede olvidar que se le entregó el cuerpo de su padre con absoluta generosidad hace 25 años? ¿No constituye una acción miserable ese cuento con el que justifica su ambición al decir ahora que aquí se quedaron con el cadáver y lo profanaron durante 18 años y que con fines políticos el gobierno de Cuba exhibía el cuerpo para que lo patearan y lo escupieran?

 

  Ese razonamiento es tan mendaz que no resiste mérito. Si Cuba torturó el cadáver de su padre y la población aquí lo pateaba y lo escupía, ¿para qué conservarlo y mucho más, para qué intentar entregarlo?

 

   La CIA tiene a la entrada de su edificio central en Langley, Virginia, un principio bíblico en una  inscripción en mármol: Y conocerás la verdad, y la verdad te hará libre.

 

   Esta gente necesita una dosis de ese valor moral. Están desnudos de  ética.

 

 

 

   

 

 

 

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Lázaro Barredo

Lázaro Barredo

Periodista cubano. Fue director del diario Granma y coator del libro "El Camaján". Ahora trabaja como periodista en la Revista Bohemia.