Un sistema de prensa diferente
La batalla de la prensa de los dos primeros años después del triunfo de la Revolución y su repercusión internacional representó experiencia valiosa para el proceso de creación y desarrollo de la prensa cubana.
Si los grandes empresarios de los medios se negaron a compartir la libertad de prensa con los periodistas, quedaba claro como nunca la falsedad de tal pronunciamiento, ya que así siempre se había proclamado, sin contar con la opinión de los profesionales de la prensa, sin preguntarles siquiera. ¿Dónde encontraron apoyo aquellos que habían secuestrado con dinero ese derecho de la sociedad, reconocido constitucionalmente? No en otra parte que en la Sociedad Interamericana de prensa (SIP), agrupación de dueños de las grandes publicaciones del continente, sin contar tampoco para ello el criterio de los periodistas asalariados integrantes de sus redacciones. Es decir, el contenido esencial de la "coletilla" era nada menos que el debate y la acción por la verdadera concepción de la libertad de prensa y la manera de ejercerla en la práctica. Ejemplo más esclarecedor no podía ser otro que la actitud asumida por la inmensa mayoría de los profesionales de la prensa de incorporarse a los medios representativos del nuevo sistema, revolucionario, que fueron creados en esos años.
Con la fundación total de la prensa revolucionaria se iniciaría en Cuba el proceso orientado a tener como cuestión principal del ejercicio del periodismo y su razón de ser el derecho del pueblo a la información veraz, derecho social, colectivo, generador del hacer de los medios de prensa y valor supremo al que se deben someter éstos.
Se alcanzaba así la posibilidad de inaugurar en América el verdadero concepto de la libertad de prensa, fiel a los intereses populares y a la nación, así como a toda causa justa en el resto del mundo. Quedaba atrás la libertad ilegítima de mentir, engañar, de las etapas colonial y neocolonial representadas por los medios dominantes. Con la verdad llegaba a las redacciones el reto de ejercer un periodismo en el que la libertad estuviera asociada a la responsabilidad de informar y orientar con sentido revolucionario y ético, como reflejo de los valores de la nueva sociedad en desarrollo.
Esas exigencias rebasaron la voluntad de ejercerlas y se vincularon directamente con la indispensable capacidad requerida para que la verdad, como categoría científica, pueda ser conocida y divulgada, pero sobre todo para que logre comunicar, sobre la base de la identificación del mensaje y el receptor. En otras palabras, de lo que se trata es que la verdad esté comprobada, sea comprobable. Hablar o escribir de lo que no se sabe es riesgo permanente de confundir a los demás, aunque el deseo sea el opuesto. Y esa, la capacitación profesional fue desde el comienzo la preocupación principal en el seno de los periodistas, junto a la unidad de sus filas. De ambas nace la idea de organizar a los profesionales de la prensa en la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), fundada el 15 de julio de 1963. La lealtad al país y a la nueva vida y a toda causa honorable, exigía profundizar el espíritu de superación y con él tratar de alcanzar la altura de la Revolución. Ello fue desde el primer día y hasta hoy el principal esfuerzo de los periodistas cubanos y de su Organización.
Dos años después se inauguró la primera escuela de periodismo de nivel superior en la Universidad de La Habana y cuatro más tarde fue creada la segunda en la Universidad de Oriente. 1965 y 1969 se inscriben como momentos trascendentes en el camino de facilitar el estudio superior a los periodistas en
activo, mediante los cursos por encuentros y egresar a jóvenes licenciados en periodismo para fortalecer de manera constante nuestras redacciones. Las dos instituciones, los planes de estudio de la UPEC y la experiencia del ejercicio profesional de varias décadas han representado la elevación sustancial de la capacidad de nuestros periodistas, aunque nuevas metas de gran importancia se han incorporado desde el VII Congreso de la UPEC y en los Plenos anuales con la participación decisiva del máximo jefe de la Revolución, Fidel Castro.
Creación de periódicos provinciales y publicaciones especializadas coincidieron con fusiones de órganos nacionales, como las ocurridas en 1962 con la prensa vespertina -Prensa Libre, Combate y la Calle, dieron nacimiento a La Tarde-, después, en 1965, reiterada con La Tarde y el semanario Mella, que dio origen a Juventud Rebelde. La más importante, como expresión mayor del proceso unitario, fue la fusión de los diarios Revolución y Hoy para fundar el periódico Granma, también en 1965. Más adelante el periódico Trabajadores (1970) y la Agencia de Información Nacional (1974) ampliarían el horizonte periodístico nacional. La creación de los canales educativos y los telecentros provinciales, dan nueva dimensión a la televisión, tanto por el contenido como por el
alcance, lo que también se expresa en las numerosas emisoras de de radio nacionales, regionales y locales.
Tanto en lo interno como en lo externo, la presencia del nuevo periodismo, heredero consecuente de la prensa patriótica y revolucionaria, ha contribuido a fortalecer la conciencia crítica sobre la función desinformativa y perversa de los medios transnacionales y sus dependencias locales en los países de la región latinoamericana. Un ejemplo elocuente fue el papel de la UPEC en la fundación de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) en 1976, donde la unidad alcanzada por los profesionales de los medios se hizo sobre la base de principios claramente antiimperialistas de su convocatoria y acuerdos, que se resumen al proclamar la lucha común Por un periodismo libre en patrias libres.
Muchas han sido las maniobras con el objetivo de crear organizaciones de periodistas de carácter regional para restarle fuerza a la FELAP. Federación Interamericana de Organizaciones de Periodistas Profesionales (FIOPP), Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Prensa (FELATRAP) y Federación Iberoamericana de Asociaciones de Prensa (FIAP) son algunas de ellas, desaparecidas en el escenario latinoamericano por no contar
con base social para su desarrollo en las filas de los profesionales del periodismo. La acción y el dinero de la CIA, como antes con la SIP, han estado presentes en todos los casos. Estos fracasos no han impedido el daño causado a la profesión al pretender negarla como tal integralmente. El desconocimiento de los colegios y el deterioro de las escuelas son dos de esas manifestaciones. Alrededor de setecientos periodistas desaparecidos y asesinados desde la fundación de la FELAP, determinan que los periodistas ejercen el trabajo más riesgoso en la región latinoamericana. Ellos son testigos incómodos para los regímenes arbitrarios de las dictaduras militares y neoliberales, ambos auspiciados e impuestos por Estados Unidos en los países que llaman su patio trasero. Los crímenes cometidos contra periodistas fuera de su control en Irak, como quedó demostrado en el Cuarto Encuentro de Corresponsales de Guerra, celebrado recientemente en La Habana, confirman una vez más esa actitud de temor a la verdad del periodismo digno por parte del poder del Imperio de alcance universal.
Del periodismo revolucionario cubano, de su legítima libertad de prensa al servicio del pueblo, no sólo se derivan aportes nacionales y regionales, sino también se inscribe en el más fiel ejemplo y defensor de los principios éticos internacionales del periodismo aprobados en 1983 por todas las organizaciones internacionales y regionales del periodistas, en el marco de la UNESCO, mientras son violados cada día por la prensa que encabeza el terror mediático internacional en unión estrecha con la dictadura militar que el gobierno de Estados Unidos trata de implantar en todo el mundo. Esos diez principios, considerados el Código de la UNESCO, están engavetados en esa organización desde que Amadou Mattar M'bou dejó de dirigirla al final de la década del 80 del siglo pasado.
Muestra elocuente de la importancia estratégica del ejercicio del periodismo ético en nuestros días es el crecimiento de los medios alternativos en los países dependientes y también en Estados Unidos, donde todas las investigaciones indican el descenso de la credibilidad de la prensa dominante y la elevación de la influencia de los medios comunitarios alternativos, especialmente en Internet.
Toda la prensa cubana de todos los medios es en la práctica el gran medio alternativo de alcance regional e internacional. Es una prensa para Cuba y para el mundo, como quiere Fidel.
Lo proclamamos y la realizamos concretamente, sobre todo por la vía de Internet, donde los medios cubanos están presentes y son visitados de manera creciente, sea por identificación con su mensaje o por la búsqueda de lo diferente.
Muchas han sido las limitaciones y no pocas las deficiencias, sin dejar de mencionar los errores en el ejercicio de la profesión, siempre en el proceso de perfeccionamiento y con la acción del análisis autocrítico requerido. Ni asomo de triunfalismo ha caracterizado el proceso de desarrollo de la prensa cubana, lo que ha contribuido a forjar también la actitud sencilla y hasta humilde de los intelectuales de la política y la ideología en el trabajo cotidiano, los periodistas a los que su pueblo distingue y admira. Esto último es la prueba
más elocuente de un periodismo diferente, sobre todo cuando ocurre en un país donde era una profesión que, salvo excepciones, carecía de prestigio en la sociedad, debido al carácter reaccionario de la política de los dueños de la prensa capitalista al servicio del ordeno y mando de la Embajada de Estados Unidos.
Un periodismo digno, ético, independiente del poder imperial y dependiente de la más justa y hermosa Revolución de un pueblo valiente, de historia mayor, es un valor superior e incomprensible para quienes disfrutan ser una mercancía más en el mercado y también algo muy distante de los que sin desearlo se ven obligados a no escribir lo que sienten y piensan.
El capital de vergüenza profesional alcanzado por los profesionales de la prensa cubana, tiene su manifestación mejor en el pensamiento martiano de que No hay monarca como un periodista honrado.
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